ASE-037-Agosto de 2014

Germán Alberto Méndez. C.P.

Asesor Espiritual.

 

A Federico, y a unos guías que han dejado de asistir a su reunión del centroguías

 

A manera de introducción la pregunta del Papa Francisco: “¿eres feliz?”

La pregunta del Papa Francisco a la Iglesia, y por tanto al Movimiento me inquieta? ¿eres feliz? La vitalidad del Movimiento, su vigencia en el mundo, la identidad del emproísta y la esencia del Carisma se encuentra en la respuesta que se de a esta pregunta.

Como decía Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Se nace en estado de perfección y aunque el cuerpo pueda presentar imperfecciones no deseables y la personalidad arrastre una buena parte de herencia quizá tampoco deseada, el alma nació incólume. Este regalo nos acompaña hasta nuestro último día. El Encuentro de Promoción Juvenil se ha dedicado a recordarle al joven esta verdad, y por eso en el mensaje del Hombre nuevo anunciamos la renovación que devuelve la alegría perdida por el pecado.

Todavía en algunos EPJ en la tarde de entrada se lee en el fondo de la cena: “Has de conocer esta compleja realidad que eres tú y también saber qué esperas. Hoy es el primer día del resto de tu vida…” Lo recuerdo siempre como si fuera la primera vez en mi encuentro; después de señalan una a una las leyes de la felicidad.

Pero antes de comenzar con la lectura de esta carta es necesario hacer una pregunta más: ¿Quién soy yo? ¿Quién es mi comunidad? “Aquello que sean los guías eso será el Movimiento”, aquello que sea el Movimiento esa será la Iglesia de tu ciudad. También en esta respuesta creo que nos hemos acostumbrado a mirarnos el “ombligo” y a pensar únicamente en nosotros mismos, como si los ambientes de los jóvenes que aun no conocen la experiencia no existieran a nuestro alrededor. “Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos. Éste es el momento para decirle a Jesucristo: «Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores»”.(Exhortación Apostólica, La Alegría del Evangelio. S.S. Francisco. n. 3)

1. La propuesta del EPJ: desaprender y reaprender:

Recuerdo un EPJ en donde se les insistió a los asistentes que cada uno era príncipe o princesa, y que los ambientes nos pueden llegar a convertir en ranas. Pero no por ello se puede sucumbir ya que todo hombre viejo puede ser también el anuncio de un hombre nuevo, renovado, aquí es donde tiene mayor valor el paso por la encrucijada; “vemos así que la tarea evangelizadora se mueve entre los límites del lenguaje y de las circunstancias. Procura siempre comunicar mejor la verdad del Evangelio en un contexto determinado, sin renunciar a la verdad, al bien y a la luz que pueda aportar cuando la perfección no es posible. Un corazón misionero sabe de esos límites y se hace «débil con los débiles […] todo para todos» (1 Co 9,22)”. (45). La propuesta del Encuentro es a estar constantemente dispuestos a mejorar a no contentarse con las cosas porque siempre se han hecho así. La flexibilidad mental es una característica de la juventud, y hay que utilizarla como herramienta para la promoción.

La pregunta del Papa va mucho más del como te sientes, o como sientes a los demás, pues permanecer feliz es una decisión que se toma y de la que no se debería prescindir fácilmente. El Encuentro de Promoción Juvenil se ofrece en un tiempo de importantes preguntas y respuestas, porque definirse, aceptarse, comprometerse, es importante para la felicidad, es decir que no se puede estar huyendo todo el tiempo, de la realidad de uno mismo, así se dice en la tarde de entrada en “joven que deseas”.

La muerte del actor Robin Williams me hizo pensar en la importancia de reír de verdad, no en la importancia de actuar mi propia felicidad. Reír es sinónimo de alegría y la alegría es una tendencia innata en nosotros, dice el Papa. La alegría es prima hermana de la felicidad, por eso todos nuestros actos, impulsos y pensamientos tienden a la felicidad, aunque el entorno y la sociedad la presenten tan difícil en ocasiones. “Todos los hombres buscan la felicidad, hasta los que se suicidan”, decía Pascal.

Lo que se debe considerar es la forma como se ocupa el tiempo para ser feliz. “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación…(n. 27a). Vivir el aquí y el ahora, es el desafío de la humanidad. Cualquier acción dirigida al contacto con la realidad es una actividad, puede tener al hombre despierto. Pero, no hay que olvidar que otra dimensión muy importante son las relaciones con los otros, el mensaje del “otro y yo”, nos dice el papa: “… los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad. (n. 27b) “.

Otra fuente de la felicidad se encuentra en los proyectos que se construyen. Aquello que te gustaría hacer, que te da ilusión, aquello que expresa y realiza tu vocación. Muchas veces al llegar a este punto se descubre que nada de eso se está haciendo, y entonces la infelicidad entra y se posesiona. Cuando un grupo tiene claro lo que desea y es capaz de planear cómo hacerlo realidad se puede observar a corto plazo que no solo cada pregunta tiene su solución, sino que además se avanza hacia delante, en estas comunidades vivas. El secreto de estas comunidades es que disfrutan lo que hacen, sin poner tantos obstáculos a la realidad que les desafía para promocionarse. Algún día en un EPJ una joven vino a confesarse, en realidad se encontraba cargada de muchas cosas que le impedían avanzar, yo le pedí que por tiempo pusiera en sus bolsillos unos ladrillos que estaban amontonados en la casa donde estábamos, después de un corto tiempo, regresó y me dijo que los ladrillos le resultaban estorbosos. Entonces ya comprendiste el significado del perdón, le dije, Dios ya te perdonó hace mucho tiempo, y dejó un montón de ladrillos a la orilla de tu camino, pero tu aun continuas llevando los tuyos, solo cuando los dejes podrás caminar con mayor libertad. Ese día una joven se liberó de sus recuerdos y pesos.

Cuando uno le pregunta la edad a alguien en realidad no le pregunta si vive una vida nueva, sino que le está recordando que tan viejo es, en inglés: How old are you?  (¿Cuánto de viejo eres?) Quizá no se la pregunta mejor para saber si eres viejo o joven, quizá se debería preguntar: ¿estás viviendo feliz? Pues en cada respuesta se sabría si una persona vive con un hombre viejo que le consume, o si se renueva cada día. El manual de los encuentros ya lo dice, lo malo no es ser mayor, sino sentirse mayor.

2. Escuchar, mirar, hacer.

Al inicio de encuentro los guías le insisten a los asistentes en la necesidad e importancia de distinguir si ellos son de los que escuchan o de las personas que sólo oyen. Pero esta dinámica va más allá de ese momento. Los evangelios insisten en quienes teniendo oídos no oyen, y en quienes teniendo ojos no ven. Escuchar es comprender, salir al encuentro del otro, en definitiva, considerar si el Encuentro me vale para toda la vida como respuesta para vivir feliz, cuando esto sucede ya estaremos en el tiempo del hacer, del ser testimonio alegre de renovación para otros.

El mundo se encuentra en la era del hacer, lo que vale es lo que se puede evaluar y comprobar, el tiempo de las palabras ya parece estar superado. Pero ese tiempo no depende del grupo exclusivamente, una comunidad se mantiene fuerte si todos los integrantes conservan el mismo espíritu, pero la responsabilidad del hacer es siempre individual, es por ellos que hay que poner bien puesto el acento de la libre opción, pues no se puede creer ni evangelizar de verdad si la persona se encuentra disuelta en la emoción de la masa.

El Movimiento tendrá que aprender el valor de la honestidad, el postencuentro es el camino para garantizar este valor, pues es donde en realidad nacen los verdaderos compromisos, y en donde el acento adquiere el valor positivo, como para decir sí y saber decir no, cuando convenga, sin temor al que dirán de los ambientes.

Sin embargo, he podido ver que no siempre cuidamos el postencuentro, tanto como quisiéramos, cuando es parte de nuestra misión. Al preguntar a los grupos empiezan las excusas. La culpa es de la vaca, es la conclusión, cuando es lo que menos importa, lo importante es encontrar una solución a las dificultades de la perseverancia de las personas, a las  diferentes situaciones, y en corregir los errores propios del comportamiento que no dejan crecer.

En alguna confesión un joven me decía que su hombre viejo consistía en decir la verdad siempre, en un primer momento no le entendí, pero cuando quise profundizar me dijo con un tono triste, “soy imprudente” … y al final le dije pues ya estas llegando a la palabra exacta, “hay que ser emproísta”, le contesté. Llegar a expresar lo que deseamos, lo que nos molesta, sin herir a los demás miembros de la familia es algo muy importante para el grupo, pues algunas formas de expresión poco a poco van destruyendo nuestra convivencia. Ni moralizar, ni juzgar, ni imponer, ni insistir, ni quedarse solo en diagnósticos, ni amenazar, ni generalizar. La meta es amar.

Un método de oración que puede servir es el de “la silla vacía”. Consiste en sentarse en un lugar cómodo y tranquilo, y después de silenciarse y de llenar se paz tu sentado en una silla, y en otra frente a ti, invitar a Jesús para tener un diálogo contigo. Al final de un rato observa todo el diálogo, ¿qué le preguntas?, ¿qué le reclamas?, ¿le dejas hablar?, ¿qué te dice? …. Este ejercicio te enseñará a conocerte y a relacionarte con Jesús de una manera profunda.

Finalmente, y no por ello menos importante los grupo deben evitar la murmuración. He visto y vivido en comunidades que murmuran, es un atentado contra la unidad y el amor, es el hombre viejo de los grupos menos trabajado. Construir cuesta años, pero destruir sólo unos minutos; algo parecido pasa con las personas cuando murmuramos. Alguien muy enojado, y desilusionado de su grupo me decía alguna vez: “yo no vine a hacer amigos”, lo interrumpí y le dije: “viniste a hacer hermanos, y a dar su vida por ellos”, entonces lloró por un rato. El amor por la comunidad era más importante que las ideas que estaban en juego.

Todas estas tentaciones como dice el papa: “aparecen frecuentemente bajo la forma de excusas y reclamos, como si debieran darse innumerables condiciones para que sea posible la alegría. Esto suele suceder porque «la sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría»” (n. 7).

 

3. Dar de lo que se tiene:

En el evangelio frecuentemente encontramos enseñanzas de Jesús como esta: “Porque a quien tiene se le dará y le sobrará”. Es la respuesta de Jesús a los discípulos del porqué les habla con parábolas. Jesús no duda en responder de esta manera porque a sus amigos les había abierto el corazón.

“Den y se les dará”, que gran reto es este otro, “les volcarán sobre el sí una medida, apretada, sacudida y desbordante”. Para Jesús “tener” equivale a “dar”. El capítulo 25 del evangelio de Mateo, nos puede ayudar a entender mejor esta enseñanza: ayudar, consolar, estar al lado de alguien, es la lógica de la felicidad y del amor. Cuanto más se dona, más riqueza hay en un grupo. También el Papa recuerda esta realidad en su exhortación: “Pero algo traigo a la memoria, algo que me hace esperar. Que el amor del Señor no se ha acabado, no se ha agotado su ternura. Mañana tras mañana se renuevan. ¡Grande es su fidelidad! […] Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor» (Lm 3,17.21-23.26)” (n. 6).

Lo que se desprende de esta premisa es el ejercicio de la ENTREGA. La evangelización es más efectiva si se realiza dentro de la dinámica del intercambio: “Un anuncio renovado ofrece a los creyentes, también a los tibios o no practicantes, una nueva alegría en la fe y una fecundidad evangelizadora. En realidad, su centro y esencia es siempre el mismo: el Dios que manifestó su amor inmenso en Cristo muerto y resucitado. Él hace a sus fieles siempre nuevos; aunque sean ancianos, «les renovará el vigor, subirán con alas como de águila, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse» (Is 40,31)”. (n. 11).

Dar y recibir es la disposición para realizar esta misión permanente a la que se ha convocado a la Iglesia. Dar como Jesús que para hacerse hombre se “da” a sí mismo renunciando a su ser Dios (cf. Fil 2, 5-11); y se “da” a sí mismo en la Cruz para alcanzar su ser Dios. “«[Cristo], en su venida, ha traído consigo toda novedad». Él siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad y, aunque atraviese épocas oscuras y debilidades eclesiales, la propuesta cristiana nunca envejece. Jesucristo también puede romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo y nos sorprende con su constante creatividad divina”. (11). En muchas reuniones de preparación de Encuentros los guías me preguntan con insistencia como desarrollar sus mensajes a través de dinámicas creativas que choquen y cuestionen la vida de los asistentes, siempre pienso en la misma dinámica: la del DARSE. No hay una mejor que esta, habrá que expresarla también en la vida diaria.

En Honduras, estando en un EPJ, encontré un hermoso testimonio. “La mejor manera de entregar, la vida”, me decía el más joven del grupo, “es tomar la decisión de siempre entregar algo, aunque no sea material”. He estado practicando esto, y la verdad me siento siempre muy feliz al hacerlo, hasta me ha ayudado a mejorar el humor.

A manera de conclusión:

Una pregunta que con frecuencia se hacen los jóvenes, en los diferentes encuentros nacionales, regionales, y que se hizo el último Encuentro Internacional, celebrado en Guatemala: ¿Cómo hacer más misionero nuestro Movimiento? Muchos jóvenes sienten un poco cerrado el grupo, nos gusta ser misioneros, más expansivos. “La evangelización obedece al mandato misionero de Jesús: «Id y haced que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20). En estos versículos se presenta el momento en el cual el Resucitado envía a los suyos a predicar el Evangelio en todo tiempo y por todas partes, de manera que la fe en Él se difunda en cada rincón de la tierra. (n. 19). Este mismo texto utilizado por el Papa Francisco, lo había propuesto ya mucho antes el P. José María Pujadas, como texto de envío al cuarto día de cada emproísta, y como lema de todo el movimiento.

¿Qué significa para un Movimiento misionero, estar ahora llamado a una misión permanente?. Ante todo es reconocer la gran necesidad que tenemos del amor de Dios. Pero también, significa reconocer con alegría, que tenemos la oportunidad de participar de la misma misión de Jesús.

Este es el secreto del espíritu misionero, tomar conciencia de la alegría que nos falta, pedírsela a Dios, y darse cuenta de dónde falta para a su vez hacer lo propio con el testimonio y la acción. “Una pastoral en clave misionera no se obsesiona por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia. Cuando se asume un objetivo pastoral y un estilo misionero, que realmente llegue a todos sin excepciones ni exclusiones, el anuncio se concentra en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario. La propuesta se simplifica, sin perder por ello profundidad y verdad, y así se vuelve más contundente y radiante.

Todas las verdades reveladas proceden de la misma fuente divina y son creídas con la misma fe, pero algunas de ellas son más importantes por expresar más directamente el corazón del Evangelio. En este núcleo fundamental lo que resplandece es la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado”. (n. 35- 36). Es por ello que cuando los emproístas no nos alegramos de tener esta buena noticia, no tenemos nada que decir a los jóvenes. La primera raíz de la Iglesia misionera, es una comu­nidad misionera, que se sabe evangelizar a sí misma.

Igualmente, no es la Iglesia la que da la salvación, no se es guía de los EPJ para pensar por sí mismo la salvación de los jóvenes, un guía es quien pide a Jesús que intervenga en su vida propia, más cuando entra en contacto con otros jóvenes. Así reza la oración de los guías.

El Movimiento es pues más misionero no porque anuncie el kerigma de salvación a los jóvenes, pues ya en muchos de ellos se encuentra el deseo de evangelizar y de participar más activamente en la Iglesia. El Movimiento es misionero en la medida que descubre a Jesús en el corazón de cada joven cuando se acerca a nuestra familia emproísta, una razón muy fuerte para no dar portazos en la cara a quienes hoy nos buscan. “La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre. Uno de los signos concretos de esa apertura es tener templos con las puertas abiertas en todas partes. De ese modo, si alguien quiere seguir una moción del Espíritu y se acerca buscando a Dios, no se encontrará con la frialdad de unas puertas cerradas. Pero hay otras puertas que tampoco se deben cerrar. Todos pueden participar de alguna manera en la vida eclesial, todos pueden integrar la comunidad, y tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera. Esto vale sobre todo cuando se trata de ese sacramento que es «la puerta», el Bautismo. La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles (n. 47).

A menudo el Movimiento se cierra a muchas situaciones particulares e incluso a muchos ambientes juveniles, porque se piensa que nuestra misión o nuestra comunidad es pesada, o incapaz de moverse. porque queremos hacerlo todo nosotros, o porque no creemos que podamos hacerlo; y de esta manera dejamos a muchos esperanzo el mismo anuncio que alegró a otros. “Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo. Repito aquí para toda la Iglesia lo que muchas veces he dicho a los sacerdotes y laicos de Buenos Aires: prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. (n. 49).

 

 

“Quiero” que los emproístas “ hagan lío…”