ASE-026 de Octubre de 2010

Germán Alberto Méndez. C.P.

Asesor Espiritual.

Dedicada los equipos de Promoción juvenil en preparación.

1. Buscar es:

En el contexto Bíblico la palabra buscar significa encontrar; una búsqueda que termina con un encuentro. Por ejemplo:

  • Alabarán al Señor los que le buscan (Sal 21,27). Si fuera una  búsqueda sin encuentro, no tendría sentido la expresión del Salmo: alabarán, es decir se llenarán de admiración, de alegría, de paz, de gratitud.
  • Buscad al Señor y vivirá vuestro corazón (Sal 68, 33b).
  • Los que buscan al Señor no carecen de nada (Sal 33,11b).

También se lee en la Escritura:

  • El Señor es mi pastor, nada me falta (Sal 22,1)

Estas frases gustan mucho al ser leídas o meditadas en la oración, incluso las escribimos para recordarlas, y para repetirlas. Si se dijera a alguien estas frases como una realidad que se da en la vida diría seguramente que, “hay que poner los pies en la tierra”, que “son frases muy bonitas, pero que luego la realidad es otra cosa”, que “la ¡vida es la vida!”.

Tomar estas frases en serio es un desafío hoy para el emproísmo, primero por tratarse de la  Palabra de Dios que es siempre actual. Y segundo, porque llegar a experimentar en la propia vida el contenido de estas frases puede ser algo real, y no sólo en el entendimiento, o en la imaginación, o en la afectividad natural, sino en la vida diaria. Hacer una experiencia de Dios cuyo resultado final sea el profundo convencimiento de que los que buscan al Señor no carecen de nada, es un acto de promoción y por tanto de evangelización en el mundo tan necesitado del amor Dios.

2. Juventud: búsqueda conciente:

Esta oración del salmo 33 parece utópica: la realidad es que se carece de muchas cosas, de muchas maneras y por muchos caminos. En el encuentro se puede hacer una experiencia de silencio en cada tarde de entrada. En ella se invita a hacer silencio dentro de cada uno, a quedarse quieto con mucho silencio que permita escuchar, tal vez en completa soledad durante un rato para favorecer una pregunta: “¿qué deseas?”. La invitación de los guías es a no evadirse de esta experiencia, hasta caer en la cuenta de la cantidad de cosas que las personas buscamos, y de la cantidad de cosas que carecemos.

La tarde de entrada sirve para recordar que las personas somos una constante actitud de búsqueda, y por tanto de encuentro. Cuando se dice que las personas están en búsqueda no se afirma que se busquen solamente cosas ilegítimas. El Manual de Encuentros recuerda cual es esa búsqueda que hacemos las personas: “A veces se dice, y es verdad, que sólo se saben apreciar ciertos valores después de haberlos perdido1 así, “Encuentro significa descubrir algo y también hallarse con alguien. Aquí, en estos tres días vamos a hacer ambas cosas: vamos a encontrarnos con personas y a descubrir valores. Lo vamos a hacer no de una manera abs­tracta, en principios, como quien asiste a una clase, sino vivencialmente y en forma de convivencia”2 es en este momento donde el P. José María plantea a los jóvenes los tres encuentros que se persiguen en el EPJ: Un encuentro consigo mismo, un encuentro con los otros, y un encuentro con Dios.

El EPJ es por tanto una búsqueda consciente de muchas cosas que carecemos en diferentes ámbitos de nuestra vida. El primer mensaje que el encuentro da es muy  importante para la vida siguiente dentro de la familia emproísta: me atrevo a decir que se trata en realidad de la fuente de vida como hombres y mujeres nuevos.

Pero para ello la pedagogía del EPJ plantea como es la búsqueda conciente que se hace: En primer lugar las personas quieren el placer en diversos niveles y en muchos aspectos, se buscan novedades que satisfagan el impulso vivencial; muchas veces este esfuerzo se traduce en actividades por actividades, sin pretender ningún rendimiento, es decir, se trata de satisfacer el impulso vital de la actividad. En segundo lugar, se busca la seguridad personal. Para muchos jóvenes el aprendizaje realizado en la sociedad se concentra en mantener la imagen que se tiene de sí mismo, o que los demás se han hecho de la persona, y con ello se descuidan incluso valores muy importantes porque las persona se polarizan por el esfuerzo de responder a esa imagen. Y en tercer lugar se busca el  propio poder, es decir el poder legítimo en sus justas medidas que es igual a lo que se necesita para abrirse paso en la vida.

De la autovaloración que en estos tres puntos la persona realice dependerá en cada quien, su necesidad y deseo de Dios. Por ello cuando el EPJ habla de la felicidad en las familias, en sí mismos y en la sociedad, es posible que muchos jóvenes dejen ver en sus ojos la nostalgia de lo que buscan con desesperación. Si se quiere llegar a motivar procesos de perseverancia más adelante en el post-encuentro, si desea que las  personas que acuden a los encuentros funcionen bien, cada uno de los guías ha de plantearse primero un buen funcionamiento a nivel experiencial, pues el testimonio es el punto de partida de la promoción perseverante. Testimonio es creer en aquello que decimos en los mensajes y reflejarlo con la vida.

Tener éxito es el nuevo lema de la sociedad, sin embargo no siempre así el lema de los jóvenes y del Movimiento. Muchos de ellos preferirían que la sociedad reconociera la utilidad de la vida, una visión más altruista del éxito soñado. O que los demás pudieran valorar y reconocer las cualidades de cada quien, una visión personalista. Para muchos el éxito se trata de una convivencia agradable y pacífica, para otros se trata de una comunicación con los demás, o de llevar a cabo proyectos. Lo que no se excluye en todas estas lecturas de la felicidad es la paz interior que los jóvenes quieren, y la serenidad más allá de los remolinos superficiales.

La tarde de entrada es una invitación a quedarse para siempre en el Encuentro, es por ello que se plantea la necesidad y el deseo de buscar a través de la pedagogía misma del encuentro un conocimiento experimental de Dios, primero, quizá más adelante un convencimiento de que Dios es, que está a favor de las personas (de los jóvenes), aunque nos descubramos tan llenos de fallos, pecados, y aunque parezca que no se tienen cualidades. La oración de los guías insistirá que, el llamado y la búsqueda de los guías es permitir por el encuentro y la acogida una experiencia profunda y convencida del amor que Dios les tiene.

Se pueden añadir muchas más cosas que se buscan conscientemente, cosas de las que muchas veces se carece, pero no es el caso de la promoción este sólo aspecto.

3. El Encuentro es también una búsqueda inconciente:

Hay también una búsqueda inconsciente de muchas más cosas de las que hay que darse cuenta. Esta búsqueda inconsciente se manifiesta en sentimientos y estados de ánimo que se producen en las personas según se consigan o no: muchas personas y grupos se manifiestan hoy a través de estados de irritación, inquietud, angustia, miedo, frustración, agresividad, también de alegría, cordialidad, creatividad, etc.

Todos estos sentimientos y estados de ánimo se producen en las  personas cuando encuentran algo que están buscando inconscientemente o porque no lo consiguen.

Así, el ser humano es un ser en búsqueda. Siempre está buscando: o por los niveles más periféricos o por los niveles más profundos. Aquí se puede ubicar también la metodología propia de la obra del P. José María.

4. El emproísmo es una búsqueda de Dios:

En el fondo la humanidad siempre está buscando a Dios, está buscando sus huellas y manifestaciones aquí en la tierra, no sólo en el pasado, sino principalmente en el presente de cada uno, en la historia.

Puede suceder que se polarice esa búsqueda de Dios porque se experimente lo cortos y estrechos que son sus caminos naturales. Nadie dice que el encuentro con Dios sea fácil. El EPJ quiere ser desde su origen una llamada a los jóvenes para escuchar esa especial predilección de Dios a los pequeños, a los excluidos3, y para que escuchándolo le busquen.

4.1. Buscar a Dios de manera egoísta:

Puede ser que en la búsqueda de Dios se mezcle el egoísmo, es decir, que se busque a Dios y al mismo tiempo el gusto de las comunicaciones de Dios, pues hablar de Él, como guías del Encuentro, proporciona ciertamente paz. Es muy peligroso llegar a verse tan limpio, tan puro, que se pueda sospechar una mezcla de egoísmo frente a la búsqueda de Dios. El trabajo de la Promoción Juvenil exige ante todo humildad para seguir buscando a Dios a pesar del egoísmo del que también hay de ser concientes.

Poco a poco, por obra de Dios en nosotros, y como consecuencia de reconocer más la propia realidad de su presencia en la vida, el egoísmo irá desapareciendo.

4.2. Búsqueda de Dios a medias:

Puede haber también una búsqueda de Dios a medias; es cuando se aplican las palabras de Jesús: “No podéis servir a Dios y al Dinero” (Mt. 6,24). Se entiende por dinero: cualidades, estima ajena, propia justicia, deseos en cualquier nivel no dirigidos a Dios.

Si se busca a Dios pero al mismo tiempo se está pendiente de los éxitos, de la  autovaloración, de sobresalir, de cualidades personales, del afán de ser reconocido por los demás, incluso el sentimiento de envidia que causa dolor ante las cualidades de otra persona. Es mejor no quedarse en paz con esta búsqueda de Dios a medias, aunque tampoco hay que frenar un falso deseo de limpieza. Corregir el rumbo es de personas valientes.

4.3. Buscar a Dios de manera apasionada:

Por diversas circunstancias y modos se puede dar una búsqueda apasionada de Dios. Cuando Dios es una necesidad vital, cuando muchos modelos de relación se han caído. Por ejemplo, al final de los tres primeros días del EPJ, si se ha recibido una experiencia de Dios intensa, entonces ya no se podrá vivir en paz, es decir ya no se podrá vivir sin Dios, con Dios, para Dios y desde Dios. La exclamación del apóstol es cierta: “En Dios vivimos, nos movemos y existimos” (Act. 17, 28).

En el proceso de búsqueda hay que reconocer que cuando no se está en contacto con Dios viene la tristeza, la agresividad, el trato poco respetuoso, los desánimos, la sensación de vacío, el sin sentido de las cosas y de la vida. En la Biblia el autor del Salmo 136 cuenta esta misma situación con estas palabras: “Cuando me olvido de ti, Jerusalén, se me paraliza la mano derecha” (Sal 136,5), es por eso que se puede y se debe reconocer con sencillez que cuando no se está en contacto con Dios se paraliza la mano derecha, es decir somos menos eficaces. El EPJ está llamado a ser una escuela de oración. En la tarde de entrada la reflexión espiritual del dedo oculto de la esperanza plantea esta necesidad vital de la renovación:

“A través de la búsqueda de lo absoluto y definitivo y del deseo de inte­riorización, la juventud está buscando a Dios. ¡ Cuántos lo buscan sin cono­cerlo! La verdad es que, como dijo san Agustín: «Nos hiciste para ti, Señor, y nuestro corazón no está tranquilo hasta que descansa en ti.» Entre el «yo» superficial y el «yo» profundo existen reclamos y apeten­cias distintas.

Los deseos y anhelos que experimenta nuestro yo profundo nos revelan aquelia «imagen de Dios» en que todos estamos hechos. El yo profundo busca el Absoluto; pero el yo superficial sólo le ofrece lo relativo, placer, dominio, dinero, esto es, lo transitorio”4

y el mensaje de vida nueva en el Espíritu convertirá esta necesidad en un entrenamiento cotidiano:

“Éste es el sentido más íntimo y maravilloso. precisamente, de la vida cristiana: dejarse tocar, soplar, vivir, por el «Espíritu de vida» (Rom 8, 6). Es entonces cuando toda nuestra actividad y existencia cobra un sentido más profundo, todo sube de «tono». La música toca a una escala superior: estudiar, trabajar, hacer deporte, comer, dormir, la amistad y La conviven­cia.

Para decirlo con otras palabras, entonces toda la vida se convierte en oración. Es la llamada «oración de todas las horas», a la que se refiere san Pablo con insistencia: «Orad sin cesar». «Orad en todo lugar» (1Tim 1, 7; 1Tim 2, 8). EL Espíritu sopla siempre, por eso puedes siempre orar. Orar siempre y en todas partes, a la manera como respiras, aun sin pensarlo, sin darte cuenta, constituye propiamente la vida de oración.5

4.4. Una búsqueda que se convierte en experiencia:

Las experiencias más profundas no son tanto las que hacemos como las que nos hace Dios, directamente o a través de la vida, y aunque sea Dios quien actúe en al historia ayuda mucho la experiencia de buscarlo. Para esto hace falta mucho tiempo; hace falta llegar incluso a aburrirse; llegar a sentir necesidad de evasión, pero al final después de muchos entrenamientos se llegará a esa hora de quietud, de silencio, de soledad.

Para los antiguos monjes (laicos) del desierto la oración se convertía en un camino constante que les impulsaba a abandonar todo lo de fuera. La oración tiene como fin llegar a considerar a Dios en la vida personal como el filtro de todas las decisiones y de todos los comportamientos. En este sentido la búsqueda de Dios por la oración exige desconectarse de todos los niveles del mundo interior egocentrista, hasta por fin entrar dentro de sí mismos que es la frontera donde Dios habita, y donde llama: “Mira que estoy a la puerta llamando”  (Ap 3,20).

Recuerdo que en un EPJ un joven se representó la imagen de Dios como una experiencia  indecible, fue cuando otro empezó a decir: ‘para mi es como algo blanco, muy blanco’; otro dijo en cambio” ‘es como algo que no se puede coger’, ‘algo por lo que somos arrebatados’ dijo otra persona, ‘es la realidad más inmensa, y a la vez personal y cercana’ termino otro. Después de recordar esta hermosa experiencia me dije a mí mismo: ‘todos descubrimos que estamos en comunicación directa con Dios’. Es más, nos hemos relacionado directamente con Él, y por eso cuando tratamos de compartir cada una de esas experiencias terminamos quedando en silencio ante su misterio. Dice el salmo: “si me pongo a contarlos son mas que arena, si los doy por terminados aun me quedas tu” (Sal 138,18). Se trata de “Soportar” la presencia de Dios, es decir de no quedarse en actitud de ad-oración, por fuera de Él. Más bien, aprisionados por Dios: fuera del campo de atracción de lo terreno, y dentro del campo de atracción de su amor.

4.5. En realidad somos buscados por Dios:

Cuando la oración personal o de grupo se convierte en un hábito, razonablemente podremos decir que si nosotros buscamos a Dios es porque Él primero nos ha buscado. Este darse cuenta de la delantera que Dios toma para amar siempre es lo que da fuerza a los mensajes que se comunican a los jóvenes. Es decir, le buscamos, y nos encontramos dentro de Él, y afuera de Él mismo es lo que comunicamos su amor que cautiva y transforma.

La búsqueda implica la toma de conciencia permanente de la realidad del hombre viejo que a su vez acosa las decisión de vivir el proyecto cristiano. Y aunque nos apartamos de Dios por el pecado, recordar que su Hijo viene al Mundo enviado por el Padre, para  buscar la vida de quienes no tienen Vida de Dios, es una manera de volver a recordar su amor inmenso, pues se comprueba entonces que Jesús viene a buscar lo que se le ha perdido a Dios.

Dice el apóstol Pablo que no hay abismo alguno entre los dos: estamos en proximidad con Dios “más ahora que conocen a Dios, o mejor dicho, que Dios los conoce a ustedes” (Gal 4,9). También San Juan dice en una de sus cartas: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados (l Jn. 4,10). El descubrimiento está en darse cuenta que Dios toma la delantera cuando se trata de nuestra salvación. El Movimiento ha de aprender por la oración a tomar la delantera por la salvación de los jóvenes.

Dejarse encontrar primero por Dios es una experiencia formativa y pedagógica pues da las pautas para entender el proceso de Dios que tranquilo, sereno, sobrio, da la certeza que se está de camino. Tener los ojos fijos en Dios descubre que por la fe en Jesucristo se alcanza la vida abundante; que Jesús es el pastor y que a su lado nada falta; que cuando se encuentra al Señor no se carece de nada.

5. Los que buscan al Señor encuentran un Padre:

La experiencia de Dios en el Encuentro de Promoción Juvenil se orienta entonces mucho más allá de la palabra, es alguien con quien me relaciono y a quien veo: Jesucristo es la persona del Padre: inefable pero a su vez experimentable.

La oración de los guías empieza dirigiéndose al Padre, también la reflexión espiritual del primer día del encuentro, el dedo oculto de la esperanza es una oración al Padre. El EPJ quiere ser la conciencia de que el Padre cuida de nosotros, y que por ello no nos falla jamás. A medida que se avanza en el emproísmo, siguiendo la oración de los guías, se podrá descubrir que el Padre llama, confía, ayuda, y llena de amor a la juventud. Así es como el Padre ama por encima de todo lo que se puede imaginar, y desemboca en un amor similar: “Que los grupos y comunidades sean conscientes de que han sido puestos entre los jóvenes para manifestar el amor que Dios les tiene”. Ese amor no es solamente buenos sentimientos, protección, cariño; es ante todo un amor que consiste en poseerse a sí mismo y entregarse por cada joven y persona que lo requiera: “Que como enviados a ellos, en este momento crucial de la historia, seamos capaces de renovarnos para anunciarles adecuadamente la ‘Buena Noticia’ de Cristo resucitado, presente en medio de nosotros”6.

Mantener la mirada fija en el Padre y descubrir que el Padre mira con enorme cariño; no atemorizarse ante su mirada, sino “soportarla” con asombro, confianza, alegría, gratitud, es la tarea hoy de la formación en la fe, además con la certeza que el encuentro con ese Padre nunca jamás condena, al contrario, a una persona la pueden condenar las imágenes de sí mismo, el ambiente, lo que en cada uno ha quedado grabado por la mala educación y por los malos ejemplos recibidos, pero el Padre no condena: ama.

La experiencia cercana de Jesús en la historia de las personas es que el Padre quiere comunicarse con cada uno; quiere que se esté con Él, en comunicación de vida, en intimidad con Él, así como está Jesucristo.

6. Tengo un Padre que sobrepasa toda posible experiencia:    

¿Según la experiencia de Jesús que se haría por el Padre que ama como él mismo se siente amado por Él en su búsqueda? Por no perder el amor del Padre, Jesús se entrega por los hijos y, desde la Cruz mira con cariño, eso es el perdón: un amor reconciliador, no condena sino que toma la iniciativa y la delantera y se pone a favor de las personas.

La misma experiencia de la entrega cuando se asume por parte de los discípulos supera el miedo y el resentimiento de la muerte y los pone en vigilante espera: así buscar al Señor es encontrar su ESPIRITU SANTO. El emproísmo debe señalar siempre la responsabilidad de llevar un tesoro dentro de cada uno: el Espíritu Santo, que es la fuerza de entrega del Padre al Hijo y del Hijo al Padre, por tanto capaz de llevar al hombre hasta la verdad completa (Jn 16,13).

Además el Espíritu Santo “todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios” (1Cor 2,10),   por ello conducidos por el mismo Espíritu se puede “adorar al Padre en espíritu y en verdad” (Jn. 4,23). El mensaje del Hombre Nuevo afirma que es el Espíritu el que viene en ayuda de nuestra flaqueza (Rom 8,26), y aunque la persona sea débil o no sepa  muchas veces como buscar a Dios, como hacer oración, el Espíritu Santo viene en ayuda de su flaqueza. Lo importante es saber permanecer en el mismo Espíritu.

Retomemos los dicho: los que buscan al Señor encuentran a Jesucristo, Señor para gloria de Dios Padre (cf. Fil 2,11). Así disponerse para ver a Jesucristo, para seguirlo, consagrarse a él como guías y discípulos, es formarse para que Él mismo sea la razón de ser de la vida. por ello llegar a ver a Jesucristo, es hacer una profunda experiencia de Él. Contemplarlo y ver que es Señor para gloria de Dios Padre, así es como Él comunica el Espíritu Santo, que es el Amor de Dios.

Si alguien preguntara como se puede ser más discípulo de Jesús, le respondería: dejándose dominar por su amor, recuérdense sus palabras: “cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mi” (Jn 12,32).

Jesucristo es el Señor, a través de Él se comunica toda la gloria del Padre, y el gran “deseo del Padre” es comunicar toda su Vida abundante, hacer al hombre partícipe de su Santidad, hacerlo uno con Jesucristo. por eso los que buscan al Señor, encuentran a Jesucristo como hermano. Dice el Apóstol Pablo: “El que se une al Señor se hace un solo espíritu con Él” (1Col 6,l7). Es decir que en Jesucristo se recibe la misma entrega del Padre, y el mismo dinamismo del Espíritu.

6.1. Jesucristo se ha hecho hermano:

La iglesia es la familia de los seguidores de Jesús que se me ha hecho camino, para que a través de Él se pueda llegar hasta la presencia del Padre. En la eucaristía se ha hecho pan para todas las aspiraciones y deseos de la humanidad. Por el bautismo se ha hecho agua fresca para la sed de Dios que cada uno lleva. Jesucristo se ha hecho luz para que nadie camine en tinieblas, y para que haya un mundo de luz y de paz.

También Jesús en el EPJ se ha hecho Guía, Pastor, es decir que va guiando; a veces, corta caminos para que no se caiga en el abismo, o para que la comunicación con Dios se profundice cada vez más.

El encuentro con Jesucristo por los procesos de maduración de la fe son a su vez una puerta, por la cual Dios se comunica y las personas entran en su Ser íntimo. Los Obispos en Aparecida expresaron que Jesucristo se ha hecho para todos la Fuente de Vida, para que en su Vida se pueda llegar a la misma Vida del Padre, a la felicidad, la paz, la bondad, la seguridad. Así la experiencia del hombre nuevo es la experiencia de la renovación del mundo por los valores de su Reino.

6.2. Los que buscan a Jesús encuentran un amigo:

“A vosotros no os llamo ya siervos; a vosotros os he llamado amigos” (Jn. 15,15), las palabras del evangelio de Juan recuerdan esta realidad: un amigo es quien esta-con-otro, y, es-para-otro. En cada celebración litúrgica la iglesia recuerda esta gran verdad, que Jesucristo está con nosotros: en nuestros corazones, en la Eucaristía, en la Sagrada Escritura, cuando hay dos o más reunidos en su nombre, en los demás, en la creación, en todos los momentos de la historia.

Pero también hay que recordar que Jesucristo es Dios para nosotros: se hace un amigo para que el Padre, a través de Él, sea Amigo. De esta forma coloquialmente se dice que Jesús hace confidencias: “Os hablaré claramente acerca del Padre (Jn 16,25). Así comunica la posibilidad de conocer los secretos de su Vida en el Ser íntimo de Dios: “A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del Reino de los Cielos” (Mt 13,11). En el encuentro con Jesús, Él comunica lo suyo: “Mi paz os dejo, mi paz os doy” (Jn 14,27), “os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y así vuestro gozo sea perfecto (Jn 15,1).

6.3.. Los que buscan al Señor encuentran una Madre:

En la Cruz Jesús entrega su vida, pero antes le entrega al discípulo su Madre: la Santísima Virgen. Con bondad y dulzura su mirada se fija en el discípulo, le ama como ama a su propio Hijo, y él le amará como a su propia madre.

En todas las reuniones de emproístas se insiste cada vez más en articular el mensaje mariano del EPJ. Es el deseo de la juventud mirar a María como a una persona verdadera, real, a quien la búsqueda de Dios le llevó a entender que su camino como discípula, tras las huellas del Hijo se vive en el silencio. Cuando el discípulo entra en el nivel del silencio encuentra la plena comunicación con la Santísima Virgen, también encontrará el camino para seguir a Jesús incluso en la muerte.

7. Los que buscan al Señor se encuentran:

El Encuentro desde su origen y en su pedagogía propone una búsqueda de Dios que empieza en el primer día con la tarde de entrada, pero que culmina en un quinto día, que es la plenitud misma del encuentro definitivo con Dios. La Plenitud de Dios es el amor, el encuentro resalta el bien de la persona cuando se encuentra con toda la fuerza del Amor de Dios. Los que buscan al Señor encuentran la herencia de los santos en la luz que da la certeza de vivir para Dios y de encontrarlo en la meta final de la existencia como tesoro cierto.

El Concilio Vaticano II en la Constitución Gaudium et Spes propone a un Dios que está a favor de la humanidad, y que se hace propuesta de felicidad y santidad. En medio de tantas cosas que están en contra de esa felicidad deseada, el Padre, que está a nuestro favor, “nos ha hecho capaces de compartir la herencia de los santos en la luz’ (Col 1,12). El camino de este encuentro se ve claramente por la dirección del perdón. Así los que buscan al Señor encuentran perdón. Es decir, que el Padre comunica el Espíritu Santo, para que los hijos puedan reunirse con Él, esta es la misma imagen de la parábola del Padre misericordioso que se considera al final del primer día. Por ello, se dice también que los que buscan al Señor encuentran el sentido de su vida.

Lo que el encuentro quiere comunicar con las preguntas de la tarde de entrada es que la búsqueda da un sentido de la vida que no está en las cualidades, ni en los éxitos, ni en las actividades, sino al estilo de María por el camino del silencio, donde quien se adentra para preguntarse, para escucharse y escucharlo ve desde el comienzo, con la pedagogía de los tres días, un cauce de vida que sólo Dios puede dar, por la entrega del Padre al Hijo, y más adelante, por la entrega del Hijo, Jesucristo, a la persona, y  al mundo entero. Esta es la seguridad de una verdadera fraternidad: así, los que buscan al Señor encuentran en él seguridad.

Ningún peligro es tan grande como para que debamos temblar: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?” (Sal 26,1) las palabras del Salmo aseguran la presencia de un Dios que es a la vez Padre, pero que a la vez se revela como Señor, Hermano, y Amigo. La búsqueda de Dios garantiza reanudar de nuevo el camino, es decir el proyecto del Hombre Nuevo. Un plan de vida es el diseño de la defensa del hombre nuevo por el que el joven ha optado libremente, y se convierte en perspectiva en la garantía de la Vida de Dios en la persona. Un proyecto, insistía el P. José María, ha de ser lo suficientemente flexible como para que se pueda reanudar la marcha, lo suficientemente radical como para que entusiasme al joven en ideales, y lo suficientemente caritativo como para activar en él las virtudes de la fe, la esperanza y el amor; prima en cualquier caso el amor, pues “la caridad todo lo espera” (1Cor 13,7).

8. Aspirar los dones más perfectos es buscar a Dios:

La encarnación es el mayor regalo de Dios a los hombres de todos los tiempos, un Dios tan grande y eterno a nuestra altura: ¡la gloria del Señor ha invadido el Santuario! Eso es Jesús, a este misterio se dedica la reflexión espiritual Cristo, nuestro héroe, el hijo de María, el hermano de todos los hombres: “quien es mi hermano y mi hermana y mi madre, sino aquellos que cumplen la voluntad de Dios” (Mt 12,50), el hombre para todos los tiempos y para toda la creación.

Todo en Jesús es Presencia de Dios, todo es luz, todo es camino: de Dios a nosotros y de nosotros a Dios. Por eso se dice que los que buscan al Señor encuentran que son familia de Dios. Que Él es su casa, su fuerza en la debilidad: “fortaleceos en el Señor y en 1a fuerza de su poder” (Ef 6.10), pues “cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte” (2Cor 12,10).

Pero esta búsqueda a su vez ha de hacerse con indiferencia, sin esfuerzos racionales o sin fingimientos de ningún tipo. El emproísmo no es un medio de actuación o de mentira. Dicen los guías en muchos encuentros: ‘el encuentro es un estilo’, y al decirlo tienen tal apasionamiento por Dios que todo lo demás pasa a un segundo plano. Se comprueba cuando sigue el tiempo y se persevera que lo que antes eran arroyos de lodo, y se creía eran fuentes de vida, en el Encuentro con Jesús se transforma. Ahora Él es la fuente de la vida y por eso se puede rezar: “Todas mis fuentes están en Ti” (Sal 86,7). Es el momento de pasar a la otra orilla.

En la pedagogía del encuentro no se busca el gusto en el trato con Dios, sino a Dios. Es decir que los procesos de maduración de la fe buscan que el centro de la vida y del mundo lo ocupe Dios y no nosotros, pues nosotros estamos al servicio de Dios, de su Reino, y no Dios a nuestro servicio. El silencio de nuevo será la señal de la espera, cuando en medio de ese proceso del post-encuentro aparezca la limitación, los compromisos débiles, las falsas promesas, e incluso las recaídas.

Se ha repetido mucho que vivimos en Dios, con Dios, para Dios y desde Dios, ese es el lema de la perseverancia digan lo que digan, o piensen lo que piensen, se trata es de recorrer un camino. No se niega el sufrimiento ni las dificultades, pues se sabe que el camino de la Vida Plena pasa por la cruz. Pero el acento no está en la muerte o el dolor que entra en medio de la existencia, sino en saber mirar con serenidad y decisión, porque se sabe que también estos ingredientes de la vida llevan a Dios.

Cuando los problemas y sufrimientos de la vida arrinconan e incluso aplastan y desaniman es señal que, aun se sigue actuando movido por motivaciones humanas. Cuando la vida se pone al servicio de Dios, entonces se acepta que Él continúe su obra sin contar con nosotros, es decir, que cuando Dios busca, es mejor dejarse devorar por Él, cuanto no nos busca es mejor permanecer en una “soledad-acompañada”. El desafío es llegar a hacer lo que nos corresponde y dejar lo demás a la acción silenciosa  del Señor de la historia.

Frente a las metas que angustian tanto habrá que aceptar con serenidad, que aunque se trabaje doce horas para alcanzar lo que otros consiguen en dos horas, la tranquilidad del trabajo realizado se encuentra nada más que en Dios que comunica su amor, con felicidad, y con pura bondad: “Sabemos andar escasos y sobrados porque, de hecho, lo tenemos todo” (Fil 4,12).

En el compromiso evangelizador los emproístas no necesitamos el éxito ni ver el fruto de nuestro trabajo, porque lo único que queremos es aportar a los demás, ser cauce libre para que la Vida de Dios se comunique a todos los jóvenes con quienes entramos en contacto. Vivir con la fuerza del amor, sin buscar otra retribución que la satisfacción de ver nacer hombres y mujeres nuevos a cada Encuentro es lo que nos deja un poco de paz: “Si nos maldicen, bendecimos. Si nos persiguen, lo soportamos. Si nos difaman, respondemos con bondad” (1Cor 4,12.13).

Al hacer este ejercicio se experimenta como algo vivido que “los que buscan al Señor no carecen de nada”. Entonces, toda nuestra vida será acción de gracias, alabanza, sencillez, sobriedad, tranquilidad: amor-amén a Dios en Jesús, amor-amén a nosotros mismos en la iglesia, y amor-amén a los jóvenes en el Movimiento.

Por Xto Más, Más y Más.

ANEXO

 

LOS JOVENES EN EL DOCUMENTO DE APARECIDA

  • Un gran medio para introducir al pueblo de Dios en el misterio de Cristo es la catequesis. En ella se transmite de forma sencilla y substancial el mensaje de Cristo. Convendrá por tanto intensificar la catequesis y la formación en la fe, tanto de los niños como de los jóvenes y adultos. La reflexión madura de la fe es luz para el camino de la vida y fuerza para ser testigos de Cristo. Para ello se dispone de instrumentos muy valiosos como son el Catecismo de la Iglesia católica y su versión más breve, el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica. (Discurso inaugural)
  • En América Latina, la mayoría de la población está formada por jóvenes. A este respecto, debemos recordarles que su vocación consiste en ser amigos de Cristo, sus discípulos, centinelas de la mañana, como solía decir mi predecesor Juan Pablo II. . Los jóvenes no tienen miedo del sacrificio, sino de una vida sin sentido (Disurso inaugural)
  • Quédate, Señor, con nuestros niños y con nuestros jóvenes, que son la esperanza y la riqueza de nuestro continente, protégelos de tantas insidias que atentan contra su inocencia y contra sus legítimas esperanzas. (Discurso Inaugural)
  • Nos comprometemos a defender a los más débiles, especialmente a los niños, enfermos, discapacitados, jóvenes en situaciones de riesgo, ancianos, presos, migrantes. Velamos por el respeto al derecho que tienen los pueblos de defender y promover “los valores subyacentes en todos los estratos sociales, especialmente en los pueblos indígenas” (Mensaje final)
  • Acompañar a los jóvenes en su formación y búsqueda de identidad, vocación y misión, renovando nuestra opción por ellos. (Mensaje final n. 5)
  • La avidez del mercado descontrola el deseo de niños, jóvenes y adultos. La publicidad conduce ilusoriamente a mundos lejanos y maravillosos, donde todo deseo puede ser satisfecho por los productos que tienen un carácter eficaz, efímero y hasta mesiánico. Se legitima que los deseos se vuelvan felicidad. Como sólo se necesita lo inmediato, la felicidad se pretende alcanzar con bienestar económico y satisfacción hedonista. (n. 50)
  • Esto nos debería llevar a contemplar los rostros de quienes sufren. Entre ellos, están las comunidades indígenas y afroamericanas, que, en muchas ocasiones, no son tratadas con dignidad e igualdad de condiciones; muchas mujeres, que son excluidas en razón de su sexo, raza o situación socioeconómica; jóvenes, que reciben una educación de baja calidad y no tienen oportunidades de progresar en sus estudios ni de entrar en el mercado del trabajo para desarrollarse y constituir una familia; muchos pobres, desempleados, migrantes, desplazados, campesinos sin tierra, quienes buscan sobrevivir en la economía informal; niños y niñas sometidos a la prostitución infantil, ligada muchas veces al turismo sexual; también los niños víctimas del aborto. Millones de personas y familias viven en la miseria e incluso pasan hambre. Nos preocupan también quienes dependen de las drogas, las personas con capacidades diferentes, los portadores y víctima de enfermedades graves como la malaria, la tuberculosis y VIH – SIDA, que sufren de soledad y se ven excluidos de la convivencia familiar y social. No olvidamos tampoco a los secuestrados y a los que son víctimas de la violencia, del terrorismo, de conflictos armados y de la inseguridad ciudadana. También los ancianos, que además de sentirse excluidos del sistema productivo, se ven muchas veces rechazados por su familia como personas incómodas e inútiles. Nos duele, en fin, la situación inhumana en que vive la gran mayoría de los presos, que también necesitan de nuestra presencia solidaria y de nuestra ayuda fraterna. Una globalización sin solidaridad afecta negativamente a los sectores más pobres. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y opresión, sino de algo nuevo: la exclusión social. Con ella queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está abajo, en la periferia o sin poder, sino que se está afuera. Los excluidos no son solamente “explotados” sino “sobrantes” y “desechables”. (n. 65)
  • Cabe señalar, como un gran factor negativo en buena parte de la región, el recrudecimiento de la corrupción en la sociedad y en el Estado, que involucra a los poderes legislativos y ejecutivos en todos sus niveles, y alcanza también al sistema judicial que, a menudo, inclina su juicio a favor de los poderosos y genera impunidad, lo que pone en serio riesgo la credibilidad de las instituciones públicas y aumenta la desconfianza del pueblo, fenómeno que se une a un profundo desprecio de la legalidad. En amplios sectores de la población, y especialmente entre los jóvenes, crece el desencanto por la política y particularmente por la democracia, pues las promesas de una vida mejor y más justa no se cumplieron o se cumplieron sólo a medias. En este sentido, se olvida que la democracia y la participación política son fruto de la formación que se hace realidad solamente cuando los ciudadanos son conscientes de sus derechos fundamentales y de sus deberes correspondientes. (n.77)
  • En la evangelización, en la catequesis y, en general, en la pastoral, persisten también lenguajes poco significativos para la cultura actual, y en particular, para los jóvenes. Muchas veces, los lenguajes utilizados parecieran no tener en cuenta la mutación de los códigos existencialmente relevantes en las sociedades influenciadas por la postmodernidad y marcadas por un amplio pluralismo social y cultural. Los cambios culturales dificultan la transmisión de la Fe por parte de la familia y de la sociedad. Frente a ello, no se ve una presencia importante de la Iglesia en la generación de cultura, de modo especial en el mundo universitario y en los medios de comunicación social. (n. 100. d)
  • Agradecemos a Dios como discípulos y misioneros porque la mayoría de los latinoamericanos y caribeños están bautizados. La providencia de Dios nos ha confiado el precioso patrimonio de la pertenencia a la Iglesia por el don del bautismo que nos ha hecho miembros del Cuerpo de Cristo, pueblo de Dios peregrino en tierras americanas, desde hace más de quinientos años. Alienta nuestra esperanza la multitud de nuestros niños, los ideales de nuestros jóvenes y el heroísmo de muchas de nuestras familias que, a pesar de las crecientes dificultades, siguen siendo fieles al amor. (n. 127)
  • Es, además, un deber de los padres, especialmente a través de su ejemplo de vida, la educación de los hijos para el amor como don de sí mismos y la ayuda que ellos le presten para descubrir su vocación de servicio, sea en la vida laical como en la consagrada. De este modo, la formación de los hijos como discípulos de Jesucristo, se opera en las experiencias de la vida diaria en la familia misma. Los hijos tienen el derecho de poder contar con el padre y la madre para que cuiden de ellos y los acompañen hacia la plenitud de vida. La “catequesis familiar”, implementada de diversas maneras, se ha revelado como una ayuda exitosa a la unidad de las familias, ofreciendo además, una posibilidad eficiente de formar a los padres de familia, los jóvenes y los niños, para que sean testigos firmes de la fe en sus respectivas comunidades. (n.303)
  • La dimensión comunitaria es intrínseca al misterio y a la realidad de la Iglesia que debe reflejar la Santísima Trinidad. A lo largo de los siglos, de diversas maneras, se ha vivido esta dimensión esencial. La Iglesia es comunión. Las Parroquias son células vivas de la Iglesia 173 y lugares privilegiados en los que la mayoría de los fieles tienen una experiencia concreta de Cristo y de su Iglesia Encierran una inagotable riqueza comunitaria porque en ellas se encuentra una inmensa variedad de situaciones, de edades, de tareas. Sobre todo hoy, cuando la crisis de la vida familiar afecta a tantos niños y jóvenes, las Parroquias brindan un espacio comunitario para formarse en la fe y crecer comunitariamente. (n. 304)
  • En lo que se refiere a la formación de los discípulos y misioneros de Cristo, ocupa un puesto particular la pastoral vocacional, que acompaña cuidadosamente a todos los que el Señor llama a servirle a la Iglesia en el sacerdocio, en la vida consagrada o en el estado laical. La pastoral vocacional, que es responsabilidad de todo el pueblo de Dios, comienza en la familia y continúa en la comunidad cristiana, debe dirigirse a los niños y especialmente a los jóvenes para ayudarlos a descubrir el sentido de la vida y el proyecto que Dios tenga para cada uno, acompañándolos en su proceso de discernimiento. Plenamente integrada en el ámbito de la pastoral ordinaria, la pastoral vocacional es fruto de una sólida pastoral de conjunto, en las familias, en la parroquia, en las escuelas católicas y en las demás instituciones eclesiales. Es necesario intensificar de diversas maneras la oración por las vocaciones, con la cual también se contribuye a crear una mayor sensibilidad y receptividad ante el llamado del Señor; así como promover y coordinar diversas iniciativas vocacionales. Las vocaciones son don de Dios, por lo tanto, en cada diócesis, no deben faltar especiales oraciones al “Dueño de la mies”. (n. 314)
  • Ante la escasez, en muchas parte de América Latina y El Caribe, de personas que respondan a la vocación al sacerdocio y a la vida consagrada es urgente dar un cuidado especial a la promoción vocacional, cultivando los ambientes en los que nacen las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, con la certeza de que Jesús sigue llamando discípulos y misioneros para estar con Él y para enviarlos a predicar el Reino de Dios. Esta V Conferencia hace un llamado urgente a todos los cristianos, y especialmente a los jóvenes, para que estén abiertos a una posible llamada de Dios al sacerdocio o a la vida consagrada; les recuerda que el Señor les dará la gracia necesaria para responder con decisión y generosidad, a pesar de los problemas generados por una cultura secularizada, centrada en el consumismo y el placer. A las familias, las invitamos a reconocer la bendición de un hijo llamado por Dios a esta consagración y a apoyar su decisión y su camino de respuesta vocacional. A los sacerdotes, les alentamos a dar testimonio de vida feliz, alegría, entusiasmo y santidad en el servicio del Señor. (n. 315)
  • La realidad actual nos exige mayor atención a los proyectos formativos de los Seminarios, pues los jóvenes son víctimas de la influencia negativa de la cultura postmoderna, especialmente de los medios de comunicación social, trayendo consigo la fragmentación de la personalidad, la incapacidad de asumir compromisos definitivos, la ausencia de madurez humana, el debilitamiento de la identidad espiritual, entre otros, que dificultan el proceso de formación de auténticos discípulos y misioneros. Por eso, es necesario, antes del ingreso al Seminario, que los formadores y responsables hagan una esmerada selección que tenga en cuenta el equilibro psicológico de una sana personalidad, una motivación genuina de amor a Cristo, a la Iglesia, a la vez que capacidad intelectual adecuada a las exigencias del ministerio en el tiempo actual (n. 318).
  • América Latina y El Caribe viven una particular y delicada emergencia educativa. En efecto, las nuevas reformas educacionales de nuestro continente, impulsadas para adaptarse a las nuevasexigencias que se van creando con el cambio global, aparecen centradas prevalentemente en la adquisición de conocimientos y habilidades, y denotan un claro reduccionismo antropológico, ya que conciben la educación preponderantemente en función de la producción, la competitividad y el mercado. Por otra parte, con frecuencia propician la inclusión de factores contrarios a la vida, a la familia y a una sana sexualidad. De esta forma, no despliegan los mejores valores de los jóvenes ni su espíritu religioso; tampoco les enseñan los caminos para superar la violencia y acercarse a la felicidad, ni les ayudan a llevar una vida sobria y adquirir aquellas actitudes, virtudes y costumbres que harán estable el hogar que funden, y que los convertirán en constructores solidarios de la paz y del futuro de la sociedad. (n.  328).
  • Por lo tanto, la meta que la escuela católica se propone, respecto de los niños y jóvenes, es la de conducir al encuentro con Jesucristo vivo, Hijo del Padre, hermano y amigo, Maestro y Pastor misericordioso, esperanza, camino, verdad y vida, y, así, a la vivencia de la alianza con Dios y con los hombres. Lo hace, colaborando en la construcción de la personalidad de los alumnos, teniendo a Cristo como referencia en el plano de la mentalidad y de la vida. Tal referencia, al hacerse progresivamente explícita e interiorizada, le ayudará a ver la historia como Cristo la ve, a juzgar la vida como Él lo hace, a elegir y amar como Él, a cultivar la esperanza como Él nos enseña, y a vivir en Él la comunión con el Padre y el Espíritu Santo. Por la fecundidad misteriosa de esta referencia, la persona se construye en unidad existencial, o sea, asume sus responsabilidades y busca el significado último de su vida. Situada en la Iglesia, comunidad de creyentes, logra con libertad vivir intensamente la fe, anunciarla y celebrarla con alegría en la realidad de cada día. Como consecuencia, maduran y resultan connaturales las actitudes humanas que llevan a abrirse sinceramente a la verdad, a respetar y amar a las personas, a expresar su propia libertad en la donación de sí y en el servicio a los demás para la transformación de la sociedad. (n.336)
  • Formar en la ética cristiana que pone como desafío el logro del bien común, la creación de oportunidades para todos, la lucha contra la corrupción, la vigencia de los derechos laborales y sindicales; hay que colocar como prioridad la creación de oportunidades económicas para sectores de la población tradicionalmente marginados, como las mujeres y los jóvenes, desde el reconocimiento de su dignidad. Por ello, hay que trabajar por una cultura de la responsabilidad a todo nivel que involucre a personas, empresas, gobiernos y al mismo sistema internacional. (n. 406. b)
  • El problema de la droga es como una mancha de aceite que invade todo. No reconoce fronteras, ni geográficas ni humanas. Ataca por igual a países ricos y pobres, a niños, jóvenes, adultos y ancianos, a hombres y mujeres. La Iglesia no puede permanecer indiferente ante este flagelo que está destruyendo a la humanidad, especialmente a las nuevas generaciones. Su labor se dirige especialmente en tres direcciones: prevención, acompañamiento y sostén de las políticas gubernamentales para reprimir esta pandemia. En la prevención, insiste en la educación en los valores que deben conducir a las nuevas generaciones, especialmente el valor de la vida y del amor, la propia responsabilidad y la dignidad humana de los hijos de Dios. En el acompañamiento, la Iglesia está al lado del drogadicto para ayudarle a recuperar su dignidad y vencer esta enfermedad. En el apoyo a la erradicación de la droga, no deja de denunciar la criminalidad sin nombre de los narcotraficantes que comercian con tantas vidas humanas, teniendo como meta el lucro y la fuerza en sus más bajas expresiones. (n. 422)
  • Merece especial atención la etapa de la adolescencia. Los adolescentes no son niños ni son jóvenes. Están en la edad de la búsqueda de su propia identidad, de independencia frente a sus padres, de descubrimiento del grupo. En esta edad, fácilmente pueden ser víctimas de falsos líderes constituyendo pandillas. Es necesario impulsar la pastoral de los adolescentes, con sus propias características, que garantice su perseverancia y el crecimiento en la fe. El adolescente busca una experiencia de amistad con Jesús. (n. 442- 446)

1 José María Pujadas Ferrer. Manual de Promoción Juvenil, guía para la organización de encuentros de promoción juvenil y grupos juveniles cristianos. Saludo y Mensaje: Juventud búsqueda y encuentro. Edt. Herder 1986.  Pág, 47.

2 Manual. Juventud búsqueda y encuentro.  Pág. 52.

3 Ver Anexo 1. Los jóvenes en Aparecida.

4 Manual. El dedo oculto de la esperanza, pág. 67.

5 Manual. Viva nueva en el Espíritu, pág. 275.

6 Oración de los guías.