Punto de partida

En el Encuentro Internacional de Colombia, se me acercó un guía de Costa Rica, creo que era de los más jóvenes de quienes asistieron y me recordó mi papel de asesor con una experiencia vivida en un Encuentro anterior.  “Guachi” como lo llamamos con cariño, me ayudaste a vivir de nuevo la novedad del ministerio con alegría todo este tiempo.  Gracias a Dios por tu compañía y tu deferencia al reconocer el servicio del asesor como herramienta válida para el Movimiento.

En los anteriores Encuentro Internacionales un tema que ha llamado la atención de todos los asesores y guías adultos ha sido el papel del asesor del Encuentro de Promoción Juvenil (MEPJ).  Muchas de las dificultades que el Movimiento ha tenido en diferentes ambientes donde nos encontramos presentes se encuentra en la ausencia de asesores o en el desconocimiento del papel del asesor en un Centroguías.

Por ello quise reflexionar en este mes sobre la riqueza etimológica de este vocablo ASESOR, que como su nombre lo indica viene del latín “sedere Ad” (sentarse junto a alguien) y que nos recuerda la actitud de estar cerca, de acompañar.

En el manual de los encuentros como en la historia de esta palabra se utilizaba la palabra Director, para indicar con ello una presencia fuerte y directiva. La experiencia del Encuentro (EPJ) mismo tiene, un director espiritual como un coordinador, ellos toman las decisiones de la mano dentro de un EPJ al interior del grupo de guías y de los asistentes.

Pero en un modelo eclesial más abierto ha surgido la expresión de Asistente, que puede adolecer de paternalismo, o de simple sujeto pasivo, que no se involucra en el proceso.  Este no es en ningún caso el Asesor de los encuentros.

El Vaticano II nos abrió a una iglesia participativa, pues toda ella es ministerial como lo refiere el documento Gaudium et spes.  Una iglesia ministerial en el contexto de nuestro Movimiento significa más servicial, y dentro de esta definición es que podremos leer la figura y rol del Asesor.  El asesor no coordina, ni manda, sino que orienta y acompaña.  La asesoría es un descubrimiento pedagógico de la acción pastoral de la iglesia hoy.  hará falta leer la realidad de los jóvenes, aprender de ellos y saber llegarles para que se orienten de la manera más adecuada y sabia.  Así mismo hará falta de parte de los coordinadores y guías humildad para saber escuchar con atención y con un diálogo abierto el buen consejo de los asesores.

La asesoría un ministerio de la iglesia:

Hay dos palabras que guardan una relación mutua fundamentales en el tema que nos atañe: Asesoría y Ministerio.

Cuando hablamos de asesor pensamos en un compañero y acompañante, pero también en un guía y orientador.

Al referirnos al Ministerio del asesor, entramos en la esfera de lo eclesial.  Es la palabra clave para decir  que toda la iglesia es ministerial y que todo en la iglesia es ministerial.

“En una Iglesia – comunión los tres estados de vida: sacerdocio, vida consagrada, fieles laicos están relacionados y ordenados el uno al otro.  son modalidades según las cuales se vive la igual dignidad cristiana y la universal vocación a la santidad en la perfección del amor.

así el estado de vida laical tiene en su índole secular su especificidad y testifica en la Iglesia el sentido de las realidades temporales.

A su vez, el ministerio sacerdotal representa la presencia sacramental de Cristo Salvador.

El estado religioso testifica la índole escatológica de la Iglesia por la experiencia de los votos religiosos” (Christi Fideles Laici 55).

Hay dos clases de ministerios en la Iglesia: los ministerios ordenados, que se refieren al diaconado, presbiterado y episcopado.  Y los ministerios instituidos que son el acolitado y el lectorado.  Todos los ministerios son en beneficio de la comunidad.  Lamentablemente estos ministerios fueron acaparados en el s. VI, por los religiosos y sacerdotes y los laicos se quedaron tan tranquilos.

Pero en este lenguaje ministerial también, todos los servicios en la Iglesia son ministerios, aunque no se refieran a los de arriba mencionados.  Es decir, que la tarea del administrador de la maleta, de quien toca la campana en la mañana para despertar al grupo, la tarea de cada uno que sirva en el Movimiento es un ministerio se le da un valor evangelizador, esto es testimonial.

Cuando en la Iglesia se habla de un ministerio determinado, en realidad hablamos de una vocación.  El ministerio no es un título, ni un cargo que se ocupa de preferencia, no es un privilegio, ni siquiera una función, es un servicio.  Y hablar de servicio, es hablar de una vocación, de llamada y de misión.  Un guía es un joven llamado a una misión concreta para la evangelización de los jóvenes por un servicio bien determinado.  Así mismo un asesor, es un sacerdote, un religioso, o un guía adulto (laico), que siente la vocación y misión de servir en el Movimiento de una manera determinada.  Y es que el ministerio es una misión en la Iglesia y toda misión dentro de la iglesia es un servicio para la Iglesia y para la comunidad.  El sentido de todo ministerio es la edificación de la comunidad eclesial, inserta en el mundo.

A partir de esta vocación ministerial en la Iglesia, podemos decir que el Asesor del MEPJ es una persona llamada por Dios a ejercer un ministerio al servicio de los emproístas.  Un ministerio que es asumido como una opción personal y al que es enviado por la Iglesia.

No es un llamado desde sí mismo.  Un Asesor no inventa el Movimiento o lo reforma cuando quiere, sino desde la comunidad a través de un obispo en donde el Movimiento está presente y para el servicio de la comunidad de jóvenes de cada centroguías con sus características culturales según cada realidad.  Como vocacionado tiene una misión que cumplir en la Iglesia y ha de poseer una profunda espiritualidad cristocéntrica y eclesial (nos dicen los estatutos internacionales), en nuestro caso abierta a A.L. y al compromiso solidario.

Recordemos que toda vocación nace del bautismo y así es como formamos el pueblo de Dios.  Como miembros de este pueblo estamos llamados a la santidad y a participar en la construcción del Reino de Dios, o la civilización del amor como preferimos llamar esta tarea evangelizadora.  El llamado es pues a identificarnos con Cristo, con su Iglesia, y con el mundo a evangelizar; a definir de manera radical y efectiva nuestro compromiso Amén, como lo hacen los guías del Movimiento, pues, también nosotros vinimos al Movimiento de manera voluntaria, vocacionada, ministerial.

Identidad teológico Pastoral:

La asesoría como ministerio se fundamenta en un Cristo servidor, en una Iglesia ministerial, a la que pertenecemos por el bautismo y participamos de su misión.  La asesoría del MEPJ se define por el llamado y la misión que se le confía.

–          El llamado corresponde al Padre, él tiene la iniciativa en Cristo.  “Ven y Sígueme”.  “Los haré pescadores de hombres”; una llamado que cada uno puede interiorizar por el Espíritu Santo en cada uno.

–          La Misión, también iniciativa de Dios, es un envío a trabajar en la civilización del amor.  se entiende a partir del ministerio: El MEPJ y el tipo de servicio a desempeñar en él: acompañando a los jóvenes guías y asistentes en su crecimiento y madurez en la fe.

Este llamado y envío son mediados y discernidos por la Iglesia: los pastores; el asesor ha de ser presentado al obispo por el Movimiento en cada diócesis; por el Comité promotor diocesano; por el Centro guías; pues todos ellos son quienes perciben su necesidad y quienes reconocen la utilidad de su servicio.

Triple ministerio:

Ministerio profético

El asesor es quien proclama jubilosamente y con poder el amor del Padre que nos quiere felices y nos quiere salvar y el amor a los hermanos.  Es lo fundamental cristiano (el kerigma).  También es quien lee y enseña a leer los signos de los tiempos a la luz de la fe para responder a los desafíos de hoy.  además es quien señala al joven laico los derroteros a seguir en la actual coyuntura de su realidad y de su ambiente, abriendo procesos que generen realmente un cambio transformador y de crecimiento.   El asesor anima y propone caminos de conversión a Cristo y compromete en la edificación de su Reino, como testigo.  El asesor compromete a los jóvenes en la fermentación evangélica de los ambientes.  El asesor opta por la opción de una Iglesia con más rostro laical y femenino para el Nuevo Milenio, su opción es una respuesta al Padre, quien reclama de nosotros una entrega incondicional.  Finalmente el asesor denuncia el pecado social, la injusticia, la desigualdad y la cultura de la violencia y de muerte.

Ministerio sacerdotal

El asesor es un hombre de Dios, abierto al Espíritu Santo.  Hombre de fe y de oración.  Que escucha la Palabra y la sabe poner en práctica.  Es un enamorado de Dios, experto en la lectura orante de la Biblia.  Por eso es que es animador constante de la vida de oración, invitando y enseñando a orar, pues dice el asesor: ‘Cristo es el modelo de santidad, como camino verdad y vida’.  Además el asesor es quien celebra festiva y comunitariamente la vida y los sacramentos, sobre todo, el de la Eucaristía, sacramento de fe y vínculo de unidad fraterna, y el de la Reconciliación.  Finalmente el asesor es quien trata de ser coherente con su opción y proyecto de vida, procurando integrar la fe y la vida en todas las dimensiones de la existencia.

Ministerio pastoral

El texto de Ezequiel 34, 11-16 que te invito a leer en este momento… define muy bien el ejercicio de caridad pastoral de un asesor.  Para San Agustín este ejercicio era tarea de amor.  Es la misma misión que Jesús encomienda a Pedro: “¿Pedro, me amas más que estos? – Si, tu sabes que te amo. – Apacienta mis ovejas”.  Ser pastor en un grupo cristiano exige del asesor realizar el servicio de la comunión (Koinonía) y el servicio a los hermanos (Diakonía).  El asesor es sobre todo Pastor, servidor de la comunidad eclesial entre el Obispo y el MEPJ, y tambien dentro del Comité Promotor Diocesano, y en el Centro guías, y en cada uno de los Equipos promotores.  La manera de ejercer estas tareas será al estilo de Jesús: invitando, acogiendo, animando y acompañando.

La acogida

 Los asesores preferimos más predicar, enseñar, celebrar, que acoger.  Sin embargo hemos de poner en marcha el ministerio de la acogida.  Jesús es acogedor.  Acoge a la Magdalena y a Zaqueo, a la Samaritana y a Pedro, a los marginados y a los jóvenes y niños.  También se deja acoger en Betania, por la mujer que lo unge antes de su muerte, por la Verónica que enjuga su rostro.

La acogida es un acto de fe y de servicio, recuerdo ahora el texto de Génesis 18, en donde Abraham está a la puerta de su tienda, ve a tres personas caminando bajo el sol.  No lo duda un instante, los invita a seguir y les da o mejor.  Todo.  En el diálogo con ellos se da el Encuentro con Dios quien bendice su acogida con un Hijo.  Pues en la acogida gana más el anfitrión que el huésped.  Otros ejemplos María e Isabel (Lc 1, 31-56).  Jesús y Zaqueo (Lc 19, 1-10).

El asesor acoge al emproísta en clima de confianza.  La acogida cuida el gesto para que sea diáfano, abierto, amable, sincero.  También cuida la Palabra, lo que decimos, cómo lo decimos y cuando lo decimos.  Cuida también el espíritu, la onda, la mística para despertar una nueva humanidad.

La acogida no es sólo un saludo, un abrazo, es un clima.  Por eso el ministerio de acogida conlleva manifestaciones corporales (mirar, besar, abrazar, sentir, tocar), espacios de acogida… abrir el corazón… dejarse acoger también.

Abrir el corazón es dejarse acoger, confortar y amar por Dios y por los demás.  La acogida es una de las actitudes más nobles del ser humano.  El asesor acoge a los Coordinadores en un clima de fe y de confianza.  No impone nada, cree en las personas y abre espacios de acogida y calidez.

La animación

¿Qué es ser asesor, ser sacerdote? Es ser profeta, hombre de altar, que preside la Eucaristía y otorga el perdón, pero sobre todo ser pastor al estilo de Jesús.  es alguien que sabe alentar a los que están abandonados, animar a los agobiados , y consolar a los tristes.  Jesús es quien enseña este ministerio con sus gestos, palabras y acciones.  “Animo tus pecados están perdonados”, le dice al paralítico.  “Animo, tu fe te ha salvado”, a la mujer con flujos de sangre. “Animo, no temáis, soy yo”, a los apóstoles.  “Suspira hondo, impone las manos, mira con cariño”.  Cada palabra las acompaña con gestos.  “Vengan a mi, todos los que estáis rendidos y agobiados, que yo os aliviaré” (Mt 11, 25-30).

El asesor es quien infunde al aliento al emproísta en su caminar cristiano.  Anima, consuela, ora, intercede, hace que el alma le vuelva al cuerpo.  Hay que recobrar el aliento, el soplo original dice el mensaje de Vida nueva en el Espíritu.  Volver a respirar.  La animación está vinculada a la virtud de la esperanza.  Es un rasgo creador… dar aliento.

No se necesita ser visionario para descubrir la necesidad imperiosa del ministerio de animación.  Cuando se oscurece la fe y emerge el escepticismo; cuando está herida la esperanza y nos invade el desaliento; cuando se cansa el amor y aparece la indiferencia… entonces pedimos a gritos que alguien anime nuestras vidas.  Es cuando Cristo Resucitado envía a su Iglesia su aliento, su consuelo, su animación.  El ministerio del Espíritu Santo.

El acompañamiento

El acompañamiento como la acogida y la animación, no se dirige sólo a las personas.  También es necesario acompañar a las comunidades.   Es lo que aprendemos de Pablo con cada una de las comunidades que formó y que acompañó en sus cartas.  Les escribo “con un amor entrañable” decía, y como a hijos “muy queridos”.

El asesor acompaña pastoralmente procesos personales y grupales desde la vida y para la vida.  Se trata de prolongar en el tiempo y en el espacio la acogida y la animación.  Permanecer, perseverar y ser fieles es una manera de dar la vida cada día, asimilada al martirio silencioso.

Acompañar es un arte que hay que aprender.  El consejo oportuno, la adecuada corrección fraterna, el aliento amoroso no se improvisan, se aprenden sobre todo cuando se ama, y cuando se conoce una comunidad con la que se camina.  La pedagogía de Dios -Padre y Madre- nos señala algunas pautas de acompañamiento.:

–          Permanecer en el amor, transitando por caminos de dolor, perdón y generosidad.  “Amar hasta que duela” decía La madre Teresa de Calcuta.

–          Creer profundamente en el otro.  es el acto de confianza del Padre en el Hijo, aunque le vuelva a traicionar.

–          Esperar contra toda esperanza. La fe el amor van de la mano de la esperanza.  Señalar los defectos de los dirigidos, y no hacerse cargo de ellos, puede llegar a ser un acto irresponsable, hay que acompañarlos en su superación.  Los padres son conscientes de las debilidades de sus hijos, pasan por el camino del dolor, pero no desesperan.

Acompañar implica cuatro actitudes:

–          Mirar con los ojos de Dios.  Para los asesores es más simple y atrayente construir, administrar, enseñar, celebrar que acompañar.  El acompañamiento de persona a persona es algo insustituible, es la labor de pasillo.  Acompañar es saber poner en las manos del Señor a las personas y comunidades que acompañamos.

–          Respeto y libertad.  no somos dueños de nadie.  Tampoco somos necesarios ni indispensables, pero sí, útiles.

–          Acompañar con valor y humildad, sabiéndonos instrumentos de la gracia y no protagonistas.  Nunca tendremos la última palabra.  Jamás seremos o suficiente maduros, ni lo suficientemente gratuitos para estar a la altura de esta tarea.  Aprendamos de aquellos a quienes acompañamos.

–          Búsqueda de la verdad en la caridad, como nos dice San Pablo.  Hay que descubrir el lenguaje del amor.  no hay que fijarse sólo en las palabras del que busca nuestra compañía: hay que estar atento al gesto, a la mirada, a las manos, al silencio, para captar lo que no sabe decir o no puede decir.  Buscar siempre la verdad pero en la caridad y la misericordia.

El acompañamiento es el verdadero sacramento del Padre bueno y amoroso, paciente, que siempre está ahí, espera, da vida y nos capacita para ejercer el acompañamiento pastoral con caridad.

Identidad humana

El asesor del MEPJ posee una adulta “madurez humana por su estabilidad afectiva, por su facultad de tomar decisiones ponderadas y por el recto modo de juzgar acontecimientos y personas” (Optatam Totius 11); pero sobre todo por saber comportarse con autonomía y libertad personal.

El asesor es un enamorado de la humanidad.  una persona abierta y jovial, capaz de escuchar y discernir la voluntad de Dios; se interesa por todos y por todo.  Nada humano le es ajeno.  Es cercano, pero no se confunde con los demás.  Es decir, es distinto, aunque no distante.  “Puede ser indulgente con ignorantes y extraviados, porque también él está sujeto a debilidad” (Hb 5,3).

Es paciente, capaz de proponer y esperar, porque acompaña procesos de maduración y formación permanentes, que no son de él, sino de los laicos.

El asesor no es mejor ni peor que los demás, simplemente ha sido llamado y consagrado para una misión: “Nadie se arroga tal dignidad si no es llamado por Dios” (Hb 5,4).

El asesor promueve el protagonismo del laico a través de la metodología del ver, juzgar, actuar, revisar, celebrar, desarrollando una pedagogía  vital, participativa y transformadora.

El asesor está encarnado en la realidad social.  Es un actor social en la transformación de los signos de muerte por signos de vida.

Es persona abierta y respetuosa de lo plural y diferente, convencido de la fuerza de un laicado comprometido en la transformación de la sociedad y la construcción del Reino.

Un asesor desarrolla procesos de formación permanente, orgánica e integral, crítica y liberadora en los guías.  Por eso:

–          Es servidor nato de la comunión eclesial entre el Pastor y el MEPJ, en el Comité Promotor Diocesano, el Centro guías, y en cada grupo juvenil cristiano, a imagen de la Santísima Trinidad, la mejor comunidad y el modelo de toda comunidad.

–          El asesor juega un papel muy importante en la unidad de los grupos y el servicio a los emproístas.  Es el centro de la unidad del MEPJ, como representante del Pastor. Y porque da a Cristo, centro y garantía de unidad.  El MEPJ es una experiencia cristocéntrica.  Que los asesores nos conscienticemos de que estamos al servicio de la unidad, es nuestro desafío.

–          Los asesores somos símbolos de participación.  Tenemos el encargo de abrir espacios a la libertad, corresponsabilidad y participación.

Niveles de asesoría

Hay distintos niveles.  El primer nivel es la asesoría de cada grupo y de cada equipo promotor.  Cuando se amplía empiezan las articulaciones a nivel Diocesano, Nacional, Regional e Internacional.

Rol del Asesor

El asesor no pierde su identidad, mas bien se va enriqueciendo por las funciones que desempeña en el campo específico del MEPJ.    Su identidad teológico pastoral le lleva a asumir su rol en clave ministerial, de madurez humana y de actor social en la construcción de la civilización del amor.

El asesor del MEPJ vive en relación y comunión con la comunidad de asesores, para compartir experiencias y recibir tambien orientaciones.

El centro Guías

Es un espacio privilegiado que se ofrece a los guías para hacer su camino de crecimiento y de maduración integral, su plan de vida.  El asesor en corresponsabilidad con el Comité Promotor Diocesano ha de esmerarse en un cuidado solicito del centroguías.  Distribuye el pan de la Palabra de Dios y de la sana doctrina de la Iglesia, y contribuye a la formación integral del emproísta.

El asesor ha de ser una persona integradora y dialogante que sirva a la comunión de los emproístas para que asuman su responsabilidad de guías de otros jóvenes en la Iglesia y en sus ambientes.

Los guías han de entender que el Asesor es para lo que es.  No es empleado a tiempo completo, sino Asesor.  Exijan que cumpla con lo que le corresponde.

El asesor como persona de fe, ha de ser una permanente referencia a Cristo y a su evangelio, integrando la fe y la vida, por la oración los sacramentos, las celebraciones y los ritos.  Por eso el asesor ha de propiciar la proyección social y comunitaria ya que la finalidad del MEPJ es fermentar los ambientes de los jóvenes despertando en ellos el liderazgo y el compromiso.

Comité Promotor Diocesano

Lo forman los guías coordinadores y los asesores, aprobados por el Obispo, y en algunos casos por el Comité Promotor Nacional, para orientar, coordinar, impulsar y servir al MEPJ en cada diócesis, procurando insertarse en la vida y acción de la Iglesia desde lo específico del MEPJ.

El asesor forma parte del Comité Promotor Diocesano, integrándose en la tarea común con ilusión, entrega y espíritu de caridad.  El asesor nombrado o confirmado por el Obispo, propiciará la comunión con el Pastor y la adecuada información.

El Pre Encuentro

 El asesor debe estar al tanto en la preparación de un Encuentro.  Por ejemplo debe estar presente en el proceso de conformación de cada equipo promotor, de su coordinador, de sus acompañantes, y acompañarlo y animarlo en las reuniones, retiros, celebraciones y ha de estar atento a la estrategia propia en la selección de los ambientes y de las personas claves.

El Encuentro

El asesor ha de proclamar con júbilo el amor del Padre. Revelado, sobre todo, en su Hijo Jesucristo, en forma testimonial, en cada una de la reflexiones, en orden a la conversión inicial, tanto en las meditaciones como en los mensajes.

El asesor es el director espiritual, y su ministerio comprende un doble aspecto el colectivo (meditaciones, reflexiones homilías, mensajes) y el individual (contacto personal, confesiones).  El asesor ha de tener comprensión y criterio recto, pero, sobre todo, mucha caridad y espíritu de fe.

El asesor es el encargado de las celebraciones eucarísticas, pues en la eucaristía el Movimiento como la vida cristiana tiene un centro.  Es necesario que el asesor prepare este momento de encuentro con el Señor y con los hermanos con mucha diligencia, a fin de que se viva con intensidad.

La visita del santísimo es también un momento del Encuentro reservado para el asesor, como maestro de oración.  Se han de proponer las visitas por parte del asesor como del equipo promotor.

Las confesiones, las ejerce el asesor imitando al Buen Pastor que busca la oveja perdida; al Buen Samaritano que venda las heridas; el del Padre que espera al hijo perdido y lo acoge a su vuelta.  El asesor es el encargado de abrir espacios para recibir en el sacramento de la reconciliación con libertad.  todo el tiempo del Encuentro ha de ser como una gran liturgia penitencial: pues los mensajes conscientizan, la oración dispone y el sacramento reconcilia con Dios y con los hermanos.

El Post Encuentro

 El post Encuentro es la comunidad de los emproístas quienes se reúnen para compartir y potenciar en sus vidas lo fundamental cristiano.  El mejor método sería el que permita vivir, compartir y aumentar el espíritu despertado en el Encuentro.

Al asesor le corresponde la celebración de la Eucaristía, facilitar el sacramento de la reconciliación y la dirección espiritual.  Al igual que la selección e iluminación de los temas que se van a exponer, si fuera el caso.

Dirección espiritual

El asesor ha de ayudar a descubrir y realizar la vocación personal y a llevar a cabo el plan de vida personal.  La dirección espiritual es de gran ayuda en el seguimiento de Jesucristo y como aporte a la nueva evangelización.  De ahí que el asesor ha de acompañar al emproísta en el discernimiento de su misión y de su proyecto de vida personal.

Actitudes necesarias

Espíritu de fe.  El asesor ha de sentirse como instrumento consciente y activo de Dios, guiado por su Espíritu.  Porque el sacerdote “deberá ser y sentirse sacerdote siempre, sacerdote en todo y sólo sacerdote”; por su coherencia entre la vida y la fe y por el testimonio gozoso de su sacerdocio.

Fidelidad.  El asesor ha de ser fiel a su identidad sacerdotal y a la doctrina del la Iglesia y al MEPJ, asumiendo su carácter Kerigmático y vivencial de sus mensajes; abriendo el espacio a los laicos.

Testimonio de comunión.  El asesor, consciente de la diversidad de dones, carismas y ministerios dentro de los equipos ha de destacar por el espíritu de comunión fraterna.

Servicio pleno.  La presencia continua, atenta y entregada del asesor marca la pauta a seguir por todos los emproístas en los diversos momentos y tareas del MEPJ.

Con cariño para todos los emproístas.

P. Germán Méndez, Asesor.

Por Cristo Mas, Mas y Mas.