ASE-043-2018

 

Germán Alberto Méndez. C.P.

Asesor Espiritual

Dedicada a los Emproístas del Primer Encuentro

 

PADRE QUE NOS HAS LLAMADO
A LA TAREA DE CONSTRUIR TU REINO

 

  1. El punto de partida:

 

Hace 50 años que empezó a nacer nuestro Movimiento Emproísta con la celebración del EPJ 01 celebrado en Medellín, a manera de taller y experimento. Hoy seguimos celebrando la fiesta del Hombre Nuevo pero es necesario que no dejemos de encontrar y manifestar nuestras señales de identidad. La clave del mensaje del Hombre Nuevo es la renovación de nuestras vidas por supuesto, y por ende de nuestros ambientes. La experiencia que el Padre José María Pujadas Ferrer quiso ofrecer al mundo de la juventud fue ante todo una respuesta obediente al llamado de la Iglesia en ese momento, cuando el Papa San Pablo VI en su viaje apostólico a Colombia pedía acercarse de manera especial a la Juventud, que paralelamente en el mundo exigía ser escuchada. La herencia del Padre Pujadas quedó entonces concretada en un manual original que ha dado vida a la Familia Emproísta. Pero, ¿qué quedó del primer Encuentro de Promoción Juvenil? ¿Cuál es esa experiencia que hoy nos hermana? ¿Cuáles son los rasgos originales de la familia?

La tercera parte del mensaje del Hombre Nuevo el Padre José María entrelaza las dos realidades de la vida cristiana que nunca podremos separar de nuestra acción: “El sermón del monte es el complemento o explanación del sermón de la Cena. Ambos compendian el sentido de la nueva moral del amor. Constituyen la carta magna del reino, los sermones cumbre de la Biblia, y trazan la semblanza del personaje nuevo. Decidme: dos mil años después que fueron predicadas las bienaventuranzas, ¿existe todavía algo más moderno y novedoso? ¿Se ha predicado un programa social más revolucionario? (Mt 5, 1-10). Así entendió que debería ser la vida del Emproísta: un crecer en la gracia, la felicidad, la santidad, ubicándose en el monte de las tribulaciones de las que habla el Cap. 5, 1 ss de Mateo, correlativo con las diferentes realidades de nuestras vidas y contextos sociales, siempre a la escucha de Jesús nuestro Héroe. Pero a la vez un saber responder a esas realidades desafiantes de persecución, exclusión, injusticia en la intimidad de una comunidad de amigos donde el crucificado – resucitado resuena en cada signo de amor que podemos dar: “‘Un mandamiento nuevo os doy, que os amáis los unos a los otros como yo os he amado; así también amaos unos a otros’ (Jn 13, 14). El amor al prójimo constituye la norma moral del hombre nuevo”.

Los protagonistas de esta experiencia significativa son los jóvenes, ellos mismos son los fundadores de nuestra familia, sin su respuesta en cada EPJ no hay Bienaventuranza, ni Cena, pues en ambas realidades se transmite la experiencia de la fe que pasa a las futuras generaciones como identidad.

En la tarde de entrada resuena en los participantes la expresión: “la principal realidad a conocer en este encuentro es cada uno” de esta manera los jóvenes se experimentan solos y cuestionados, desafiados a responderse antes de comprometerse. Más adelante los jóvenes se van dando cuenta que en su proceso nunca estuvieron solos, que Jesús siempre estuvo ahí con ellos. Los testimonios de los guías, el servicio y la comunidad que se empieza a formar les concentran en la necesidad de hacer ellos lo mismo. Luego, esa experiencia de encontrarse tan rodeados de tantos signos del amor de Dios autentica que es posible vivir de otra manera en el mundo y hacer parte de la Iglesia de Jesús.

En el primer encuentro ocurrió algo parecido a que cada uno de nosotros vivió en su propio EPJ en cada diócesis en donde nuestra familia Emproísta está presente. El nacimiento y desarrollo del Movimiento es lo que manifestamos con nuestra acción evangelizadora y plan de vida. Tiene actitudes concretas y rostros concretos cada día. La vivencia de los mensajes depende siempre de lo auténtico que seamos en la Iglesia, y en cada grupo, pues la única norma de vida que nos pide el renovarnos es el testimonio.

  1. Un paso más adelante y arriba:

A lo largo de esta experiencia como asesor del Movimiento he podido encontrar grupos y personas que se preguntan una y otra vez por los estatutos a los que parecen recurrir cuando las relaciones no son tan fáciles en algunos ambientes de liderazgo. Los estatutos de nuestra familia no son una formulación abstracta para dirimir asuntos de empresa, así esta tenga el título de eclesiástica, ni tampoco una repetición de las palabras y de los deseos del fundador. La experiencia Emproísta surge del evangelio y del llamado que Jesús les hace a sus amigos en el contexto de la cena, de la intimidad, del encuentro, del compromiso más grande de la Cruz. Y en este sentido entonces, el Nuevo Testamento no es una definición de la vida de Jesús, ni la copia literal de sus palabras, es la experiencia de los que siguiéndolo estaban dispuestos y deseosos con él a dar la vida. Cuando decimos que el Encuentro es Cristocéntrico decimos que está vivo en nuestra comunidad y que hemos decidido darle un puesto en el centro de nuestro grupo, hacer una vivencia y una reflexión de su enseñanza y de su entrega en pequeñas comunidades de jóvenes que se reúnen cada tiempo de la semana para vivir acompañados el gozo de seguirle en la Iglesia.

En la misma línea, los estatutos y el Manual no son una definición teórica del ser Emproísta. El Manual es la guía que nos permite recordar el primer encuentro que hicimos y que marcó nuestra vida, pero es la experiencia del amor la que nos debe desafiar siempre, la misma experiencia del amor con que fueron escritos los estatutos y cada documento de nuestra familia en cada Encuentro Internacional hasta ahora celebrado.

Cumplir cincuenta años desde aquel 21 de marzo de 1968 más que una fecha es un llamado a la madurez. Ya es hora por ejemplo que dejemos de competir tanto por los cargos de autoridad que desgastan tanto la riqueza de cada joven que se acerca voluntariamente y que quiere aportar de su riqueza y experiencia en el Movimiento, quizá sea necesario pensar más en servicios que en títulos. Celebrar un aniversario tan significativo tendría que refrescar nuestra memoria para evaluar nuestra vida y reorientar nuestro compromiso si es que está estancado o conforme con ciertas acciones buenas, no por ello transformadoras de la sociedad en donde la Iglesia nos pide participar cada vez más con mayor convicción. Poder decir que nuestra Familia cumple hoy 50 años exige explicitar la finalidad del Movimiento que es la evangelización de los jóvenes. Más este año en que la Iglesia ha decidido reunirse en Sínodo para pensar el tema de los jóvenes y su participación en la evangelización. En contraste muchos de los jóvenes que conocemos no parecen vivir este liderazgo como un desafío y mucho menos como una aspiración. En algunos contextos cumplir cincuenta años equivale a vivir SIN CUENTA para evadirse de la responsabilidad de crecer.

3. Recordar es vivir:

 

1968 fue el año de la juventud; mayo del 68 es el acontecimiento con que se conoce la revolución de los jóvenes en el mundo con una aspiración ciertamente transformadora. Pero esta “segunda revolución francesa”, como fue llamada, se estaba gestando en el corazón de muchos. El P. José María era uno de ellos. Después de participar el en el seminario taller de juventudes en el CELAM, el Padre Pujadas estaba convencido de responder desde la Iglesia a la urgencia del mundo, con una herramienta capaz de transformar la historia, y ciertamente el corazón: los Encuentros fueron su gran inspiración. Para cuando el Papa Pablo VI, en su visita a Colombia en el marco del Congreso Eucarístico hizo el llamado a los agentes de Pastoral Juvenil a responderle a los jóvenes llenos de aspiraciones transformadoras, el Padre Pujadas ya había celebrado el primer Encuentro de Promoción Juvenil en Medellín, Colombia, con un grupo de seminaristas. Prácticamente el primer manual ya estaba terminado, y el semillero estaba creciendo. Una característica del Emproísmo es que sabe responder con liderazgo a los desafíos del mundo y de la juventud, aun antes que el mundo o las circunstancias lo exijan. No se puede ser Emproísta y estarse quejando de las estructuras o de los problemas de la vida. Nuestra obra nace por la decisión de servirle a los jóvenes, y para cuando las instituciones reclaman una herramienta eficaz y constructiva, entonces nosotros tendremos que estar listos para liderar y llevar a la juventud y a la historia un paso adelante en la historia. Después será el momento de concretar todas las experiencias para no perder los puntos comunes y los acuerdos del camino, esto son los estatutos las aprobaciones, las reuniones que nos complementan y las diferentes estancias necesarias. A veces tengo la impresión que los Emproístas esperan hacer encuentros sin promoción, celebrar encuentros internacionales sin mística y experiencias que intercambiar, extender el Movimiento a la fuerza de los estatutos. El camino es quizá el contrario.

La aprobación de la obra del Padre Pujadas necesitó de treinta y tres años para que la Santa Sede reconociera el Movimiento de los Encuentros como una obra universal y una herramienta válida para la evangelización de la juventud. Casualmente estos primeros treinta y tres años me recuerdan la Cruz de Jesús y su entrega por todos. Hoy cuando el Movimiento celebra cincuenta años desde el primer EPJ, no sé si todos queremos hablar de la cruz, de la entrega, del servicio, de la reconciliación que de ella se deriva, del trabajo en comunidad, del ir a Galilea y hacer discípulos de Jesús a todos los pueblos, como reza el lema del Movimiento y el cierre del evangelio en el acto del lanzamiento. Recuérdese que en los primeros diez años el Movimiento se extendió y fortaleció mucho más que nuestros últimos diez años, pues hasta hemos visto como algunos centros guías queridos y estratégicos han ido desapareciendo. La Cruz de Jesús es el faro donde tendríamos que ver el norte de nuestra misión, y de nuestra revisión. Al principio los primeros discípulos de Jesús se espantaban con el solo hecho de pensar en la Cruz, y por ello salieron huyendo de Jerusalén a la aldea remota de Emaús, sin embargo, cuando ellos apostaron meter las manos en el crucificado que estaba resucitado frente a ellos, cuando decidieron compartirlo en la fracción del pan, sus ojos se abrieron y se llenaron de la fuerza del Espíritu Santo para ir a Galilea a completar la misión. Es hora de perder el miedo, es hora de enfrentar el destino de dar la vida como Jesús, es hora de continuar la misión en nuestra Galilea, es hora de dejar de reclamar más institución, cuando nuestro Movimiento surge como una misión dedicada a los jóvenes deseosos de transformaciones en un mundo mejor, construido por todos.

Hay algo más que se puede señalar, nuestra Familia de Encuentros nace desde su primer Encuentro hasta hoy como una familia para la Iglesia. Esto tiene unas exigencias enormes. En primer lugar, el Padre Pujadas no pensó en los Encuentros como quien piensa en una secta, al contrario pensó en una herramienta que pudiera apoyar la promoción de los jóvenes y reforzar con ella su vocación cristiana en pequeñas comunidades. Al principio el objetivo fue un poco limitado, quizás buscar vocaciones, pero muy pronto, el manual ya lo advierte, el fundador vio que el concepto de vocación en la iglesia se extendía mucho más allá del llamado a un estilo de vida. Es por ello que introduce en el acto de la fe la renovación de las promesas bautismales. El EPJ es una manera de vivir el bautismo, es decir de vivir la sacramentalidad de la iglesia. Estar en comunión con la iglesia exige estar en comunión con todo en la iglesia y promover y defender sus valores. Sin embargo, en algunos ambientes el Movimiento incluidos los asesores confunden la comunión con el autoritarismo o el orgullo que nos permite trabajar juntos, en este punto no quisiera ahondar mucho más, pero se ha llegado lejos en las palabras y las heridas. La aprobación Pontificia de nuestro Movimiento no nos da poder ni autoridad en la Iglesia, nos reconoce, nos da autonomía, nos hace colegiales junto a los obispos, nos apoya en la autoridad y en la originalidad que nadie puede estar cambiando a su antojo, pero especialmente no recuerda que los carismas siendo tan distintos hacen parte del mismo cuerpo en la Iglesia. Esta gran verdad no la podremos olvidar a los cincuenta años, cuando el cuerpo empieza a sufrir de algunos dolores de articulaciones y de algunas pérdidas de memoria.

4. ¿Joven que deseas?:

 

El Encuentro de Promoción Juvenil es un movimiento laical de la época del Concilio Vaticano II, este origen le da a nuestra familia una característica pastoral muy concreta. Todo el Manual de hacer Encuentros se encuentra escrito en esta perspectiva, en este sentido no se nos puede hacer difícil entender los compromisos que se derivan de la espiritualidad Emproísta, o de los llamados concretos que nos hace hoy el Papa Francisco a los jóvenes y a la Iglesia, pues toda su catequesis parece estar resuelta a recordarnos las verdades del Concilio y a aplicar aquellos desafíos que siguen vigentes para nuestros días, en orden a la renovación de la Iglesia. Cumplir cincuenta años no nos hace un Movimiento de los cincuenta, es decir retrogrado, en donde muchas modas en el mundo parecen volver con el tiempo. Estos cincuenta años tendrán que ser un tiempo de esperanza por los pasos que se han dado, de renovación por los desafíos que aún falta realizar y desarrollar para conseguir la vivencia del cristianismo fresco en el tiempo, y de maduración de algunas actitudes que se nos han ido pegando con el tiempo producto del mal ejemplo visto, o de los vicios de nuestros mayores permean nuestros ambientes juveniles y eclesiales.

El Movimiento no se define por la experiencia del primer Encuentro, ni por los documentos posteriores, se define, según la enseñanza del fundador, por la calidad, el testimonio, el compromiso, la audacia, la fraternidad, y muchas otras cosas que bien profundizamos los guías. El Movimiento es lo que sean los guías. Dicho en otras palabras, el Carisma de Encuentros seguirá vigente mientras cada uno de nosotros siga creyente en la centralidad que debería tener Jesús en la vida propia, y nos tomemos las banderas de su anuncio como nuestra primera tarea en los ambientes en donde estemos.

 

Por Cristo

Más,

Más

y Más.