ASE-031-Febrero de 2013

Germán Alberto Méndez. C.P.

Asesor Espiritual.

 

Dedicada al Santo Padre Benedicto XVI

1. Un acontecimiento nuevo para una Iglesia nueva:

Para el mundo eclesial el 10 de febrero de 2013 marcará un nuevo tiempo en la Iglesia el Santa Padre Benedicto XVI anunció al mundo: “…también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia. Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando. Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado. Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.” Yo me encontraba en Honduras compartiendo con la comunidad del Hato enmedio, de Tegucigalpa el XII Encuentro de Promoción Juvenil. Muchos de los jóvenes de esa comunidad tan viva me empezaron a preguntar lo que pensaba sin embargo no quise decir muchas cosas pues me pareció que era necesario hacer una reflexión mucho más seria. Este es el motivo de esta sencilla carta.

La renuncia del Santo Padre surge al principio de la cuaresma, y se podría concluir que en la pascua la Iglesia en un cónclave de cardenales habrá elegido un nuevo papa. Es decir que la nueva elección del Santo Padre deberá pasar por la Cruz de Cristo, deberá volver al crucificado. curiosamente la parroquia del Hato enmedio de Tegucigalpa está consagrada a San Pablo de la Cruz, un hombre que supo mirar la Cruz de Cristo y proponerla como remedio de todos los males del mundo y, por tanto también, de todos los males de la Iglesia.

Sólo si la iglesia vuelve su mirada a Jesús crucificado en este momento crucial de la historia podrá superar las crisis más radical a la que se enfrenta con la renuncia de un Santo Padre. En la metodología de los EPJ en la tarde de entrada los jóvenes ven las diferentes realidades del mundo a las que se enfrentan a sí mismos y las contrastan con sus propias realidades y preguntas con la esperanza de encontrar una respuesta, este trabajo que se realiza en silencio tiene una primera respuesta en la persona de Jesús nuestro héroe: se trata de un Jesús que participa de la historia de los hombres y mujeres. Y una segunda respuesta en el mismo Jesús Cristo modelo del hombre nuevo: se trata de la reflexión de la gracia y la salvación, del amor de Dios ofrecido en la Cruz. Me detengo en estas dos reflexiones porque ambas expresan las dos tentaciones de la iglesia y a la vez proponen un camino para superarlas.  Por una parte el docetismo eclesial, es decir la irrealidad en el estar en el mundo, una persona, una comunidad, una iglesia por fuera de la historia, aislada e indiferente de los cambios. Y por otra parte el gnostisísmo, es decir, la irrealidad en ofrecer salvación, el no ser capaces de mostrar la salvación y el amor que Dios nos tiene en un mundo envuelto en diferentes problemáticas. Ambas reflexiones espirituales buscan que el joven no quiera manipular a Jesús. La iglesia de nuestro tiempo nunca antes como ahora había sido puesta a prueba para elegir un Santa Padre y para afrontar una crisis de gobernabilidad y humildad. La propuesta para el joven y para la iglesia es la misma la conversión por el encuentro con el crucificado. El P. José María tiene una imagen muy bella en el Manual de los Encuentros: En una población se veneraba una imagen muy célebre del Crucifijo. En una ocasión un artista fue a visitarlo para reconocer su belleza artística. Miró y remiró. Nada le llamó la atención de la imagen, y manifestó al sacristán su decepción. Éste le contesté que para captar toda la fuerza de expresión de aquel Cristo, babía que mirarlo desde un ángulo determinado, y le mostró un reclinatorio que estaba frente a la imagen. «El secreto para comprender toda la grandeza de Cristo —le replicó— es que hay que saber mirarlo de rodillas”

2. Un acontecimiento que llama a la conversión:

En la renuncia del Santo Padre Benedicto XVI se lee que es un acto libre de conciencia pero que le compete a la vida de la iglesia, es decir que como tal el acontecimiento se refiere especialmente a la iglesia, como institución y jerarquía y como pueblo de Dios y comunidades. El acento lo quisiera poner en que para el Papa  se trata de un acontecimiento arraigado en Dios, es decir con toda libertad. con su renuncia abre la puerta a otra iglesia necesaria que solo puede brotar de la conversión. El cónclave de los señores cardenales ha de abordar un deterioro eclesial y que los medios a su saciedad han señalado como una lucha de poder entre dos grupos de poder de la iglesia jerárquica y la incapacidad de gobernar a la que se vio enfrentado el papa.

En este sentido tengo que la impresión que la iglesia se ve demasiado formalista, como si se tratara de una institución que asfixia el carisma, y que lo que  finalmente cuenta es una estabilidad puramente exterior, una honestidad superficial, pura fachada. a veces así mimo parecen nuestra pequeñas comunidades. Y si Jesús nos hablara en este momento nos acusaría de ser como sepulcros blanqueados. Pero la pregunta de este momento no ha de ser quien es culpable, sino cómo aunar fuerzas para centrar a la iglesia y a las comunidades de cristianos y cristianas en la persona de Jesús y en su proyecto de construir el Reino de Dios, la civilización del amor y, esto sólo es posible si hay conversión.

Por los diferentes comentarios y voces de los diferentes grupos periodísticos, teológicos, y sociológicos hay que reconocer que la iglesia ha perdido su función profética y que delante de la renuncia del papa se está evidenciando un vacío y  que se palpa también al nivel del pueblo de Dios. Este vacío también hace parte de los tiempos difíciles, es decir que la dificultades mas grandes de la iglesia hoy no vienen de afuera, pues hoy por hoy no tememos invasiones mozarabes, budistas, o ateas; los tiempos difíciles se producen es al interior, y por deterioro institucional.

¿Qué entiendo por deterioro? la supremacía del YO, la incapacidad de ampliar ese yo hasta el mundo de los otros. El pueblo de Israel nos presenta el mejor ejemplo con la conversión de Moisés en el libro del Éxodo (Cf. Ex 3,7). Él tuvo que ampliarse a su pueblo de donde huyó no obstante su sensibilidad ante al maltrato del israelita en manos del egipcio. Es cierto que le defendió, pero su acción no repercutió en la conciencia de todos tan sólo le sirvió para temer y huir ante nuevas situaciones. Otra tentación de nuestros días es la de hacer de la iglesia una institución autoritaria y vertical negando su dimensión democrática y evangélica. Me atrevo a decir que la elección de un papa pone a la iglesia toda en situación de elección, en democracia, es decir que se exige escuchar lo que el pueblo de Dios quiere, y ojala a partir del evangelio  y del Reino de Dios que es el fin de la Iglesia. No son los cardenales quienes se van a reunir en Roma a elegir un papa, es toda la iglesia con ellos, todos y cada uno de los bautizados con igual dignidad como se lee en la carta de Santiago, aunque quienes hablen en el cónclave sean los 117 cardenales, los más altos jerarcas de la institución. Negar esta realidad democrática sería negar la realidad del cuerpo místico de la iglesia donde Cristo es la cabeza y donde los miembros más dignos y fuertes sostienen y defienden los más débiles (cf. 1 Cor 12,12, ss). La imagen de San Pablo expresa que la iglesia nace de la base en una multiforme gracia de carismas. D esta forma la reunión de los cardenales no es la base de la nueva elección del Santo Padre, sino que ellos han de  saberse ubicar para interpretar y así saber lo que realmente hoy la iglesia espera de un pastor antes de elegir a quien finalmente nos va a guiar con el callado de Pedro.

Pedro fue piedra no sólo porque así lo llamó Jesús sino ante todo porque fue comunión. La iglesia esta llamada a ser comunión, especialmente a nivel político que es donde casi nunca se ve esta realidad en las comunidades y en la institución. Se hace necesario encontrar un punto de encuentro, y la respuesta está en el crucificado modelo del hombre nuevo y oferta de salvación para todos, a donde confluyen todos los hombres y mujeres del evangelio. Si la comunión brota del crucificado, entonces brota de los débiles de los pobres más pobres, de los laicos a quien es necesario escuchar, los los alejados a quienes hay que defender en su postura con un testimonio sólido, de los pequeños de quienes es el Reino de Dios, de los miembros más pequeños y débiles que son defendidos por los miembros más fuertes y vigorosos.

En uno de esos artículos que he leído estos días decía que la renuncia del papa demuestra la pobreza de la Iglesia, si esta afirmación es cierta también es cierto que la reunión de los señores cardenales en un nuevo cónclave ha de mostrar la riqueza de Dios cuando le permitimos obrar a través de su Espíritu Santo; y esto mismo en cada una de nuestras reuniones por sencilla que parezca. La iglesia no nace sumergida en el poder de los gobernantes, la iglesia nace en las catacumbas, que era como la manifestación de Dios en medio de las dificultades más grandes de los primeros cristianos, en cada uno de estos lugares se quería manifestar la fidelidad a Jesús. El cónclave nace al estilo de las catacumbas del ayuno impuesto por la iglesia, pueblo de Dios, a los cardenales para que eligieran rápidamente un sumo pontífice. Elegir un pastor, un coordinador, un dirigente de comunidad no es una utopía anárquica, pues no se busca ni el más excelente, ni el más sabio, si el más poderoso, ni el más sagaz, esta será una discusión que las comunidades tendrán que evitar. Ahora recuerdo el libro de Humberto Eco: ‘El nombre de la rosa’ en donde se discutía si Jesús era pobre, sería estancarse en diferentes puntos de vista. La discusión debe estar en cómo avanzar, no en dar marcha atrás, y en cualquier caso en como ser más fieles al evangelio.

Mas que nunca creo que un cambio de coordinador según el nivel en que se lea exige cambios, reformas, pero sobre todo conversión. no solo a un nivel ético moral, sino en lo que configura la iglesia, es decir cambos que signifiquen quiebres. Para los profetas estos cambios representaban volver a las fuentes de aguas vivas, a Dios. Elegir es ir a donde Dios esté, escucharlo, preguntarse, dejarse hablar y enamorar que ese es su lenguaje, y si se va y no se encuentra a Dios en esas fuentes, pues habrá que volver a las fuentes de antaño, pero con la esperanza y en la dimensión de lo nuevo que contiene nuestro estatuto de fe, no para repetir necesariamente otras épocas ya superadas.

Ahora bien, quizá en esta búsqueda encontremos diferentes imágenes y rostros de Dios. Algunos de esos ‘Cristos’ y ‘Jesuses’ pueden corresponder a diferentes intereses, cada uno de ellos bueno para no juzgar las diferentes posturas de la comunidad que elige. El Jesús del evangelio y que comunica la imagen del Cristo, que con frecuencia parece desaparecido, es el problema fundamental de la Iglesia: El desafío de elegir es encontrar la manera de configurar una comunidad a Jesús de Nazaret, es decir, como parecernos al menos de lejitos a ese Jesús de los evangelios.

La iglesia que los jóvenes quieren  es la que Dios quiere, no hay duda: la de Jesús la que lo hace presente, la que no esconde su testimonio (la Cruz), ni su presencia (su vida). La iglesia que yo quiero ha de saber escuchar, me decía un joven, a los de dentro y a los de fuera, aquella que nos devuelve a Jesús que no lo esconde entre leyes y estructuras, que nos hace ser afines a Él, aquella iglesia que nos despierta las ganas de ser buenos.

3. La iglesia que yo quiero con un pastor al estilo de Jesús:

En una entrevista hecha al teólogo Hans Küng se le preguntó por lo desafíos del nuevo papa, a lo cual respondió: “Sacar a la iglesia de la crisis. lo cual implica otro desafío central: aceptar que la iglesia está en una crisis, desarmar la fachada que promulga que el Vaticano no se equivoca.”

La pregunta y la respuesta me recordaron el encuentro de Jesús con el joven del evangelio: “¿Maestro bueno que debo hacer para alcanzar la vida eterna? a lo que Jesús respondió: Porque me llamas bueno, si sólo Dios es bueno”. El encuentro con Jesús representó para aquel joven una crisis que le exigía una necesaria renovación pero lo que ponía en la línea de Dios y no de los hombres, en la línea del evangelio. Considerar la bondad de Dios es el mayor desafío de la humanidad, si lo que queremos es acercarnos al ideal de Jesús. ‘Solo Dios es bueno’ le responde Jesús para ampliar en aquel hombre la capacidad de respuesta. una iglesia que se plantea la conversión en sus deferentes cónclaves vive en continua conversión y revisión de sus actitudes, actos y opciones. Este ejercicio es válido y necesario en cualquier tiempo de la vida, más si se quiere vivir en la clave de discípulo, pues las opciones que se repiten y se renuevan se profundizan en cada evaluación.

El punto de partida del examen que conlleva la búsqueda de un buen pastor es conocer y considerar en la propia vida al que es Buen Pastor por excelencia: Jesús, el modelo el testigo del Padre.

Después de encontrarlo como quien llama y conoce su rebaño es pertinente la pregunta de quién es el buen pastor para la comunidad de Pedro, o del hato enmedio en Tegucigalpa. La pregunta por el quién es el más indicado ha de hacerse si antes nos preguntamos: qué clase de persona soy. A todos los niveles familiar, política, que tipo de formación, que servicios he realizado, que temores tengo, etc.

Pero también que clase de cristiano estoy siendo. No se puede responder a la vivencia de una vocación si no se responde a la pregunta del cristianismo que se vive al interior de una comunidad. Si el cristianismo vive una crisis hoy no es por a falta de pastores o coordinadores, sino y mas allá de lo institucional cristiano, por la ausencia de profundas convicciones cristianas. Cuando alguien escoge o es escogido para ser pastor es porque decide consagrarse al servicio del Reino dentro de una comunidad concreta, y allí precisamente debe demostrar que tipo de cristiano quiere ser y  hacerse efectivamente en cada uno de sus actos.

Por eso creo que el mayor desafío de un cónclave es el encontrar los caminos y pistas de lo que significa ser pastor en los tiempos actuales. elegir un coordinador no es sólo cuestión de políticas internas o de fuerzas y votos. Una elección en todos los casos ha de relacionar a las personas con Jesús, y en circunstancias históricas concretas. San Ignacio enseña en los ejercicios espirituales y como camino para alcanzar mayor amor la necesidad de experimentar a Jesús actuando en la vida del creyente: ¿qué haría Jesús en mi lugar? Pues asumir el estilo de vida de Jesús es correr su suerte y hacerse cargo su Cruz, de su misión, de hacer nuevas todas las cosas, con el mismo lema de los Obispos en Aparecida.  Sin esta convicción fundamental no se puede ser un buen pastor.

Y es que he encontrado comunidades donde los coordinadores no se sienten obligados a ser cristianos por el hecho de ser elegidos para un servicio de animación. Así mismo sueño el papado; el candidato a suceder al pescador Pedro ha de ser antes que un buen pescador un discípulo de Jesús, un buen cristiano. Como sacerdote ordenado de la iglesia he ejercido el oficio de párroco, y actualmente el oficio de asesor de los EPJ, nunca he puesto un letrero donde diga: ‘aquí no se aceptan pobres, o pecadores, homosexuales, ladrones, débiles de cualquier tipo’. Pero y aunque en la practica no he visto un letrero expresamente en una oficina si he podido constatar de boca de los jóvenes que muchas veces el letrero está puesto para hacer acepciones en distintas formas. Quisiera recurrir de nuevo a la carta de Santiago: si entra alguien bien vestido con anillos en la manos a la asamblea es bien recibido y le dicen  véngase adelante aquí es su lugar; pero si entra un joven sin rumbo cierto, o un pobre sin recursos, o un teólogo sin el manual romano, y como no es de los nuestros entonces se le despacha, eso no es de  los cristianos. El hecho de no ver siempre el rostro de Jesús en los que piensan diferente o en los pobres es el reto de la humanidad, y es el reto de la conversión: llegar a descubrir hasta donde se es discípulo de Jesús. Si un coordinador hace acepción de personas va a escandalizar a los jóvenes que crecen a su lado, si un sacerdote hace acepción de personas va a escandalizar a los que tienen sensibilidad y va a herir el alma y el espíritu de quienes son discriminados, y así hasta llegar a las más altas jerarquías. El amor no tiene derecho ni revés, es siempre un desafío de todos.

Asumir el estilo de Jesús es un servicio exigente para los que quieren subirse a la barca de Pedro, y la enseñanza de Jesús dice que se puede hacer mejor con la actitud del buen samaritano: hacerse prójimo con el que sufre y generar una sociedad sin excluidos. Recordar el ejemplo de Jesús el héroe que come con publicanos y pecadores, que va hasta donde le ve Saqueo en el árbol y se invita a sí mismo con sus discípulos a su casa, que le escucha y le abraza cuando saqueo decide devolver lo robado y compartir con los más pobres su fortuna. A la enseñanza de Jesús con palabras y obras hay que añadir la contradicción de los fariseos que se preguntan como es que Jesús se deja tocar por prostitutas y como es que va a comer a la casa de tales hombres y mujeres, como es posible que pueda compartir con gente tan mala.

Por ejemplo cuando la prostituta toca a Jesús se preguntan porque Jesús se deja tocar, pero el acento de las obras de Jesús no se encuentra en quien le toca sino lo que ocurre después de ser tocados por él: el reestablecimiento de la dignidad perdida. de nuevo la pregunta ¿donde están los que te condenan?

Un buen pastor debe tener la capacidad y talante del estilo de Jesús, no debe tener vergüenza de acercarse a los llamados pecadores y pecadoras, y no solo desde el punto de vista de la sexualidad para no caer en reduccionísmos. Un buen Pastor necesita la capacidad de relacionarse con quien tiene conciencia de su pecado, y con todas las personas debilidades, inconscientes, incapaces, deberá tener la capacidad de saber tratar a mujeres y a hombres con el mismo respeto que los hombres y las mujeres merecen.

No se trata simplemente de ser tan bueno que no se exija crecer en la dirección de Dios o que favorezca la impunidad en casos de injusticia, o pecado, pero la bondad ha de verse siempre en la corrección. El buen pastor es quien se conduele del sufrimiento que esta a su alrededor, quien percibe y descubre donde esta el sufrimiento, por ello la palabra cardenal es la más apropiada para quienes eligen al papa, porque expresan en su actitud más profunda la sensibilidad para dolerse y captar el sufrimiento de la iglesia y ejercen el ministerio del consuelo.

El riesgo de un buen pastor es ser peces dormidos, porque los peces cuando están dormidos tienen los ojos abiertos. A un sacerdote en su comunidad, a un coordinador en su comunidad, al papa en la comunidad de la Iglesia le podría pasar algo tan terrible como esto encerrarse en su pequeño mundo donde no le falta nada.

El Buen Pastor, Jesús, lloró sobre Jerusalén cuando vio que la gente no lo aceptaba, lloró por su amigo Lázaro, en Él solo había espacio para el sentimiento de la misericordia y de la compasión, por ello la respuesta a lo que es fundamental: amar a Dios y al Prójimo como a uno mismo.

Para la Pascua si Dios quiere la Iglesia estará escuchando a un nuevo Pastor. Cada respuesta es una elección de Dios, un llamado a una vocación concreta. Y el indicativo para verificar si somos amigos del Maestro es el mismo: “ya no os llamo siervos sino amigos”,  ¿y quiénes son los amigos de Jesús? la respuesta es la misma: los pobres las prostitutas, los encarcelados, los echados fuera, quien estaba desnudo y recibió la ayuda oportuna, quien tenía hambre y comió en nuestra casa, con sed y recibió de nuestra agua… Estos son los amigos preferidos de Jesús, y elegir a Jesús es elegir a sus amigos.

En nuestra oración pidámosle que Él miso nos guié con su Espíritu Santo, que la Iglesia se deje llevar por el soplo de su amor y de su Espíritu, que el timón de la vocación y las velas del servicio sean el canal para realizar ese movimiento.

Por Cristo Más, Mas y Mas