ASE-024 de Octubre de 2010

Germán Alberto Méndez. C.P.

Asesor Espiritual.

Dedicada a los niños, verdaderos hombres nuevos, en el día de los niños.

         Con el titular: “Se proyecta una ley injusta” las sociedades católicas se han enterado de los diferentes anteproyectos de ley con que los Gobiernos han planteado regular la práctica del aborto. Así leídas las cosas, La iglesia no puede menos de alarmar a cualquier persona con recta sensibilidad moral y social. Se institucionaliza la vulneración de un derecho tan fundamental de las personas como es el derecho a la vida.

         ¿Hay razones válidas para el aborto? las circunstancias adversas en las que, en ocasiones, se puede encontrar la mujer que espera un hijo: el riesgo de su propia salud; la dureza de la expectativa de tener un niño con algún defecto físico o psíquico; la irresponsabilidad y hasta la violencia en el sexo por parte del varón; la estrechez económica; los inconvenientes laborales y profesionales; la existencia de una familia ya numerosa; o, simplemente, el no sentirse con el ánimo necesario para recibir y educar a un hijo.

         La mujer que se encuentre ante la tentación de creer que el aborto es la solución para una situación apurada o angustiosa, está expuesta a decidir por la presión de la opinión pública, muchas veces favorecida por legislaciones que llegan a pensar que abortar «no es tan malo» o que “hoy ya hemos superado el tabú irracional”. No podremos rechazar las mujeres tentadas de abortar, pero sí la aceptación social y las leyes o proyectos de ley que delatan una notable falta de criterio ético en el legislador,

         El argumento fuerte se encuentra en denunciar a los estados cuando renuncian a su responsabilidad básica de tutelar la vida humana, por el argumento que dice que en el feto humano no hay vida humana.

         Se impone entonces el derecho a la diferencia, y se alega una postura que defiende un pensamiento distinto frente a la opinión particular de un determinado grupo religioso, incluso intolerante y «fundamentalista».

1. Antecedente: el proyecto de ley:

Los proyectos de ley no hablan exactamente de “aborto” sino de interrupción voluntaria de la vida (del embarazo). Y lo que se despenaliza, es aquello que no constituye delito con la interrupción del embarazo practicada por un médico o bajo su dirección, en un centro o establecimiento sanitario acreditado, y con el consentimiento expreso de la mujer embarazada en las siguientes circunstancias:

a) Evitar un grave peligro en la vida o salud física o psíquica de la embarazada con constancia emitida con anterioridad a la intervención por un médico especialista, distinto de aquél por quien o bajo cuya dirección se practique la interrupción del embarazo.

b) Que el embarazo sea consecuencia de un hecho constitutivo de delito contra la libertad sexual o de reproducción asistida no consentida, siempre que la interrupción del embarazo se practique dentro de las doce primeras semanas de gestación y que el mencionado hecho hubiese sido denunciado.

         c)Y que se presuma que el feto habrá de nacer con graves taras físicas o psíquicas.

         Tampoco constituirá delito, se argumenta, la interrupción voluntaria del embarazo que sea practicado por un médico o bajo su dirección en un centro acreditado y con el consentimiento expreso de la mujer embarazada cuando, a juicio de ésta, la continuación del mismo le suponga un conflicto personal, familiar o social de gravedad semejante a la de cualquiera de los descritos anteriormente.

         2. Análisis de coyuntura:

         Según estos proyectos de ley parece que la vida humana es un valor de primer orden permanentemente amenazado. Por ello exige una atención por parte de cuantos estamos comprometidos en su defensa, en su fomento y su desarrollo. Esta es una loable acción pues busca conseguir una auténtica cultura de la vida en contra de una cultura impregnada por tantos  signos de muerte.

         En estos tiempos defender la vida exige distintos argumentos. El intercambio interdisciplinar puede contribuir para ampliar mejor el campo de comprensión. Defender la vida, desde su concepción hasta el final del recorrido del ser humano, no es cuestión solo del magisterio de la iglesia, es ante todo un deber de la vocación cristiana, de todos los laicos que comparten una misma fe y una responsabilidad social.

         Abordar el tema está más allá de señalar principios de responsabilidad pública o ciudadana, hablar de esto implica eximirse de la opinión pública, pues lo que se impone en la cultura actual no siempre encuentra eco, por ejemplo, en los medios de comunicación propagadores de valores y en muchos otros casos también de contravalores[1].

         Desde el punto de vista científico, desde la racionabilidad de la fe[2], se pueden señalar líneas pastorales para profundizar en una opción de vida.

         3. Algunos argumentos conocidos:

         Un importante argumento que justifica sobradamente la protección del derecho a la vida de quien es concebido pero no llega a nacer, está en la legislación internacional que defiende los derechos del niño:  Los niños tienen derecho de ser protegidos.

         La afirmación en sí misma no significa nada cuando surge la pregunta revocatoria: ¿cuándo empieza una vida humana? Ningún científico duda en asentir que en el momento de la fecundación, es decir, cuando de dos realidades distintas, del óvulo y el espermatozoide, surge una realidad nueva y diferente, el cigoto, con una información genética propia y un poder generador capaz de desarrollar un ser humano.

         Esta capacidad embrionaria en un primer momento debe contar con las condiciones medioambientales maternas adecuadas. Pero la dificultad parece estar en si se trata de un individuo humano. Responder es para unos imperativo, sin embargo, antes conviene considerar y destacar la cualidad del embrión de portar desde su origen las propiedades nuevas que pueden conducir a un ser humano, cualitativamente diferente. Lo que no se garantiza con el proyecto de ley, y en otros casos es el respeto por el proceso ontogenético[3].

         3. Consideraciones necesarias:

         Prefiero no hablar de aborto, cuando este acto y su concerniente análisis se ha rodeado de tantos prejuicios sociales y morales.

         Abordar la problemática de la interrupción voluntaria de la vida conlleva de parte de unos sectores posturas tales como la de promover la objeción de conciencia[4], especialmente dentro del campo de los médicos, pretendiendo acompañarles en su vocación de valorar el proceso maravilloso del desarrollo de una nueva vida, para cuya protección se han preparado y especializado.

         Más allá de las posturas de rechazo emocional existen razones válidas que fundamentan una posición que se basa en la defensa de la vida. reconociendo que la justificación para un cierto tipo de abortos (malformaciones fetales, reducción intrauterina del número de fetos en embarazos múltiples, etc.) tiene cabida hoy con argumentaciones diversas en  ámbitos científicos.

         El tema de la interrupción voluntaria de la vida ha de asumirse como es, es decir, no se trata de una ley (o de un proyecto de ley en algunos casos) que promulga el aborto libre. Se busca es responder a ciertas situaciones de emergencia, en que la interrupción inmediata del embarazo es necesaria para salvar la vida de la mujer.

         Pero no hay que desconocer que en la sociedad hay centros que se dedican a practicar abortos, y que no atienden mujeres en situaciones de urgencia sino que aquéllos son programados convenientemente. ¿se ha legalizado ya el aborto al interior de la sociedad?

         Por otra parte, las estadísticas médicas son crecientes en la atención a mujeres que, tras una intervención abortiva sufren graves complicaciones al punto de necesitar una asistencia urgente. Jamás en esas circunstancias dejará de prestar la asistencia correspondiente un médico objetor de conciencia; ¿dónde están en esas mismas circunstancias los médicos abortistas responsables de tales complicaciones?

         4. Un camino de solución:

         En la sociedad en general la mujer tiene un papel predominante. En Grecia, por ejemplo, se profesaba el culto a la Gran Diosa-Madre; en las culturas más antiguas latinoamericanas se habla de la Pacha Mama, indicando con ello no solo el origen de la vida, sino también el sustento de la misma.

         El ejemplo Bíblico de Abraham recuerda como ante la imposibilidad de procrear, la pareja de Sara y Abraham tomaron a Agar como madre para garantizar su descendencia  y el cumplimiento de la promesa de Dios. El acento no está en la decisión de los padres como en la bendición de los hijos.

         La infidelidad conyugal es considerada generalmente como un drama, sin embargo estas practicas son aceptadas por la sociedad de manera permisiva. A lo máximo, da lugar al divorcio[5].

         El mismo divorcio hoy por hoy se utiliza ampliamente por la sociedad, muchas veces basta que una de las partes lo pida para acceder fácilmente a esta nueva situación, incluso, sin ser necesaria esta decisión, sin hacer algo por salvar las cosas.

         La violación de una mujer era considerada como crimen público y recibía los más severos castigos. Sin embargo, la aceptación de la prostitución se extendió en todas las culturas sin escándalo y mas bien con aceptación sin que nadie se preguntara por la dignidad de las mujeres obligadas a prostituirse para sobrevivir, o al menos por la dignidad de quien esclava de un comportamiento social desea seguramente un mínimo de amor y respeto.

         Lo sexual es uno de los elementos determinantes de la vida pública y privada.  Parece que la sociedad se contradice si piensa en algunos valores que defienden la vida, al punto de pensar el concepto de vida humana como una abstracción que no existe. ¿Será la vida humana una idea abstracta? una vida humana concreta no es otra cosa que un ser humano. Así pues, desde que se produce la fecundación mediante la unión del óvulo con el espermatozoide, surge un nuevo ser humano distinto de todos los que han existido, existen y existirán. ¿Por qué insistir argumentos que plantean saltos cualitativos? ¿no será mejor cuidar la progresiva realización del destino de un nuevo ser humano? Todo intento de distinguir entre el no nacido y el nacido en relación con su condición, entre el cigoto y el ser humano que decide, carece de fundamento.

         Tendremos que tener en cuenta que la educación sexual es nula y que se ha limitado a la mera información sobre contracepción y algunas conductas sexuales. Se descuida el concepto del amor para dar paso a la información genital y los derechos de la pareja. ¿Podemos entender, por ejemplo, que hoy muchos jóvenes se muestren de acuerdo con la idea de que en lo referente cada uno puede escoger, justificando las relaciones sexuales prematrimoniales sin importar el roll, y que muchos de ellos se muestren de acuerdo con el aborto, acepten la homosexualidad como una opción más, incluso que piensen que es necesario tener experiencias de todo tipo, bien por dinero o por curiosidad?

         La tolerancia y la permisividad sexual queda de manifiesto, y en una sociedad donde se aplaude el placer como una fuente de felicidad será normal encontrar niños, jóvenes y adultos buscando esa mal llamada felicidad sin control y límites.

         La influencia es importantísima para determinar muchas decisiones de los jóvenes, en este punto el liderazgo impondrá el concepto de lo que es bueno y conveniente y de lo que en realidad no construye ni favorece la vida. Existe, a mi entender, un camino: La Educación.  Llámese sexual, en valores, para la sociedad. no la mera información, sino la educación[6].

         Entre nosotros la educación sexual sigue siendo una asignatura pendiente. Se hacen esfuerzos en la escuela y en las instancias eclesiales, los padres hablan más del tema con sus hijos, pero todo ello es aún insuficiente y minoritario. Se le sigue teniendo miedo a la educación sexual. Es por ahí por donde se debe comenzar: por una sincera, clara, integral, valiente y equilibrada educación sexual. Entendida en globalidad, que no olvide ningún aspecto y que incluya la dimensión física, la psicológica, la racional, la afectiva, la individual y la social, la ético-moral y la trascendente.

         5. A manera de conclusión:

         El Estado legisla criminalmente, hay que ir contra de estas leyes, se debe potenciar proféticamente el ideal de la vida: La objeción de conciencia; las acciones en defensa de la vida; la presencia, activa e ilusionada de los cristianos en la vida pública; se ha de luchar por un mundo más justo que se oponga a los signos todos los signos muerte. Tendremos que trabajar por la paz que es fruto de la justicia.

         Decir sí a la vida significa apostar por la fuerza transformadora del amor ejercitando la apasionante aventura de existir. Pero una vida vivida en favor de la vida. Contagiante, puesto que ama el bien y lo busca. Humanizante, en marcha de la hominización humilde y fraterna hasta el más delicado respeto por lo pequeño del planeta en que vivimos. Personalizante, porque sitúa al hombre como fin en sí mismo, en la medida en que el hombre es la más alta, compleja y perfecta expresión de la vida. Comunitario, porque la vida sólo se vive en plenitud espiritual y en reciproca responsabilidad. Y ecológico, porque respeta y ama su casa la cuida y conserva como su casa prestada que es.

         Para terminar, el salmo 139 dice: “Tú has tejido mis entrañas; me has tejido en el seno materno”, indica que acontece en el vientre de la madre no es un mero proceso biológico sino el desarrollo de un ser objeto de la providencia divina y por ello mismo portador de una elección.

Por Cristo Más, Mas y Mas


[1] “A fin de formar discípulos y misioneros en este campo, nosotros, los obispos reunidos en la V Conferencia, nos comprometemos a acompañar a los comunicadores, procurando: Educar la formación crítica en el uso de los medios de comunicación desde la primera edad” Aparecida N. 486 & f

[2]. “El reto es el diálogo entre la fe, la razón y las ciencias. la vida y la familia desde la ética y la bioética deben ser iluminadas por el evangelio y el magisterio de la iglesia”. Aparecida N. 466

 

[3] “Los nuevos retos que reclaman vida digna y que nos estremecen como: la vida intrauterina, las practicas abortivas, la eutanasia, la manipulación genética y embrionaria, ensayos médicos en seres humanos y la pena capital nos reclaman sostener un fundamento sólido e inviolable de los derechos humanos, defendiendo y proclamando la vida desde el momento mismo de la fecundación”. Aparecida N. 467.

 

[4] “Para que los discípulos y misioneros alaben a Dios dando gracias por la vida y sirviendo a la misma, proponemos las siguientes acciones: i) Asegurar que la objeción de conciencia se integre en las legislaciones y velar para que sea respetada por las administraciones públicas”. Aparecida N. 469 & i

 

[5] “Tradicionalmente, debemos reconocer que, en América Latina y El Caribe, un porcentaje significativo de ellos se han mantenido más bien al margen de la Iglesia y del compromiso que en ella están llamados a realizar. De este modo, han venido alejándose de Jesucristo, la vida plena que tanto anhelan y buscan. Esta suerte de lejanía o indiferencia de parte de los varones, que cuestiona fuertemente el estilo de nuestra pastoral convencional, contribuye a que vaya creciendo la separación entre fe y cultura, a la gradual pérdida de lo que interiormente es esencial y dador de sentido, a la fragilidad para resolver adecuadamente conflictos y frustraciones, a la debilidad para resistir el embate y seducciones de una cultura consumista, frívola y competitiva, etc. Todo esto los hace vulnerables ante la propuesta de estilos de vida que, proponiéndose como atractivos, terminan siendo deshumanizadores. En un número considerable de ellos se abre  paso la tentación de ceder a la violencia, infidelidad, abuso de poder, drogadicción, alcoholismo, machismo, corrupción y abandono de su papel de padres.” Aparecida N. 461.

[6] “Dígase lo mismo de la educación hacia la madurez de la afectividad y la sexualidad. Ésta debe llevar a comprender mejor el significado evangélico del celibato consagrado como valor que configura a Jesucristo, por tanto, como un estado de amor, fruto del don precioso de la gracia divina, según el ejemplo de la donación nupcial del Hijo de Dios; a acogerlo como tal con firme decisión, con magnanimidad y de todo corazón; y a vivirlo con serenidad y fiel perseverancia, con la debida ascesis en un camino personal y comunitario, como entrega a Dios y a los demás con corazón pleno e indiviso” Aparecida N. 321.