ASE-017-2009

Germán Alberto Méndez. C.P.

Asesor Espiritual.

                   

A los guías de las primeras generaciones

A quienes aman el Movimiento,

y especialmente a aquellos que no lo quieren dejar crecer

 

El Movimiento ante una nueva situación:

 

En las distintas visitas por los países que he realizado en este periodo de acompañamiento, me he encontrado un grupo de emproístas que puedo decir que amo mucho, y de quienes he aprendido mucho.  Se trata de los guías que fueron nuestros guías.  Muchos de ellos con quienes he compartido la mesa, la oración en sus casas me han presentado a sus hijos e hijas, y me han ofrecido a sus hijos para que desempeñen más adelante el servicio de coordinadores o asesores, a cada uno de ellos les agradezco de nuevo tanta generosidad, espero que algún día sus hijos conozcan también y con pasión el Movimiento de Encuentros.  Algunos hijos e hijas ya son guías y coordinadores de Encuentros.  ¡Podría decirse que vamos a tener una mejor generación de jóvenes en todos ellos!  Pero también, he notado con tristeza que algunas de estas generaciones que ya han crecido miran con desconfianza el trabajo de los jóvenes, o de los asesores, algunos me han pedido con un poco de maña responder preguntas fundamentales para asegurar que soy un asesor o que conozco los mensajes del Encuentro.

El proyecto emproista es ambicioso.  Se trata nada menos que de una inversión radical. Hace años que nuestra evangelización está concentrada en la conservación de la herencia del pasado, lo cual es nuestro patrimonio. Todos los mensajes importantes de la vida cristiana fueron adaptados por el P. José María Pujadas Ferrer a la realidad de los jóvenes aunque la tradición y la metodología que siempre se había utilizado hasta entonces pareciera cambiar un poco. El lenguaje total, con el que quiso expresar esta nueva realidad evangelizadora no cambió sensiblemente el anuncio de la Buena Noticia.

De acuerdo con esto el proyecto del emproismo no está afuera de la Iglesia, tanto que ante la desconfianza de los episcopados el Padre echó a rodar el Movimiento respondiendo al llamado del Santo Padre en ese momento. Así, lo que en un momento era desconfianza, ya en Puebla se había convertido en ínterés y estímulo para la Iglesia Latinoamericana.  La metodología puede cambiar, esa es la gran enseñanza del Padre José María, siempre y cuando todo esté orientado a la misión.

Hoy de nuevo la Iglesia nos pide ponernos en misión, pero no nos impone una metodología, nos pide renovar nuestros métodos, recordando al Papa Juan Pablo II, y nos pide ofrecerlos frescos, para el servicio, en nuestro caso de manera especial a los jóvenes (Aparecida n. ).  La realización de este proyecto nos va a exigir de nuevo reaprender nuestra metodología, y quizás, escuchar más a los jóvenes y respetar su nuevo momento.  Los obispos lanzaron ese proyecto en Aparecida, pero ahora el primer problema consiste en convencer a quienes nos sentimos dueños de lo que le pertenece a la Iglesia y al Movimiento, en nuestro caso a los jóvenes.

La presente carta no quiere convertirse en una ofensa a ningún emproista de la “antigua” generación, o de la generación que ya tiene que ceder ante una nueva. Tampoco esta carta está preparada para decir la última palabra en este tema, no se trata aquí de dar un portazo a quienes por años han trabajado con mucho amor por los jóvenes en el Movimiento y de la mano con la Iglesia. Va a ser necesario cambiar radicalmente, de parte y parte, es decir, en cada una de las partes del Movimiento, si queremos ofrecer una formación y preparar nuevas generaciones de emproístas muy diferentes a la actual.  Lo digo porque siento que hoy muchos sentimos que nos pisamos los nudos de los zapatos, y nos hemos dedicado a descalificar a los jóvenes que se acercan, o a ofender el trabajo de quienes se quedaron en el Movimiento. Incluso hasta hemos llegado a desconfiar del aporte sano de los asesores si ellos en algún momento no se ponen de alguna de las partes.  Todas estas actitudes son expresión de una gran amor al Carisma Emproísta, o pueden estar camuflando un “hombre viejo” aun sin trabajar.

Hacer que toda la Iglesia sea misionera es una tarea gigantesca, por parte de los Obispos de Latinoamérica. Poner el Movimiento en estado de Misión es volver a repazar las palabras del “Hombre nuevo”.  Durante el primer momento la tarea de echar a rodar el Movimiento fue asumida por los cofundadores de la Obra, se trataba de un equipo interdisciplinar, allí nadie sabía más que nadie, todos estaban dispuestos a colaborar. Muchos de ellos nos siguen acompañando en los distintos centroguías, o cuando el Movimiento les ha pedido su aporte, cada uno de ellos siempre se muestra dócil, servicial y amoroso con el emproísmo, de ellos podremos aprender mucho todavía.  Pienso en la Santidad del Padre José María y en el influjo de su acción en cada una de estas persona que con él emprendieron la tarea de responder a la Iglesia, en aquella encrucijada. El Movimiento era entonces predominantemente en gestación.  Nunca pensaron que las diferentes generaciones se podía chocar, siempre que se podía colaborar, por ello se pensaba en la presencia de algún adulto en cada equeipo promotor y su puesto en las reuniones del centroguías.

Al inicio también hubo dificualtades, en los Encuentros Internacionales, que el Padre José María también impulsó,  se presentaban quejas del choque generacional, o de la dificultad de trabajar en algunas circunstancias, nunca este fue un motivo para descalificar a nadie, el “manual” de los Encuentros también podía cambiar y se fue completando el que actualmente ha llegado a nosotros.  Se fueron proponiendo herramientas en las personas, como es el caso de la Union de Corresponsalía Internacional (UCI), para evitar que la comunicación se pudiera desfigurar en algún momento dado.  Se dio vida a las figuras de los equipos diocesanos, se pensó hasta en algunos mensajes adicionales en donde pudiera hacer falta, por motivos de ambiente o influencia académica, como es el caso del mensaje Dios y mundo, o del mensaje .  lo que era claro es que el Movimiento es evangelizador, y por ellos se debía de responder con testimonio, creatividad y adaptación.  Nunca se trataba de un grupo para competir o exhibir las mejores cualidades de cada uno sobre las de los demás, o donde ejerceríamos nuestra misión por el poder o la amenaza.

La misma queja se ha  repetido durante todos los Encuentros Internacionales hasta hoy. La misión fue asumida por los guías jóvenes a partir de su encuentro y de su proceso de compromiso en la Obra.  Es como una “carrera de relevos”, escribió el Padre José María, el Movimiento es una herencia en dinámica, no es un testamento en propiedad de nadie, esto tendremos que recordarlo también.

El proyecto emproísta es un proyecto eclesial, exige estar unidos a Cristo que es la cabeza de la comunidad, es decir que nos exige un cambio de mentalidad y un cambio de comportamientos. La misión de la iglesia y de Movimiento serán posibles si nuestra prioridad hoy es servir a los jóvenes dentro de los valores del evangelio, y si somos capaces de dejar en un segundo plano los intereses de administración de esta pequeña minoría. Creo que los recursos siempre son importantes para hacer una buena labor, pero esa no es la tarea principal ni de la Iglesia, ni mucho menos del Movimiento. Repito, será necesario cambiar la formación de nuestro liderazgo de modo radical. Los guías tendremos que volver a buscar la vocación emproísta original y dejar de ser administradores de recursos o de personas. 

Los temas más significativos del Emproísmo.

En primer lugar debemos destacar el tema, la iglesia nos pide hoy ser discípulos y misioneros.  Escuchar a Jesús y ponernos en marcha misionera a anunciar su Buena Noticia, en el caso de los emproístas, con nuestro propio método.

Al comienzo el lenguaje total, o la forma de profundizar las ideas clave de cada uno de los mensaje ni siquiera estaba en el manual de los Encuentros.  Los programas de formación de guías no existía en Movimiento como una palabra a realizar. Era el deseo de servir a la Iglesia lo que primaba, los encuentros de guías en las diócesis, los Encuentros Nacionales, y más tarde los Internacionales, fueron dando origen a nuestra pedagogía y a nuestras especialidades, todo esto por el compartir fraterno.

En cada una de las primeras reuniones del Movimiento aparecieron muchas experiencias que se presentaron, y que después fueron haciendo parte de nuestra misión. La propia palabra “guía” entró en el uso común del grupo, cuando los emproístas compartían e iban colaborando en el empeño de identificar los valores del Movimiento y la juventud. Muchos grupos adoptaron diversos nombres, emproístas, pujadistas, encuentristas, e,t,c, Ni siquiera en esto hubo un acuerdo inicialmente, también pasó por un proceso de maduración.

Debemos destacar que la Metodología  del ver-juzgar-actuar la retoma el Documento de Aparecida, y que es el mismo esquema el que hemos utilizado en nuestro Movimiento como medio para interpretar la realidad y para comprometernos en ella. Esta continuidad se manifiesta en dos temas fundamentales: la vigencia del Movimiento que lee los signos de los tiempos, los valores de la nueva juventud, y el intento de crear una comunidad fundada en el evangelio.

Asumir con nueva fuerza la opción por los jóvenes, es poner el acento en la urgencia que se puede estar perdiendo por centrar la atención en otros aspectos que como dije antes no pueden ser la prioridad.

La oración del guía, y el mismo manual habla explícitamente de las Comunidades de jóvenes que el emproísmo esta llamado a construir como resultante de su misión. Esta es la parte de nuestro empeño, los frutos positivos, reconociendo que ellas son la señal de la fidelidad a Cristo y del amor que caracteriza a la juventud de todos los tiempos.

Finalmente algunas frases que he ido recogiendo de los diferentes planes de vida que se han elaborado en los Encuentros nacionales y regionales que he acompañado: “El Movimiento necesita una fuerte convicción  que le permita trabajar fiel al Carisma superando de esta forma la tibieza o la mediocridad”.

“La conversión, el llamado a ser hombres y mujeres nuevos nos exige pasar de una metodología de mera conservación  a una acción evangelizadora decididamente emproísta, es decir testimonial”.

“La acción evangelizadora no puede alejarnos de los ambientes de los jóvenes”.

El cambio, al que me refiero debe afectar a todos los grupos del Movimiento, a los más jóvenes, pero también a los mayores. Comienza con la renovación del pensamiento.  Quizá tengamos que aprender a pensar mejor los unos de los otros. y a partir de los pequeños grupos, de los equipos, de los grupos primarios, tendremos cuidado de que esas pequeñas comunidades no reproduzcan los errores que ahora afectan la fraternidad de las comunidades de emproístas.

En cada uno de los Mensajes del Manual de hacer Encuentros se ofrecen orientaciones para la construcción de la civilización del amor. Pero muchas de nuestras posturas hoy, no ofrecen espacio suficiente para esta manera de vivir. Seguramente encontremos excusas o responsables, pero el Manual no habla de otra cosa que de la superación de un modo de vivir viejo y que da paso a una nueva manera de vivir fundada en el amor.

Con esta misión tan clara y exigente que nos ha dejado la Iglesia, no veo oportuno o necesario en este momento desgastar el Movimiento en luchas de poder o generacionales.  Más bien quisiera agradecer a los grupos de mayores que decidieron unirse para apoyar respetando los procesos de los jóvenes, ofreciendo su experiencia y su sana intervención. Oro de manera especial por las asociaciones de Amigos del Encuentro como se han llamado en algunas partes, pues se que su testimonio y su colaboración puede servir de ejemplo a otros sectores donde aun no se ha consolidado este nuevo brazo evangelizador.

Les pido a todos en cada caso tener siempre los mismos sentimientos de Jesús, aun en aquellas situaciones en donde los intereses humanos no dejan ver con claridad la intervención del Espíritu de Dios.  Solo tendremos que esperar con paciencia y amor. Se trata de continuar creciendo, esta es la dinámica de las familias cuando ellas resisten el paso del tiempo.

Por Cristo Más, Más y Más