ASE-007-2007

Germán Alberto Méndez

Asesor Espiritual.

 

 a los jóvenes discípulos y misioneros

  

Padre, que nos has llamado a la gran tarea de construir tu reino.

Leí esta historieta llena de humor. Con grandes alardes publicitarios se había organizado una feria religiosa, en cuya preparación sus organizadores tuvieron sumo cuidado en informar a todo el mundo.  En el primer pabellón se daba cuenta de que Dios es bueno, pero que sólo eligió a un sólo pueblo para hacerlo suyo.  En el segundo pabellón, se argumentaba que Dios es todo misericordia, pero que sólo comunicó su mensaje a un hombre, a su profeta.  En el tercer pabellón, se enseñaba que Dios es indulgente, pero que sólo deja entrar en el cielo a los que son miembros de la iglesia.

-“¿Qué sabes de mi?”, le pregunta Dios al visitante al final del recorrido.

-“Que eres limitado, cruel y fanático”, responde el visitante.

-“Precisamente por eso no vine a esta feria”, le contesta entonces Dios.

Jesús tuvo que plantearse así las cosas.  A él no le interesaba si uno pertenecía a un grupo, si uno tenía un título, si uno había vivido de esta o de aquella manera.  El quería que las personas descubriéramos el amor pleno de Dios.

Llénanos de amor y comprensión a la juventud.

En el capitulo 10 del evangelio de Marcos, un joven se acerca a Jesús y se dirige a él en estos términos: “Maestro bueno…”.  Antes de dejarle continuar, Jesús le pregunta: “¿Porqué me llamas bueno? sólo Dios es bueno”.  En efecto desde el comienzo de su vida pública Jesús se niega a ser designado por cualquier título, aunque sólo fuese un simple adjetivo, que le alejase de los hombres.  Para él su única tarea consistía en abrir el camino hacia Dios.  No buscaba nada más.  No debía haber obstáculo alguno entre Dios y los hombres.  Y por eso dice “no” a los sacerdotes de Jerusalén y “no” a los doctores de la ley.  “No” a los coordinadores y  guías “sobrados”, “no” a los adultos “que se adueñan de los procesos juveniles”, “no” a  los asesores “que piensan tener la verdad cuando hablan”. Todas las personas estamos llamados a experimentar a Dios por nosotros mismos.  De esta forma es que Dios es siempre bueno, y de esta forma Jesús nos enseñó a ser instrumentos para llegar a él.

Esta es una enseñanza muy antigua de las religiones: no se instruye a nadie sobre Dios, no se enseña sobre Dios, sino que es el mismo Dios el que se comunica al corazón del hombre.  A esta verdad quiso dedicarse Jesús.  A esta verdad se ha dedicado el Movimiento de los Encuentros a través del testimonio de sus guías.

 

Que la alegría de encontrarle sentido a nuestra entrega… sea para los jóvenes, un interrogante .

Y, aunque la narración del texto del joven rico en este sentido es anticlerical,  dice claramente que no se necesitan de intermediarios; que los hombres que encontramos en nuestro camino, TODOS, son templos de Dios.  En cada uno de ellos se puede ver reflejado el rostro de Dios.  La responsabilidad nuestra será encontrar la metodología y las herramientas pedagógicas para que también todos podamos reconocer ese rostro de Dos en las personas con quienes entramos en contacto.

Aun recuerdo como una poesía aquel primer encuentro del que participé como asistente. El Papá del Encuentro nos leyó un párrafo del principito.  Y nos dijo: “Así es Jesús siempre nos pregunta cosas importantes o tan importantes, el caso es que nos enseña el valor de la amistad, y después nos deja una gran nostalgia por volverlo a encontrar”.  Estas palabras fueron suficientes para comprometer mi proceso de búsqueda y de Encuentro.  Por ello quisiera reflexionar acerca del amor de Dios, de esta experiencia a partir de la lectura del principito del Evangelio.

Siempre que los poetas tienen algo esencial que decir, acuden a las imágenes religiosas: esto es EL PRINCIPITO, un joven lleno de interrogantes .

EL principito es un hijo de Rey que desde una lejana estrella  aparece entre nosotros, y lo hace por un breve tiempo, pues de forma muy rápida cuando apenas le empezábamos a conocer, ya le esperaba la muerte, pero, su venida no fue en vano, tanto que ahora esperamos su retorno …  así queda en continuación la historia.

El mundo no ha cambiado desde que el principito lo pisó, pero ahora es posible ver el mundo con sus ojos; así lo que en un momento nos parecía serio ahora nos parece ridículo, y lo que era aparentemente ridículo ahora resulta serio.

Muchas cosas que nos parecían pequeñas, ahora quizás nos resulten muy grandes e importantes, y a la luz de cada una de ellas  podremos redescubrir el mundo, soñar, esperar, amar.

Que nuestros grupos y comunidades sean conscientes de que han sido puestos entre los jóvenes para manifestar el amor que Dios les tiene.

La analogía la hago entre la figura de este niño y el principito del evangelio …

Quizá tengamos que reencontrar su mensaje, su origen, pero también el nuestro hasta empezar de nuevo como niños recién nacidos. (Mt 18,3). Así como celebramos en el mensaje del Hombre nuevo.  En este sentido creo que el joven vive dos posturas: la de la confianza y la de la fidelidad.  Quienes vienen a los encuentros buscan recuperar su confianza en la familia que han crecido, o ratificar su fidelidad al compromiso que ya están haciendo como líderes cristianos.

Confianza plena en la bondad, en el amor, allí donde uno descubre seguridad, es la época en que estamos construyendo nuestros verdaderos amores.  Mientras un hombre tenga miedo siempre permanecerá pequeño, se negará a crecer, pues el miedo nos obliga a ir más allá de nosotros.  “Con nuestro esfuerzo angustioso no podremos alargar ni un solo palmo a nuestra existencia” (Mt 6,27).

Esta es nuestra responsabilidad. Esta es nuestra misión.

La pregunta es: ¿quiénes son los jóvenes ricos del Evangelio hoy? Un joven, para Jesús, es una persona que ha aprendido a renunciar al mundo aparente de los miedos que sufren los adultos. Y en cierto sentido a empezar de nuevo la vida pero esta vez con la decisión firme de la verdad, sin mentirse, lo anima el anhelo de un mundo justo, misericordioso, bondadoso, pacífico.

Un joven, para el Héroe de Nazaret, es quien no se deja envolver por la fama, por el poder, por el dinero, la carrera de la gente grande; pues él sabe que lo humanamente auténtico es estar en paz, y esto sólo puede ser comprendido por los “pequeños”.  Sin embargo en el intento de encontrar sus respuestas consigue apenas moverse en el mundo de otros nuevos ídolos.  Dice el texto que se sintió triste pues era muy rico…  Pero las distinciones morales entre el bien y el mal tan importantes en el mundo de los adultos, para los jóvenes no cuentan, porque  saben que para Dios todos somos iguales: “El hará salir su sol para buenos y malos, para justos e injustos”; por eso el joven busca lo que es auténtico, nunca juzga.

Para los adultos las diferencias sociales son enormemente importantes. Les importa por ejemplo saber que casa ha construido uno, que auto conduce, o si sabe utilizar correctamente el cubierto cuando come langosta. Para un joven discípulo, así como lo fue Jesús, no le importa si sus discípulos se lavaron las manos antes o después de comer. Sí le importa lo que piensan y sienten sus amigos.

En el cristianismo creemos en el retorno del Hijo, del principito a la tierra. El volver de nuevo, porque los hombres y mujeres no hemos olvidado su mensaje.  El Encuentro en este sentido es memoria de lo que las personas no podemos olvidar y de aquello que siempre quisiéramos mantener vivo.  Un mundo sin diferencias, justo y en paz.  Un mundo donde todos construimos esa civilización de amor tan necesaria para la felicidad  de todas las personas.

 

Hablando de esta civilización, de los proyectos pastorales que son la síntesis de este sueño del cristianismo, no podremos imponer la uniformidad. El joven siempre nos recuerda a las personas que la diversidad es el asunto de la mayor riqueza.  Para la juventud, es decir para nuestro Movimiento de jóvenes la persona ha de ser definida desde su capacidad de aportar y de servir.

En este terreno tendremos que cambiar muchas posturas.  Vivir es servir,  es el lema de muchos jóvenes que hoy apuestan por causas nobles.  Es decir que la felicidad de la humanidad se encuentra es a partir de la  generosidad.  Esta actitud podría contribuir mucho a una renovación de la iglesia.  Nuestras comunidades, nuestros pequeños y sencillos grupos de jóvenes, son portadores de esta fe, pues nacieron a partir de la entrega generosa de la vida y del testimonio en equipo de un grupo de jóvenes a otros jóvenes en busca de respuestas.   La cosa nunca ha funcionado ni funciona jerárquicamente, es decir que es a partir de las cualidades que cada uno pone al servicio desde donde podremos construir la comunidad de Jesucristo.  Esto no supone que obedecer a Dios, o leer la escritura sea un asunto personal.  Entre los hermanos no puede haber disputas teológicas o dogmáticas en este punto, si lo que nos interesa es el bien de los jóvenes y el mensaje de Jesús, quizá sea oportuno aprender a dar y valorar el don que los otros también hacen de sí.

Lo que más aprecio de nuestro Movimiento Juvenil es que entre el altar y el pueblo existe la unidad, y no la oposición, así es que yo veo el papel de los asesores, de los adultos, de los guías y de los asistentes a los encuentros, como una gran familia.  También creo que el Movimiento ha ido aprendiendo a ser más obediente, por ejemplo, al llamado que nos hace la iglesia y sus pastores, obediencia significa aquí servicio al joven de hoy y a su deseo de abrirse al futuro.   Cuando el grupo permanece obediente al Carisma, que es lo que hace vigente el Movimiento en la iglesia, entonces se puede tolerar que uno de los suyos de muestras de originalidad o quiera ejercer su derecho a la diferencia.

Salvaguardar una mal llamada “unidad”, es una equivocación.  Entre dos personas por ejemplo entre un hombre y una mujer, no se puede hablar de unidad si ambos se callan o, incluso, si uno de ellos se calla… conozco parejas que están juntos viendo la televisión pero son incapaces de dirigirse la palabra.

Si unidad en nuestro Movimiento consiste en escuchar lo que dice un coordinador o un asesor, y hacer fielmente aquello que ellos digan sin que podamos reaccionar, entonces podremos decir que la unidad se encuentra rota.  La unidad, lo que entiendo, es la exigencia de reciprocidad.  Si es así, entonces es claro que unidad es la exigencia de respeto y tolerancia hacia la opinión de los demás.  También la capacidad de debatir, soportar e integrar la diferencia tal y como se expresa en opiniones y en las tensiones.  La unidad es un factor dinámico, elástico, que nos muestra la relación de las personas en una comunidad que se está haciendo.

Del guía, del adulto, del asesor diré que sea alguien que ni obligue, ni se mantenga por encima del joven.  Alguien hacia quien no se vea uno obligado a levantar los ojos.  Que acompañe hasta que nos hayamos encontrado a nosotros mismos y desaparezca en el momento determinado para que podamos seguir nuestro propio camino.  Transparente como el aire que no hace sombra; y, si hace sombra, entonces mi acompañante será el último suspiro de la vida, el comienzo del quinto día.

Madre de todos los jóvenes enséñanos a decir Amén