Dedicado a todos los guías del Movimiento EPJ.

Y con especial cariño a los guías jóvenes de las diferentes comunidades de Honduras.

Introducción:

Encontrarse con Jesús es la más maravillosa de las aventuras. En EPJ se ha podido descubrir la persona de Jesús como alguien encontradizo, aparece y se pone en medio, llena de sentido el caminar cuando hay muchas preguntas, te llena de ilusión y ya nada es igual. Es el testimonio que se repite en cada lanzamiento a la vivencia del cuarto día.

Más adelante en el proceso de acompañamiento de los nuevos emproístas, se puede constatar que Jesús es para cada uno la persona concreta, la Palabra de Dios al mundo y a cada uno, es el proyecto de Dios, el plan de vida. San Pablo describe esta relación con Jesús como el sueño de Dios con la humanidad: que seamos todos en Cristo.

La principal pregunta que me planteo en EPJ es: ¿Qué quiere Dios de mí? La respuesta se encuentra formulada en la metodología misma: mirar a Jesús. Que ames como Él amó, que pases por la vida haciendo el bien, curando, sanando, perdonando, escuchando al Padre y haciendo lo que a Él le agrada. Que pongas a Dios en el centro de la vida cueste lo que cueste. Que seas profeta de la esperanza. Que des vida a quien no la tiene. Que seas instrumento de paz y de fraternidad. Que te sientas hijo de un Padre que es toda bondad y misericordia, y que te comprometas a revelar su rostro a todos los que encuentres en tu camino. El Movimiento de Promoción Juvenil persigue todo esto y ha de repetirlo en cada proceso de preparación de guías; a esa causa nos dedicamos.

La juventud dice el manual de EPJ es un tiempo de gracia, porque la juventud es el tiempo de  las ilusiones y de los proyectos, del entusiasmo y el riesgo. En EPJ se afirma que Jesús está siempre a tu lado y su verdad te hace libre. Pero el encuentro con esta verdad no propone metas fáciles, más bien quiere que la persona ponga toda la confianza en Dios. El camino de Dios es estrecho y su senda difícil. Pero su camino  conduce a la vida, una vida con MAYÚSCULAS.

Dice el Señor: “Tienes ante ti la vida y la muerte, elige LA VIDA”. Dios quiere que quien se encuentre con Él sea actor principal de su vida, no sólo espectador. Caminar con Cristo es encontrar respuestas, pero muchas veces por caminos distintos. Caminar con Él es hacer plena la vida, para ello no se necesitará de cosas, de ruido, de actividades. En EPJ se dice que Cristo es el modelo del Hombre Nuevo. Y en Él, al inicio de la preparación de los guías, es necesario decir que quien camina con Cristo es capaz de hacer las cosas nuevas.

Quien quiera saber cómo hay que amar, que mire a Jesús. Quien quiera saber cómo hay que rezar, que mire a Jesús. Quien quiera saber cómo hay que vivir, que mire a Jesús. Conocer a Jesús es el manual de los guías, no puede ser ésta una relación fría o indefinida. Con el tiempo es necesario que  Jesús vaya creciendo en cada uno y se convierta en un amigo maravilloso.

La experiencia de sentir al mismo Dios por el encuentro con Jesús es la meta de quienes asisten a un EPJ acompañados por guías. El testimonio de los guías en los mensajes ha de mostrar cómo fue que ellos llevaron junto a sí, silenciosamente al principio, a la persona de Jesús. Pero después de un tiempo, la compañía se convirtió en un anuncio habitual en donde siempre se exige estar dispuesto a tender la mano a otros jóvenes, sin  violentar y sin imponer.

El maestro en EPJ es Jesús indiscutiblemente, Él enseña el sendero a recorrer, Él dice cómo es Dios y enseña a quererle y a hablar con Él. Los otros temas son sólo un apoyo para la relación que en comunidad se quiere entablecer con el que nos llama a su servicio.

1. Ser guía y animador de la Pastoral juvenil.

1.1.    La vocación del guía del Encuentro de Promoción Juvenil:

1.1.1.      La Promoción Juvenil, una apuesta por la vida de los jóvenes y sus valores:

Una de las acepciones del verbo “promocionar”; según el Diccionario, es la de “infundir el alma en el cuerpo vida y actividad espiritual”. Lo cual permite entender que la actividad del Movimiento se encuentra en la dirección de aquello que da vida a los jóvenes, y vida en abundancia según el querer de Jesús. Por ello el punto de partida de la formación de los guías es apostar por la vida, para esto se realiza en direferentes mometnos el compromiso Amén[1].

En la reflexión de Jesucristo nuestro héroe se recuerda que por la Encarnación, Dios ha apostado por la vida del hombre: el hombre le importa mucho a Dios[2]. Por lo acontecido en Cristo Jesús, el hombre es ya un hombre nuevo, ha sido reconstruido como nuevo en Jesús[3]. Por ello el hombre es capaz de liberarse de todo aquello que no le deja vivir, porque para ser libres nos liberó Cristo (Gál 5,1); es capaz de sentir verdadera pasión por vivir, de alcanzar la plenitud de vida, porque para esto ha venido Jesús, para dar vida y vida en abundancia (Jn 10,10).

Ser guía de encuentros es procurar que el hombre viva para que sea gloria de Dios. Guiar consiste en transmitir ganas e ilusión de vivir, pero mostrando el camino por la vida y las palabras; no se trata de vivir por los otros. Muchos prefieren hablar hoy con lenguajes sugerentes: “vivir a tope”,  “vivir intensamente”, “la vida es un carnaval”, pero lo cierto es que en los momentos cruciales a muchas de estas personas que escogieron de esta manera la vida les acobarda, como les acobarda pensar en el futuro. Esta es la generación del “agobio vital”; muchos jóvenes llegaron así a un EPJ.

1.1.2. En el encuentro se guía a vivir de otra manera:

Otra acepción de guiar es “mostrar a alguien el camino[4], transmitir vigor o energía vital”. Guíar en la promoción juvenil es impulsar con dirección y vivir una vida que merezca realmente la pena.

Esto se consigue mediante la proposición sugerente de valores que ayuden a los jóvenes a vivir de otra manera. El ejemplo de Jesús en el encuentro con la samaritana (cf. Jn 4), en el encuentro con Nicodemo (Jn 3), en el encuentro con el joven rico (Mt 19,16-22); en cada uno de estos diferentes encuentros señala los valores del Reino, es decir, el querer de Dios para con cada persona. Así se puede leer la propia historia personal a partir del EPJ como un valor que suma a la vida, mostrando la voluntad de Dios para cada uno. Encontrar este tesoro exige la acogida incondicional de quien está viviendo de una determinada manera o ve amenazadas sus posibilidades de vivir o ni siquiera vive una vida digna de ser vivida, en el convencimiento de que la propia forma de vivir se hace mensaje; la propia existencia, vivida con gozo y coherencia, es la que da autoridad ante los demás. Y se consigue también mediante el compromiso por crear condiciones de vida culturales y estructurales que hagan posible y experimentable ese vivir de otra manera, ya que ser cristiano es un estilo de vida y no una ideología.

1.1.3. La promoción juvenil es una oferta significativa pues suma en la vida:

La evangelización del joven por el joven no es otra cosa que la propuesta y el desafío que un guía le hace a un joven por su testimonio de vivir, según la misma propuesta que Jesús le hizo con anterioridad; a este proceso de vida trasmitida de mano en mano el padre José María llamaba evangelización.

El mensaje que se da parte de que Dios, por la manifestación de su amor pleno e incondicional como Padre en Cristo Jesús, y que por la experiencia del encuentro con Él capacita al guía, a través de su experiencia de vida, convirtiendolo en un símbolo de algo que los jóvenes también desean para su vida, por tanto significativo para los demás.

1.1.4. La Promoción del joven por el joven:

Promoción Juvenil es también  comprometer desde un método propio, motivar a vivir la vida al estilo de un mensaje. Decía Pablo VI: “En el fondo, ¿hay otra forma de comunicar el Evangelio que no sea la de transmitir a otros la propia experiencia de fe?”[5].

El objetivo de la promoción juvenil es hacer todo lo posible para que el evangelio de Jesús, que es la Buena Nueva para la vida del joven, se haga mensaje en cada uno de ellos, pues es una Buena Noticia del amor de Dios que se hace realidad en Jesús modelo del hombre nuevo, siendo él la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1,9). Así la promoción del joven por él es hacer de la vida un mensaje y empeñarse en que ese mismo mensaje se convierta en una propuesta creible para otros jóvenes con quienes entramos en contacto.

La evangelización que el Movimiento de Encuentros anima a hacer de la vida del joven una propuesta para otros jóvenes. El EPJ vale la pena si un joven orientado por los valores del  evangelio, más allá de las palabras bonitas que dirige en su mensaje a otros jóvenes, logra hacer experiencia de vida con ellos, esto es, crecer con ellos.

1.1.5. La vocación es el primer mensaje del Encuentro:

Dice el evangelio: “Si un ciego guía a otros ciego, los dos caerán en el hoyo” (Mt 15,14). Si un creyente no llega a reconocer en su vida el amor que Dios le tiene, si no se siente llamado a vivir ese amor, ¿cómo va a facilitar que otros lleguen a hacer ese descubrimiento y se hagan receptivos a la llamada y al don que Dios les hace? “Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida… os lo anunciamos también a vosotros para que vosotros lo compartáis con nosotros” (1Jn 1, 1-2). Éste es el principal desafío de la obra del P. José María a través del EPJ. Por eso el signo de los Encuentros es el timón, pero con un joven aferrado a él y en ruta de su norte que es Jesús.

Con frecuencia se emplea la palabra promoción para indicar cada uno de los esfuerzos que se realizan para hacer llegar a otros jóvenes los mensajes del Encuentro a través de la convivencia de tres días. Se alude especificamente a la invitación, a la oferta de un EPJ, pero la acción evangelizadora del Movimiento debe ir más llá de una buena propaganda. Si muchos jóvenes hoy no responden, es que no ha habido experiencia de convocatoria, es que no han visto en los guías y padrinos la chispa de la vida que les impulse a vivir de otra manera.

Convocar hoy conlleva dos aspectos: primero, una llamada de Dios a cada persona y, segundo, una respuesta. De una parte la invitación, y de otra la acogida favorable. Dios elige gratuitamente, pero  hace falta el compromiso personal de quien responde.

Para poder convocar a otros jóvenes al Encuentro con Dios, primero en necesario tomar conciencia de haber sido llamados por Dios y valorar este llamado como un auténtico regalo, como un don. Este es el fundamento de toda vocación cristiana. Después se estará en capacidad de invitar a otros a descubrir y conocer la llamada que Dios lanza. Vivir la llamada para ayudar y promocionar a los jóvenes para que respondan como es debido a la elección de Dios.

1.1.6. El encuentro se realiza en la persona de Jesús:

Los evangelios presentan la fe como una llamada a seguir a Jesús. Profesar la fe cristiana es seguir a Jesús, hacer de él el centro de la vida, el modelo y tipo del hombre nuevo[6]. Por ello el encuentro con Jesús se expresa desde el seguimiento, desde los riesgos que implican su causa, y desde la plenitud que deja su amistad con la persona.

  • Seguir a Jesús quiere decir estar disponible para hacer la voluntad del Padre en todo momento[7]. Esta fue la principal obra de Jesús: su disponibilidad total: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra” (Jn 4, 34).
  • Seguir al Héroe se refiere a vivir alimentando la vida de los mismos sueños que él alimentó: la certeza de la llegada de su Reino[8], la certeza de la presencia de Dios en el mundo por la búsqueda y aplicación a su deseo en especial cuando se defiende a las personas para que lleguen a ser felices; cuando los pobres y excluidos reciben noticias esperanzadoras y son tratados con respeto y dignidad, como hermanos.
  • La felicidad que los jóvenes buscan con tanto empeño tiene que ver con estos ideales que realizan la vida personal, que acercan el Reino hasta la propia historia. Ser felices es hacer feliz a otros, es sentirse llenos de vida cuando el aliento de Dios en cada uno permite alentar a otros jóvenes y sus familias, para que vivan y construyan una sociedad digna de todos.

Vivir todo esto en referencia a Jesús es lo que se convierte de verdad en plan de vida. Vivir es lo que evangeliza, es decir, lo que ofrece perspectivas e ilusiones que orientan la propia vida conforme a los valores que vivió Jesús. Vivir y guiar es lo que hace del emproísta una persona capaz de aportar algo valioso a la vida de los jóvenes: encontrar el sentido de la vida en el seguimiento de Jesús.

1.1.7. Testimonio es igual a decir “Madurez de la personalidad”:

El mensaje con que se pone el punto más alto del paso por la encrucijada, madurez de la personalidad, abre el camino de la misión del emproísta: joven líder comunitario. No se trata de un envío forzoso a realizar obras buenas, sino que es una necesidad vital de dar respuesta a lo que primero se ha recibido, así madurez y misión se identifican en la persona. El lidezgo, la misión, es la experiencia que enriquece la vida a través de diferentes mediaciones (mensajes, comunidades, plan de vida, oración, testimonio, conversión, etc) y que, en un determinado momento, se entiende como una experiencia vital y profunda que desborda la propia vida de cada guía, y no se puede guardar, por eso hay que compartirlo.

Ser guía, ser líder, ser evangelizador de los jóvenes, es ser testimonio. El anuncio de la Buena Noticia fue para Jesús una tarea excéntrica (salir de sí) y no egocéntrica (buscar los propios intereses). El encuentro con la persona de Jesús se expresa por ello más allá de las buenas intenciones, por el testimonio. Si como se dijo antes ser guía es ser testimonio, hay que planear casi de manera minuciosa la forma de hacerlo y de conseguir los objetivos propuestos.

Ser guía es también vivir con creatividad, procurando ser la imaginación de Jesús en un tiempo en que Jesús se revela resucitado a través de otro cuerpo, que es la Iglesia, por ello ser un joven maduro y líder supone una actitud profética[9]. Recuérdese que la tarea más dificil del mensaje no se encuentra a nivel de la palabra, sino que cada uno de los mensajes primeramente hay que preparlo con la vida, de esta forma el EPJ llegará a ser significativo, es decir, con capacidad de dar sentido a lo que viven los jóvenes.

El guía aporta en su relación con los jóvenes como un educador. Su propuesta de vida cristiana es respuesta a los interrogantes vitales que todo joven lleva en su interior, por ello cada asistente que se inicia en la familia emproísta necesita ver en los guías verdaderos referentes. Necesita ver más que oír; palpar, tocar realidades más que escuchar teorías o ideas abstractas. Y no cabe duda que son los guías jóvenes quienes mejor pueden hablar y significar hoy y ahora el mensaje del emproísmo y por tanto del Evangelio los jóvenes[10].

En definitiva, realizar la misión, o dar testimonio, conviene que sea una experiencia significativa para los guías, una vivencia gozosa del emproísmo, un disfrute de felicidad porque “hay más gozo en dar que en recibir” (Hch 20, 35). En ningún caso ser guía ha de convertirse en una experiencia agobiante, como una obligación de la que uno quisiera salir lo más pronto posible.

La preparación de los Encuentros ha de ser para cada guía una experiencia de utilidad, no sólo por el crecimiento personal, sino también por el beneficio que con ello se hace a los jóvenes y a la sociedad. Recuérdense las palabras de Jesús: “Bendito seas, Padre, Señor del cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla” (Mt 11, 25).

1.2. Un curso de guías:

1.2.1. Objetivos:

El objetivo y la finalidad de la formación de los guías no son otros que el objetivo y la finalidad que persiguió el propio Jesús. Es decir:

  • Acercar el Reino (Mt 10, 7-8; Lc 10, 9-10), haciendo palpable y experimentable el deseo de Dios de hacer felices a todos los hombres (1Tim 2,4).
  • Que los pobres sean evangelizados (Mt 11, 5; Is 26, 19) y encuentren el camino de la liberación y de la felicidad.
  • Que, a ejemplo de Jesús (Flp 2, 5-11): a) se difunda la riqueza y plenitud de Dios; b) llegando hasta la realidad de los pobres; c) para así, ser encontrados nuevamente por Dios.

Esta finalidad debe ser tenida muy en cuenta no sólo a nivel teórico, sino sobre todo a nivel vivencial. Lo cual quiere decir que ha de incidir prácticamente en la clarificación de las motivaciones y de la intencionalidad con que los futuros guías se preparan para llevar adelante su labor evangelizadora.

1.2.2. La pedagogía propia del Movimiento:

Según la insistencia del P. José María, el Movimiento ha de estar convencido de que el Evangelio no es una ideología, sino una persona: Jesús de Nasaret. Y lo más importante que Jesús transmitió fue su experiencia de Dios como Padre bueno y misericordioso[11]; un Padre que ama hasta el punto de mandar a su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él (cf. Jn 3, 16-17)[12].

La evangelización del joven por el joven exige una pedagogía que esté en sintonía con los valores propios de la juventud, de la cultura, y de la época. En la oración de los guías se reza cada día: “Que sepamos descubrir y aceptar los valores de la nueva juventud, y ayudar a desarrollarlos en la vivencia de un cristianismo comprometido en medio del mundo”. Este contenido exige una metodología respetuosa y comprensiva, pues la forma de hacer la evangelización es ya un anuncio en sí del Evangelio[13].

¿Cuáles son esas pedagogías que tienen en sí un cierto talante evangelizador?:

  • La pedagogía del amor de Dios. Es el estilo con que Dios se ralaciona con el hombre, no porque lo merezcamos sino porque lo necesitamos. Ser guía del EPJ significa ante todo ser una respuesta de amor a los jóvenes, y no porque ellos correspondan o se lo merezcan, sino porque el Movimiento piensa que ellos lo necesitan. Si en el EPJ los jóvenes llegan a descubrir y a percibir que Dios les quiere, porque otros -sus testigos- les muestran y demuestran su amor Dios se revela de verdad.
  • La pedagogía del acercarse, de la encarnación. El EPJ es cristocéntrico, es decir, recuerda una y otra vez el deseo de Dios, en la historia de la humanidad, de hacerse uno de nosotros en todo menos en el pecado (cf. Flp 2,7; Gál 4, 4; Rm 8, 3). Las tres reflexiones espiritulaes centradas en la persona de Jesús recuerdan precisamente que, a) Jesús se acerca a la huminidad y vive plenamente el ideal de su vocación de cara a Dios; b) que su anuncio de vida plena para el hombre lo llevó hasta las últimas consecuencias y por eso dio su vida; c) y que su presencia en el mundo sigue llamando hoy a hombres y mujeres para continuar con el proyecto de amor iniciado. El EPJ sabe que encarnarse en la realidad de cada joven es lo que evangeliza de manera efectiva.
  • La pedagogía del EPJ libera. Todos los mensajes del encuentro tienden a la renovación por la propuesta del hombre nuevo, paso decisivo para perseverar en el encuentro con el amor de Dios.
  • Finalmente la pedagogía propia del método, expresada a través del estilo del encuentro que quiere ser una escuela que educa para la libertad, el profetismo, el diálogo, para la madurez[14], desde los valores propios de la juventud como son: la autenticidad, la audacia, la alegría, con una forma sencilla y profunda que desde el lenguaje total cada guía y equipo promotor puede profundizar[15].

1.2.3. El ejemplo de la semilla:

Al presentar la lógica del hombre nuevo, que llevará a los jóvenes hasta una opción libre de su fe, la reflexión espiritual de Jesús tipo del hombre nuevo, alude a las leyes de la superación con el ejemplo de la naturaleza:

‘Respondió Jesús: En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tie­rra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto’ (Jn 12,24). La ley biológica que dictó el Creador para que germinara la vida en la naturaleza fue que la muerte de uno fuera principio de vida para el otro. Corruptio unius generatio alterius. Cristo mismo nos puso la parábola del grano de trigo, que para poder permanecer y multiplicarse en la espiga, antes tiene que perderse y pudrirse en el surco. Toda recolección se paga con algún sacrificio. “Aquellos que siembran con lágrimas cosechan entre gritos de júbilo” (Sal 126, 5). Hay que dar para recibir. “El que escaso siembra escasamente cosecha” (2 Cor 9, 6). Podríamos aducir tantos ejemplos de la naturaleza: la poda remoza las plantas, el invierno prepara la primavera como la noche al día. Dice un dicho campesino: Quien no arriesga un huevo no tiene un pollo. Como se ve, la ley del sacrificio no es una ley escrita en el aire. Es la ley de la vida. El Evangelio presenta siempre un riesgo a correr, el de nacer de nuevo”[16].

La lógica de la semilla consiste en entender y estar profundamente convencidos de que en los jóvenes está ya en germen la posibilidad de la madurez que están llamados a alcanzar, no hay que estar predispuestos a la juventud. La labor de los guías ha de ser como la que se hace con la semilla para que se desarrolle: regarla, abonarla, podarla, etc., conscientes y convencidos de que lleva en sí germinalmente el fruto maduro que un día llegará a ser. Es Dios quien hace el trabajo por la entrega de cada uno; el guía es un observador detallista de todo este proceso.

El EPJ no es una acción en cadena: no se trata de ensamblar piezas de un rompecabezas, hasta conseguir que todas ellas correspondan en su sitio; el trabajo de la promoción juvenil deja que cada persona siga adelante según su realidad y su respuesta. Confía, eso sí, es que cada acción realizada sea  como una propuesta, una pieza que se ensambla. Es decir, que el guía no arma la nueva realidad de un joven, sino que ofrece su testimonio a la manera de un detalle significativo hasta llegar al fin del encuentro en cada joven. El guía está llamado por tanto al conocimiento evolutivo de cada joven que acompaña y que progresivamente avanza, también con altibajos e imprevistos. En la promoción juvenil por tanto no hay principio y final; hay entrega del tiempo y de la vida.

1.2.4. Una pedagogía de cinco días en tres:

La mejor propusta del encuentro desde luego está en el método. Se trata más que de un acto didáctico, de una vivencia envolvente de la vida, hasta hacer del joven un ser lo suficientemente libre como para decidir con criterio cristiano todas las situaciones de sus encrucijadas de la vida. De ahí que uno de los objeticvos del EPJ sea el encuentro consigo mismo. Evangelizar, que es la respuesta de quien ha vivido hondamente el encuentro, supone un paso más adelante: la donación de sí y la aceptación gozosa del mensaje que Jesús ofrece.

Ver el esquema general del EPJ ayuda a visualizar de una manera global de dónde se parte y a dónde se quiere llegar por la pedagogía y los objetivos de cada uno de los tres días (ver ilustración). En el documento de Bases y Carisma este proceso se sintetiza de la siguiente manera[17]:

  • Tarde de entrada: Es un momento de INTERIORIZACIÓN en el que se busca que el joven identifique su propia identidad y el llamado que Dios le hace a través de ésta.
  • Primer día: es el día de la VOCACIÓN. Presenta los rasgos fundamentales de la vocación integral: humana, cristiana y comunitaria. La realización del hombre consiste en cumplir la vocación para la que ha sido llamado. Toda vida es una vocación. Se muestran también sus desviaciones y la necesidad de vencer el pecado, convirtiéndose en “Hombre Nuevo” a la imagen de Cristo.
  • Segundo día: es el día de la promoción personal del joven, revalorizando las ideas cristianas del mismo y buscando establecer bases firmes para que haga su LIBRE OPCIÓN A LA FE. Ser cristiano es ser joven y hombre verdadero.
  • Tercer día: es el de La PROMOCIÓN COMUNITARIA. La opción por Cristo supone también una opción por la Iglesia, comunidad de amor y de fe. ¡Hagamos Iglesia!, desde los grupos y núcleos más pequeños hasta llegar a sus mayores exigencias y dimensiones.

Sin embargo, el mismo fundador, desde su intuición, pensó que la metodología se quedaba corta en la dinámica misma del EPJ, y propuso la formación y profundización de los temas en lo que llamó postencuentro: “Desde luego, un Encuentro sin postencuentro no tendría sentido. Según la filosofía1, lo primero en el orden de la intención debe ser lo último en el orden de la ejecución. Y así fue para nosotros. El Encuentro no puede ser para sólo tres días, siempre lo más importante es el «cuarto día»; su ámbito es toda la juventud, y aun toda la vida. No se puede renunciar al gozo de una gracia experimentada, diremos parodiando a Freud”[18]. También en la charla final: Del Encuentro de Promoción Juvenil, más que con un bagaje de normas e ideas, se sale con una actitud nueva frente a la vida. Promoción humana no solo es ascensión y renovación personal, sino a la vez social. Así lo expresa el Vaticano II: «Seamos verdaderamente hombres nuevos, creado­res de una nueva humanidad» (OS 36). Éste es el programa que ahora ofreceremos a los jóvenes para vivirlo a la salida, en el llamado «cuarto día»[19]”.

El acto de lanzamiento se convierte, en la pedagogía de los tres días, en el momento clave para dar comienzo al cuarto día del Encuentro. A la muerte del fundador el Movimiento comprendió que había un «quinto día», aún más emocionante que los anteriores: el encuentro con Dios en la eternidad.

2. El guía y la Promoción Juvenil:

2.1. Qué es la Promoción Juvenil:

La relación entre la Pastoral Juvenil y EPJ no se identifica, pero se complementa. El Movimiento de Encuentros quiere ser una herramienta al servicio de la PJ y, por tanto, la promoción del joven puede ser ejercida de formas muy diferentes: por la participación en un EPJ, por la conformación y/o acompañamiento de grupos juveniles cristianos, por la presencia activa en la Iglesia según la PJ lo solicite en personas concretas o por la acción comunitaria de grupo, por los diferentes apostolados, por los organismos mismos del Movimiento. En tiempo del P. José María la acción del emproísmo se ejercía desde una pedagogía autoritaria, es decir, era una época de fundación en donde el Espíritu soplaba y el padre José María orientaba según las diferentes situaciones. Esta pedagogía no eliminaba la creatividad, libertad e iniciativa de los guías, pero cada uno de ellos miraba a la fuente que con el primer equipo de expertos y jóvenes quiso responder al llamado de la Iglesia en ese momento de la historia.

Del primer momento se pasó a otro un poco más explosivo o permisivo. La experiencia del EPJ empezó a surgir en muchos sitios y de diferentes formas y características. Por el impulso de personas inquietas, muchas veces apoyados en la sola espontaneidad y creatividad el Encuentro, apareció en la Iglesia como una gama de experiencias, cada una particular y situada en su propio contexto. Al paso de su quinto día, el 9 de diciembre de 1984, el Movimiento, acéfalo, agudizó esta pedagogía.

Sin embargo la VI Conferencia Episcopal celebrada en Santo Domingo (Rep. Dominicana, 1992), ratificó la opción por los jóvenes hecha en las anteriores Conferencias de Medellín y de Puebla, pero esta vez de una manera preferencial. Primero constató el trabajo continuado realizado hasta entonces, y segundo, por la necesidad de avanzar, emprendió el camino de darle a la PJ una identidad propia:

“Por otra parte constatamos que hay adolescentes y jóvenes que reaccionan al consumismo imperante y se sensibilizan con las debilidades de la gente y el dolor de los más pobres. Buscan insertarse en la sociedad, rechazando la corrupción y generando espacios de participación genuinamente democráticos. Cada vez son más los que se congregan en grupos, movimientos y comunidades eclesiales para orar y realizar distintos servicios de acción misionera y apostólica. Los adolescentes y los jóvenes están cargados de interrogantes vitales y presentan el desafío de tener un proyecto de vida personal y comunitario que dé sentido a sus vidas y así logren la realización de sus capacidades; manifiestan el desafío de ser acompañados en sus caminos de crecimiento en su fe y trabajo eclesial, y preocupaciones de transformación necesaria de la sociedad por medio de una pastoral orgánica”[20].

En esta misma diámica el episcopado reunido en Santo Domingo se comprometió a:

“Reafirmar la «opción preferencial» por los jóvenes proclamada en Puebla no sólo de modo afectivo sino efectivamente; esto debe significar una opción concreta por una pastoral juvenil orgánica, donde haya un acompañamiento y apoyo real con diálogo mutuo entre jóvenes, pastores y comunidades. La efectiva opción por los jóvenes exige mayores recursos personales y materiales por parte de las parroquias y de las diócesis. Esta pastoral juvenil debe tener siempre una dimensión vocacional”[21].

Ya antes en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Puebla de los Ángeles (México, 1979), se había señalado con gran sensibilidad la importancia que tiene la realización de los Encuentros así como otras experiencias que lograron concretar la opción por los jóvenes hecha en la Conferencia anterior en Medellín:

“En esta actitud de búsqueda, se puede decir que, en América Latina, la Iglesia ha desplegado una actividad muy intensa y ha organizado, a todo nivel, reuniones de estudio, cursos, Institutos, encuentros, jornadas, sobre los más variados temas, todos orientados de diversa manera a la profundización del Mensaje y al conocimiento del hombre en sus situaciones concretas y en sus aspiraciones”[22].

Y en el mismo documento:

“se recomienda dar la mayor importancia a todos aquellos medios que favorecen la evangelización y el crecimiento en la fe: Retiros, Jornadas, Encuentros, Cursillos, Convivencias, etc.”[23].

Parece que la pedagogía de los EPJ empezaba a vivir una nueva etapa.

“Fue hasta el VIII Encuentro Internacional del año de 1993, celebrado en Guatemala, donde empezó a fraguarse la idea.  Se encargó  esta tarea a Mons. Manuel Moreno, Obispo de Tucson, Arizona, en los Estados Unidos y primer Asesor Internacional del Movimiento,  nombrado en el VII Encuentro Internacional de Guadalajara, Jalisco. México, 1990.  En esto colaboraron eficientemente los    Centros-Guías de España e Italia para iniciar los  trámites correspondientes.

En el primer y único Encuentro de Regiones celebrado en Houston, Texas, U.S.A., el año de 1994,  se pidió a todos los Centros-Guías que enviaran cartas de presentación de sus respectivos Obispos al Pontificio Consejo para los Laicos, en las cuales recomendaran al Movimiento como un instrumento válido y eficaz para la evangelización de los jóvenes. A esta invitación respondieron casi la totalidad de los Centros-Guías de los países donde se encuentra el Movimiento.

Por parte del movimiento se enviaron también: el manual de Encuentros de Promoción Juvenil, el Timonel, un reglamento interno de lo que sería la organización de E. P. J., y los estatutos que rigen al movimiento.

La respuesta a todos estos trámites la recibimos con alegría en el IX Encuentro Internacional celebrado en Caracas, Venezuela, los días 10-17 de agosto de 1996. Ahí se nos comunicaba a todos los participantes que con fecha 29 de junio de 1996,  el Pontificio Consejo para los laicos había emitido el Decreto por el cual se reconocía a Encuentros de Promoción Juvenil como Asociación Privada Internacional de fieles de Derecho Pontificio con personalidad jurídica por un periodo AD EXPERIMENTUM de cinco años. Parte de esta tarea se había alcanzado. Hubo  que seguir luchando para que se obtuviera el reconocimiento y aprobación definitiva. En Venezuela ante esta nueva oportunidad y responsabilidad de todos, se estructura y se nombra el Primer Comité Promotor Internacional, siendo el primer Coordinador Internacional el joven  Aser Sesma,  del Centro-Guías de Pamplona, España. Ante la renuncia de Mons. Manuel Moreno,  presentada ante el Comité Promotor Internacional el 11 de agosto de 1996, en Venezuela, se eligió como Asesor Internacional a Mons. Mario Moronta, Obispo de los Teques, en Venezuela; y como Viceasesor Internacional a Mons. Pedro Juárez Meléndez, de la Diócesis de Tlaxcala, México.

En  el X Encuentro Internacional celebrado los días 15–21 de agosto en Houston,  Texas, U.S.A. el año 1999, se vuelve a insistir en nuevas cartas de presentación  del Movimiento, de parte de los Obispos, ante el Pontificio Consejo para los laicos, en orden a solicitar el reconocimiento definitivo”[24].

El decreto esperado se firma el día 29 de junio de 2001, en la Solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, por su Excelencia el Cardenal James Francis Satanfford, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, y por el Secretario P. Stanislaw Rylko.

Con una opción preferencial por la juventud y con una identidad reconocida lo que sigue es una nueva etapa para la familia emproísta: la pedagogía de la animación. Se trata de la convicción de mover la vida, y la obra desde dentro, por el impulso de la superación, de la promoción y no tanto por imposiciones exter­nas. Se puede decir que el Movimietno se encuentra en una etapa de responsabilidad y de autonomía: ¡es la hora de los guías!

La VII Conferencia del Episcopado celebrada en el año 2007, en Aparecida, Brasil, confirma de una manera providencial este proceso de madurez en que el Movimiento se encuentra, al proponer como un reto la implementación de experiencias y métodos de  Movimientos con una pedagogía propia como una herramienta válida y buena para la evangelización:

“Alentar los Movimientos eclesiales, que tienen una pedagogía orientada a la evangelización de los jóvenes, e invitarlos a poner más generosamente al servicio de las Iglesias locales sus riquezas carismáticas, educativas y misioneras”[25].

La breve lectura del proceso evolutivo del Movimiento exige una pregunta: ¿Qué es la promoción? A partir de las respuestas se pueden ir clarificando los distintos niveles y significados que tiene: desde lo más sencillo, en la labor de los guías en cada centro, hasta lo oficial en los Encuentros Internacionales o en los informes que se hacen anualmente para el Consejo Pontificio para los Laicos, en el Vaticano. Es útil por tanto que se recurra a la persona del guía, por ser el alma de la promoción, y en este sentido, diferente de un catequista, por la relación estrecha entre lo que dice y testimonia con su vida.

2.2. La promoción en sí misma:

La palabra promoción hace pensar en una acción intencionada y direccionada de una persona en referencia a otra, útil para su vida. Se promociona algo que es nuevo y no es conocido. También puede concebirse como la acción a través de la cual se estimu­la la capacidad renovadora y, por tanto, creadora de una nueva civilización. Desde esta definición se debe entender la convivencia de tres días que llamamos EPJ. Pero otra variante de la promoción se refiere a la intervención directa sobre un segmento de la población, que busca garantizar las condiciones que favorezcan la realización de las per­sonas y sus sueños de vida, en nuestro caso los jóvenes. Esta es la responsabilidad del guía de cada equipo promotor en el EPJ cuando se para ante el grupo para proponer con su vida eun mensaje o actividad determinada.

Mantener vigentes y actuales los mensajes del EPJ. Exige, por tanto, una visión más madura, proveniente de los estudios psicosociales sobre las culturas juveniles, por ejemplo. Se trata de ver la realidad y saber adaptar a los diversos momentos de la sociedad y de los grupos las técnicas y dinámicas que pide la estructura de la convivencia y el método. Según esto la promoción tiende a coincidir con la dinámica social en referencia a cada tiempo y lugar. No se puede  hacer promoción juvenil de manera estática, pues Movimiento indica en sí mismo una acción.

Resumiendo, se trata de despertar e implicar de manera consciente y libre al guía y al asistente  en procesos de formación  que afec­tan y renuevan la vida en dirección de la Buena Noticia que es Jesús.

En nuestro caso, lo entendemos como un estilo de educación que tiene como finalidad ayudar a madurar a las personas y a los grupos, activando un proceso de crecimiento y promoción liberadora. Recu­rre a los resortes interiores de la perso­na, implica su responsabilidad y la hace sujeto activo, crítico y creativo de los procesos culturales y sociales en los que vive y por los que se siente afectada.

Hay una serie de elementos que ayu­dan a precisar el significado y el sentido educativo de la animación:

  • La promoción no es un conte­nido o un proceso más de transmi­sión de la cultura cristiana, sino una opción de vida, una manera de vivir, de conformar y organi­zar la propia vida y sus procesos de maduración. El emproísmo es un estilo de ser, definido por la tendencia a crecer de una manera consciente y responsable. Recuérdese el ejemplo de la semilla.
  • Es una acción intencional provocada por un metódo, que empieza en un primer paso y avanza de manera ordenada y lógica, para alcanzar un fin: promover a los jóvenes emproístas y sus comunidades a la realización de su vocación integral, a la vivencia de la fe en Jesucristo, y al servicio y liderazgo consciente y activo en los proce­sos sociales y culturales de los ambientes que configu­ran su vida diaria.
  • Lo específico del método está en que es: una relación que se establece entre los jóvenes, ya sean guías, asistentes, adultos, asesores, y, por el inter­cambio respetuoso, no autoritario, llega a la dinámica de la madurez, es decir al deseo de la promoción en el que se privilegia el libre compromiso de la persona, incluso el ritmo de cada quien, la apertura, la participación y elaboración comunitaria, etc.

La dinámica de la promoción expresa por tanto el significado de Movimiento con el que se define la Familia emproísta en cada grupo y persona.

2.3. Consagrarse como guía de Encuentos:

En algunos países de la Región de Centroamérica llaman a la formación de los nuevos guías taller de mentalización. Esta palabra mentalización, se refiere a la promoción como un modelo educativo, y se fundamenta en:

  • Una antropología, es decir, una manera de entender la persona, sus dinamismos y procesos, en los que entra en juego la maduración.
  • Un método que sabe escoger los recursos y los momentos pedagógicos y formativos, e incluso organiza de modo creativo y ordenado cada una de las actividades y procesos que tiendan a liberar  y promocionar, y no a restringir y controlar. Un grupo juvenil cristiano ha de permitir que los jóvenes vuelen alto en sus ideales.
  • Un estilo de caminar con los jóvenes, de sugerir, de ayudar a crecer y de saber captar los estímulos que proceden de ellos y descubrir sus posibilidades reales y sus aspiraciones.
  • Unos objetivos y una finalidad a la que se quiere llegar para que cada una de las personas se comprometa con el sentido de su vida. Esto es descubrir la alegría de vivir plenamente y el valor de esperar y proyectar con ilusión y creatividad.
  • Una función dentro del proceso de maduración personal y de grupo. En este caso se hace visible con mayor responsabilidad al guía, porque acompaña, discierne la validez del proceso formativo, y se convierte en refernte de otros jóvenes.
  • Una estrategia progresiva que unifica la persona, que prefiere la calidad de las actuaciones a la cantidad, y  que ordena, por tanto, los tiempos, lugares y agentes diversos en torno a procesos en un proyecto personal de vida.

Aunque la promoción juvenil no parte del convencimiento de que las personas se mueven desde dentro, con sus propias fuerzas de superación, sí se empeña en buscar con todos sus medios este fin. No por imposiciones externas, por muy eficaces que estas parezcan, pues estas siempre serán a corto plazo. La vivencia del hombre nuevo, en cambio, es una experiencia duradera en la persona. Y es que  el camino de la madurez de de la personalidad pasa por la aceptación, la confianza y la motivación. Por eso es necesario que el guía sepa situarse desde una actitud y mentalidad formativa, asumiendo estas convicciones:

  • La confianza en la persona, en sus capacidades, sea cual sea la situación en que se encuentre.
  • El valor liberador de la amistad. La confianza genera la respuesta de la persona, que se siente acogida y valorada tal como ella es.
  • La vida diaria, fundamental para el verdadero encuentro. La credibilidad de cualquier propuesta se juega en el terreno propio de la persona, su vida de cada día, en la que descubre un sentido y da una respuesta personal.
  • El crecimiento del hombre nuevo, promoviendo experiencias que orienten cada vez a un compromiso mayor. Esto previene comportamientos de hombre viejo y desarrolla en la persona las  actitudes que le permiten superar otras situaciones difíciles.
  • La dinámica de grupo. La persona crece desde dentro, pero no está sola, se relaciona con otros.
  • La fuerza del testimonio y de un sano ambiente. Esta es la atmósfera nueva del EPJ. Los ambientes sanos que se propicien crean resultados de conjunto que han de ser cuidados y enriquecidos positivamente, pues se convierten en condición, vehículo y propuesta de valores.

2.4.  El guía de la promoción juvenil:

Un guía del encuentos necesita cultivarse, es decir, tomarse muy en serio el mensaje de madurez de la personalidad.

La conciencia del valor e importancia de la misión que tiene entre los jóvenes, en sus propios ambientes, ha de ser la primera responsabilidad. Ser guía es tener una vocación que afecta a su ser y no sólo a su quehacer; el guía de encuentros es aquel que dedica su vida al cuidado de su hombre nuevo y al cuidado de otros hombres nuevos. La preparación de un mensaje exige un aspecto intelectual, un aspecto familiar coherente, y también otras dimensiones del desarrollo individual y comunitario. El guía es un experto, por llamarlo de este modo, en el desarrollo de la persona, pero más que nada, un apasionado por el crecimiento de la humanidad, especialmente de los jóvenes.

El testimonio personal del guía es lo que más influye. Con el ejemplo de su vida se convierte en  testigo de lo que propone; un convencido de los valores que anuncia, deseoso de difundir­los. No es una persona diferente, fría, alejada del sentido y de la calidad de vida para la que anima. Es un militante que siente y vive profundamente lo que propone y quiere comunicar. Lo importante es que el guía llegue a ser un testigo auténtico, sin doblez, capaz de transparentar la alegría y la libertad de quien vive su vida con un sentido. El testimonio es un interrogante elocuente para las personas con las que comparte.

El guía de encuentros ha de ser un profesional de la juventud, cuidadoso de su desarrollo, que asume con seriedad cada uno de los mensajes de EPJ,  dispuesto siempre para el servicio. El guía, para realizar con un mínimo de eficacia su función, ha de ser competente y profesional para anunciar cualquiera de los mensajes, evitando caer en la improvisación y en la espontaneidad. Ha de profundizar los mensajes que transmite en la convivencia y buscar siempre las aptitudes y dinámicas necesarias para realizar su misión. Todo lo que el guía hace, su persona y su manera de relacionarse, influye positiva o negativamente en una comunidad juvenil, bien favoreciendo el crecimiento y maduración de los destinatarios o, por el contrario, originando regresiones y deformación. Se necesita, por tanto, en el guía, una cierta profesionalidad en su tarea que, además, le sirva de estímulo para su formación.

Ser guía educa en la fe. La promoción juvenil ante todo es una propuesta cristiana que quiere incidir de manera tajante en las necesidades y aspiraciones de los jóvenes. Educar es transformar la persona, pero educarla en la fe es amarla al estilo de Cristo. Ser guía exige estar en medio de los jóvenes como quien comparte, ayuda, anima y orienta, pero sin renunciar a un papel de testigo del amor de Dios. Existe el peligro de que, al querer ser uno más entre los jóvenes, se abandone la tarea, pensando que así será mejor aceptado. Sin embargo, el guía ha de asumir su responsabilidad, consciente de que tiene algo que decir y que aportar a la juventud que, contra toda apariencia, busca en el EPJ un auténtico apoyo en su caminar.

El diálogo es esencial en el carácter del guía. Por esta actitud podrá entablar un diálogo de crecimiento con los jóvenes, aceptando sus valores e incluso muchas de sus respuestas equivocadas, sin dejar de proponer el estilo de vida del emproismo como un camino. Se trata de dar y recibir. No se ha de considerar la juventud como algo negativo, que no tiene nada que decir. Los jóvenes no son sólo los destinatarios del EPJ, son ante todo los protagonistas de su realización. Esa capacidad de comunicación personal es en pocos casos una cualidad natural; en la mayoría supondrá una actitud cultivada, y requerirá ejercicio, esfuerzo de clarificación, de saber acercarse a los jóvenes con transparen­cia. La comunicación tiene siempre un doble sentido: quien no es capaz de recibir, tampoco es capaz de llegar al interlocutor, aunque emita señales.

El guía se prepara para trabajar en equipo. La formación de los guías ha de velar en esta tarea pues es el medio para dar vida a una comunidad realmente cristiana. El guía ha de sentirse integrado y participando de los mismos objetivos y opciones del centroguías. Un testimonio individual es insuficiente. La vida tiene más fuerza cuando está respaldada por una comunidad y por un equipo. El guía ha de saber que es un colaborador en una tarea de la promoción juvenil, y que esta labor desborda a una sola persona. Adviértase en todo caso, el protagonismo es innecesario. Ningún guía está llamado a realizar sus propios planes, sino que está invitado a ser mediador en una comunidad de personas, entre sus proyectos, entre las instancias ideales y las situaciones concretas.

La imagen de la semilla recuerda que se siembra, pero que es necesario esperar. La dinámica del EPJ es un proceso, primero de tres días, pero después se trata de un proceso progresvo hasta un mayor compromiso. Un plan de vida tiene por tanto un sentido del tiempo, pues está supeditado al ritmo de cada persona. El tiempo ha de proyectarse a futuro, si se pretende que haya resultados reales y visibles se ha de prolongar la espera, como el grano que se siembra: tiene su tiempo de germinación, que no se puede reducir artificial­mente. Este tiempo del EPJ debe evitar la tentación de aplicar modelos de producción en serie. El valor del hombre nuevo se encuentra en cada persona, con sus características, ritmos, modos de ser, de comprometerse, etc.

3. Perfil del Guía de Encuentros:

“Según el diccionario, quía significa conductor, el que señala el camino. Líder; que participa en algo del con­cepto de dirigente”[26]. De esta manera el P. José María en el Manual de los Encuentros se refiere a la acción de un guía.

El guía es una persona que, libre de cualquier interés manipulador, y coherente con su ser, ha descubierto su autorrealización en el compromiso de transformar la realidad en la que vive por medio del testimonio y de la acción evangelizadora dirigida preferentemente a otros jóvenes, en el tiempo libre, según el carisma del Movimiento de Encuentos de Promoción Juvenil, y su método, para  favorecer el crecimiento integral de su vocación, su libre opción de fe en Jesucristo modelo del hombre nuevo, y para desarrollar un liderazgo en las comundades a las que se dirija, dentro de la dinámica de cada centroguías donde se inserte.

De esta forma ser guía es ser referente para otros jóvenes. Este es el presupuesto fundamental que se va  a explicar a continuación.

 

3.1. Las motivaciones:

Distintas pueden ser las razones que han impulsado a muchos a acercarse a un centroguías con la intención de ser guía: la asistencia a un EPJ, haber estado de niño en un grupo, la admiración hacia los guías de su EPJ, la actividad que éstos hacen en un determinado ambiente, la alegría de cómo se organizó un encuentro, las salidas y vida social de los miembros del grupo, las relaciones sinceras y profundas de los miembros del centroguías, el intuir que trabajar con jóvenes es desafiante, el hacer parte de un grupo de amigos donde se comparte con algún o algunos guías del… Estas y otras motivaciones pueden ser válidas para entrar en contacto con una comunidad emproísta, pero nunca serán razones de peso para ser guía o continuar siéndolo.

Un guía debe ser una persona libre. Encontrar el sentido de su vida en su mismo vivir consciente y, consecuentemente, con el estilo de Jesús. Esta conciencia ha de estar respaldada por un “plan de vida” que se orienta con una jerar­quía de valores, inspirada en el sentimiento de fraternidad de la comunidad juvenil a la que se inserta, y tiene como objetivo el vivir con coherencia personal, el trabajar por el joven, de forma que las relaciones estén siempre orientadas a ser en el mundo fermento y testimonio del amor de Dios, a construir una sociedad nueva, la civilización del amor.

Es decir, ser guía en un Centroguías no es un fin en sí mismo, sino sólo un medio para llevar adelante el compromiso Amén[27]. Ser guía es vivir en coherencia con esta opción. Éstas son las motivaciones válidas para que una persona aspire a ser un guía activo en un centroguías:

  • Trabajar desinteresadamente por la formación cristiana juvenil.
  • Insertarse en la dinámica de un centroguías de manera estable.
  • Hacer parte de un equipo promotor al menos una vez al año.
  • Aportar tiempo y vida en cada equipo promotor.
  • Desear ser guía y comprometerse cada día un poco más.
  • Ser signo de madurez en su comunidad juvenil.
  • Vivir cada uno de los compromisos que hace dentro del centroguías.
  • Aceptar las caracteristicas de su centroguías y ser aceptado por ellos.

3.1.1. ¿Por qué ser guía?:

Un guía que se propone trabajar en un centroguías ha descubierto su liderazgo y su capacidad de servir y de hablar a los jóvenes. Ha descubierto que su papel es el compromiso con la juventud. Un guía ha descubierto en su acción evangelizadora que puede llevar a otros jóvenes a conocer la realidad de Dios, la renovación en el Hombre Nuevo. Sabe que ha elegido acompañar a  jóvenes como él en procesos de maduración cristiana como modo de dar vida a una nueva sociedad: la civilización del amor.

3.1.2. ¿Desde dónde se es monitor de EPJ?:

 Un guía no ha escogido para sí la metodología, el mensaje, o las actividades que quiere, sino que ha sido elegido por Dios desde un Movimiento: El Movimiento de Encuentros de Promoción Juvenil, que es una Asociación Privada de Fieles Laicos con aprobación Pontificia. Un Movimiento que, más allá de una institución, quiere dar vida a pequeñas comunidades que quieren construir la civilización del amor.

Desde esta elección, el guía sabe que la dirección del hombre nuevo es la conversión, a nivel personal y estructural, que quiere proponer para los procesos de formación de otros jóvenes. Buscar una libre opción es renovar, ofrecer un modelo y un tipo de hombre nuevo que conlleve el compromiso de tomar postura activa en la renovación del mundo.

3.1.3. ¿Para qué ser guía?: Ser guía significa crear una comunidad con otros guías desde el centroguías, según el Movimiento, el método, las metas, los objetivos que se persiguen, expuestos anteriormente. Así pues, ¿para qué ser guía de encuentros?

  • Para realizar la vovación integral a partir de una opción de fe y de un compromiso comunitario.
  • Para ofrecer y posibilitar la aparición del hombre nuevo que renueva la sociedad en otros jóvenes.
  • Para llegar a conseguir un tipo concreto de sociedad. Todo esto queda bien explicitado en el plan de vida y en el ideario del Centroguías.

3.2. La opción por la promoción juvenil:

La libre opción por la evangelización que los asistentes a un EPJ realizan el trecer dia del encuentro, no puede ser es una experiencia aislada. No es algo que surge de la buena voluntad. El compromiso no puede ser ni consistir en dedicar un par de días a realizar una convivencia inolvidable.

Al contrario, el guía hace una apuesta en su vida por los valores de la juventud: por sus valores, sus modas, sus preocupaciones y sufrimientos, sus culturas, sus lenguajes, sus formas propias de ser, su música, etc., y todo lo que esto implica. Nada de lo que para ellos es importante le es indiferente. Su vida se hace una respuesta positiva a la llamada que siente a ser una persona plena.

En este sentido, el guía crea cristianismo en los ambientes juveniles. Siente su vida como un regalo, y lo a su alrededor se mueve en la dinámica de saber que también los jóvenes son para él un regalo. Esta postura formativa afectó permanentemente toda su vida: la toma de decisiones, la elección de carrera, la realización de acciones, cuando está en casa, en el trabajo, en el estudio, en es estilo de vivir, en el estilo de comportarse, de actuar con la familia, los amigos, los jóvenes, la gente del barrio, etc.

Y desde este sentir surge el sentido de la opción emproista del guía. Para un guía vivir es experimentar cada uno de los mensajes del EPJ, darle vida al hombre nuevo en cada oportunidad. Por su opción experimenta un sentimiento de hermandad con el resto de los guías y de las personas con quienes comparte en sus ambientes.

La promoción juvenil parte de la lectura de la realidad del contexto donde se encuentan los jóvenes. El análisis de la realidad (VER) es fundamental, pues no todos viven las misma dinámicas sociales, religiosas, culturales.

3.3. Opción por acompañar la maduración de la fe:

Para un guía la promoción juvenil consiste en ayudar al crecimiento integral de la persona. Tres caranterísticas han de animar este acompañamiento:

3.3.1. Un contacto humano, Esto implica una relación cercana y la influencia mutua entre dos o más personas. Recuérdese que se trata de una evangelización del joven por el joven.

3.3.2. Una intencionalidad: relacionarse para evangelizar exige una intención. La promoción juvenil se realiza si se conocen los fines y objetivos señalados anteriormente, aunque esto no implica que sean estáticos e intocables. El guía de encuentros se acerca al grupo con unos fines y objetivos determina­dos. No se acerca sin más, a ver qué pasa, sino para ofrecer un estilo, unos valores y formas de ver, sentir y actuar ante la realidad. Difícilmente podrá hacerlo si él mismo no es y tiene claro eso que quiere ofrecer.

3.3.3. El EPJ es un proceso de crecimiento que implica una graduación de pasos y etapas. El guía tiene que tener claro cuál es la situación de partida de los jóvenes. Propone una serie de acciones encaminadas a conseguir unos fines y objetivos, y por medio del contacto (el joven por el joven), en el proceso va madurando la personalidad de los jóvenes. La promoción juvenil lleva tiempo,  no se trata de una experiencia de un fin de semana. No se puede reducir el compromiso de un guía a dedicar tres horas a la semana a los jóvenes. Ser guía es una vocación que incluye tener claro que el asunto de la promoción juvenil es muy importante[28].

Optar por la promoción juvenil no es prescindir de otras opciones, sino adoptar un estilo de vida distinto. Nuestra sociedad y cultura, dominada por el cronómetro y los sistemas de control, está perdiendo de la creatividad y la noción del hombre nuevo: tenemos la desagradable impresión de estar perdiendo el tiempo, y nos puede la capacidad productiva y de consumidor. Optar por el hombre nuevo es descubrir que la vida no es un círculo cerrado entre el producir y el consumir, sino un proceso en el que experimentamos la libertad de dar la vida en todos los instantes de la vida.

3.4. Una mirada al espejo:

3.4.1. Un guía ante sí mismo:

Ser guía es vivir conscientemente, siendo plenamente libre. Y esto implica:

  • Vivir con espíritu crítico consigo mismo, con la realidad y con los demás.
  • Una actitud de búsqueda constante.
  • Ser auténtico y saberse aceptar tal y como uno es.
  • Vivir en actitud continua de conversión.
  • Vivir en equilibrio y madurez personal.
  • Vivir en la toma de postura ante la realidad cotidiana[29].

3.4.2. Un guía ante el Centroguías:

El guía ha de ser consciente  que el Centroguías (guias, jovenes, padres, etc.) es el verdadero motor de la vida del Movimiento. Por ello es necesario que entre en la dinámica del equipo  todos sus niveles:

  • Manteniendo unas relaciones interpersonales cordiales y provechosas, que aseguren una relación positiva y agradable entre sus miembros.
  • Aportando su visión personal para la programación y revisión de la tarea de la promoción.
  • Participando a tope de las actividades del Centroguías.
  • Aportando su visión crítica en las reflexiones, revisiones y profundización de los temas que conducen a una maduración de las personas, de los monitores.
  • Aportando en todo lo relativo a las relaciones del Centroguías con la pastoral juvenil diocesana, con otros medios de promoción exterior en el que está inserto.
  • Aportando su colaboración e ideas en los trabajos de funcionamiento del equipo: material, biblioteca, gastos, etc.
  • Aportando lo posible para cara a la formación permanente, como personas que educan.

3.4.3. El guía ante los jóvenes a quienes se dirige:

El guía no trata a los jóvenes como si fueran cosas, o sólo miembros de un grupo. Conoce a cada uno de ellos concretamente, sabe cómo es cada joven, qué intenciones tiene, qué problema está viviendo cada uno. Se siente responsable de despertar en cada quien su deseo de maduración integral. Se interesa por él ante sus padres o profesores o amigos. Mantiene con él una relación amistosa de forma que para el joven el guía es un amigo adulto en que se puede confiar.

De este modo, el guía motiva al joven a su autodesarrollo, al presentarle una propuesta de valores que responda a las inquietudes del joven. Esta relación muchas veces es difícil porque el joven es cambiante, voluble, sobre todo en algunos momentos de su proceso evolutivo. Será entonces cuando el guía menos tiene que desanimarse y más tiene que fomentar el acercamiento.

3.4.4. El guía ante los ambientes juveniles:

El guía posibilita en el grupo la creación de un estilo, un ambiente agradable y adecuado para que las relaciones entre los miembros sean fluidas y provocadoras de experiencias realmente formativas[30]. Posibilita que en el grupo surjan iniciativas y actividades; que el grupo reflexione, critique y revise las actividades realizadas, los comporta­mientos adquiridos y las relaciones. Posibilita que, en el grupo, sus miembros vayan aprendiendo a madurar, a adoptar posturas críticas y a autoorganizarse. Posibilita que en el grupo se vayan potenciando unos valores grupales e individuales en el estilo que ofrece el Centro, de forma que suponga la maduración integral de sus componentes.

El guía no se sitúa fuera del grupo y como observador imparcial, ni dentro del grupo al mismo nivel que los demás, sino como Hombre nuevo dentro del grupo que asume su papel de guía, educador y amigo.

Uno de los defectos más frecuentes de los guías es el de dedicar al grupo grande todos los esfuerzos, tomándolo como unidad de trabajo, olvidándose de las personas individuales y de los subgrupos naturales (pandillas). El guía olvida así que el grupo no tiene sentido si no es para que cada persona madure. La apuesta debe ser por las personas, y por el grupo sólo en la medida en que éste ayude a crecer a cada persona en particular.

3.4.5. El guía en su barrio, colonia, decanato, área de la ciudad, etc:

El guía es consciente de que con el grupo no se solucionan todos los problemas de su barrio o pueblo; se siente solidario con todos aquellos que desde otras plataformas paralelas al centroguías, trabajan por la mejora de los habitantes de su barrio o pueblo. Así los jóvenes verán en él un ejemplo de funcionamiento, de responsabilidad con el lugar en que se vive. Bien es verdad que una persona no puede estar en todas partes, pero esto no quita para que sea solidario, que sepa saber lo que pasa alrededor, participe en las fiestas del barrio, en las protestas o manifestaciones justas, haga ambiente, potencie grupos de compromiso en este sentido.

3.4.6. El guía ante sus padres y familiares:

Se utiliza mucho la expresión: “¡Luz en la calle y oscuridad en la casa!”. El trabajo con la familia hoy más que nunca es prioritario, no puede reducirse a pequeños momentos de encuentro cotidiano.

El trabajo con la familia es una labor de la promoción integral. Quien crece y se compromete crece en todo, y eso incluye su familia. Los padres de un guía han de sentirse convocados por el Movimiento y el centroguías, de modo que puedan llegar a hacerlo suyo y vivirlo a la par con sus hijos guías. Las vivencias que los padres transmiten a sus hijos son mucho más fuertes que las del centroguías.

Deberán surgir los grupos de padres con la intención de crear escuelas de padres, donde los temas de trabajo no sean sólo de tipo educativo o familiar, sino que habrá que ayudarles a que encuentren un lugar donde poder realizar su formación permanente[31].

El peligro está en considerar a los padres como padres, es decir, en función de que tienen hijos, y no considerarlos como personas que son, con unas necesidades, cualidades, y vivencias y como sujetos de maduración.

Además de esto, cada uno de los guías deberá mantener el contacto oportuno con los padres de cada uno de los jóvenes asistentes que están en procesos de fortmación y crecimiento en el post-encuentro, de forma que entre los padres y el guía se cree una verdadera comunidad educativa y de relación.

 

3.5. Taller con los guías:

Al terminar el tema, por grupos, habrá que presentar un esquema que resuma los contenidos fundamentales del Perfil del guía de Encuentros. Alguno de ellos, por azar, lo presentará al resto de los grupos, y éstos completarán si algo es inexacto o falta.

Es importante elaborar entre todos un esquema de este tema: 1. Definición. 2. Las motivaciones para ser guía. 3. Por qué, para qué y desde dónde ser guía. 4. El guía y sus opciones básicas: (Opción de compromiso,  opción “pueblo”, opción formativa). 5. Niveles de actuación del guía (Ante sí mismo, ante el equipo de promotor y el centroguías, ante el joven concreto, ante los ambientes, ante el barrio, ante la familia).

La definición se hace entre todos. Para ello se escribe la palabra “guía” en un cartel y se hace una “lluvia de ideas”. No se completa­ la definición que se dé. Ellos mismos, al final del tema, se darán cuenta de lo que falta a la definición que se haya formulado.

Las motivaciones. Se lee el párrafo primero  de “Las motivaciones”, donde aparecen una serie de motivaciones. Se dice que sólo algunas de ellas son válidas. En binas, por la técnica del cuchicheo, seleccio­nan las que les parecen válidas. Puesta en común.

3.5.1. ¿Por qué ser guía EPJ?

Un joven activo en el Movimiento que ha decidido comprome­terse con la realidad para transformarla y construir un hombre nuevo y una sociedad nueva, desde la espiritualidad del Movimiento, en el centroguías, en un grupo juvenil cristiano, es un buen candidato para ser guía del EPJ. Desde ahí intenta hacer una transformación personal y estructural, proponiendo un tipo de persona que se compromete con el mundo.

¿Para qué sirve el proyecto formativo de EPJ? ¿Qué hacer con dicho proyecto? Desde aquí, ¿qué tareas quedan implicadas en la tarea del guía?

La pregunta ¿para qué ser guía de EPJ? se aclara más desde la perspectiva del proyecto de formación que se tenga. La primera pregunta que salta a la vista es: cómo realizar una promoción integral y para posibilitar la aparición de un hombre nuevo, transformado; cómo conseguir un tipo concreto de sociedad y de persona que se explicitan en el proyecto personal y en el ideario del centroguías.

Los guías sin embargo han de encontrar sus opciones básicas. Un ejercicio que puee ayudar es   dibujar un círculo grande, donde se introduce el título de este apartado. Alrededor de él escribir una serie de palabras: (Compromiso, apuesta por la vida, proyecto personal, coherencia de vida, naturaleza, hermandad con todos los hombres, transformar la realidad, estilo de vida, equipo/centroguías, sentirse “pueblo”), En tríos tienen que tratar de situar y dar contenido a cada una de esas palabras que han sido escritas alrededor. Se hace una puesta en común. Resaltando al final que el compromiso del guía no es trabajar con los jóvenes de su grupo en el centroguías, sino que es vivir todos los momentos de su día al estilo de vida del Encuentro, una forma de expresar las vivencias, el propio ser interior.

3.5.2. Niveles de actuación del guía:

Se llevan escritas en unas octavillas los 6 niveles de actuación con su contenido respectivo. Se hacen 6 grupos y se encomienda uno de esos niveles a cada uno de esos seis grupos. Se les da unos minutos de tiempo para que lo estudien y presenten al grupo grande, eligiendo ellos el modo de presentarlo y de resumirlo para todos, ejemplos, dinámica, etc

Para terminar, por equipos de no más de cuatro personas, preparar el “retrato-robot” del guía de Enuentro de Promoción Juvenil, teniendo en cuenta todo lo que se ha explicado en el tema. Lo presentan por escrito, y siguiendo lo indicado en el punto uno. Al final se evalúa el trabajo.

 

4. La identidad del Guía de Encuentros de Promoción Juvenil:

4.1. Un creyente maduro en su fe:

a) Tiene un plan de vida. Reconoce que Jesús de Nazaret es el valor supremo hacia el que orienta su vida. Su seguimiento de Jesús lo vive desde la libertad y lo expresa en el amor. El guía ha de ser libre de las esclavitudes del poder, del aparentar, de la adulación; libre ante la verdad y la injusticia, libre ante el dinero. Debe vivir en un ambiente de libertad interior que le permita admitir en su vida sus éxitos y fracasos, sus luces y sus sombras, su edad, su soledad.

b) Está centrado en los otros, es decir, ha resuelto sus problemas personales, o al menos, sabe vivir con ellos, de modo que no los proyecta en el grupo.  En el grupo tiene una amplía capacidad de escucha. Lee lo que hay detrás de las palabras: sentimientos, actitudes. Fruto de ello es la madurez interior: dialoga con los otros y reconoce que el diálogo es superior a cualquier técnica di animación.

c) Vive en actitud de amor solidario. Siente como suyos los sufrimientos de los otros, lucha por los pobres, los demás son más importantes que él.  No mira hacia atrás añorando realidades.  Vive en el presente y apuesta por él. Reconoce todo lo que de positivo tiene. Y trabaja por la consolidación de una Iglesia y una sociedad más fraterna y humana.

d) Asume responsabilidades. Asume la tarea de animación no por satisfacer a alguien. Lo hace como opción de un compromiso libremente asumido.  Y al ser responsable para tal opción, también lo es para sus consecuencias: reuniones de grupo, formación, lectura, celebración.

e) Resiste a los condicionamientos. Hoy los guías tienen que resistir muchos condicionamientos que llegan por todos lados: novia/o, familia, economía, trabajo, estudios, poca formación, diferencia de edad con los del grupo, divergencia de criterios con otros guías. Es síntoma de rica personalidad el que sea capaz de aceptar las personas y los acontecimientos.

f) Es equilibrado. El guía es alguien psicológicamente sano. No es una persona extraña o rara.  Es el que reconoce sus limitaciones y lucha por superarlas.  Observa el mundo con objetividad, y por tanto, es capaz de tomar decisiones coherentes y responsables. Se acepta sin miedo. No es ingenuo consigo mismo. Acepta la humildad y la paciencia como valores que construyen su vida y en el que la te aparece con toda su fuerza en su madurez personal. Es capaz de no desanimarse ante las adversidades e irradiar entusiasmo. Siempre desde la alegría.

4.2. Es capaz de hacer relaciones auténticas:

La animación de un grupo nace como consecuencia del ser cristiano del guía, de su testimonio. El guía es testigo de Jesús resucitado y lo anuncia a los que caminan con él. Es consciente del valor de lo que anuncia. El guía no sólo es un técnico; es un testigo de la te. Ayuda a que los otros lean su propia vida en clave de fe. Cristo, el Buen Pastor, es el ejemplo de cercanía a las personas.

a) Es auténtico consigo mismo y con los demás. Se muestra tal y como es. La promoción juvenil es un lugar y un examen que mide lo que uno es. Es el espacio adecuado para facilitar las auténticas relaciones interpersonales. El guía es un cruce de referencias para el joven.  En él se refleja y proyecta.  El guía aparece como un amigo, guía espiritual, consejero -donde cada uno acepta su rol y su edad- y se establece una relación profunda, aunque siempre con un gran respeto por parte del guía.

b) Sabe escuchar. Sabe escucharse a sí mismo, sabe escuchar al otro, sabe escuchar al grupo y sabe escuchar a Dios. Por su experiencia es capaz de dar soluciones a las dificultades que le plantean, no recetas teóricas.

En el guía se dan dos tentaciones: actuar como salvador (dar consejos que el otro no pide, creyendo que son los que necesita) y cono seductor (quiere que el grupo le adore). Hay que advertir estas tentaciones y recordarlas muchas veces.

c) Controla la emotividad. El grupo del post-encuentro tiende a proyectarse en el guía; por ello,  el guía ha de ser capaz al tolerar estos sentimientos (rabia, agresividad).  Ha de aceptarlos y encauzarlos adecuadamente. Así dará al grupo una cierta seguridad afectiva.

d) Es un hombre de fe. Es capaz de mantener relaciones auténticas con Dios, basadas en una profunda experiencia de fe.  Una fe que sea, primero, personalizada: no le vale un cristianismo de abstracciones, normas y leyes. No le vale un cristianismo que no se comprometa con la sociedad. No le basta con una fe heredada. Segundo, comunitaria: un guía que comparta la Palabra, la Eucaristía, la vida, Un guía que sepa compartir es en tercer lugar, eclesial: El guía con su comunidad debe estar inserto en una comunidad más amplia y con claro sentido de pertenencia a ella: la Iglesia. En cuarto  lugar, un guía es misionera: si la Iglesia es misionera, si su comunidad es misionera, tendrá que serlo también el guía. El guía vive una fe comprometida, como quinto punto: Una fe que incida en el mundo a través de sus ambientes, por ello esa fe es viva y eficaz: Fe-testimonio. El guía es testigo: “Tácitamente o a grandes gritos, pero siempre con fuerza, se nos pregunta: ¿creéis verdaderamente lo que anunciáis? Hoy más que nunca el testimonio de vida se ha convertido en una condición esencial con vistas a una eficacia real en la predicación. Sin andar con rodeos, podemos decir que en cierta medida nos hacemos responsables del Evangelio que predicamos”[32].

4.3. En constante superanción:

 a) Lo que cualifica un guía es su vida interior: La historia ha sido no pocas veces amante de las ambivalencias. Es buen creyente el hombre de una exquisita vida interior.  El guía de encuentros ha de vivir una profunda espiritualidad. El joven que ora y celebra la Eucaristía, se esfuerza en superar el descuido de quien acentúa solamente lo eficaz en su vida. En la vida de todo creyente y de todo guía hay un ardiente deseo de vivir centrado en Dios y de cualificar su vida diaria. La sociedad de hoy lo exige. Debemos, pues, ahondar en la identidad cristiana., y debemos, también, ahondar en la preparación intelectual.

b) La oración es el alimento de la vida interior. En éste ámbito, el guía debe cultivar con esmero la oración. Es la relación más íntima que todo creyente tiene con Dios, es apertura a Él. Para el guía de EPJ la oración es un elemento central en su vida. Es tratar de amistad, tratando a solas con quien sabemos nos ama. Orar es darse a conocer. La profundidad de la oración está en la profundidad de tratarse.

Los discípulos se acercaron a Jesús y le pidieron: ‘Maestro, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos (Lc 11,1).  El deseo de orar surge donde antes se ha visto a alguien que ora. Hoy es fundamental orar y enseñar a orar, El encuentro personal con Dios es el centro de la oración. A este encuentro se puede llegar con una lectura evangélica, con un libro, con un rato a solas, con una oración bien meditada, ¡Lo auténticamente importante es saber que Él nos amó primero!

c) la Eucaristía es el cuerpo que aviva el Espíritu. Es el otro ámbito de referencia del emproísmo. El sacramento de la presencia real pascual de Jesucristo. Nos ofrece el poder entrar con nuestra propia vida en la realidad pascual. La Eucaristía es la fuente y el vértice que orienta la vida de todo guía de EPJ.

Es fundamental que cada guía se pregunte qué significa para él, cada día, cada semana, su participación en ella.  Todo guía, al comer el Cuerpo y Sangre, asume que su cuerpo es cuerpo para los otros jóvenes, su vida es estar al servicio de sus necesidades, y que  su sangre ha de ser capaz de ser derramada por todos aquellos que le necesiten.  El mejor medio para crecer interiormente es la Eucaristía.

d) En la responsabilidad animadora se hace y se construye un grupo. A la par que cuida su vida interior no puede dejar de cualificarse. Debe aceptar su responsabilidad de lider. No basta llegar al grupo, animar la reunión y marcharse. El guía ha de procurar que el grupo lo note tranquilo y que dispone de tiempo para el diálogo personal.  El grupo no es un refugio, porque se tiene dónde ir o qué hacer… El grupo es el lugar en que comunica su experiencia de fe.  Y para transmitir esa experiencia se prepara y cualifica.  No basta ser amigo del asesor, asistir al centroguías o leer un libro.  Es necesaria una formación sólida. ¿Cuales son las áreas en las que insistir para su cualificación?: Conocimiento de los temas del manual y su profundización (qué decir), y conocimientos de la metodología de encuentros, es decir del lenguaje total (cómo decirlo).

En referencia a la capacidad de cada uno de los guías, se hace necesario vivir en eterna búsqueda de lo bueno, de lo mejor para sí y para los otros. Si se mira la realidad donde ejercer la tarea de la promoción cristiana juvenil, si se quiere responder eficazmente a las necesidades y expectativas de los jóvenes, se impone un constante proceso de formación en todas y cada una de las áreas. El dinamismo de la persona y de la sociedad exigen la capacidad de dar razón de muchas cosas, de estar al día en tantas otras.

4. 4. El guía vive y evangeliza en el grupo:

a) Se interesa por el grupo. El guía se introduce en el entramado de la comunidad de jóvenes, y lo hace con naturalidad, como es él. Se implica y complica en la marcha del grupo. No actúa como un perito, como un maestro o alguien que viene a enseñar, enriqueciendose con su buen ejemplo de vida. Es uno más del grupo, pero que tiene la misión de coordinarlo y hacerlo crecer. Le interesa todo lo que pasa en el grupo. Está atento a su psicología, relaciones y, aporta su experiencia. Al grupo le interesa más cómo es, que lo que dice.

b) Aprende en el propio grupo. Nadie educa a nadie, todos nos educamos en comunidad. Esto les cuesta aceptar a muchos guías. Frecuentemente muchos quieren solo enseñar y decir lo que hay que hacer.  Acuden a los grupos para que otros aprendan. Y resulta que no pocas veces son los propios guías los que adquieren una nueva manera de pensar: más flexible y más abierta. Aprende él más que enseña.

c) Evangeliza en el grupo. La evangelización hoy ha hecho una clara opción por las comunidades y los procesos de las personas. En el grupo  se dan las características adecuadas para que crezca la persona, madure, conviva y desarrollo su propia autonomía. En este contexto aparece el guía en medio del grupo para hacerlo crecer. Igual que Cristo está en medio; está para servir. El guía está en medio de su comunidad para que el grupo crezca en libertad. El guía ha de tener:

  • Pasión por el grupo, es decir, ha de cree en el proceso de crecimiento de su comunidad. La comunidad de jóvenes es un lugar de humanización y evangelización.
  • Fe y pasión.  Se afana para que descubran y conozcan a Jesús. Se adapta al ritmo del grupo, y va abandonando su protagonista a medida que el grupo madura.
  • Conocimiento claro de las características de un grupo. Naturaleza de los grupos y su dinámica.
  • Convencimiento de la presencia del Espíritu en el grupo. Coordina los distintos carismas y cualidades de los componentes para enriquecer y potenciar el grupo.
  • Conciencia de que no es una enciclopedia: no tiene que saberlo todo.  Su misión es acompañar en la búsqueda. Aunque hay elementos que tiene que atender eficazmente: preparar los temas, actividades y reuniones con detalle. Tiene presentes los objetivos. Deja tiempo para la reflexión, comunicación y celebración.  No sigue adelante sin haber hecho evaluación.

d) Es evangelizado en el grupo. No solamente el guía se enriquece en el grupo, también es evangelizado si el grupo es lugar de evangelización y él forma parte del grupo, el guía también será evangelizado. Y como tiene mayor formación, comprende que el grupo es un lugar donde Dios habla, testimonia, interpela, se encarna.  El grupo hace el mismo recorrido del Pueblo de Dios en el éxodo.  Lo reproduce. Igual como Jesús forma la comunidad de los apóstoles y el recorrido de toda comunidad cristiana. El grupo no es un simple entrenamiento para la comunidad: es ya pueblo de Dios que reflexiona sobre los acontecimientos con criterios de fe; intenta vivir la alianza y construye el Reino de paz, de amor y solidaridad.

4.5. Se siente comunidad:

a) La preocupación por los miembros del grupo. La primera preocupación de muchos guías suele ser los miembros del grupo. Las dificultades que encuentran para animarlo es el punto central de su reflexión. Esta preocupación es lógica. No quiere fracasar con el grupo que se le ha encomendado.  De ahí que su deseo inicial es “saber hacer”, para poder transmitir el mensaje, para que quede algo, para que no se le olvide a los que forman el grupo, al cabo de un mes, aquello que con sudor se ha intentado sembrar. El grupo es lugar privilegiado de promoción -maduración humana- y cristiana para todos, también para el guía.

b) La preocupación por un equipo. Sin embargo, la primera preocupación es tener un equipo que lleve adelante el proyecto de promoción. Este equipo coordina la marcha de los EPJ en nombre de la comunidad que le envía. Organiza, examina y evalúa. Todas las activida­des han de estar respaldadas por el equipos promotores. Lo ideal es que este equipo sea heterogéneo: guías, adultos, jóvenes, sacer­dotes y asesores. Tener una idea clara de equipo es tener ya una idea de Iglesia y de creyente que vamos a poner en práctica. Trabajar en equipo es expresión de una vivencia de comunidad.  La marcha del equipo de guías es la primera imagen que se transmite, porque no sólo se dicen cosas cuando se habla; se dicen también cosas cuando se actúa. No será raro que se anuncie que la Iglesia es comunidad y, sin embargo, se funcione de manera individualista y verticalmente.

Trabajar en equipo supone creatividad. Cuando se trabaja individualmente se tiene la tentación de hacer lo de siempre, lo del año pasado. Hoy, el guía, no puede ser quien explique un tema.  Es el que acompaña y abre caminos.

c) La pertenencia a una comunidad. ¡Ningún guía sin una comunidad de referencia!  Nadie debe andar como francotirador. La comunidad es el lugar donde se vive un cristianismo inquieto, es la que envía a la tarea de la promoción del joven por el joven. Evangelizar no es para nadie un acto individual y aislado, sino profundamente eclesial. Ningún evangelizador es el dueño absoluto de la acción evangelizadora, sino en común con la Iglesia y con sus pastores. No basta con animar bien el grupo ni hacer cosas ni tener unas relaciones humanas muy ricas e interesantes. Lo fundamental es que el guía se sienta unido a su comunidad, a la vez que camina con los miembros del grupo y los orienta gradualmente hacia la inserción en comunidades cristianas, vinculadas a la comunidad parroquial y a la gran comunidad que es la Iglesia universal.

El guía debe tener claro que es mediación entre su grupo y la comunidad cristiana. Debe llevar al grupo y a cada uno en particular a entrar en comunión con un grupo más amplio. El guía debe observar con claridad que es en su comunidad donde vive su opción, su pasión por la juventud. Y además, es esta misma comunidad de creyentes la que ante la dificultad y ambigüedad alienta y ayuda al guía a recuperar la esperanza y la fuerza para seguir adelante.

4.6. Conclusión:

  • El guía de EPJ cultiva su personalidad.  Se acepta como es y vive en tensión para desarrollar al máximo sus potencialidades.
  • El fundamento sólido y seguro para construir la personalidad del cristiano será siempre Cristo.  Sólo a Él podemos seguir. Sólo en Él podemos mirarnos para un compromiso más radical en la transformación del mundo.
  • Al estar su vida transida por Cristo su manera de relacionarse con el mundo cambia completamente.  Las relaciones con los demás: la familia, miembros del grupo, estudios, trabajo, tiempo libre no pueden estar basadas en la superficialidad. Deben ser auténticas: saber escuchar, acoger. Cuanto más profundamente esté inserto con los otros, su relación con Cristo (fe) será más sincera.
  • La íntima unión con Cristo es el motor que alienta y empuja al guía a llevar una vida cristiana en plenitud.  Los sacramentos y la oración son los medios que permiten al guía vivir en Cristo, y le posibilitan convertirse en otro sacramento para los miembros del grupo.
  • En no pocas ocasiones han estado reñidos los sentimientos y los conocimientos.  Es momento de alejar de nosotros esas dicotomías.  El guía de EPJ es una persona cualificada y en proceso de formación permanente, capaz de entablar un diálogo fecundo con las mujeres y hombres de hoy.
  • Al guía de encuentros le interesa el grupo, le preocupa cada uno de sus componentes, y con paso firme y adecuada pedagogía (lenguaje total) procura dar a conocer el auténtico rostro de Cristo al grupo.
  • Trabaja en equipo. Necesita un equipo para llevar adelante la labor evangelizadora, y un equipo donde él se inserta como un miembro más, pero sin perder su rol.
  • Es enviado por una comunidad.  Vive su proceso de fe en una comunidad, y es ésta la que le envía a dar a conocer la Buena Noticia de Jesús de Nazaret a otros.
  • El guía tiene siempre que aspirar a más, más y más; a ser más, a dar más. En la medida en que cada uno sea más generoso -en tiempo y cualidades- dará a conocer un rostro más humano de Cristo.  Y cuanto más humano lo veamos, más resplandecerá lo divino. ¡Será entonces cuando los miembros del grupo descubran lo que venían buscando!
  • El guía de EPJ vive en constante diálogo con la realidad, la de su vida toda, la de su grupo, la de la Iglesia, la de toda la sociedad.  De ella aprende, de ella parte para buscar soluciones a la problemática, y a ella vuelve para transformarla y hacerla más humana. La fe nace cuando se testimonia, se proyecta y se hace fecunda en la realidad de cada día.

5. La madurez humana del guía:

Toda persona ha de trabajar por lograr una madurez humana; pero ésta se hace más imprescindible en el caso de un guía. De ella depende la marcha de la comunidad. Se indican aquí algunos criterios que ayudan a evaluar el grado de madurez de una persona. Sobre todo se resaltan la apertura y relación consigo mismo y con los demás. Algunas características de la madurez personal son: Imparcialidad, ausencia de prejuicios. Decir siempre la verdad. Vivir según el propio sistema de valores. Preocupación por el autoperfeccionamiento. Tener sentimientos de culpa por el propio egoísmo. Controlar la cólera. Aceptarse a sí mismo y a los demás. Ser capaz de dar sin esperar nada a cambio. Confiar en la espontaneidad. Franqueza en las relaciones humanas. Creencia en la bondad esencial del ser humano. Posibilidad de quedarse solo sin sentir angustia. Sentirse obligado por promesas hechas. Aceptar las críticas como oportunidad de crecer. No avergonzarse de las propias emociones. Disfrutar de la intimidad. Responsabilidad y dedicación plena al trabajo. Capacidad de aceptar el riesgo de ser uno mismo. Flexibilidad. Sentido del humor. Equilibrio emocional. Sentimiento de libertad interior. Capacidad de querer a quien no piensa igual. Desarrollo de la objetividad y la razón.

5.1. Relación  positiva consigo mismo:

Robinson Crusoe naufraga en una isla solitaria e inmediatamente se preocupa de instalar su campamento, con los restos del naufragio, en un lugar cercano a la playa donde puso pie en tierra. A continuación, con tranquilidad, se dedica a explorar cuidadosamente sus solitarios dominios. Entonces realiza un conflictivo descubrimiento: se da cuanta de que ha acampado en el lugar erróneo de la isla. El otro lado es una zona mucho más rica en vegetación, alimentos y confort. Incluso después de esta constatación, se resiste a trasladar todos sus enseres; finalmente, la realidad se impone y acaba mudándose a la zona fértil.

Muchas personas posiblemente obtienen resultados mediocres y carentes de plenitud porque aún no han descubierto la mitad fértil de su isla. Nunca triunfan porque no encuentran la forma de dar lo mejor de sí mismo. Es del todo necesario que explotemos lo mejor que hay en nosotros. Es preciso creer en uno mismo y en las potencialidades que se tienen para poderlas llevar a la práctica y aplicarlas, de algún modo, en mejorar el mundo y el futuro.

No hay madurez humana si no se logra una relación positiva consigo mismo. Esta relación implica conocerse a sí mismo, tener una visión positiva de sí, evitar actitudes inmaduras -infantilismo y narcisismo- y comunicar el propio mundo interior.

5.1.1. Conocimiento de sí mismo:

El primer paso para desarrollarse y madurar  como persona es el conocimiento de uno mismo. Ello supone entrar dentro de sí mismo y situarse ante todos los elementos que integran el propio yo, las ideas y opiniones que predominan, los sentimientos y emociones que más afloran, la escala de valores y el sentido que tiene la propia vida:

Las ideas y opiniones. Es importante que la persona conozca su propio esqueleto ideológico. Su carencia convierte a la persona en una especie de ameba, cuya masa, sin punto de apoyo y sin esqueleto, se desplaza  hacia el estímulo de turno, en el caso del guía, es perjudicial para la tarea del grupo.

Ese cuerpo de ideas no ha de ser rígido o cerrado; ha de estar siempre abierto y dispuesto a variar con nuevas aportaciones que vienen de fuera, sobre todo aquellas que cimientan mejor la propia vida y dan mayor calidad humana. La rigidez ideológica es uno de los grandes enemigos de la animación, pues no favorece el diálogo sincero y crea barreras y recelos en los otros.

Los sentimientos que afloran. Toda persona, llegada cierta edad, se da cuenta de los sentimientos que tiene; es decir, de lo que siente en el interior ante situaciones externas concretas y de la respuesta que da a las mismas. En el siguiente esquema se pueden ver los sentimientos más frecuentes o situaciones que los producen y la respuesta que se da a cada uno de ellos:

OBSERVACIÓN DE LAS ACTITUDES SOCIALES EN LOS JÓVENES

ESTÍMULO

O ACCIÓN

SENTIMIENTO

RESPUESTA

INSTINTIVA

SOCIAL

CRECER JUN­TOS

Amor

Afecto

Dejarse querer

Devolver afecto

Crecer

juntos

Satisfacción

Alegría

Explosión

Compartir

Valoración propia y ajena

Pérdida

Tristeza

Aislamiento

Pedir con­suelo

Aceptar la limitación

Peligro

Miedo

Huida

Pedir protección

idem

Daño

Rabia

Agresión

Cambio de

conducta

idem

Al principio, propiamente hasta la juventud, estos sentimientos son muy dispares y confusos. Una misma situación suscita sentimientos diversos; todo depende del momento en que se está. Pero más tarde se hacen más estables: una misma situación o estímulo produce los mismos sentimientos. Por eso es fácil conocerlos.

El guía ha de ir conociendo los propios sentimientos, desde las situaciones que los producen, y también la respuesta que da a cada uno, procurando que ésta sea adulta. Así estará más capacitado para captar los sentimientos que aparecen en el grupo y encauzar las respuestas para que no sean meramente instintivas.

La escala de valores. Hay personas que confunden los valores con los intereses. Éstos tienen que ver con una serie de realidades, casi siempre tangibles y útiles, que atraen la atención de una persona de manera más o menos envolvente. Por eso suelen durar el tiempo que se tarda en conseguir aquello que los produce; en la mayoría de los casos se trata de necesidades materiales.

Los valores afectan a la persona de manera más profunda y permanente. Un valor es la cualidad que tienen los objetos, las personas o los acontecimientos, que los hacen importantes, valiosos para uno mismo o para la humanidad.

Los valores se manifiestan al exterior, a veces, sin quererlo: una reacción, un gesto, una opinión, una valoración que se hace, expresan ya el tipo de valores que presiden la vida.

El sentido de la vida. Es aquello por lo que se vive, se trabaja, etc; aquello que aglutina las opciones, actitudes y actos de una persona. Según se tenga un sentido u otro, se opta por unas cosas u otras y se actúa de determinada manera.

Hay sentidos a corto o medio plazo, y sentido último (aquél que es capaz de responder a las preguntas últimas). La madurez humana depende de tener un sentido último en la vida, para poder aglutinar en torno a él todo lo que nos sucede personalmente o valorar lo que sucede a nuestro alrededor.

Todas estas dimensiones son como distintas capas de la personalidad. Existe el peligro de preocuparse solamente de las capas más externas y actuar y relacionarse desde ellas. Pero la madurez humana supone conocer y relacionarse desde las capas más internas (sentimientos, escala de valores, sentido de la vida.

5.1.2. Aceptación de sí mismo:

En el jardín de un hospital para enfermos mentales, conocí a un joven de rostro pálido, muy agradable y con ojos de asombro. “Me senté a su lado en un banco, y le pregunté: – ¿Por qué estás aqui? Aquel joven me miró sorprendido, y me dijo: – Es una pregunta indiscreta, pero te responderé. Resulta que mi padre quería que yo fuera su imagen viva. También mi tío quería que fuera como él. Mi madre pretendía que yo me pareciera a su ilustre padre. Mi hermana me solía poner como ejemplo a su marido, marino, para que siguiera sus pasos. Mi hermano, que es un buen atleta, pretende que me parezca a él. Mis maestros también querían que fuera como ellos: doctor en filosofía, maestro de música, profesor de lógica. Por lo tanto, me vine a este sitio. Considero que este lugar es más sano. Por lo menos puedo ser yo mismo”[33]. (Khalil Gibran)

Muchos de los traumas y problemas de las personas vienen por no aceptarse tal como uno es. Pero ¿qué es lo que hay que aceptar?

  • Aceptar el propio cuerpo. Forma parte de la identidad, somos cuerpo. Aceptar el cuerpo que tenemos y tal como es, no como nos gustaría que fuera. De lo contrario se convierte en una especie de losa que nos aplasta e impide una relación normal con los otros. Por ejemplo, si uno tiene un defecto corporal y no lo acepta (o ser bajo, gordo) siempre pensará, al relacionarse con los otros, que éstos se fijan solamente en ese defecto o detalle y no en toda su persona; y ello le impedirá tener una relación normal, pues no se sentirá libre y espontáneo.
  • Aceptar el propio carácter. El carácter depende de la herencia recibida de los padres y del ambiente en que uno ha vivido. Todos desearían tener un buen carácter, pero no es así. Cada uno tiene el suyo y hay que aceptarlo. Pero, ¿hay que renunciar a mejorar un carácter difícil, que incluso ocasiona problemas a los demás? No se trata de eso. Lo primero que se pide a toda persona es que se acepte tal como es, y desde ahí, desde su imagen real, comience a cambiar. De lo contrario, es como si quisiera avanzar inútilmente a través de un camino de arenas movedizas.

Es muy fácil creerse y verse distinto de lo que uno es. Más aún, suele ser frecuente en nuestra sociedad ir por la vida con una imagen irreal de sí mismo, y con ella relacionarse con los demás, e incluso establecer relaciones de amistad y de pareja. Las consecuencias negativas no tardan mucho en aparecer; casi todos tenemos alguna experiencia en este sentido.

  • Aceptar la propia historia pasada. Muchos de los traumas proceden de no aceptar, consciente o inconscientemente, las experiencias negativas que se han tenido en la vida pasada. Sólo cuando se aceptan, van perdiendo su influencia negativa sobre el presente.
  • Aceptar la propia familia. Nuestra familia es la que tenemos, no la que nos gustaría tener. En ella hemos nacido, y gracias a ella estamos en el mundo y podemos progresar como personas. Esta aceptación no significa perder el sentido crítico para solucionar los problemas y despreocuparse de mejorar el ambiente.
  • Aceptar el lugar donde se vive. El espacio es una de las coordenadas en las que se desarrolla nuestra vida e influye también en nosotros. Si no se acepta la casa, el barrio, el lugar donde uno vive, es como si nuestro yo estuviera sin cimiento; o como si las paredes de las calles que contemplamos fueran rivales o enemigos. De nada sirve pensar en una zona más privilegiada o en una casa mejor.

Pero la aceptación va más allá, hasta que cada quien alcanza una visión positiva de sí mismo: otro elemento importante para la maduración humana es tener un concepto real, pero positivo, de sí mismo. Hoy se habla mucho de la necesidad de amarse uno a sí mismo, para poder tener una relación positiva con los otros.

La visión positiva de la propia vida se forma a partir del conocimiento del otro. Para un niño pequeño el yo se va formando a medida que conoce a los otros. Si nota que el otro le aprecia, la imagen del propio yo será positiva; y al revés, si el otro le rechaza, va adquiriendo una imagen negativa de sí.

En la vida adulta sucede lo mismo. Cuando alguien resalta lo que hacemos bien, crece en nosotros la visión positiva de nosotros mismos y nos da ánimo para seguir adelante. Y viceversa, cuando alguien resalta sólo lo negativo, aumenta la visión negativa de uno mismo y no tarda en aparecer el fatalismo ante la vida. El guía es pieza clave en el autoconcepto que tienen los miembros del grupo.

Dos actitudes a evitar:

  • La actitud infantil: Se caracteriza por actuar siempre buscando una compensación. El niño reacciona siempre según el estímulo externo que se presenta. Cuando es negativo o va en contra de sus deseos, reacciona con la rabieta o el pataleo; si el estímulo es positivo, ordinariamente cuando se hace lo que él quiere, la respuesta es positiva, expresando alegría y buena cara. Esta es una actitud inmadura no propia del guía. No siempre el grupo responde como se espera; por otra parte, los miembros del grupo necesitan ver en el guía la unidad y coherencia personal que ellos, por su edad, no tienen,
  • La actitud narcisista. Es propia de aquel que busca a toda costa ser el centro de todo y de todos. Si se preocupa de los otros y se comunica con ellos es porque eso redunda en beneficio propio. Incluso busca que las conversaciones giren en torno a su persona. Esta actitud no ayuda a crecer al grupo, pues es manipuladora y utiliza a los miembros del grupo para quedar bien.

5.1.3. Comunicar el mundo interior:

La comunicación es una necesidad en la vida de las personas[34]. Las experiencias que uno tiene, tarde o temprano, se comunican a los otros. Hay distintos niveles de comunicación: hay personas que se comunican muy externamente, se contentan con ver, oír y tocar; otras comunican sólo ideas, lo que saben sobre una cuestión, lo que han leído… Cuesta más comunicar los sentimientos, la propia escala de valores y el sentido de la propia vida.

La dificultad para comunicar este mundo más íntimo proviene de la falta de un ambiente adecuado (ciertas cosas no se comunican a cualquier en cualquier sitio), pero también de la falta de lenguaje. Así sucede, por ejemplo, con los adolescentes: tienen un mundo interior lleno de emociones, sentimientos, etc… pero les faltan las palabras para expresarlo.

El guía tiene aquí una tarea importante. Ha de saber expresar en palabras sus grandes convicciones, sentimientos, lo que constituye el sentido de su vida, etc. De esta forma, hace a los demás partícipes de su vida interior y les ayuda con el ejemplo a comunicarse más en profundidad.

 

5.1.4. Entrenarse en comportamientos asertivos[35]:

En multitud de casos, el concepto de sí mismo no depende tanto de estar seguros de nuestra propia valía, sino de condicionamientos externos. Y a veces la simple angustia o ansiedad que nos provoca enfrentarnos a una situación ambigua o a una persona hostil.

En la base del tema está el sentimiento de que los derechos de los otros son más importantes que los derechos propios. Como consecuencia, no queremos ser agresivos, cedemos con excesiva facilidad, nos reprochamos nuestra cobardía, dejamos que invadan nuestro terreno para no aparecer maleducados, nos inhiben determinadas personas.

¿Qué haría yo en las siguientes situaciones?

  • Después de haber comprado un artículo en una tienda, al salir descubro que me falta dinero del cambio.
  • Al llegar a casa, después de comprar un producto, descubro que tiene un pequeño defecto.
  • En una tienda, mientras espero que el empleado me atienda, llega otro cliente, y le atienden antes que a mí.
  • Pido en un restaurante un filete poco hecho y me lo traen más bien pasado.

La conducta asertiva se puede definir como la expresión adecuada, dirigida hacia otra persona, de cualquier emoción que no sea la ansiedad. La ansiedad atenta con la imagen de sí mismo. Ante una situación que puede con nosotros, que nos bloquea, nuestro yo se siente inferior y lastimado.

Para mejorar nuestro comportamiento asertivo, se pueden enunciar seis modos de conducta:

  • Exteriorizar los sentimientos. Verbalizar las emociones sentidas espontáneamente. Mejor que decir «hoy es viernes», es decir «qué bien, hoy es viernes y ha llegado el fin de semana.
  • Activar la expresión facial. Las personas inhibidas suelen mostrar una marcada inexpresividad, «cara de poker». Es preciso manifestar la emoción en el rostro y con los gestos, cuando sea apropiado.
  • Saber contradecir y atacar. No tiene que producir culpabilidad el contradecir a otra persona, cuando lesiona nuestros derechos. No hay que fingir que se está de acuerdo, cuando no se está; sino contradecir con tanto sentimiento como sea razonable.
  • Usar frecuentemente el yo. El yo hay que usarlo tanto como sea posible, de modo que uno se acostumbre a implicarse en las afirmaciones que hace. Ello proporcionará una seguridad progresiva.
  • Expresar acuerdo y satisfacción cuando se es elogiado. Una cosa es la adulación y otra el elogio sincero. Estos han de aceptarse honestamente y debemos mostrar al exterior nuestra satisfacción, Incluso el auto-elogio también debe hacerse cuando sea razonable.
  • Improvisar siempre que sea posible. Hay que intentar dar respuestas espontáneas ante estímulos inmediatos.

5.2. Relación positiva con los otros:

Para un guía, es imprescindible que la relación con la comunidad sea lo más positiva posible. Indicamos actitudes que ayudan a ello:

5.2.1. Saber encontrarse con los otros:

Encontrarse con alguien es mucho más que reunirse con él o compartir unos momentos de charla o de tertulia. el encuentro auténticamente humano supone hacer tres experiencias:

  • Aceptar al otro como alguien distinto. El otro es original y tiene una intimidad con la que yo me encuentro. Con frecuencia no se deja al otro que sea distinto; incluso se intenta hacer de él un retrato a la propia imagen y semejanza. La aceptación del otro supone aceptar sus ideas y sentimientos, lo cual no quiere decir estar de acuerdo con ellos. Cuando el otro se ve aceptado, crece la confianza mutua y se hace posible una relación más estrecha entre ambos. Y al revés, cuando no se le deja ser él mismo, enseguida aparecen barreras y desconfianzas, que hacen difícil el encuentro.
  • Evitar todo intento de manipulación, posesión o dominio. Las cosas son para usar; las personas no. Los miembros del grupo reaccionan mal cuando atisban que son manipulados por el guía.
  • Tener capacidad de sorpresa y admiración. El otro es siempre motivo de sorpresa y admiración. Lo cual impide que las relaciones sean rutinarias y aburridas, pues siempre descubrimos algo nuevo en él.

Cuando alguien viene a un grupo de fe, en el fondo siempre espera que se le deje ser él mismo y pueda manifestarse como es; algo que ordinariamente no se da en el ámbito familiar, escolar, etc. Por eso es importante que el guía sepa encontrarse con los miembros del grupo.

5.2.2. Descubrir la persona por encima de las apariencias:

Vivimos en una sociedad donde las relaciones interpersonales son bastante superficiales. La comunicación tiene lugar a flor de piel; por eso, el propio yo apenas entra en comunión con los otros.

Este ambiente facilita personalidades que actúan de cara al escenario, tratando por todos los medios de impresionar a través del aspecto externo. Incluso se cambia de aspecto externo según los momentos y las personas que tenemos delante.

Esta actitud puede darse también entre los miembros del grupo; sobre todo cuando se comunican hechos que han sucedido. Debajo de las palabras, siempre se intenta comunicar unos sentimientos; otros se destacan para para que nos fijemos en ellos; otros se encubren o apenas se dejan aflorar. El guía ha de estar atento para detectar lo que realmente quiere comunicar cada uno, y no quedarse solamente con lo que oye o lee entre líneas.

5.2.3. Valorar lo positivo de los otros:

Sabemos por experiencia que cuando los demás destacan los aspectos positivos de alguien, éste se siente valorado y responde mejor al aprendizaje. Y al revés, cuando se tiende a resaltar sólo lo negativo, la persona queda bloqueada, y el miedo a fracasar y quedar en evidencia se convierte en una barrera para aprender.

El guía ha de ser consciente de ello y tenerlo en cuenta a la hora de relacionarse con los miembros del grupo, tanto en la reunión como en la conversación personal con cada uno.

5.2.4. Tener una actitud comprensiva:

Es normal que surjan problemas en el grupo, sea a nivel colectivo o a nivel personal. El guía en estas situaciones, ponga toda su buena voluntad para buscar una solución, pero no todas sus actitudes ayudan a solucionar un problema.

5.2.5. Convocar al trabajo en grupo y suscitar respuestas personales:

La tarea de animación de un grupo no consiste en darle todo hecho, pues se crean actitudes inmaduras y así no se educa en la responsabilidad. El mismo término “animación” indicar dar a las personas ilusión, ánimo, motivos para hacer las cosas.

Esta actitud puede parecer al principio menos eficaz, pues no se ven enseguida los frutos, y se llega a creer que es mejor ahorrarles esfuerzo, pero a la larga es menos educativa.

5.2.6. Principios de higiene mental según Carl Rogers:

  • En mis relaciones con las personas, he hallado que, a la larga, no me sirve de nada fingir lo que realmente no soy.
  • Me hallo más eficaz cuando soy capaz de escucharme, aceptarme y ser yo mismo.
  • He encontrado que el permitirme comprender a otra persona es algo muy valioso.
  • He visto que me enriquece mucho el abrir vías por las que el otro me pueda comunicar sus sentimientos y sus mundos privados.
  • He encontrado enormemente gratificante el poder aceptar a otra persona.
  • Cuando más abierto soy a mi realidad y la del toro, menos deseos tengo de andar a la búsqueda de lo que es «fijo».
  • Yo puedo confiar en mi experiencia.
  • Las evaluaciones de los demás son una guía para mí. Sólo una persona puede saber si lo que estoy haciendo es honesto, abierto, sensato, o defensivo, insensato. Esa persona soy yo.
  • Para mí, la experiencia es la máxima autoridad. A ella es adonde tengo que volverme una y otra vez para descubrir una cercana aproximación a la verdad, tal y como sucede en el proceso de convertirme en mí mismo.
  • Gozo descubriendo el orden de la experiencia.
  • Los hechos son mis amigos: dolorosas reorganizaciones son conocidas con el nombre de aprendizaje.
  • Lo más personal y único de cada uno de nosotros, probablemente, es aquello que, si fuera compartido o expresado, diría más a los demás.
  • He tenido la experiencia de que las personas tienen una dirección básicamente positiva. He llegado a sentir que, cuanto más plenamente es comprendida y aceptada una persona, tanto más tiende a despojarse de la falsa fachada con la que ha estado disfrazándose.
  • La vida, cuando es plena, es un proceso fluido, cambiante, en el que no hay nada fijo.

5.3. Madurez emocional:

  • Las emociones se reflejan tanto en la conducta como en la experiencia subjetiva del organismo. Unas respuestas son externas, hechas hacia el medio ambiente, y otras son internas o fisiológicas.
  • Con frecuencia, las emociones son de naturaleza social. Pueden ser transmitidas por un individuo a un grupo (histeria de masas), dos de cuyos factores son la falta de claridad y los rumores.
  • Las emociones sirven con frecuencia como auxiliares para enfrentarnos a situaciones de urgencia. Lo hacen de tres maneras:

– Ayudándonos a utilizar el máximo de nuestras fuerzas durante períodos cortos

– Ayudando a sostener la actividad durante un período más largo de lo ordinariamente posible.

– disminuyendo la sensibilidad al dolor

  • También pueden coartar la acción eficaz. Parece existir cierta relación entre la intensidad de las emociones y la eficacia de la acción. Las emociones fuertes pueden ayudar a enfrentarnos a las situaciones de urgencia. Emociones más fuertes pueden restringir la acción eficaz.
  • El hombre no nace con sus emociones totalmente desarrolladas. El desarrollo emocional parece ser función tanto de la maduración como del aprendizaje.
  • Unas emociones y sentimientos son más difíciles de aceptar y de manifestar que otros: envidia, resentimiento, ambición, sexualidad… Pero el ignorar las emociones o reprimirlas no es el camino para controlarlas. Actuando de este modo, realmente son ellas las que me controlan a mí. Los sentimientos no son ni buenos ni malos.
  • De ordinario tenemos dificultad en expresar nuestros sentimientos directamente, en parte porque «tenemos sentimientos sobre nuestros sentimientos».

5.3.1.      Indicadores de madurez emocional:

  • La respuesta emocional ha de ser graduada: Los niños y personas muy emocionales tienden  dramatizar los acontecimientos, a magnificar las amenazas. Esto hace que sufran un desgaste continuo innecesario, desenfoquen la realidad con su subjetiva carga emocional, con lo que dificultan aplicar soluciones concretas; y se van convirtiendo en más y más vulnerables ante los acontecimientos de la existencia.
  • Hay que eludir las respuestas del tipo todo o nada. Las cosas son raramente blancas o negras. Abundan más los grises. No hay nada absolutamente bueno ni nada absolutamente malo.
  • Las emociones han de ser apropiadas a la situación. Hay situaciones que exigen sentirse incómodos pero no airados. Otras exigen sentirse frustrados pero no deprimidos. En parte, el acertar con la emoción apropiada depende del aprendizaje social y de los modelos de la infancia.
  • La madurez emocional se caracteriza por el principio de la realidad y no por el principio del placer. El principio del placer supone buscar la inmediata gratificación, sin pensar muchos en las consecuencias. El principio de realidad supone saber posponer la gratificación, incluso aceptando la frustración inmediata, hasta un tiempo en que obtener la satisfacción sea más apropiado o práctico.
  • Es preciso adquirir habilidad para adaptarse a la tensión. Ante situaciones tensas o frustrantes, el niño y la persona muy emocional pueden derrumbarse o desquiciarse emocionalmente. Un adulto sano debe saber controlar sus emociones. Las manifestará si lo considera conveniente.

 

6. La autoridad de los guías es ser jévenes lideres:

En la medida en que un grupo sea débil y no se haya consolidado, la presencia de los guías debe ser física y operativa. Cuando el grupo se compenetra, la presencia física puede ser reemplazada por la presencia moral.

Nunca el guía o el coordinador de una comunidad o de un equipo promotor debe dar lugar a que el grupo se identifique con él, sino que adquiera su  vida propia y autónoma.

La mera presencia del guía no garantiza la autoridad. La presencia debe ser flexible, abierta, sagaz, punto de apoyo para críticas y nuevos impulsos. La presencia-fuerza es un deseo de los miembros débiles del grupo que se hallan a gusto con ella. Pero no resuelve problemas ni facilita el crecimiento.

  • Un guía observa, conoce, e interviene como lider comunitario: El guía es líder cuando está presente para ver lo que pasa en el grupo. Mira las cosas desde arriba (lo cual suscita reservas). Se suelen fijar más en los aspectos negativos que los aciertos. La relación es más formal que personal, y el dirigido tiende a excusarse, a disimular. Oculta con facilidad su situación. Importan las apariencias y que no se descubran las insuficiencias.
  • La presencia del guía acompaña para que el grupo crezca: Un guía de EPJ se siente como uno más y establece relaciones horizonta­les. Sólo a veces acude a las verticales (en caso de emergen­cia). El objetivo central es la conquista de simpatías. Puede ver las cosas desde dentro porque se halla inmerso en las mismas dificultades. Importa sobre todo el encuentro personal y la ayuda. Evita absorber con su personalidad, y adopta el criterio de reemplazar (que a veces puede ser un suplantar).
  • La presencia del guía va más allá del apoyo: complementa. Se da cuando algo resulta difícil o insuperable en el grupo. Se acude al dirigente, que busca modos de compensar o ayudar, personalmente o por intermediarios ocasionales. Pero el dirigente debe acostumbrar al grupo a resolver sus problemas por cauces ordinarios. Esta presencia debe ser corta y tender a dar pistas de solución que a solucionar todos los problemas.
  • El guía, un líder en tiempos de emergencia: Cuando surgen problemas graves que comprometen la misma existencia del grupo. El dirigente debe apelar a toda su autoridad para hallar solución a las perturbaciones existentes. Reclama medidas extraordina­rias, que deben ser pensadas detenidamente y calculados sus efectos y contar al máximo con los miembros que se conservan sanos.
  • El guía informa: Tiene como fin orientar el proceso del grupo mediante consignas y dinámicas. El grupo debe tener cauces de información pasiva (alguien a quien el grupo transmite su situación y proceso)y activa (alguien que le oriente sobre lo que se debe hacer y modos que den seguridad de que se avanza por buen camino.

6.1. Formas del liderazgo de los guías:

6.1.1. Cuando el guía es un dirigente modelo:

Dice lo que hay que hacer y se siente modelo que deben imitar los demás. Se siente responsable desde el ángulo de la autoridad. Joven líder que arrastra mucho, tiene carisma y se apoya en los sentimientos (afecto, respeto, admiración). Ideas fuerza de este guía:

  • Me tienen a su disposición, siempre al frente del grupo. No les puedo fallar”.
  • Debo darles ejemplo. Lo que les pido a ellos, lo debo hacer primero yo.
  • Si fallo, el grupo se deshace. Soy uno más, pero el primero de todos. Aunque yo no quiera valgo más que ninguno.
  • Tengo que disimular mis fallos, mi cansancio. Deben pensar que cuentan con mi fuerza y entusiasmo.
  • Ser jefe es duro. Se me piden más cualidades que a los demás.
  • Debo vigilar sobre todo a los más débiles. No todos me necesitan por igual.
  • Estoy aquí para exigir.

6.1.2. Cuando el guía es un camarada:

Se siente inmerso en el grupo y funda en el compañerismo la fuerza de la dirección. Es cercano afectiva y socialmente. En el grupo hay diversos roles que todos deben ir desempeñando por turno a ser posible. Es colega: con muchas virtudes e insuficiencias. Colabora en las actividades colectivas como uno más. Consigue fácilmente la aceptación y la ayuda de todos. Quiere que los objetivos del grupo se logren entre todos y busca la colaboración y la participa­ción. Es muy comprensivo con todos, y rara vez llega a la exigencia (y si lo hace, se siente un poco culpable). No le gusta dar órdenes, si acaso consejos.

Pensamientos:

  • Aquí todos somos iguales. Me esforzaré en no diferenciarme de los demás. Lo importante es hacer la tarea.
  • Hay que ser comprensivo con los que no puedan hacer lo de los demás. Para eso somos grupo.
  • Los otros te miran como si no fueras igual. Y yo no me diferencio de ellos.
  • La fuerza está en la amabilidad. Hay que evitar las polémicas.
  • Hay que pensar siempre lo mejor de los otros
  • Gente con mala voluntad casi no existe en el mundo.

6.1.3. Cuando el guía es un líder ideológico:

Es una especie de anonimato que permite influir hábilmente sin aparecer ante los demás. Da consignas bien pensadas, y busca dar el protagonis­mo al grupo o los jóvenes asistentes o a los otros guías. Es una forma de reparto de funciones y puede contribuir a aumentar los compromisos. Prefiere las sugerencias e insinuaciones para lograr que el sentido común colectivo se imponga por su propio peso.

Pensamientos:

  • Lo que valen son las ideas. Todo lo sembrado termina dando buenos frutos.
  •  Hay que dejarles que se desenvuelvan y estar atentos si necesitan ayuda.
  • Debo pasar lo más desapercibido posible. Si falto yo, todo tiene que funcionar normalmente.
  • Lo importante son los objetivos y no quién figure.
  • En el grupo hay dirigentes que pueden asumir el mando en cualquier momento. Que practiquen ya.

6.2. Formas de ejercer la autoridad:

  • Autoridad moral. Es espontánea, sencilla, directa y depende del carácter, del estilo de la persona.
  • Autoridad cultural. Fundada en el propio saber. Basta con ser capaz de resolver incógnitas y situaciones. O que se tenga experiencia.
  • Autoridad afectiva. Viene dada por la fuerza impositiva de los sentimientos, y tiende a vincularse a situaciones pasajeras, de propaganda u oportunidad. Frágil
  • Autoridad tradicional. Se apoyan en que es habitual que sea sí, y no se discuten, siendo aceptados por la mayoría (por costumbres o hábitos).
  • Autoridad institucional: se vincula a un rol, avalado por un nombramiento o elección

6.3. Modos de afianzar la autoridad de liderazgo:

  • Se debe cuidar la aceptación de la persona del guía como líder. Y la conciencia de tal le dará mucha fuerza (debe aceptar su rol con agrado).
  • Cuidar la figura propia: vanidad superficial, falsa modestia. Disponibilidad, capacidad de servicio, actitud de gobierno.
  • Potenciar la cercanía física para con los dirigidos
  • Recordar que la directividad no es cualidad estable, que oscila y que no siempre será cotizado del mismo modo por todos los miembros.

6.4. Niveles de liderazgo asumido:

  • Nivel sicológico: Seguridad en sí mismo, capacidad de reflexión y serenidad y apertura de relaciones y ecuanimidad en el trato.
  • Nivel ético: Abnegación y responsabilidad. Honradez en los planteamientos, bondad y sencillez.
  • Nivel social: Corresponsabilidad, relaciones cordiales y abiertas, provocar la subsidiariedad.

6.4.1. El dirigente respetuoso:

Se fija en la peculiaridad de las personas y se acomoda a sus recursos y disposiciones. Propone con moderación y sabe resignarse a no conseguir todos los resultados. Comprende el ritmo de las personas y que no todos pueden ser iguales. Consulta en las decisiones firmes e importantes, y respeta la iniciativa del grupo en las secundarias. Sospecha que se puede equivocar y que todos tienen parte de verdad en sus planteamientos. Suscita la confianza en las relaciones con el grupo y dentro de él evitando preferencias y precedencias. Es comprensivo con las deficiencias, sobre todo si no son atribuibles a la mala voluntad. Busca ante todo la felicidad de las personas y procura olvidarse de sí mismo.

6.4.2. El animador autocrático:

Un animador puede considerarse autocrático cuando, elegido por el propio grupo, o designado por una autoridad exterior, actúa como jefe y toma las decisiones en nombre del grupo.

El grupo está dominado por un individuo o por un grupo de poder que toma las decisiones sin contar con los demás. Todo se hace por “dedocracia”. Hay un alto nivel de control sobre los individuos, y siempre deciden “democráticamente” lo que quiere el Animador porque él lo ha dicho. La comunicación suele ser en un solo sentido: de los animadores a los miembros del grupo. El animador propone y se acepta sin discusión. A los miembros que disienten se les hace callar.

Dentro de estos grupos se da con frecuencia una hostilidad y agresividad dirigida hacia los compañeros o el Animador. Sus miembros tienden a ser apáticos, aun cuando estén secretamente disconformes. Muestran una mínima actitud creadora. Cuando el animador está ausente, disminuye la actividad del grupo, y a veces, desaparece del todo.

El autócrata estricto es severo. No delega su autoridad, y está desprovisto de afectividad y generosidad. Suele ser conservador y se rodea de viejos y fieles servidores.

El autócrata benevolente se siente responsable de sus colaboradores, actúa pos su bien. Al mismo tiempo, espera de ellos manifestaciones de reconocimiento. Quiero que lo estimen, sin por eso dejar de ser centralizador y conservador.

El autócrata incompetente. Es esencialmente “infantil”. No tiene para mandar ni equilibrio afectivo necesario, ni capacidad intelectual. A pesar de su falta de seguridad, es generoso con sus superiores, y humilla a sus colaboradores (a quienes envidia). No tolera que nadie le haga sombra. Está incluso dispuesto a mentir o hacer pactos sucios para conservar su poder. Compensa su sentimiento de inferioridad con comportamientos impulsivos y a menudo contradictorios.

Estos comportamientos se detectan cuando el Animador, aduciendo que actúa por el bien del grupo, y dejando grupo incluso voz y voto, en realidad dirige el grupo, conservando todo el poder en sus manos. Una de sus técnicas favoritas es el “divide y vencerás”, fomentando la oposición dentro del grupo entre sectores, o dejando que el grupo se vaya debilitando en el debate de cuestiones secundarias. Mientras, las decisiones de verdadera importancia son tomadas por él con el pretexto de acentuar la eficacia.

El grupo con este tipo de liderazgo contiene, por lo general, la semilla de su propia destrucción. La desaparición del Animador puede conducir a que otro dictador o una camarilla le tomen el relevo, o a la formación de otro tipo de grupo, más democrático.

El animador paternalista es amable, cordial ante muchas necesidades de su “rebaño”. Siente que debe tomar las decisiones más importantes en nombre de y en bien del grupo. Este tipo de liderazgos suele ser efectivo: evita las discordias y provoca la impresión de “grupo feliz”.

En este clima grupal sólo crecen y se desarrollan los líderes. Los demás se van estancando. El líder nunca está seguro de que otro pueda conducir su grupo con tanta dedicación, eficacia y protección como él. Frecuentemente es muy trabajador. mantiene su influencia por su aire personal y por su competencia, cuenta con el respeto del grupo y su confianza. Se resiente y siente herido con las críticas del grupo. Cualquier persona que tiene una amplia experiencia tiene el peligro de convertirse en animador paternalista.

6.4.3. El animador permisivo:

El grupo que tiene este tipo de guía, suele llamarse “laissez-faire”. Se caracteriza por el individualismo y la falta de organización, y a veces por su culto a la espontaneidad. El liderazgo tiende a ser pasivo y la influencia mutua de los miembros es accidental.

Estos grupos suelen ser ineptos para realizar cualquier propósito. La iniciativa individual es ahogada en el individualismo. El progreso es casi nulo, y los componentes tienden a convertirse en desinteresados y apáticos.

Los miembros siguen al animador porque posee ciertos talentos o cualidades muy apreciadas, pero no hace ningún esfuerzo por conducir al grupo hacia los objetivos propuestos. Influye porque influye. Considera la organización y la disciplina organizativa como algo innecesario.

6.4.4. El animador participativo:

El grupo que tiene un animador de este tipo se caracteriza por ser un grupo de personas que trabajan juntos para resolver los problemas comunes. Trabajan todo sus miembros. El liderazgo está repartido. Se trabaja por el principio del consenso, y son muy importantes las relaciones interpersonales. hay un alto grado de identificación con los objetivos del grupo. La comunicación verbal es muy semejante entre todos e impera un clima de confianza.

Un objetivo es que sus miembros asuman todas las funciones que realizan los líderes, y prescindir de individuos designados como “líderes”. Todos los integrantes del grupo será responsables del éxito o el fracaso. Se detectan los roles en el grupo y se aprovechan y potencian, procurando que no asuman siempre los mismos las tareas de responsabilidad.

6.5. Funciones del guía:

En el grupo cada uno tiene su papel. El animador ha de potenciar una serie de funciones que favorezcan el desarrollo armónico de la vida del grupo. Podemos condensarlas en cuatro:

6.5.1. Comunicación:

  • Cuidar que nadie ignore, desprecie, infravalore, acapare… haciendo que todos se valoren, aprecien, estimulen, creando así un ambiente de confianza que posibilite una comunicación abierta y distendida.
  • Fomentar el diálogo como vehículo de conocimiento y colaboración, que favorece la acción solidaria en el grupo y fuera de él.
  • Estar atento a la vida de cada uno dentro del grupo: necesidades, problemas, inquietudes, frustraciones, recursos no aprovechados…

6.5.2. Corresponsabilidad:

  • Actuar como uno más del grupo. El animador debe asumir su papel, interrogar, comunicar experiencias, actuar como adulto, someterse a revisión, seguir las normas del buen funcionamiento…
  • No considerar al grupo como propiedad privada. Responsabilizar a todos y cada uno para que la coordinación pueda ser rotativa, así todos aprenden experimentando.
  • Procurar que todos intervengan lo más y mejor posible, aportando ideas, iniciativas, entusiasmo, realismo, actitud crítica, etc
  • Enseñar en la práctica que cuanto menos le necesite el grupo, mejor, en señal de maduración.

6.5.3. Motivador:

  • Cuidar el clima general del grupo: ambiente externo e interno, para que pueda marchar cohesionado, satisfecho y eficaz.
  • Lograr unos objetivos, contenidos y métodos coherentes entre sí, construidos desde la realidad y posibilidades del grupo. Proponiendo metas concretas que estimulen a conseguir otras nuevas.
  • Ofrecer claves de interpretación, caminos de búsqueda y confrontación… Favorecer que el grupo vaya descubriendo por sí mismo, presentando propuestas creativas en lugar de respuestas acabadas.
  • Considerar las iniciativas de cada miembro del grupo, evaluando y motivando según los parámetros de respeto, apoyo, secreto, concreción, etc.

6.5.4. Acercamiento a la realidad:

  • Ofrecer claves de análisis e interpretación de lo que sucede, de las causas,d e las consecuencias, de los recursos del grupo para diagnosticar adecuadamente y solucionar eficazmente.
  • Enfrentar al grupo a su propia realidad, para ir educándose todos en grupo a partir de lo que se vive.
  • Ayudar a relacionar la vida del grupo -fenómenos, leyes- con la vida de la sociedad, de la que es reflejo.
  • Favorecer la apertura, la actitud crítica, solidaria y transformadora dentro del grupo, y a través de él, en la sociedad.

6.6. Cualidades y actitudes del guía:

6.6.1. Cualidades encaminadas a la producción:

  • Sensibilidad para percibir las necesidades, tendencias y preocupaciones que rodean al grupo (ambiente).
  • Capacidad para interpretar al grupo en el sentido exacto de lo que éste vive ahora.
  • Decisión, coraje para enfrentarse con las dificultades
  • Sugerir la reflexión sobre los problemas y suscitar asumirlos con responsabilidad
  • Capacidad de previsión
  • Entrega al trabajo “junto con los otros”.

6.6.2. Cualidades encaminadas a las tareas de mantenimiento:

  • Hay una capacidad fundamental: la “empatía” o “sentir con”, que es la capacidad de penetrar en los sentimientos de los demás, no sólo para comprenderlos, sino para llegar a sentir junto con los otros. Como derivados, tendríamos:
  • Comprensión y aceptación de la persona de los otros
  • Actitud y presencia de confianza y sinceridad
  • Disposición y disponibilidad para armonizar las diferencias.

6.6.3. Atender eficazmente a las necesidades fundamentales de cada uno:

  • Necesidades fisiológicas: sueño, alimento, agua, aire, cobijo, sexo… para conservar la vida o mantenerla en un mínimo vital.
  • Necesidad de seguridad física, de medios económicos, continuidad en el empleo…
  • Necesidades sociales: sentido de pertenencia a un grupo, de aceptación y desenvolvimiento normal y espontáneo entre los componentes.
  • Necesidades del yo (autoestima), confianza y seguridad en uno mismo, estimación por parte de los demás.
  • Necesidad de autorrealización (punto más alto de la jerarquía), sentida como actualización, desarrollo, valoración de la belleza,d el orden, de la personalidad, de la justicia.

Un líder procurará que estas necesidades estén satisfechas en su proceso jerárquico, de las más elementales a las superiores. Si están satisfechas, si ven que el líder se preocupa por ellas, crece la seguridad, el clima relacional, la eficacia a la hora de hacer grupo humano y de producir una tarea.

6.6.4. Ayudar a integrar a cada uno dentro del grupo:

  • Conocer a cada uno como persona: su historia, sus motivaciones, potencialidades, metas… Que sienta que se le quiere conocer porque es una persona del grupo a la que se aprecia y se busca lo mejor para ella, no por hurgar en su vida íntima o manipularle mejor, sino para ayudarle a crecer.
  • Orientar sobre el grupo o equipo en el que entra: objetivos, organización, papeles y funciones, así como sus posibilidades en el grupo… Que sienta que entra en algo suyo. Que no hay secretos, que se le valora, que tiene plenos derechos como los demás, que se cuenta con su presencia y aportación.
  • Relacionar su tarea en el grupo con las necesidades que él tiene. Conviene que sus necesidades y las del grupo al que pertenece estén ligadas. Si existe relación entre unas y otras, el individuo se sentirá valorado, verá sinceridad, constatará que alguien piensa y se preocupa de su futuro también.
  • Ayudar a progresar. Quizás empezando por ayudarle a descubrir metas más claras, más realistas o más altas. Buscar las motivaciones que le llegan y despertarle a otros intereses. Las tareas deben estar a la altura de su preparación y de sus posibilidades de futuro. La formación permanente, la capacitación en lo específico, es preocupación constante.
  • Crear un espíritu de equipo. La valía, la capacitación, la eficacia, el grado de satisfacción aumentan si hay espíritu de equipo. Supone crear conciencia de grupo.

6.6.5. Valorar a cada uno por lo que es y lo que aporta en el grupo:

  • Procurar que cada uno se sienta importante.
  • Dar la bienvenida, cuidar la atención personal, la alegría de contar con él.
  • A veces enviar una carta o tarjeta; llamar por teléfono, una visita.
  • Cuidar que el nuevo no se sienta arrinconado ni marginado.
  • Hacer constar la calidad del trabajo o tarea realizada. Hasta se le puede dar algo por escrito (normas, funcionamiento, estructura u organización del grupo, etc).
  • Hacerle notar en el grupo pídiéndole que dé alguna información sobre sí mismo, sobre lo que hace.
  • Reconocer el éxito en alguna tarea y valorarlo ante los compañeros/as, amigos.
  • Dar relevancia a los miembros del grupo en la revistas, hoja, etc.
  • Saludar, agradecer los detalles, tener detalles.
  • Ante el fracaso, estar a su lado, ayudar a superar el trago, sacar consecuencias positivas.
  • Pedir opinión y sugerencias.
  • Valorar la amistad, tener gestos fuera del ámbito del grupo: cena, cine, invitación, felicitación de cumpleaños.
  • Dejar muy claro que todas las atenciones se tienen con todos, y que son sinceras y no de “estrategia”. Esto supone en el líder gran calidad de alma y mucha capacidad de relación.

En resumen las proncipales cualidades que un guía de EPJ debe perseguir son:

  • Observar mucho, pero no aparentarlo para no crear desconfianza.
  • Vivir una actitud sistemática de escucha, a todos y a todo
  • Situarse en el lugar del otro para entender mejor y ayudar mejor (empatía)
  • No perder nunca la calma, oiga lo que oiga y pase lo que pase.
  • Por sistema, hacer tema de diálogo todo lo que en el grupo pasa y se vive.
  • Respetar, valorar a cada uno por lo que es y como es. Y que se note.
  • Estar atento a las necesidades, inquietudes y problemas de cada miembro del grupo.
  • Ser objetivo y realista, pero no frío ni distante.
  • Poner toda la sinceridad que el grupo soporte en las intervenciones
  • Estimular siempre, y nunca hundir.
  • Estar en actitud de aprender también en el grupo y del grupo.
  • Procurar no hacer o descubrir algo que puede hacer el grupo o alguno de sus miembros
  • Resistirse a dar respuestas. Hacer más bien preguntas inteligentes.
  • Considerar siempre a la persona como el centro, más importantes que las normas, temas, método…
  • Mostrarse como persona normal, sometido a unas circunstancias, no aparecer sólo en el papel técnico del animador.

6.7. Principios del liderazgo de los guías en EPJ:

J KENNETH-WISHART establece cinco granes principios en su obra “Técnicas de liderazgo”:

  • El principio de la responsabilidad, que exige que del líder la capacidad de autodisciplinarse, sobre todo cuando sus propios desaciertos demandan la evaluación.
  • El principio de saber afrontar problemas y buscar soluciones; así no culpará a llos demás por los fracasos; sabrá resolver problemas, que no es lo mismo que dar una información; es la capacidad de intuir la solución de algún problema.
  • El principio de conocer el objetivo y para que pueda brindar al grupo una ayuda positiva y evite al grupo que sea fácilmente presa de divisiones o rivalidades.
  • El principio de conocer a los miembros, cosa importantísima para el logro de los objetivos, para el logro y realización del elemento afectivo en el grupo.
  • El principio de saber establecer relaciones significativas con los mimebros o coon los grupos mediante los múltiples recursos que caracterizan a un líder.

Si se reduce a un porcentaje determinado las capacidades de un joven líder, habrá que decir que un 25% es técnica, mientras un 75% lo representan las cualidades de su personalidad de aquí que haya siempre que estar profundizando el mensaje de Madurez de la personalidad, junto a cada una d elas charlas de .

Siguiendo los tres elementos centrales que configuran un grupo (personas-objetivos-actividades) podemos distinguir las funciones en tres niveles:

  • NIVEL SOCIOEMOTIVO: Facilitar las mutuas relaciones, el encuentro afectivo; favorecer la acogida y el clima de confianza mutua; saber distinguir lo que son afectos y lo que son argumentos; fomentar las relaciones interpersonales abiertas y despertar la conciencia de grupo y sentido de pertenencia.
  • NIVEL DE CONTENIDOS. El animador deberá ayudar a clarificar los objetivos del grupo; reformulará las ideas imprecisas de los integrantes; servirá de puente entre las varias opiniones; pedirá o aportará datos para una mejor información; hace síntesis de las ideas sentidas en el grupo.
  • NIVEL DE  PROCEDIMIENTO. Estimula la participación de todos; ofrece recursos para despertar la motivación que suscite la participación; frena a los más locuaces y estimula a los tímidos; coordina la planificación de actividades, distribuye responsabilidades

7. El equipo promotor:

            La principal función de un EPJ es responsabilizarse del proceso y desarrollo de la experiencia de EPJ, según el manual propio, y el contexto juvenil para integrar cada día más jóvenes de manera activa a la construcción de la iglesia. Conlleva una serie de labores:

  • Análisis de la situación juvenil y de los grupos a todos los niveles sociales y eclesiales.
  • Planteamiento del encuentro a partir de la estructura de mismo y de las características del mismo en cada contexto, a partir de los objetivos de cada una de las actividades a desarrollar.
  • Conocimiento y exploración de la metodología propia del Movimiento.
  • Revisión constante del proceso desde el pre, encuentro, y pots.
  • Fijación de acciones y responsabilidades concretas.
  • Atención a los aspectos mate­riales y logisticos del encuentro en sus etapas.

7.1. Responsabilidades concretas del equipo promotor:

7.1.1. Análisis de la situación del grupo:

Cada guía de encuentros debe te­ner una idea general del significado de lo que es el centroguías, es decir debe ser un miembro habitual del mismo, y a partir de esta experiencia de grupo estará capacitado para concretar su acción dentro de la dinámica del equipo promotor. El Equipo promotor responde a los diferentes retos dela juventud de manera concreta, aunque global por concentrarse en un promer momento en el fin de semana del encuentro. El valor y la responsabilidad del equipo promotor, sin embargo, se dirige a la sitación perso­nal de cada muchacho: familia, estudios, nivel de fe, maduración afectiva y psi­cológica, proble­mas, relaciones interpersonales, ambientes, necesidades que cada joven se ha planteado, temas que no están suficientemen­te asimilados, compromisos, formación intlectual, práctica de oración, responsabilida­des dentro del grupo, etc.

7.1.2. Planteamiento educativo:

El equipo promotor se conforma desde un para qué,  un desde dónde, unas convicciones y unos objetivos. No existe un interés “neutro” en el proceso del EPJ, sino que es descaradamente cristiano y católico. En la preparación del equipo promotor debe tenerse en cuenta el ámbito del grupo (ciudad, barrio, diócesis, movimientos, grupos juveniles, etc).  Tiene que estar bien claro el  objetivo final que se pretende con el encuentro: la evangelización del joven por el joven a partir de los tres objetivos del mismo, y dejar estos objetivos claros desde el principio en las promeras reuniones de conformación de los equipos promotores. Después se podrán marcar las etapas de preparación, que en cualquier caso son intermedias, los medios que se van a usar, los materiales, la evaluación, el trabajo de la promoción, etc.

7.1.3. Metodología:

Si el Movimiento de encuentros optó por la formación integral de la juventud; progresiva, grupal, participativa y cristiana, debe notarse en la dinámica concreta que se sigue. El proncipio de “corresponsabilidad”, no es una palabra bonita, la palabra “integral” significa que hay que abordar aspectos intelectuales, actitudinales, que aborden todas las facetas de la vida personal, espiritual y grupal, y que por tanto esta acción “progresiva” hay que saber desde la preparación los pasos que se van a dar en el postencuentro y cómo se va a evaluar y  conseguir las metas en cada persona y comunidad de jóvenes. La formación es grupal, esto no descarta algunos acompañamientos individuales, pero cuando se dice grupal no basta con que estén “juntos”; el mismo grupo debe formar (exigir, programar, evaluar, etc). Por ser “cristiano” el EPJ no debe tener miedo a abordar desde el principio todo lo que tiene que ver con la vida cristiana y eclesial, sin temor a que se asusten o se vayan. Por ser “dinámica” la propuesta de los EPJ, las reuniones del post encuentro no pueden consistir sólo en charlas y preguntas para dialogar después: las dinámicas han de ser participativas, creativas, comprometedoras, utilizando siempre el lenguaje total que interpela y compromete. Y si se tiene capacidad de “más, más y más” no debe tener miedo a exigir ni dar “menos”.

7.1.4. Acciones concretas:

El equipo promotor es responsable de programar cada una de las actividades del pre, encuentro y post. los medios que se van a utilizar, programándolos desde el principios: revisando las actividades y mensajes del Encuentro, también las celebraciones, convivencias, dinámicas, celebraciones, experiencias, cursillos de formación, intercom, acciones con los padres, ritmo de oración grupal, integraciones, Pascuas. Y lógicamente, quién serán los animadores responsables.

7.1.5. Revisión constante:

Si el cordinador y el equipo promotor, también el centroguías y el comité central de cada diócesis no revisan con frecuencia todo lo que está programado y se va (o no) desarrollando… se puede perder la eficacia de la acción evangelizadora de los grupos, y se corre el riesgo de estar entreteniendo sin llegar a ninguna parte, o repitiendo eternamente los mismos errores.

7.2. Otras funciones del equipo promotor:

7.2.1. Nuevos responsables animadores:

La conformación de un equipo promotor asume la tarea de la formación de los guías de cara a un EPJ, aunque la preparación nunca excluye aportar a cada guía en otros aspectos de su formación como guía, de su formación cristiana, humana, y de muchos otros aspectos. Una tarea del proceso de preparación ha de garantizar:

  • Una motivación adecuada para desarrollar la labor de guía de un EPJ.
  • La capacidad de trabajar en equipo.
  • Tiempo disponible para la tarea y la posibilidad de perseverancia de todo el proceso.
  • Coherencia de vida.
  • Talante formativo y disposición a prepararse mejor. El Manual de encuentros insiste que el guia debe saber un poco más de lo que dice en cada uno de los mensajes. Además cuando se trata de un guía sin experiencia conveniente que nunca empiece directamente, sino acompañado por otros, así mismo el guía de experiencia conviene que sea un acompñante de otros que se pueden ir haciéndose con el ritmo de trabajo, la metología, etc.

7.2.2. Distribución de responsabilidades:

El equipo promotor es quien distribuye a los responsables en cada uno de los mensajes y responsabilidades del encuentro; el criterio lo acuerda cada grupo con su coordinador. También las diferentes responsabilidades que hay que asumir como servicio de apoyo de un EPJ: equipo en tierra, equipo de servicio y apoyo, etc., siempre has de tenerse en cuenta que la conformación de un equipo ha de dejar a un lado los “gustos personales”. Otro buen criterio es  la relación de edad entre los guías y los jóvenes asistentes, cuando el equipo es demaciado maduro el encuentro puede parecer en ciertpos momentos una experiencia frustrante para los jóvenes, cuando se garantiza la juventud del equipo hay mayor compromiso e identificación, y la pedagogía del EPJ alcanza buenos niveles de participación y de entrega. En cualquier caso para no caer en situaciones de inmadurez por la excesiva juventud, el equipo se convierte en una mano que no abandona a ningún guía sin experiencia, y pasa a convertirse en un grupo primario, que se conoce y se comunica.

Son numerosas las tareas que hay que atender desde la conformación de un equipo y en la preparación de un EPJ: el coordinador del grupo representa tanto al Movimiento como a la Iglesia en un encuentro, incluso en muchos lugares el coordinador debe coordinarse con los órganos de la parroquia o diócesis, del barrio para la ejecución de un EPJ. Y no menos atensión merece la preparación de  los materiales, la economía, el archivo, los talleres de la preparacióin del equipo, el acompañamiento de los responsables y sus tareas, la convivencia del equipo promotor, y después de la comunidad de jóvenes.  Los ejercicios de crecimiento son el objetivo de la preparación.

7.2.3. Relación con los padres:

En el encuentro simpre ha habido espacio para la participación de los adultos, en muchos grupos participan guías de experiencia y adultos cercanos y respetuosos de la metodología y de la intervención de los jóvenes guías. Pero también en muchos grupos ya se ha impuesto la compañía de algunos padres que se integran a los equipos promotores y apoyan con su experiencia, sabiduría, respeto, afecto a los jóvenes. Muchos de ellos hacen del mensaje de familia una experincia que permite soñar  a los asistentes vuelos más altos en este tema.

Ellos, los padres, son los primeros y mayores responsables de la educación de los hijos, se hace necesaria la relación y colaboración con ellos. A veces, en el Movimiento han surgido experiencias que se concretan en Encuentros para padres, y escuelas de padres verdaderamente significativas para la labor de la evangelización juvenil, siempre se ha de buscar los medios para implicarles más.

En las reuniones de preparación los padres tienen derecho a una clara información de lo que es y hace el EPJ., en ellas se pueden dar algunas pistas de colaboración. Se puede plantear incluso una formación paralela a la de sus propios hijos. En cualquier caso, siempre es bueno conocerles porque ellos ejercen una influencia enorme sobre sus hijos.

7.3. Importancia del trabajo en equipo:

El trabajo en equipo es la dinámica misma de la realización de los EPJ, por ello hay que abordar esta dimensión desde diferentes perspectivas:

7.3.1. Como medio de conseguir mayor eficacia en nuestra tarea apostólica.

7.3.2. Como medio para promocionar los guías hacia un estilo de discípulo – misionero marcado por la amistad, la disciplina, la organización, y la resolución de conflictos.

7.3.3. Como forma de ir testimoniando y evangelizando el mensaje del Hombre Nuevo desde la práctica.

7.3.4. El trabajo en equipo en un Movimiento kerigmático tiene repercusiones positivas en otras áreas de la vida (familia, amistades, profesión, etc), ya que capacita para el diálogo, la confrontación, la organización y el no cerrarse en el propio mundo e ideas, y marcar un estilo de vida y de acción.

7.4. Definición y características:

El trabajo del equipo proomotor es una actividad organizada y entrelazada de un grupo.

7.4.1. Por actividad, se entiende el trabajo en equipo propio de los grupos juveniles cristianos de acción evangelizadora a través del EPJ. Un equipo promotor es un grupo formados por jóvenes y adultos que llevan la mistica del emproísmo en común, la meta común es la promoción de otros jóvenes. Si un equipo promotor no persigue esta acción común no pueden hablar de trabajo en equipo, pues la primera característica del trabajo en equipo es la actividad común que en este caso es el EPJ.

7.4.2. El Movimiento como organización se compromete en la promoción de esta actividad en la iglesia (=actividad organizada). Hay organización cuando el trabajo en común está distribuido y coordinado, y es evaluado de vez en cuando. Cuando no hay distribución y coordinación, no hay trabajo en equipo; puede haber una suma de trabajos distintos.

7.4.3. Para referirse al trabajo coordinado se puede poner cuatro ejemplos:

  • Estudiar una carrera no es una actividad coordinada porque no hay grupo.
  • Un pintor, un empapelador, un electricista y un fontanero que decoran una casa, tienen una actividad común, coordinada por el que dirige el montaje de la casa, pero no es un trabajo coordinado.
  • Cuatro corredores que forman un equipo de relevos. En este caso hay más coordinación en los entrenamientos, la organización, la distribución, y luego el pasarse el testigo, distribuir las velocidades, etc.
  • Once jugadores que forman un equipo de fútbol. Es la actividad más coordinada de las cuatro.

Cuando en la acción evangelizadora se llega plenamente a la coordinación se dan las siguientes condiciones:

  • Cada uno tiene asignado su puesto y su trabajo.
  • Todos entienden más o menos de todo y están disponibles y en ruta a todo, el EPJ es una experiencia integral.
  • Por lo que los intercambios de puesto, las sustituciones, el llenar los vacíos, el anunciar diferentes mensajes es algo que ocurre constantemente en la dinámica de los equipos promotores.
  • En cada preparación de un EPJ se encarga el trabajo a las personas más adecuadas.

7.4.4. El trabajo del equipo promotor se orienta a conformarme como un grupo primario (=actividad en un grupo). Es evidente que no hay trabajo en equipo cuando no hay verdadera confianza, entrega y amistad. Para que haya pleno rendimiento, es preciso que el grupo esté identificado. ¿Cuándo está identificado? Cuando se dan estos elementos:

  • Conciencia común.
  • Mismo objetivo.
  • Una ley o normativa.
  • Una estructura de funcionamiento.

7.5. El trabajo en equipo de los guías:

7.5.1. La actividad existe, no hace falta crearla; la tarea de los equipos promotores no consiste en inventar de nuevo la experiencia de los EPJ, sino prepararla. Los guías que quieren ayudar a un grupo de jóvenes a madurar su fe por la promoción juvenil han de preparse para ello con su testimonio de vida, por la mística y metodología propia del encuentro y por la creatividad que se revisa en el proceso de preparación. En el equipo promotor se puede emplear una u otra metodología a la hora de impartir los mensajes y actividades del encuentro, pero siempre cada actividad será la misma según la estructura del encuentro. En algunos lugares los tiempos o los días han podido variar un poco, pero la unidad se encuentra en el orden del esquema y el lenguaje propuesto. Lograr que los jóvenes vayan madurando en su fe, en un período de tiempo pedagógica­mente estructurado, y por la persevernacia del Hombre Nuevo a lo largo de los años no es una tarea que haya que improvisarse.

Cómo llevar adelante los objetivos de la promoción juvenil es tarea que los guías en cada equipo promotor, y enviados por cada centroguías, por ello cada EPJ requiere de una preparación anterior. Un equipo se conforma con los objetivos del EPJ, no es posible realizar la misión de la promoción juvenil cuando hay otros objetivos o intereses.

En cuanto al esquema o estructura del EPJ hay que ser cuidadosos. En la forma puede cambiar un EPJ en cada caso, por la creatividad de los guías a la hora de preparar y revisar sus mensajes y actividades. En el proceso del EPJ (esquema, estructura) existe más o menos un modelo experimentado a lo largo de muchos años (metodología, temas, actividades, etc). Toda esta forma hay que repensarla cada año en el centroguías para procurar profundizar y avanzar en el contenido de los temas con cada nuevo equipo. Lo que un año sirve, no tiene por qué ser aplicado al año siguiente, una dinámica es una dinámica y nunca debe perder su carácter transitorio como apoyo metodológico de un mensaje, por ello el EPJ es un Movimiento.

Cambiar y renovar los equipos promotores es fundamental para el crecimiento de los guías. En algunas partes  pueden mantenerse criterios que permitan la integración de los guías nuevos dentro de los centroguías, pero no hay que hacer norma de los criterios que sirven en determinadas epocas o situaciones, en el EPJ hay mil detalles que pueden y deben cambiarse según las realidades pastorales de los grupos y ambientes juveniles. El buen guá no aplica mecánicamente el manual de encuentros que ha aprendido. El buen guía RECREA constantemente el material de que dispone para mejor llegar al joven, para ayudarle más eficazmente.

7.5.2. El centroguías se conforma desde el momento en que dos o más personas llevan una actividad común, y debe dar pie al trabajo en equipo. Un buen nivel se alcanza cuando el proceso es similar para todos; porque la metología conlleva actividades en grupos pequeños y en el grupo grande del centroguías. Lo que se quiere es crear conciencia, desde el comienzo, de la comunidad juvenil (Centroguías, comunidad, etc), porque el grupo duradero no es el pequeño sino el grande. Entre los guías debe haber una coordinación y un programa o proyecto global; porque los guías pueden cambiar con el movimiento del tiempo o del grupo, y cada guía tendrá que ser capaz de tomar el relevo de manera coherente.

7.5.3. La buena organización se traduce en distribucion, coordinación y evaluación. La base de distribución está puesta en el movimiento de los equipos promotores. Pero a la vez, los guías han de distribuirse otra serie de funciones y actividades dentro del centroguías. Un grupo de guías trabaja en equipo cuando se distribuyen adecuada y eficazmente las tareas, funciones y actividades. No todos valemos para todo. Hay personas con capacidad para determinadas cosas y no para otras. Se tienen en cuenta los carismas y dones de las personas, y potencia las cualidades ocultas de todos. Unos sirven para organizar, dirigir, animar, facilitar la amistad, desarrollar temas, organizar fiestas, hacer carteles, preparar una celebración, etc. Todos sirven para promover EPJ en diferentes momentos del año.

El Movimiento tiene una base: el guía y el plan de vida personal y grupal. Ir todos por todas no da resultado. El grupo cae en la apatía, desorganización, pérdida de tiempo y entusiasmo. La responsabilidad es de todos; pero cada uno la ejerce en el mejor campo o tarea específica de la que se ha hecho cargo o de la que le han hecho responsable. Esta dinámica se desarrolla y completa con una evaluación continua, que favorece los cambios y retoques en la distribución del trabajo y su realización.

7.5.4. EL trabajo coordinado requiere más cuidado, porque existe la tentación de que cada uno se reduzca a su interés. En tal caso no tendríamos trabajo en equipo, sino suma de trabajos parciales. Es preciso poner especial esmero en realizar prácticamente las cuatro condiciones del trabajo cordinado.

7.6. Reuniones frecuentes:

Para que un equipo o un centro de guías funcione bien debe tener reuniones frecuentes. Todo tema necesita ser visto y programado en su totalidad. No se puede ir con una reunión por delante, a saltos, preparando hoy lo de mañana. Los guías han de tener  previsto y programado con antelación todos los temas. Si después, a la vista de la marcha, hay que cambiar, se cambia. No hay que agarrarse a lo dicho, a la letra, sino que un equipo busca la eficacia en su acción común. Pero siempre que se introduzcan cambios, hay que estar abiertos a la evaluación. Cuando falla la evaluación no se puede hablar de trabajo en equipo.

El trabajo en equipo exige preparación remota: Un EPJ antes de comenzar la actividad con el grupo. Y programar la acción especialmente del postencuentro, a grandes rasgos, objetivos, temas, calendario, etc. ha de preparar cada tema en la medida de lo posible. Una reunón en la que se prepare los temas del mes, en la que se prevea casi todo, en la que quede claro lo que se va a hacer en cada reunión es un ejemplo para quienes se integran.

Preparar y evaluar las reuniones no se hace por cumplir, se hace por tener un tener un orden. Ir a cada reunión con el tema preparado ayuda a no no enzarzarse en discusiones inútiles. Las reuniones son tan imporantes como un EPJ. Mal preparadas las reuniones crean un ambiente totalmente opuesto a su objetivo y se convierten en una pérdida de tiempo. Un guía que no puede asisitir a las reuniones preparatorias, no debería estar disponible para el EPJ. Ser guía supone estar en todo el proceso de preparación.

8. El centro de guías:

8.1. Ser y misión:

El centro guías es un seminario de formación permanente donde los jóvenes puedan estar, encontrarse, expresarse, relacionarse. Algo así como la casa del grupo, del Movimiento. Un lugar con espacios bien determinados para la oración, la reflexión, el encuentro, el diálogo o el acompañamiento personales, incluso para el juego. Es un ámbito en el que los jóvenes se reencuentran a sí mismos, potencian y desarrollan sus cualidades, orientan su vida y se disponen para responder a una vocación personal y comunitaria.

El Centroguías se ubica en el entorno de la diócesis y se oferta como una herramienta d ela pastoral juvenil. Por estar dentro del contexto de la Iglesia local permanece abierto a la realidad eclesial, desde la Parroquia, el Colegio u otras.

El Centroguías no es una dictadura, ni un feudo, ni una anarquía. Es el lugar de la familia emproísta en la que todos tienen una función. La integran, todos los que han participado alguna vez en un EPJ, y dspués como guías permanecen activos en el Movimiento por su edad, liderazgo, o compromiso. Esta realidad personal exige una dimensión organizativa y de responsabilidades:

  • El Coordinador diosesano.
  • El mentor (cuando es una persona diferente del coordinador diosesano.
  • El UCL (unión de corresponsalía local.
  • Los demás miembros del comité central (en cada centroguías se determina quienes son miembros del mismo).
  • La Comunidad de guías.
  • La asociación adultos cuando el grupo lo solicita (o sus delegados).
  • Los asesores.

Todos buscan la maduración y realización de las personas y de la comunidad de jóvenes; la promoción juvenil a partir de las metas del emproísmo; el desarrollo de la dimensión religiosa cristiana evangelizadora. Todo esto a tres niveles: el personal, mediante la atención directa a cada persona. El comunitario, en grupos y por niveles. El ambiental, buscando una sociedad más digna del hombre.

Para ello son imprescindibles unos dinamismos: el diálogo, las reuniones de formación, los encuentros de guías, las experiencias, las convivencias, el Plan de vida; y especialmente la preparación y seguimiento de los EPJ.

8.2. Dinamismos propios:

En distinto orden se sitúan las reuniones ojalá semanales del centroguías, la preparación de los equipos promotores, los INTERCOM, los cursillos, seminarios y encuentros de formación que brindan las diócesis, los encuentros deportivos, sociales, celebrativos, y en general todo aquello que permita a los guías hacer una síntesis integradora. El Plan de vida formativo ha de proponer aquellos temas bien determinados a lo largo del proceso según circunstancias.

No habría que olvidar otros dinamismos de tipo más personal, como serían: el compromiso de ingreso en el Centroguías a través de una formación específica, la decisión de dar el “paso” de una etapa a otra, el diálogo y acompañamiento con el asesor, el Plan de vida, y al menos para los guías que van llegando a una edad adulta su estabilidad vocacional y compromiso eclesial.

A todos estos dinamismos los llamamos acciones en el Plan de vida. Algunas se sitúan  a nivel personal según los diferentes niveles, a nivel de etapas y a nivel de Centroguís; otras pueden situarse a nivel de Iglesia local.

Lo que es imprescindible es que dichos dinamismos estén pensados y llevados a cabo en conexión unos con otros y en progresión, de suerte que no se queme la experiencia de los jóvenes ni se desvirtúen los resortes que dichas acciones encierran.

8.3. Descripción de las acciones:

8.3.1. Reunión semanal:

Se considera indispensable para el correcto funcionamiento del Centroguías. Su duración será de aproximadamente una hora. Es una dinámica de tipo formativo que se realiza por niveles y que tiene como finalidad el posibilitar a los jóvenes el que asuman los núcleos temáticos con contenidos propios de cada nivel y el desarrollar los ejes metodológicos de experienica-palabra-reflexión-comunicación-celebración-compromiso.

Estará conectada con el resto de acciones que se realizan en el Centroguías durante el año. Estará orientada y dirigida por un Mentor y los demás guías, de acuerdo a lo reflexionado y decidido previamente por el grupo de guías o el comité responsable.

En muchos lugares las reuniones del centroguías acquieren característica propias: Reuniones para comunicar experiencias de los guías o de los EPJ; reuniones de reflexión para evaluar o abordar diferentes temas que buscan el choque y el crecimiento del grupo; reuniones de encuentro con la realidad que permiten la actualización de los temas del manual con las nuevas realidades y valores de la juventud; reuniones de celebración diversas; reuniones de espiritualidad que recuerdan la presencia de Cristo en medio; reuniones de Compromiso Amén.

8.3.2. Espiritualidad y celebraciones:

Aunque dentro de la dinámica del centroguías hay las reuniones de espiritualidad y de celebración, este punto merece una importancia para la vida y el testimonio de los guías y de las comunidades. Cada celebración debe buscar que el joven tenga la experiencia de “crecimiento”. El camino recorrido y el camino por recorrer en el Centroguías siempre ha de estar presente; cada paso nuevo, y pascua del hombre viejo al hombre nuevo debe celebrarse. Expresar el compromiso, de cara a la comunidad de jóvenes expresa la compañía de todos y la alegría de la renovación.

Las celebraciones en la medida de lo posible han de centrarse en los “pasos” de etapa a etapa, sobre todo en la admisión de los guías, en el paso del postencuentro al centroguías, en la salida de cada equipo promotor, en el paso al quinto día.

La Eucaristía es el alma y el alimento de los guías. La Eucaristía dominical especialmente en el horario de las Parroquias no puede faltar a un guía, ojala pueda acompañarse de sus pequeñas comunidades.

En la liturgia de los EPJ, y del centroguías respetando lo que la iglesia dispone, se tratará de acercar lo más posible a la mentalidad y sensibilidad juvenil lo allí celebrado. En la preparación de la animación litúrgica han de colaborar los jóvenes.

A un grupo nunca puede hacerle falta la oración. El centroguías y todas las reuniones del Movimiento han de ofrecer la posibilidad de orar al inicio y al final de cada reunión, o de prolongar estos espacios de oración los días señalados en el plan de vida del centroguías.

Cada celebración dependerá del contenido que se pretenda celebarar. Ojalá siempre se cuiden los tiempos litúrgicos, de tal manera que cada uno de ellos tenga su celebración específica en que -en principio- participará todo el Centroguías. En muchos lugares de cuando en vez se invita a la celebración a los padres, esta experiencia fortalece el sentido de la familia y el acompañamiento de cada etapa.

8.3.3. En los Encuentros:

Normalmente cada centroguías determina el número de encuentros que han de impartirse durante el año. El espacio entre cada EPJ ha de cuidarse de tal manera que se favorezca siempre el acompañamiento de cad nueva comunidad de emproístas y su integración y formación después en el centroguías. Cuando un equipo promotor está en encuentro, todo el centroguías está en encuentro; cada guías según su función y responsabilidad. Algunos centroguías más numerosos podrán contar con mayor numero de manos para el servicio y la oración de los asistentes, otros necesitarán multiplicar su servicio, y porque no donde las circunstancias lo permitan recibir el apoyo de los centroguías más cercanos. Los encuentros ayudan mucho a que los grupos tomen conciencia del trabajo en equipo, para realizar este crecimiento siempre hay que poner en común las inquietudes y realizaciones, revisar lo realizado y reflexionar sobre la programación. El cualquier lugar siempre hay que salvar la casa del EPJ para que durante el encuentro se conserve la paz y la concentración tanto del equipo promotor como de los asistentes. Se valora que en algunos sitios la participación de algunos guías y miembros de la comundad juvenil se integran por momentos determinados, pero al final de las actividades puntuales deben dejar libre la casa para que el desarrollo del EPJ no se pierda la profundidad y el proceso diseñado.

8.3.4. Las convivencias y encuentros de guías:

Destinadas al crecimiento y maduración de los guías cada centroguías realiza cada año algunas convivencias o encuentros de guías fuera del ambito nacional o internacional, normalmente son de un fin de semana. En cada una de estas etxperiencias siempre hay que buscar profundizar en las relaciones personales, resaltar los núcleos temáticos del EPJ, marcar los objetivos propios de cada momento y etapa del grupo, profundizar la opción por los jóvenes que se hace en el Movimiento, refrescar los valores cristianos, revisar los compromisos tomados hacia dentro y hacia afuera del grupo, tener tiempo para la reflexión personal y la oración.

Cada una de estas oportunidades en la medida de lo posible debe ser valorada porlos guías. La temática estará centrada en la opción por Cristo,su evangelio, opción de vida y la opción por la evangelización.

Dar un valor a la pascua en cada comunidad de guías es un desafío. En muchos lugares este momento del año litúrgico ya se celebra dentro del dinamismo de una comunidad parroquial en grupo (no cerrado). La pascua es y ha de concebirse como un tiempo fuerte del Encuentro con lo nuclear del cristianismo. En su forma y realización han de tenerse muy en cuenta las necesidades y maduración en la fe de los jóvenes de cada momento de su compromiso.

Denro de esta misma dinámica ha de celebrarse la pascua definitiva al Padre. Quien ha vivido en la esperanza, y se ha confiado al amor del Padre no teme encontarrse con Él en sus manos. Cada año los emproístas celebramos con solemnidad la pascua del P. José María pujadas, asi como la pascua de quienes se adelantaron en el encuentro con Dios en el quinto día. Cada nueve de diciembre la familia emproísta celebra el día del emproísta, pues el fue el día de la pascua del P. José María Pujadas, su comienzo del quinto día.

8.3.5. La reuniones del comité central, o del equipo promotor diocesano:

Tienen por objeto la comunicación entre los Centrosguías, por ello un iembro habitual de este equipo es el UCL. También la programación conjunta de actividades, el enriquecimiento por medio de la comunicación de experiencias y la reflexión sobre temas que les conciernen a los jóvenes de la comunidad juvenil. Una tarea del comité central es la de elegir los coordinadores de los encuentros, y donde se acostumbra los equipos promotores con las fechas de realización de los EPJ.

9. Conclusión: las enseñanzas del juego de ajedrés:

Al finalizar el recorrido formativo de los futuros guías quizá sea oportuno leer del juego del ajedrés algunas conclusiones que también se pueden convertir en enseñanzas para la promoción juvenil: la primera de ellas es que nunca una pieza gana sola: necesita del apoyo solidario de otras. El trabajo de la promoción juvenil es una acción en equipo.

El preencuentro exige el conocimiento de los ambientes juveniles, es ese el marco de realidad al que se dirige la acción de los guías. También en el ajedrés es oportuno estudiar el estilo de acción y de pensamiento del contrario, antes de lanzarse a una ataque espectacular. Quizá en tal ofensiva pueda ser ventajoso fingir un retroceso, para hacer bajar la guardia al oponente, y entonces golpear por sorpresa. Los guías penetran los ambientes de los jóvenes a partir de los valores de la nueva juventud.

La promoción juvenil es persistente, en el ajedrés si resulta imposible vencer al oponente en campo abierto, se le puede arrinconar hasta la asfixia. Hay que ser cauteloso en ceder piezas al contrario con excesiva alegría: todas pueden ser necesarias; así los guías que, han de cultivar todos los aspectos de su formación en la preparación de un EPJ, pues cada día más la juventud es exigente y desafiante. El trabajo en equipo recuerda que no es posible un ataque sin combinación simultánea de varias piezas.

En el ajedrés si se prevé la victoria total, se puede provocar un final «en tablas». En la madurez afectiva y humana de los guías y de los asistentes el objetivo es avanzar, o por lo menos no retroceder en el crecimiento, en el compromiso y en las decisiones realizadas. La formación de los guías puede en algún momento sacrificar ciertas tareas y objetivos siempre y cuando no se sacrifique el objetivo proncipal ni el carsima de los encuentros. Así el ajedrés donde es posible sacrificar una pieza pequeña para conseguir una grande. La formación de los guías no es una tarea improvizada, nunca es bueno arriesgarse con incursiones en el campo contrario sin contar con apoyos suficientes, se necesita del equipo de formación que acompañe todo el proceso.

Si equipo exige a los futuros guías ellos a su vez estarán dispuestos a dar más y más: se puede abocar al oponente hacia una disyuntiva forzada, donde algo pierde, haga lo que haga. Pero en cualquier caso ha de garantizarse el avance en el conocimiento de la juventud, en el conocimiento del Movimiento, en el conocimiento del carisma, en la relación con Jesús. Resulta imposible dar marcha atrás: una vez cometido un error, no se puede borrar. Por ello hay que pedir a Dios en la oración el don de la prudencia: es imprescindible pensar dos veces, como mínimo, antes de actuar. No es posible inhibirse ante la duda, y ceder la vez al otro. El guía de la promoción juvenil tiene como lema: encontrar a Dios siempre, adelante y arriba.

La mejor estrategia para la promoción juvenil es la observación de los aprendizajes realizados, especialmente aquellos que más resultado le han dado a otros grupos; la evaluación periódica siempre es un desafío. Si una jugada concreta dio resultado al contrario, seguro que volverá a intentarla. Se puede utilizar como cebo. Sin embargo, no se debe uno fiar de las ganancias obtenidas con excesiva facilidad. Los equipos promotores siempre han de estar vigilantes y atentos, la excesiva confianza puede arruinar todo el trabajo de la preparación. Aprender en equipo es ganar experiencia para trabajos futuros: es de suma utilidad los efectos que cada movimiento produce en la partida y en el otro.

El aprendizaje de la promoción de cada EPJ es una tarea que no se debe descuidar, existen piezas de penetración rápida y piezas de penetración lenta. El número de asistentes no es fundamental, pero ayuda que la preparación tenga un buen grupo pues, jamás se ganará si no se planifica la acción a largo plazo. En el ajedrés se gana utilizando tan sólo la inteligencia, no la fuerza.

Un grupo que se confía demacido en el trabajo de unos pocos, o en las estrategias de la publicidad es posible que realice una promoción y una formación deficientes. Es bueno desconfiar de avances demasiado rápidos y fáciles en territorio contrario. La promoción juvenil se realiza mejor en nuestro campo, es decir desde la seguridad que realiza el testimonio de vida, la oración y el trabajo en equipo. No se pueden alterar los movimientos propios de cada pieza: un caballo no puede actuar como un alfil.

He podido ver como muchos equipos promotores se desgastan en su preparación en otros temas que son menos importantes, y que incluso desvían la atensión de lo que debería ser fundamental. No se debe desviar la atención de piezas oponentes pequeñas y de poca movilidad. Trabajar en equipo exige un mismo lenguaje y un estilo, pero siempre es conveniente utilizar estrategias y tácticas de jugadores experimentados, matizándolas con el estilo propio.

Los guías más jóvenes suelen ser quienes más se acercan a la realidad de los jóvenes, conviene apoyar el trabajo de la promoción en piezas humildes y lentas, como los peones, para jugadas muy beneficiosas.

Tanto en el ajedrés como en la promoción juvenil, lo que cuenta es el resultado final: todo lo previo es secundario: El hombre nuevo.

BIBLIOGRAFÍA

1. INICIACIÓN A LA COMUNIDAD. Antonio Botana. CVS 1990

El hombre de hoy en situación: inseguridad, desencanto, pasotismo, evasión, consumismo, ansiedad, masificación, secularización, materialismo, ausencia de valores, desarraigo, dispersión psíquica, ruptura con la historia, provisionalidad, huida del compromiso, adolescencia prolongada, narcisismo y personalismo, relativismo moral y religioso.

Los desafíos: La personalización frente a la masificación; la comunidad frente al individualismo; la interioridad frente al materialismo; el compromiso frente a la indiferencia.

Una Iglesia que se sabe comunidad: Jesús llama a vivir en comunidad. La Iglesia primitiva así lo entiende. Los valores cristianos urgen a ser vividos en comunidad. La institucionalización: necesidad y riesgo. Una educación de la fe en clave comunitaria.

Una catequesis creadora de identidad: ¿Qué es la identidad cristiana?

La iniciación cristiana: ¿Qué es? Protagonistas, elementos. Un proceso catecumenal y sus líneas fuerza. Etapas del proceso.

El grupo catecumenal: ¿Es necesario el grupo? El eje persona-comunidad. Crisis y obstáculos. El final del grupo.

            El método catecumenal: Palabra de Dios, confesión de fe, oración y celebración y compromiso. Entregas y ritos de transición.

La identidad del catequista. El grupo de catequistas.

Al final del proceso: la comunidad.

 

2. ¿QUÉ HACEMOS CON LOS JÓVENES? Javier Martínez Cortés. Cuadernos Fe y Secularidad/Sal Terrae.

¿Quiénes son los jóvenes? Situación de los jóvenes en España. ¿Son los jóvenes tan diferentes de los adultos? La mentalidad de consumo, el individualismo, el presente como tiempo de deseo, la vida como espectáculo, la ruptura con el pasado. Rasgos específicos de esta generación. ¿Por qué son como son? Las relaciones de los jóvenes con el mercado de trabajo. Los jóvenes y la religión.

3. DIÁLOGO PASTORAL CON ADOLESCENTES. Manuel Orta Gotor. PPC 1988

– Una etapa crítica: la adolescencia

– La experiencia espiritual en la adolescencia

– El diálogo pastoral.

– El confiedente: un amigo que me escucha

– El educador: El diálogo pastoral. Los consejos. Educación y libertad.

– Tareas del maestro espiritual de adolescentes. Sus cualidades.

– Cómo se llega a ser consejero pastoral.

4. FORMACIÓN DE LÍDERES. Pedro Chico González. CVS. vALLADOLID 1980

Conciencia directiva: Personalidad y confianza  en sí mismo. Conciencia directiva y ética de mando. El respeto a los demás en el ejercicio del mando. Objetivos operativos y utopías en la relación directiva.

La animación del grupo. Naturaleza psicológica del grupo. Cómo dirigir las reuniones. Dirección de grupos grandes/pequeños. Los bloqueos       y los conflictos de todo grupo.

La actividad del grupo. Programación, objetivos y actividades. Evaluación y control de eficacia. Dinamismos de la acción: estímulos y motivos.

5. CÓMO DIALOGAR CON LOS ADOLESCENTES. Victorino de Arce. Paulinas, 1988.

– Conocer al adolescente. El niño. La adolescencia.

– Dialogar conb el adolescente. La entrevista. La entrevista directiva y la no directiva

6. BAJO EL IMPULSO DEL ESPÍRITU. José Ramón Urbieta. SM. Madrid 1986

Educación y crecimiento de los jóvenes en la fe: Educar la fe, educar la apertura a la fe. La integración entre fe y vida. La espiritualidad cristiana. Características de los jóvenes respectoa al educación en la fe.

El acompañamiento espiritual personal: Finalidad educativa del acompañamiento personal. Objetivos fundamentales: Vivir en la búsqueda del Dios vivo, vivir en el encuentro con el Señor Jesús, vivir en el Espíritu de Jesús y lograr la identidad cristiana en una personalidad sana.

La entrevista personal: Naturaleza, contenidos, dificultades, métodos y sugerencias.

7. JUNTOS EN TU BÚSQUEDA.Pedagogía de la oración. Antonio Botana. CVS. Valladolid, 1986

Oración y búsqueda de Dios. Oración y proceso de fe. Elementos fundamentales de la oración. Condicionantes para la oración. Orientaciones pedagógicas. Cómo orar según la edad, entre 11 y 18 años.

8. PASTORAL DE JUVENTUD. José Ramón Urbieta. Secretariado Trinitario. Salamanca 1986.

– Descripción de actitudes de los jóvenes ante la vida y la fe.

– Planteamientos para un itinerario de evangelización y educación de la fe con los jóvenes.

– Proyecto pastoral con jóvenes: Convocatoria, propuesta, iniciación cristiana.

– El sujeto de la pastoral de jóvenes.

9. JÓVENES EVANGELIZADORES DE LOS JÓVENES. Jesús Sastre. Paulinas,1991.

La posmodernidad no da más de sí. Jóvenes “light”. La cultura de la botonmanía. El sexo como placer, juego o pasatiempo. Solidaridad de boquilla. Los ilusorios mundos del alcohol, la droga y el sexo. Culto al cuerpo. El vacío espiritual. Joven, ¿te conoces a ti mismo? Desencanto, narcisismo y vértigo. Pastoral juvenil de rebajas. La pareja: cuando el amor no es un proyecto. Actitudes para no engancharse en sendas de despersonalización.

10. OPTAR POR LA ANIMACIÓN. Temas para una escuela de animadores. Ricardo Tonelli. CCS.

– Identidad del animador.

Animación y educación de la fe: La animación cultural. La opción por la animación en la educación a la fe. Itinerario de educación de los jóvenes a la fe. Como Jesús de Nazareth por la causa del Reino.. Una Iglesia al servicio de los hombres. Leer la Palabra de Dios dentro de la vida diaria. hacia una propuesta moral.

Destinatarios de la animación. La identidad social de los jóvenes. Adolescencia: los años de la construcción de la identidad personal. La nueva cultura juvenil. Asociacionismo juvenil y eclesial.

Estructuras y medios: El grupo, lugar de comunicación. El grupo juvenil como experiencia de Iglesia. La relación educativo en el grupo. El centro juvenil en la Iglesia y en el territorio. La programación educativa.

11. INICIACIÓN DE LOS JÓVENES A LA ORACIÓN. José Ramón Urbieta. Secretariado Trinitario. Salam.1986

Educar la fe de los jóvenes, base para educar a la oración. Aspectos de la mentalidad actual que dificultan la oración. Principales dificultades de los jóvenes en la oración. Cómo educar a la oración.

12. PLAN DE FORMACIÓN DE ANIMADORES coordinado por Alfonso Francia. Editorial  CCS.


[1] José María Pujadas Ferrer. Encuentros de Promococión Juvenil. Guía para la organización de encuentros de promoción juvenil y grupos juveniles cristianos (manual de Encuentros). Edt. Herder, 1986. El compromiso Amén. Págs. 364-365.

[2] “Los evangelistas, al consignar la fecha y lugar del nacimiento de Cristo, tuvieron ya conciencia que estaban fechando una cita de referencia para toda la historia. Como cuando Moisés tocó las aguas del mar Rojo y las partió en dos, asimismo Cristo dividió en dos partes la historia: años antes y años después de Cristo. Es el punto de referencia del calendario. En él todos fechamos y contamos nuestros años. Quitar a Cristo de la historia produciría el mismo desconcierto que si de la música quitáramos el penta­grama.  San Lucas, médico e historiador conspicuo, fecha el nacimiento de Jesús con un edicto del César de Roma y el Gobernador de Siria, Quirino (Lc 2, 1-7). En forma más solemne inscribe después la aparición pública en el Jordán: «El año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, tetrarca de Galilea Herodes y Filipo», etcétera (Lc 3, 1-2). San Mateo, por ser judío, señala el nacimiento por el cumplimiento de profecías seculares”. Manual de Encuentros, Reflexión Jesucristo Nuestro Héroe. Pág 82.

[3] “Y no se trata de una sola renovación de conducta, sino de la adquisición de una nueva vida superior, de una renovación radical que nos da un nuevo «ser existencial», ser-en-Cristo. De una «nueva creación» (Ef 6, 15)”. Manual de Encuentros, Mensaje del Hombre nuevo. pág 121.

[4] Cf. ASE 025. Cap 6. Hágase Tu voluntad en la tierra.

[5] Evangeli Nuntiandi (EN). N.46.

[6] “La fe es una virtud, porque es una adhesión personal a Cristo. Es a la vez principio y consecuencia de la confianza y amor que le tengo. Uno es lo que ama. Al aceptar a Cristo como Hijo de Dios, le entrego mi inteligencia. le hago mi ideal: se establece una transferencia mutua de pensamiento y de vida. Ningún ideal es más motivador que Cristo, es el primer valor axiológi­co. Cuando Cristo se hace imagen interior, todo lo que en el joven no se ajusta a su pensamiento debe eliminarse o transmutarse… «La fe es un inserirse del espíritu humano, razón y voluntad, en el Espí­ritu de Dios,»… El acto de fe afecta a todo el joven. Vamos a tomar un acto de fe y ponerlo al «microscopio» de la observación para ver todos los elementos de que está compuesto. El acto de fe  consta de tres elementos. En el acto de ¡la profesión de la fe intervienen de consuno: Primer elemento, LA RAZÓN (tenemos razones para creer); segundo elemento, LA VOLUNTAD (la fe exige libertad de opción); tercer elemento, LA ORACIÓN (La fe es un regalo de Dios)”. Manual de Encuentros, Qué significa tener fe, homilía de la opción por la fe. Pág., 222-223.

[7] Cf. ASE 025. Cap 5, Hágase Tu voluntad.

 [8] Cf. ASE 025. Cap 4, Venga a nosotros tu Reino. Y, cap 7, Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

 [9] “En un encuentro de promoción de juventud, hay que sensibilizar los jóvenes y los grupos juveniles para que adquieran conciencia de la realidad social en que viven y que hay que evangelizar. Advierte el documento de Puebla: «Anunciar un Evangelio sin incidencias económicas, sociales, culturales y políticas, sería una mutilación del Evangelio» (558). A pesar del poco tiempo que se dispone, se trata ahora de promover una cierta conciencia social de situaciones, casos y personas a quienes hay que llevar la Buena Nueva”. Manual de Encuentros, Acción evangelizadora, ejercicio de concientización social. Pág. 282.

[10] Ver en el Manual de Encuentros, introducción, n. 4.: Objetivos concretos que persigue el Encuentro de Promoción Juvenil. Págs. 19-24.

[11] Germán Méndez, C.P. Asesor Internacional. Cf. ASE 025. Cap 1., Padre nuestro.  Y, cap. 2., Que estás en el cielo.

[12] Ibidem. Cit 11. Cf. ASE 025. Cap 3., Santificado sea tu nombre.

[13] Ver en Manual de Encuentros, introducción, n. 6,, Vivencia y convivencia. Y, n. 7., Estilo y lenguaje. Pág 24-30.

[14] Ibidem cit.13.

[15] Ver en Manual de Encuentros,  parte tercera, el encuentro, n.7, el lenguaje total. Pág.350.

[16] Manual de Encuentros, Jesús, tipo del hombre nuevo. Primera parte, n.1. pág. 155.

[17] Documento Bases y Carisma. IX Encuentro Internacional celebrado en Venezuela. Agosto de 1996.

[18] Manual de Encuentros, introducción, n. 10, el postencuentro, Pág. 34.

[19] Manual de Encuentros. Segunda parte, n. 20. Alborada de un mundo nuevo. Pág. 288.

[20] Santo Domingo. CELAM. N. 112.

[21] Santo Domingo. CELAM. N. 114.

[22] Puebla, CELAM, n. 86.

[23] Puebla, CELAM, n.1201.

[24] Mons. Pedro Juarez Meléndez, Obispo de Tula, México. Reconocimiento definitivo de Encuentros de Promoción Juvenil como Asociacion Privada  Internacional de  Fieles de Derecho Pontificio. Un poco de historia del movimiento EPJ. Ponencia presentada en el XI Encuentro Internacional, Costa Rica, 2003. Pág 1.

[25] Aparecida. CELAM. N.446-b.

[26] Manual de Encuentros., Joven lider comunitario, el joven lider cristiano. Pág. 207

[27] cf. Manual de Encuentros, parte cuarta, n. 4.  Reuniones de grupo Amén. Pág. 364-365.

[28] “Promoción, significa ascender y conseguir un grado superior al anterior. La promoción humana consiste en educar la libertad en una relación pro­funda de valores; y en proporcionar la capacidad de ponerse en frente a las presiones alienantes, para facilitar la realización de las opciones per­sonificantes. Expresión gráfica. El signo de la vocación es el timón. Cada joven es el «timonel» de su pro­pio destino. La vida es una vocación de destino. La fórmula de promoción industrial es de «más-por-menos». La promoción humana es de «más-por-más» (+ x +)”. Manual de Encuentros. Apéndice ¿Qué son los Encuentros de Promoción Juvenil?, segunda respuesta. Pág. 375-376.

[29] “SER JOVEN. es propugnar la causa de un mundo nuevo y mejor. ¿Dónde encontrar el programa de este mundo mejor? Mundo mejor es sinónimo de reino de Dios. Nuestro libro, el Evangelio, lo describe así: El reino de Dios es: —un reino de paz, de amor y de justicia. —un reino de verdad, de gracia y de vida. —un reino universal y eterno. ¿Puede darse un programa más nuevo y prometedor, y sistema código social mejor? Este reino empieza a cumplirse ya ahora, en este mundo; y consigue toda su plenitud en el otro. Consigna de promoción cristiana juvenil: «¡Unidos construiremos la civilización del amor!»” Manual de Encuentros. Apéndice, siete puntos de la promoción juvenil, n. 7. Pág. 382.

[30] “Mucho de lo que ves en tu ambiente y en tu casa no te gusta: lo desearias cambiar. Empiezas a sentir la decepción de personas que hasta ahora considerabas modelos y perfectas, y que vas descubriendo que no lo son. Caes en la cuenta de que hay mucha inautenticidad en la sociedad, y aun mucho egoísmo en la amistad. ¿Te sientes inconforme? ¿Qué quisieras que cambiara en los demás y en ti?  Manual de Encuentros.¿Joven qué deseas? El joven desea renovación. Pág.61.

[31] Se valoran  mucho las experiencias que existen, especialmente la experiencia de Venezuela, en el centroguías de Barquisimeto.

[32] Pablo VI, Evangeli Nuntiandi n. 76.

[33] Khalil Gibran…?

[34] ojo el decálogo del expositor.

[35] Cf. Diálogo pastoral y labor de pasillo