ASE-036-Julio de 2014

Germán Alberto Méndez. C.P.

Asesor Espiritual.

 

Dedicada a los equipos promotores que preparan un encuentro nacional

La familia de Betania está compuesta por personas que están en distintas etapas de la vida, que sueñan por diferentes caminos, aunque todos ellos se encuentran en la persona de Jesús el amigo de la familia. Marta, y María nos representan muy bien a todos, pues ambas están dedicadas al Señor. Ambas tienen la intención firme de servir a Dios, aunque el texto esta vez presentó a Marta inquieta y ansiosa, quizá muy centrada en su “yo”. Ella es consciente de su amor por Jesús, pero quiere vivirlo a su manera La intervención de Jesùs en su encuentro le servirá de motivación.

Nuestra familia emproísta esta compuesta por muchos hermanos y hermanas de diferentes países, regiones, y culturas. La diversidad podríamos decir es la característica más acentuada de la juventud emproísta, sin embargo todos estamos unidos por el mismo deseo de encontrar en nuestro camino la presencia de este amigo de la familia. Incluso como Marta y María compartimos diferentes momentos que definen la vida de nuestro compromiso en la Iglesia, también algunas de la tensiones de la vida de la familia se encuentran en que todavía en el proceso de maduración algunos están muy centrados en su “yo”, es decir motivados por sus propios intereses, no siempre a la manera de Jesús.

1. El esfuerzo de Marta:

Marta es la señal evidente de un trabajo intenso por tratar de crecer en familia. Ella en el encuentro con Jesús tendrá que darse cuenta de cómo sus necesidades e intereses afectan la vida diaria del grupo, incluyendo el servicio a Dios. Es desconcertante reconocer que mezclado con buenas intenciones están también actitudes infantiles. El mensaje de la madurez de la personalidad se hace entonces más actual que nunca.

Marta se ha empeñado en preparar una cena a Jesús, pero en su esfuerzo piensa que su trabajo no es valorado por todos: “¿Ni te importa que mi hermana esté ahí sentada a tus pies sin hacer nada? Dile que me ayude”, las palabras de Marta pueden denotar egoísmo, además parece que ha perdido por algún momento el control de la situación; no puede servir la cena a tiempo, si su hermana no la ayuda. Cuando las personas nos inquietamos por algo, en realidad lo hacemos por nosotros mismos. Quejarse de María es la manera de proyectar el problema. Marta necesita liberarse del afán de resultados, hasta aprender a disfrutar de los procesos completos. Ella está trabajando para ella misma. Sin duda alguna ella cree que está trabajando únicamente para Dios, pero realmente sus motivaciones son mixtas.

Los discípulos misioneros están abocados hoy por hoy a la misma situación, deseosos de afrontar problemas, creativos y haciendo presencia en nuevos campos de la pastoral, viviendo incluso sentimientos encontrados tales como la pena, ira, celos, envidia, vanidad, desánimo, orgullo, pero sin conocer siempre la verdadera motivación. El empujón que da en el encuentro la enseñanza de Jesús es el reto a crecer. Las palabras de Marta pueden entenderse de esta manera: “¡O consigues que esa hermana mía me ayude, o no hay comida hoy!” Jesús le responde: “¡Marta!” (Casi podemos sentir el suave tono de reproche en la voz de Jesús), “Marta, te preocupas por muchas cosas, pero una sola es necesaria. María ha escogido la mejor parte y no le será quitada”.

Esa fue la respuesta sabia de Jesús, no fue un reproche en realidad, fue mas bien la afirmación de un hecho; no hay nada malo con la actividad de Marta, Lo defectuoso es su motivación.

2. La consciencia de María:

Ahora bien, la actividad de María, o más bien su falta de actividad, estar a los pies Jesús escuchando sus palabras. Toda su atención está enfocada en el Maestro que enseña y forma a los discípulos. Formarse en la escuela de Jesús exige un nivel de escucha alto. Se trata de aprender a vibrar con el tono que Jesús le da a la historia. Escuchar la palabra, y mantener la atención no es una tarea fácil.

María escucha, y su atención se mueve más allá de las palabras y de la apariencia física de Jesús. Ella tiene que expandir su fe. Escuchar las palabras de Jesús no es tanto prestar atención a lo que dice, sino más bien a la experiencia que se está comunicando en el nivel más profundo del ser cuando Jesús habla en el encuentro. Su palabra debe transformar la vida de la persona y por tanto del grupo. La palabra de Dios, y todo el contenido de la formación se orienta hacia la transformación, hacia el crecimiento de una comunidad. La formación de la comunidad cristiana no puede llegar a ser un programa para mantener entretenido un grupo, sino que esta llamada a la generar una verdadera conversión y crecimiento.

A este nivel se puede decir que María está en ruta, porque se deja iluminar por Jesús al momento de avanzar, y de reprogramar su vida. Si en cada una de los encuentros formativos con Jesús la fe crece, es una señal clara del amor que mueve esta amistad de la familia, y el fruto será la paz interior, y las buenas relaciones entre todos.

3. Lázaro es el ícono del hombre viejo al hombre nuevo:

¿Dónde estará Lázaro?, se preguntaría Jesús al llegar a Betania, ¿Será que Marta en su ansiedad lo mandó a comprar algo? ¿O estará durmiendo en su lecho? El lugar de Lázaro en esta familia es un misterio.

Lázaro representa el silencio y la desaparición. El evangelio de Juan dice que Lázaro sufría de una seria enfermedad, mortal que de no intervenir Jesús terminará por separarlo definitivamente de la familia. Cuando Lázaro se enferma, las hermanas envían un mensaje a Jesús diciendo: “Maestro aquel a quien amas tanto está enfermo” (Jn 11,3). Nótese la delicadeza y la preocupación del mensaje: más que un pedido de curación es como si ellas hubieran escrito: “Querido Señor, he aquí el problema. Haz lo que mejor te parezca.” Las hermanas esperaban la actuación de Jesús, desde luego, pero su mensaje es más un llamado al liderazgo y a la responsabilidad del amigo. De ahí que las palabras de Jesús fueron inmediatas: “Lázaro esta muerto… ¡Ahora vayamos a él”. Cuando Jesús llega a Betania, la escena se repite, Marta se apresura a encontrase con él, María se queda en la casa, espera a que Jesús la llame: “El Señor está aquí y te llama”. Inmediatamente María se levanta y sale a saludarlo.

Ambas Marta y María se sienten fracasadas, pues cuando María llega a las afueras del pueblo le dice a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí mi hermano no hubiera muerto”. María llora; Jesús, también rompe a llorar. La frustración de uno es la frustración de todos, pues son una familia. Por ello la acción de Jesús es decidida, de inmediato se dirige a la tumba de Lázaro, ora al Padre, y lo llama en voz alta: “Lázaro, sal fuera”. Esa era la palabra mas sabia. Entonces: “Lázaro salió, sus manos y pies envueltos en las vendas del sudario, y su cara cubierta por un paño. Jesús pide a los presentes, “desátenlo y déjenlo ir”.

¿Cuál era la enfermedad misteriosa que aquejaba a Lázaro y de la cuál murió? Era la muerte de su falso yo. La misión y la formación se encuentran en el mismo objetivo, superar la muerte prematura de los miembros de la familia. Salvar a la familia de la muerte en manos del falso “yo”. Liberar la familia de la falsa seguridad y supervivencia; del encuentro tan solo referido al afecto y la estima; del poder y del control; de la sobre-identificación con un grupo particular o con un rol. Misión y formación fracasan sin la presencia real de Jesús.

El signo de Jesús despierta a los hermanos, a Marta y María de su “yo”, y a Lázaro de su muerte prematura, todos comprenden la necesidad de Jesús en sus vidas por la sabiduría que ejerce el maestro cuando la familia le permite actuar, de esta manera la familia estará preparada para el banquete y la fiesta del hombre nuevo.

 

4. El Banquete en Betania es un banquete de amor:

Después del despertar de Lázaro, simbolizado por su resurrección de la tumba, lo encontramos en el banquete de la casa de Simón el leproso (Jn. 12,1-8). El banquete es símbolo de la celebración de las nupcias divinas en alguien que se ha ido moviendo a través del matrimonio espiritual, desde el estar centrado en sí mismo hacia el estar centrado en Cristo.

En la cena estaban María la que escucha; y Marta, la que inquieta misionera; Mateo, el recaudador de impuestos; Judas, el ladrón; Simón, el leproso; y Lázaro, el ex-cadáver. Una típica celebración dominical.

Si realmente creemos, y esperamos, que vamos a vivir con Dios eternamente, ¿por qué no empezar desde ahora a conocer y a relacionarnos con esa extraordinaria presencia?, ¿qué otra cosa puede ser más importante?

El banquete de los hermanos finalmente expresa la comunión con Jesús, todos están de acuerdo en que en la comunidad cristiana hay diferentes momentos de madurez, incluso diferentes posturas de pensamiento, pero que no puede faltar Jesús. Sólo cuando las dos trabajan juntas habitualmente es que se puede decir que hay un progreso significativo.

Crear comunidad es el reto del hombre y la mujer nuevos. Reunirse para orar, percibir la unidad con los otros por el compartir responsabilidades, preparar y delegar tareas, compartir las alegrías de los jóvenes, y también sus tristezas, celebrar juntos la eucaristía.

El secreto está en saberse alimentar de Jesús, en permitirle ser el centro de la vida y del Movimiento, en buscarlo juntos, en escucharlo juntos, y darle la oportunidad de ser la semilla del Reino en cada uno de nosotros.

Por Cristo Más, Más y Más.