ASE-030-2012

 

En el XIV Encuentro Internacional, celebrado en Guatemala una joven me dijo:

“Carlos Arabia es su fans número uno”. Yo pensé:

“yo también soy el fans número uno de Carlos y de cada joven.

 A la memoria de mi Padre.

1. Introducción:

Esta reflexión centra la atención en las funciones propias de los guías, adultos y jóvenes para implicar la convivencia del Movimiento en una dinámica pastoral que cree en realidad una familia.  El compromiso de los guías supone una tarea específica y compleja que está llamada a conservar el compromiso de unidad, es decir  que exige una adecuada relación, comunión y crecimiento de la fe de los emproístas en sus diferentes grupos. muchos grupos adolecen de esta relación. Sin embargo el reciente Encuentro Internacional celebrado en Guatemala dio un avance significativo para superar la barrera inexistente entre las diversas generaciones de emproístas.

La pastoral juvenil que realiza el Movimiento se sitúa en el contexto eclesial como elemento de colaboración a Iglesia, en orden a suscitar la libre opción de la fe el liderazgo y la participación activa hasta desarrollar la madurez de los jóvenes.

Animar una familia exige testimonio, no autoritarismo, ni sólo dinámica de relación ni solo socialización. La mayor autoridad se difunde mediante el testimonio de una vida plenamente vivida en la familia, parroquia, centro educativo y todos los ambientes donde incursione el Movimiento y cada uno de los guías. ¿A quién se anima? a todas las personas de la familia, pues animar es promover, y el Movimiento de promoción juvenil se dirige a personas jóvenes, y esta dirección parte de unos que llegaron antes, a otros que están llegando. De esta manera hay que evitar elitismos, olvidos o recelos, de lo contrario se  puede caer en la disolución, pérdida de  identidad o dispersión de las mismas metas.

El compromiso de la animación nos corresponde a todos. La afirmación: “nos corresponde a todos”, reclama una nueva mentalidad, es decir que todos somos corresponsables, que todos debemos sentirnos urgidos de manera particular a impulsar y apoyar el crecimiento, la fidelidad, la creatividad, la amistad, el carisma, y cada uno de los procesos del caminar emproísta en el mundo: esta acción da origen a la comunidad.

 

2. ¿Quién quiere sembrar?:

La promoción juvenil en cualquier caso ha de mirar un referente: el plan operativo internacional, regional, el plan de cada país, e incluso de cada centroguías. Todos debemos involucrarnos, aunque no todos estemos llamados a trabajar directamente. La enseñanza de Jesús es hermosa para iluminar este momento de vida de la familia emproísta: “Un sembrador de buena semilla, salió a sembrar…”. Ese es para mi un emproísta de cualquier tiempo, un sembrador de buena semilla. También las palabras de San Pablo a las diferentes comunidades nos puede iluminar este punto, pues recuerda encarecidamente a la comunidad que valore “a esos de vosotros que trabajan duro, haciéndose cargo de vosotros por el Señor y llamándoos al orden” (1Tes 5, 12), dentro de la rica pluralidad de carismas, ministerios y funciones de la Iglesia (Rom 12, 6-8; 1Cor 12, 4-11; Ef 4, 11-12).  Este ideal se sintetiza en Ef 4, 1-6, y en la Carta a los Hebreos cuando se habla de los “primeros testigos” que guían y confirman a sus hermanos en la fe, la esperanza y el amor (Hb 2, 3-4; 13, 7).

La primera tarea del animador es pues sembrar. Aquello que se siembre es lo que se va a recoger más adelante. ¿Qué sembrar? La más pequeña de todas las semillas: todas las acciones de Jesús constituyen una llamada a sembrar; Él mismo es sembrador en este sentido. No es una labor fácil pues muchos ambientes carecen hoy de esperanza y de modelos que entusiasman. La enseñanza de Jesús dice que el trigo y la cizaña pueden llegar a crecer juntos, pero que hay que prepararse para discernir en algún momento. La imagen del grano de mostaza que, “una vez crecida, es la más grande de las hortalizas” (Mt 13,32), recuerda que el crecimiento es como una semilla que posee la fuerza desde el comienzo pero que necesita muchos cuidados para madurar. La siembra es sólo el primer paso, y deben seguir otras atenciones.

¿Cómo sembrar? Como lo hace Dios, respetando la libertad. ¿Dónde sembrar? Por doquier. ¿Cuándo sembrar? En el momento más indicado.

 

3. Sembrar-acompañar, acompañar-sembrar:

Una vez sembrada la semilla hay que actuar sobre el campo. Las actividades propias del guía después de la siembra consiste en acompañar, educar y formar, no podremos contentarnos con la realización de un EPJ en un fin de semana. El evangelio de Lucas nos cuenta el relato de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24), es significativa la sabiduría pedagógica seguida por Jesús; primero se acercó al grupo de los discípulos un tanto desanimados, se PUSO AL LADO de ellos, ese fue el primer paso ponerse al lado, para convertirse en acompañante. Muchas de nuestras dificultades entre los diferentes grupos es que no nos ponemos al lado, sino que queremos estar encima o debajo en ua relación de autoridad no de fraternidad.

Acompañar es compartir real y físicamente la vida; observar la conducta de alguien, también de un grupo, y llegar de ahí a sus actitudes, sentimientos y motivaciones, con una distancia. Vivir codo a codo con las personas y con la Persona de Jesús prestando una atención inteligente. La vida diaria y la convivencia son la mejor fuente de información para conocer el comportamiento, las reacciones, simpatías, antipatías, emociones, depresiones, costumbres, humor, cosas que no se aguantan, olvidos, nerviosismos, preferencias, extrañezas… Es decir, insistir en la relación posibilita obtener una visión completa e identifica cada situación cuando esta llegue al interno de cada comunidad.

El mensaje del otro y yo es un viaje orientado hacia la madurez de la personalidad, hacia el proyecto pensado por Dios para la persona. Tal viaje se realiza por mensajes (etapas) en compañía de un guía, asesor, animador que conoce el camino, la voz y los pasos de Dios, que ayuda a reconocer al Señor que llama a discernir el camino a recorrer para llegar a Jesús y responderle. Un camino es por tanto, y ante todo, un camino con el Señor Jesús nuestro héroe.

La tarea del guía es la de indicar la presencia del Otro. Quien llama a servir a un guía es Dios. He encontrado grupos donde se quiere imponer la idea que los guías adultos califican el liderazgo de los jóvenes que quieren perseverar en el Movimiento dando origen a la desilusión de muchos de ellos. Este es un error, los guías animan y disciernen pero quien llama es Dios. También el he visto el caso contrario donde los jóvenes quieren desconocer la experiencia de los guías adultos: quien llama es Dios, y cuando llama se dirige a cada persona que haya hecho una libre opción de fe. Como con los discípulos de Emaús (cf. Lc 24), o como Samuel (cf. I Sam ) que durante la noche escuchaba una y otra vez el llamado, pero que no siempre sabía como responder, hasta que Elí, su guía y acompañante le ayudó a reconocer la procedencia de esa voz misteriosa. El guía no habla de sí, sino que anuncia a Otro que está ya presente.

El texto del encuentro de Jesús con una mujer samaritana sucede al medio día y a pleno camino cuando la jornada era más ardua: “Jesús cansado del viaje, se sentó junto al pozo…” (Jn 4,6): este arranque amistoso de Jesús aquel día con la mujer samaritana, la lleva a descubrir mucho de sí misma y de Jesús, al punto que de inmediato se convierte en su anunciadora. Para animar a los jóvenes a su promoción necesitamos de la misma libertad de Jesús. Lo simbólico del encuentro sin embargo lo podemos enmarcar en la imagen del pozo. Volver al pozo, a la fuente, al origen del Movimiento siempre es un buen referente cuando nos sentimos cansados y fatigados de caminar, pues en ese pozo podremos encontrar a Jesús que nos ofrece la fuente de agua viva que necesitamos. El trabajo de la promoción emproísta tiene unos referentes y una metodología que no podremos desconocer.

¿Cuáles son esos pozos que hoy necesita el Movimiento? Un pozo es un referente en medio del desierto para la supervivencia de un pueblo. El símbolo utilizado por Jesús del agua para y de la vida se dirige hoy a los jóvenes para acompañar los desafíos, expectativas, interrogantes, suficiencias, deseos profundos, etc. Guiar no es imponer una dirección (ni siquiera una dirección espiritual), o enseñar cosas, o entablar una relación en un único sentido. Guiar es compartir la vida y también la fe. Guiar es testimoniar, personalizar, contagiar, atraer.

  1. 4.      Se anima para educar:

Educar en la fe en sentido etimológico es como un sacar fuera, para que exteriorizado pueda ser útil. Jesús se aproxima a las personas, les pregunta, se interesa. Aunque Jesús sepa lo que le sucede a las personas quiere que sus amigos se descubran para que puedan manifestar sus necesidades. Por ejemplo, señalar la propia tristeza, la propia esperanza, las perdidas, ayuda a adquirir conciencia, y la conciencia exige releer la historia para vislumbrar el futuro. Todo esto es aprender.

Un guía joven o adulto acompaña a un joven cuando espera con paciencia todo el ciclo del aprendizaje. También cuando es conciente de su propio egocentrismo,  echar los el equívocos llama la felicidad deseada. La sinceridad es otro paso necesario para llegar a la verdad. Quien quiere acompañar a un grupo, o a un joven debe ser experto en dejarse acompañar por Dios, esta es la clave de lectura de la historia de salvación: aceptar que no lo sabemos todo, y  dejar revelar el misterio de la vida: dejar ver a Dios encarnado en nuestra historia. Se educa también para leer la propia vida, los sucesos que causan tristeza, y de nuevo Dios que nos llama a la felicidad trasformados en él. este es el objetivo de cada una de las reflexiones espirituales del proceso de un EPJ: señalar el paso de Dios por la vida de los jóvenes.

 

5. Guías con deseo de formar y dejarnos formar:

No basta con aprender de memoria la secuencia de los encuentros, hay que formarse para la promoción, es decir, hay que proponer un modelo concreto, un modo de ser joven, pues una “forma” concreta de ser constituye una comunidad, una familia. Quien se quiera dejar formar por Jesús ha de saber reconocer que la verdadera identidad del discípulo se encuentra en saberse dar al estilo del maestro; en el partir del pan, en la comunión se explica el sentido de la familia, y de la evangelización.

Quien se deja guiar y formar por Jesús dentro de una comunidad de vida a su estilo ha de reconocer y reconocerse dentro de un proceso de formación a la opción de fe y a la opción comunitaria  y por tanto a la evangelización, de esta manera la vida del guía será el mejor regalo a la iglesia y a la juventud. Pero reconocer es agradecer, es decir, descubrirse amado con abundancia, en el acompañamiento, en el grupo, en la iglesia.  Este reconocimiento que es también auto-reconocimiento no es simplemente una emoción de tres días, es ante todo descubrimiento de la propia vocación, de la experiencia de Dios en quien la persona se descubre también a sí misma y su propia identidad, y de la responsabilidad que tiene con su entorno. Guiar y formar es la opción y la tarea más importante de nuestra familia emproísta para alcanzar un amor más maduro.

6. El emproísmo es una familia en discernimiento:

El resultado de todo el proceso de formación del Movimiento nos lleva a todos a poder discernir para decidir el camino en cada una de las encrucijadas. El P. José María Pujadas decía que la juventud era el momento de las grandes decisiones. Esta tarea invita a los guías a observar tanto las reacciones de los jóvenes como el propio carisma. El método de los encuentros es una herramienta que permite primero, adquirir la capacidad de tomar decisiones coherentes, en el relato de los discípulos de Emaús al reconocer a Jesús los discípulos “al instante se volvieron a Jerusalén…”. La expresión “al instante” proclama con fuerza la decisión que surge del encuentro con la persona de Jesús, y supone una ruptura con lo que eran o hacían anteriormente: indica un cambio de vida, es precisamente esta decisión la que falta a menudo en los jóvenes de hoy. Por tal motivo, y con el fin de “ayudar a los jóvenes a superar la indecisión ante los compromisos definitivos, parece útil prepararlos gradualmente a asumir responsabilidades personales, confiarles tareas adecuadas a sus posibilidades y a su edad, favorecer un plan de vida progresivo a las pequeñas opciones de cada día ante los valores. La incapacidad de decisión no es necesariamente característica de la actual generación de jóvenes; no es raro que sea consecuencia de un acompañamiento que no ha subrayado bastante la primacía de Dios en el plan de vida.

El método de encuentros, en segundo momento, permite encontrar las fuentes de la propia identidad. El cambio de vida del que se habló antes conlleva una recuperación de la propia identidad, como una “vuelta a casa”, en el pasaje de Emaús dicha “vuelta” la simboliza la expresión: “…y volvieron a Jerusalén”. según los Obispos en Aparecida “volver a casa” es uno de los desafíos de la Iglesia hoy muy importante en la formación de comunidades realmente maduras, pues representa la condición para ser uno mismo y para realizarse según el único proyecto que puede dar felicidad. Muchos jóvenes piensan todavía lo contrario sobre la vocación cristiana, y la participación en la Iglesia pues miran con desconfianza y temen que aquí no pueden ser felices. Muchas veces las mismas actitudes de los adultos incluidos los guías, los coordinadores y los asesores contribuyen a crear una imagen negativa de la participación eclesial, poniendo toda clase de obstáculos y desanimando a quienes se integran a los nuevos procesos.

En tercer lugar, el testimonio de la propia vocación como guías. Cuando los discípulos de Emaús llegaron a Jerusalén “encontraron reunidos a los once y a sus compañeros, que les dijeron: ‘El Señor en verdad ha resucitado y se ha aparecido a Simón’. Y ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo le reconocieron en la fracción del pan” (cf. Lc 24,33-35). Este es el dato más significativo del pasaje, pues es el testimonio el que da origen a la comunidad.

El cuarto momento del método de los encuentros permite discernir la apertura al plan de Dios. Cerrarse al plan de Dios caracteriza ciertamente una mentalidad moderna

Quinto, discernir la identidad y las motivaciones que nos mueven a un compromiso eclesial, es decir a la “identidad” de discípulo

La madurez de la personalidad en la que desemboca el segundo día del encuentro es decidida por un elemento esencial que da verdaderamente sentido a todo: el acto de fe. La auténtica opción en realidad es por la familia eclesial en el emproísmo, y es tanto más genuina cuanto más es parte y epílogo de un camino de formación a la madurez. El acto de fe, en el interior de una lógica que deja espacio al misterio, es precisamente el punto central que permite mantener juntos los extremos, contrapuestos a veces, de la vida, perennemente tendido entre la certeza de la llamada y la conciencia de la propia ineptitud, entre la sensación del perderse y del encontrarse, entre la grandeza de las aspiraciones y los propios límites, entre la gracia y la naturaleza, entre Dios que llama y el hombre que responde.