ASE-009-2007

Germán Alberto Méndez.C.P.

Asesor Espiritual.

A Oswaldo Prieto, un papá de Encuentros y un gran padrino

Acercamiento a una realidad

Aunque las personas lleguemos a tomar conciencia de nuestro hombre viejo, o a vivir sanamente o hasta iniciar procesos de renovación, nunca podremos ver completa y claramente sin la ayuda de alguien.  Nuestra fe necesita un impulso hasta el compromiso.  Esta carta surge del compromiso que la Region Centro hizo en el anterior Regional realizado en Guatemala, pero está dirigida a todo el Movimiento, pues en cada lugar donde el Moviento florece tiene de la compañía y del apoyo de alguién más a quien llamammos padrino.

A fuerza de anonimato el joven se acostumbra a vivir pasivamente su liderazgo en la historia.  La naturaleza del joven o puede sepultarse en un estilo mecánico y repetitivo; la rutina hace al hombre nuevo, viejo.

¿Dónde estará el corazón del joven cuando se convierte en esclavo de la rutina, o de los vicios o de tantos factores externos a su ser, y que que intervienen tan definitivamente su proyecto de felicidad?  Me es dificil representarme a un joven en las categorías del hombre viejo, pues lo que se de la juventud me dice que su búsqueda permanente, que su anhelo mas profundo es seguir siendo joven, y nuevo. En Encuentros más bien he descubierto testimonios valientes de quienes para liberarse necesitaron de sí mismos, de sus propias identidades y de sus potencialidades.  Y en ese momento crucial fue donde aparecieron los “padrinos”, que son en realidad figuras ejemplares.

La figura del Padrino

El padrino es alguien privilegiado pues evoca, provoca y convoca al joven a no permanecer dormido ante su historia, ante su naturaleza de Joven, ante su vocación de felicidad verdadera.

El joven candidato a Encuentros debe ser provocado.  El padrino es como quien llega y toca, quien muestra algo más, conocedor de las capacidades de la persona que invita, y quien sin forzar muestra las posibilidades del joven candidato.  Un joven al lado de su padrino se da cuenta de lo que es capaz y por ello quiere volar alto provocado por él.

El padrino es tambien una persona de buen ojo, pues sabe que cada persona que invita a Encuentros tiene, y puede dar mucho más de lo que en apariencia conocemos de él.  El padrino es quien realiza el test con el candidato y despierta en él el deseo de ser héroe o heroína, protagonista de su felicidad.  Por ello un padrino es alguien que sabe hablar al oído, es decir alguien de confianza.   El padrino es también alguien dispuesto a ir un poco más allá en compañía de su invitado, aun más, una persona capaz de insistir hasta la frontera donde nadie acompaña, por eso es quien provoca.

Un joven no necesita quien le diga lo que debe hacer, en realidad no les gusta que uno intervenga en sus decisiones.  Los jóvenes sienten en su vida todas las pulsiones parar vivir su felicidad  para construirla.  Pero su búsqueda de felicidad puede estar mediada por los “padrinos” si sabemos llegar a ellos sin agredir sus libertades.  La función de un padrino es ayudarle a un joven a identificar la verdadera naturaleza de una persona; y no sólo con palabras sino con ejemplos de vida que refuerzan en un joven un modo de ser y de actuar.

Un padrino no es cualquiera que haga una invitación, un padrino es un hombre nuevo que vivió también su proceso de renovación hasta que llegó a convertirse en protagonista de su vida, y desde esa postura de liderazgo se siente autorizado para invitar y, provocar a otros a un liderazgo.

El lugar del padrino se encuentra en lo cotidiano de la vida familiar o social.  Son padres, abuelos, amigos, hermanos, hermanas, maestros ejemplares.  Todos ellos nos ayudan a vivir nuestra vocación y a oir atentamente nuestra naturaleza esencial.

En cada uno de los países donde Encuentros ha surgido ha estado acompañado de la mano de un padrino.  Cada una de estas personas se ha convertido para el Movimiento como una figura ejemplar, a quienes hemos podido recurrir siempre que hace falta para reencontrar el norte.  Cada uno de los padrinos es un legado precioso que impregna el Movimiento de seguridad, de tradición, de experiencia y de nuevas posibilidades aún no ensayadas.

El Movimiento se estructura desde esa centralidad que la persona de Jesús tiene dentro del grupo y desde la metodología que nos es propia.  El Hombre de Nazaret en su momento  histórico unió una Pasión por Dios y una sed de humanidad y de justicia en su mensaje.  Todo esto lo integra precisamente el rol del padrino de Encuentros, pues él es alguien que sabe referirse a Dios sin abandonar el compromiso de crecer cn los otros.  Sin embargo me parece necesario identificar el papel del padrino en cada uno de nuestros contextos.

Los padrinos me recuerdan también la actitud fundamental que debemos tener con el aspecto integral del ser humano: el cuidado.  El cuidado es tan fundamental que fue visto por los griegos como una divinidad.  Esta divinidad acompañaba al ser humano por el camino de su vida.  El cuidado, es similar al ángel de la guarda.  Un padrino es como un ángel que nos acompaña y nos cuida desapersibidamente, desde que nos invita, hasta que por nosotros mismos y más allá caminamos en pro del crecimiento.

Donde hay cuidado, ahí comienza el Hombre Nuevo; donde uno se descuida aparece la cizaña, el enredo, las actitudes destructivas de la vida y de la felicidad.  Importa entonces cultivar el cuidado como precondición para garantizar una vida nueva y realmente auténtica.

Cuidado del cuerpo: en la alimentación, para que no sea apenas nutrición, sino comunión con todos los elementos, con lo que respiramos, con el agua que bebemos, con las ropas que vestimos, con las energías que vitalizan nuestra corporeidad.  El padrino es quien nos impulsa a vivir comprometidos en este mensaje de Salud y Cuerpo, que es el mensaje de la vida.

Pero también, cuidado con nuestra mente, especialmente porque un padrino es una figura auténtica que nos sirve de modelo, esto es héroe o heroína para nosotros.

Un padrino nos enseña a cuidar las relaciones con los demás.  Cuidamos de los demás porque los consideramos valores para nosotros, el padrino de los Encuentros ve el rostro de Dios en los jóvenes y con el tiempo los mismos jóvenes descubrirán el rostro de Dios en las otras personas y por su puesto en sus padrinos que los llevaron hasta esta experiencia de vida tan hermosa.

Finalmente, el padrino es quien nos estimula a cuidar el espíritu, es decir, la totalidad de nuestra vida, pues cuidar el espíritu es preocuparnos de la totalidad de cada uno, en unidad según reza el mensaje de qué es el Hombre. El padrino es clave para mostrar esa centralidad y esa unidad.  El padrino lo lleva a uno hasta Jesús.

Por      Cristo      Más,     Más     y      Más