JESÚS LLAMA AL DISCÍPULO AMADO

 

ASE-042-Mayo de 2017

Germán Alberto Méndez. C.P.

Asesor Espiritual.

 

 

  1. Discernimiento: estar ante la pantalla y tener muchas pantallas abiertas:

Con el anuncio del tema: Los Jóvenes, la Fe y el Discernimiento Vocacional, el Papa Francisco convocó a través del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, a la reflexión y profundización del documento de trabajo de próximo Sínodo General de los Obispos. En este encuentro se han involucrado más de doscientos jóvenes de 112 países y Movimientos eclesiales del 4 al 9 de abril de 2017 en el Colegio Pontificio Mater Eclesiae, de Roma.

El primer gran signo es que alrededor de una nueva Jornada Mundial de la Juventud, los responsables de la pastoral juvenil de la iglesia mostraron primero que nada la universalidad que acompaña a los jóvenes en cada Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), y su deseo de ser felices y de promover los valores del evangelio. Universalidad porque el llamado del Papa no se dirige exclusivamente a los jóvenes que ya están creciendo en los diferentes procesos de la pastoral juvenil, sino ante todo a toda la juventud, de manera especial a quienes no han encontrado un espacio para crecer dentro de la Iglesia, o para quienes no encontrando ese espacio se alejaron de ella.

El punto de vista de este nuevo Sínodo es que ve a los jóvenes como sujetos, y por tanto protagonistas de la construcción de una nueva página de la historia de la Iglesia. Y aunque el Sínodo no es de los jóvenes, será un sínodo con los jóvenes. Es así como el Papa invitó a los jóvenes a expresar su fe, y a arriesgarse por madurar aún más de cara al compromiso auténtico para responder de manera eficaz al deseo de felicidad y al compromiso de vida dentro de la sociedad en donde la juventud sigue creciendo.

Otro punto es el enfoque vocacional del encuentro y que en un sentido más preciso supone el llamado a la Vida que hace Jesús en el encuentro y su compromiso con el amor. Esta vocación asume diferentes formas y enfrenta al joven con opciones concretas y duraderas que expresan el proyecto de vida, tan decisivos para la persona y la sociedad; a este perseverar el Papa ha llamado madurez.

Finalmente, el discernimiento necesario para descubrir los valores a los que están llamadas las nuevas generaciones de cristianos en la iglesia. Este discernimiento ha de ser el elemento que caracterice la vida de la persona en la Iglesia, y que le ayuda al joven a vencer los prejuicios y a optar entre lo que es bueno para él y lo mejor. Por ello insiste el Papa, en la necesidad de formarse como acompañantes de la fe de otros jóvenes, pero sin pretender controlar la respuesta de Dios.

 

  1. El Apóstol Juan como ícono de la Juventud:

El camino del seguimiento, recuerda el Papa Francisco, empieza cuando Jesús dirige su mirada a los jóvenes, cuando se fija en cada uno de ellos, en sus historias, en sus esperanzas, en sus particularidades, y cuando cada uno de ellos decide dejarse guiar por Jesús el resto de su vida.

La juventud es una época de transición que termina por la evolución dinámica en la maduración de una persona. Este proceso es muy importante también desde el punto de vita de la fe., pues madurar ha de ser una experiencia integral. La sociedad espera que cada joven encuentre su rol en la sociedad y en el mundo, y por tanto ese tiempo de maduración ha de prepararle para ser útil, para mejorar el mundo. El verbo con el que se describe la juventud es iuvare, Pero si el peligro está en considerar a los jóvenes como ese grupo de la sociedad no madura, la iglesia con su llamado y escucha atenta, considera a los jóvenes y sus realidades, una fuerza capaz de transformar la sociedad y de marcar el nuevo rumbo de la historia de Salvación.

Es decir que el concepto de la juventud que la Iglesia quiere promover no está relacionado exclusivamente con un proceso físico evolutivo, pues con la persona crece también la sociedad y por tanto las nuevas generaciones. En este sentido una institución, una sociedad, crece cuando las generaciones más jóvenes crecen dentro de ellas, y cuando las generaciones precedentes se han preparado para crecer caminando juntos. Es por ello que el Sínodo de los Obispos quiere repensar el crecimiento y maduración de la fe cerca de la generación que hoy está creciendo, y no sólo aumentado su capacidad de escucha de sus inquietudes o necesidades, sino ante todo, por la capacidad de aumentar la calidad de la evangelización, el acompañamiento, en el ser y el hacer, y porque las nuevas generaciones desde esta perspectiva vienen cargadas de valores recibidos, y que a su vez engendran nuevos valores, en la medida que los jóvenes comprenden su papel dinámico dentro de la familia eclesial.

En la pastoral ya se dice que el mundo cambia, pero la pregunta no es esa, sino, si nosotros estamos cambiando con el mundo, si estamos dispuestos a dar cambios pastorales para estar cerca del mundo. Esto no es un llamado a adaptarse, y mucho menos a renunciar a vivir radicalmente el llamado que hace Jesús, sino a ser testigos, discípulos y profetas en la realidad a donde estamos enviados, a aceptar y superar la mirada del mundo que por no tener siempre la estética o el método al que estábamos acostumbrados, no se puede despreciar, a buscar y crear las nuevas, las formas nuevas y, por tanto, los nuevos valores junto al compromiso renovado y renovador que exige el cambio del mundo

Pretender ocultar estas nuevas visiones del mundo en vez de defender la tradición, la empobrece, pues no le permitirá ver el cambio junto con las nuevas respuestas como un valor positivo, y mucho menos como un compromiso. Ver en la dinámica del crecimiento es equivalente a aceptar el cambio y el beneficio que este pue aportar para madurar dentro de las nuevas realidades que también esperan nuevas respuestas y compromisos.

El cambio implica interactuar con los cambios culturales en los diferentes países donde la Iglesia ejerce su liderazgo de evangelización. Hay que recordar que os cambios generan movimientos en el mundo entero. Por ejemplo, en el mundo laboral, el desempleo exige un cambio de perspectiva en referencia al concepto de sustentabilidad y desarrollo; así el fenómeno migratorio y los desplazamientos humanos, han exigido a las sociedades adaptarse y asegurar la dignidad de quienes se mueven de un sitio a otro para preservar su vida. Finalmente se puede decir que las nuevas generaciones están ligadas al deseo de felicidad, ya por su aspiración urgente a ella, ya porque la están buscando y construyendo en el conjunto de sus opciones de vida. Para los jóvenes el hacer con los demás aumenta su sentido de felicidad, enciende sus ilusiones, su confianza, hasta el joven se va haciendo capaz de sacar afuera lo mejor de cada uno y esto le da una visión de su futuro.

La Iglesia al dedicar un Sínodo al tema de la Fe y los jóvenes quiere alentar a las nuevas generaciones a ser valientes para responder a los desafíos de la sociedad, y para que los jóvenes sean más conscientes de sus valores, y de sus opciones. La Iglesia también quiere que el desarrollo llegue de la mano de los jóvenes por ello asume una postura humilde para escuchar y para propiciar los cambios que ellos demandan, desde luego sin perder el hilo de los valores tradicionales y que enlazan con las generaciones ya mayores. Dejar espacios es contribuir con las nuevas generaciones a la construcción de un modelo de desarrollo.

 

  1. Juan testigo de la comunidad del Señor Resucitado:

El encuentro de la Pastoral juvenil en Roma tuvo la ocasión de reflexionar y de compartir en el diálogo muchos de los aspectos de la juventud.

La situación juvenil hoy de la juventud influye en el desarrollo de la evangelización y, por tanto en  los procesos vocacionales. El desafío está en presentar la persona de Jesús y el Evangelio como respuesta a sus grandes interrogantes: está es la razón principal de un Sínodo de los Obispos en la Iglesia. El punto de partida entonces se encuentra en la  realidad de los mismos jóvenes, en sus ambientes. El desafío de la Iglesia ha de ser conocer los ambientes juveniles para poder crear en ellos ambientes formativos reales.

Las culturas juveniles son la categoría histórica de lectura hoy para la pastoral, y la influencia que cada una de esas realidades tiene en los comportamientos de la nueva juventud. Los medios electrónicos de comunicación, la industria de la música, que junto a su energía, fuerza física, emociones fuertes, autenticidad, espíritu de aventura, espíritu de libertad, coraje para cuestionar, dan origen a  tendencias por dónde camina la juventud del mundo hoy. También el mundo del consumo de drogas y pandillas, el tener que trabajar desde muy temprano, el pertenecer a una raza o con una etnia en algunos ambientes, señala rasgos propios que han de ser tenidos en cuenta.

También en esta época una característica importante es el hecho de las economías globales, el triunfo del capitalismo, la muerte del comunismo, el surgimiento de la era post-industrial informática y el dominio de las corporaciones multinacionales. Las propuestas de privatización de las empresas estatales y el alejamiento de los Estados del juego de libre mercado ¿exigen no esperar otro sistema mejor en el futuro? La respuesta no puede estar animada por la brecha entre ricos y pobres creciente, especialmente en países del tercer mundo.

 

  1. La vocación del discípulo junto a la vocación de Jesús:

En la carta ASE 041 había insistido en la necesidad de tomar conciencia de la propia vocación como si se estuviera delante de una obra de arte, para así llegar a reconocer la propia historia como algo religioso, como historia de salvación. El obstáculo de este segundo momento es tratar de interpretar o dar significados a los acontecimientos vividos, mejor limitarse a reconocer, a distinguir y a describir en grandes líneas los detalles, para descubrir las estructuras que los envuelven: el cen­tro; lo que sentimos arriba o abajo; a la izquierda y derecha, lo transversal o diagonal; los círculos, y relaciones. Cada elemento y detalle tiene su importancia y desempeña un papel en esa historia de salvación.

Abrir el corazón es un acto de generosidad[1], y un ejercicio de honestidad con el ser interior; es por ello que hay que desear dar lo mejor mientras se lee cada una de las situaciones en el encuentro con Jesús. Abrir el corazón apunta a lo más sublime de cada persona, por tanto en el trabajo personal es necesario reconocer el mismo acontecimiento que simultáneamente sucede en los demás quienes también están en la misma búsqueda. Abrir el corazón es ser sinceros por encima de todos los engaños y de todas las apariencias que nos hacen ser fríos e invulnerables. Abrir el corazón es amar incondicionalmente la vida y a los demás, por encima de las dificultades, pues el encuentro debe producir conversión. Abrir el corazón es sembrar la semilla selecta, y el encuentro es el mejor momento, el AHORA, el presente de cada persona. Abrir el corazón exige no preguntar por qué, y dar sin pedir explicaciones. Abrir el corazón es poder sentir hambre de Dios, como se siente el hambre de pan, y poder saciarlo en la persona que nos anunció el Reino. Abrir el corazón es tocar a cada ser como a uno mismo con delicadeza y suavidad sin lastimarse. Quien abre su corazón es el mejor maestro que puede llegar al conocimiento más profundo.

La vocación que cada persona ha experimentado puede decirse que es un abrir el corazón, en la dinámica de un juego de luces y sombras

El óleo sobre lienzo que se encuentra en la Capilla Contarelli, Iglesia de San Luis de los Franceses de Roma es una pintura barroca, de la primera época de Caravaggio, (1599), en un momento en que la Iglesia contrarreformista necesitaba dotar de imágenes a los nuevos templos. La obra fue novedosa en todos los aspectos pues rompió el modelo conceptual y por ello no siempre fue bien comprendida. En su elaboración no usó dibujos preparatorios, por eso fue calificado como el mejor artista de la naturaleza y como un auténtico milagro sus efectos de luz. “La vocación de Mateo” es un claroscuro, conocido en el mundo del arte: “tenebrismo“; es decir un realismo muy emocional, factor que define la pintura barroca. Caravaggio utiliza como novedad la luz y también la persona, pero interesándose por  mostrar el dramatismo. El cuadro en sí mismo fue un gran escándalo por presentar a san Mateo como un hombre anciano con aspecto de jornalero, con arrugas en la frente y aspecto de cansancio.

La obra es de gran formato, pintada al óleo sobre lienzo, que le proporcionó gran popularidad a Caravaggio. La pintura ofrece una composición muy estudiada y está realizada con medios restringidos que no distraen la atención y concentran la emoción en los personajes. Caravaggio se atiene escrupulosamente al pasaje evangélico de Lucas que le fue solicitado: “Después de esto, salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y le siguió” (Lc. 5, 27-28).

El despacho de impuestos donde está Leví con sus ayudantes recontando las monedas recaudadas del día, es el escenario donde Jesús llega acompañado de Pedro, y señalándole le dice: “Sígueme“. Se trata de cinco personajes de edades y aspecto diferente. Tres lucen sombreros, los dos más jóvenes lo usan de plumas y uno usa espada. Un anciano funcionario con lentes se afana en el recuento de monedas y para reflejarlo lo anotará con la pluma y el tintero en el libro de cuentas que está encima de la mesa. El recaudador Leví responde extrañado con un gesto incrédulo a las palabras de Jesús. El cruce de miradas revelará cómo la vida de este hombre va a cambiar por completo.

El cuadro sugiere una ventana, que aunque no se ve está colocada en la misma dirección en que entra la luz natural en la capilla y cuya marca en la pared parece indicar a quién se dirige, Cristo. De esta manera se establece el tiempo: en la parte superior, luz y, en la inferior, penumbra. Se establece un antes de sombras y otro después de luz; es decir, como apóstol Mateo. La escena principal reproduce un grupo de personas anacrónicamente vestidas: Mateo y su grupo a la moda de la época, y Jesús  y Pedro con indumentaria bíblica. Los personajes representan ciudadanos romanos comunes de distintas edades, uno de ellos casi un niño con aspecto asustado. Se puede decir por el cuadro que cuando Cristo llega, su luz penetra para rescatar a Mateo de su preocupación por el dinero. El lenguaje de las manos y los gestos definen también distintas reacciones humanas. Mateo al ser señalado duda y pregunta a Cristo si se refiere a él, los jóvenes muestran sorpresa al escuchar estas palabras, mientras que los otros dos más viejos ignoran a Jesús concentrados en el recuento del dinero. Se establece un contrapunto entre el ambiente del mundo de Leví y sus compañeros vestidos lujosamente y armados, en contraste con la austeridad de Jesús y Pedro, que incluso caminan descalzos.

El ambiente lúgubre de taberna donde se puede jugar el destino, y la vida entre el azar, el dinero fácil y la usura del hombre que cuenta son el símbolo del hombre viejo, que hay que transformar en un hombre nuevo por la misericordia de Dios. El profetas Isaías dice: “De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas”, es decir, que Mateo tendrá que transformar la pluma con la que anota escrupulosamente las cuentas de cobro, en un evangelio, en una buena noticia para todos. Así los trajes, las armas, el dinero, y la vida desenfrenada del mundo, se transformará en el cuerpo de Cristo, que apenas la pintura sugiere entre sombras, y que es responsabilidad de quienes con Él, cabeza de la iglesia, han resucitado.

Todo encuentro con Jesús es una manera de narrar la creación, con razón dice San Pablo que somos en Cristo “nuevas creaturas”. De ahí que el análisis detenido del cuadro permita apreciar el parecido entre la mano con la que apunta Jesús y la mano que muestra Adán en el cuadro de la Creación del Hombre de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. Cristo es el nuevo Adán, la nueva imagen de humanidad que buscamos. La posición de Pedro entre Cristo y los hombres representa la Iglesia y su papel mediador entre lo divino y lo humano; es decir, la alusión a la salvación y el camino para conseguirla repitiendo los mismos gestos de Jesús: los sacramentos, la misericordia.

Como en la obra de Caravaggio en el encuentro Jesús entra a la vida de Mateo como un rayo de luz y le libera de las tinieblas. Y es que Jesús espera una respuesta pronta y generosa de aquel a quien llama, el texto de Lucas termina diciendo que al instante, Mateo, se levantó y lo siguió. El Papa Francisco en una entrevista a Antonio Spadaro recuerda sus visitas a la Iglesia de San Luis de los Franceses, y su oración ante el magnífico cuadro de Caravaggio: “Ese dedo de Jesús, apuntando así… a Mateo. Así estoy yo. Así me siento. Como Mateo”. Pero hay que decir algo más, en el evangelio cada personaje puede ser cualquiera de nosotros: un pecador al que el Señor dirige su mirada. El gesto de un Mateo aferrado al dinero como diciendo: ‘¡No, no a mí! No, ¡este dinero es mío!’. Esto es lo que yo soy: un pecador al que el Señor ha dirigido su mirada… Y esto es lo que dije cuando me preguntaron si aceptaba la elección de Pontífice”. Murmura el papa: “Peccator sum, sed super misericordia et infinita patientia Domini nostri Jesu Christi confisus et in spiritu penitentiae accepto”.

Las siguientes lecturas como el cuadro de Caravagio servirán de guía para hacer el propio camino hasta encontrar a Jesús. Ya no necesariamente entre pinceladas se describirán algunas escenas con detalles sencillos, para acercar la realidad tal como es: ropas lujosas o mugrientas, pieles rugosas o frescas, escenas triviales. Y en un escenario cotidiano experimentar como, la acción misericordiosa de Dios llega aquí y ahora en la vida de las personas. No se trata de experimentar un simple hombre al que nos hemos acostumbrado, se trata de hacer manifiesta su presencia y trascendencia hasta el punto de ponernos en relación con nuestra propia luz y tinieblas, que son el fondo de este maravilloso encuentro.

La vida de los creyentes se construye sobre un fondo oscuro o neutro, en primer plano y con todas las figuras y la acción de la vida. En esta cercanía espacial es que se produce la acción de Dios. Cuando las figuras están envueltas de tinieblas, el encuentro con Jesús puede arrancarlas de la oscuridad por un rayo de su luz, oblicuo y lateral, que procede de lo alto y cae en diagonal sobre la escena: esto es la misericordia, la bondad, la gracia. Cuando la luz toca la historia desvela a los personajes y su acción: esto es la misión. Ante la luz queda manifiesta la realidad interna de las personas y de las cosas, pero esta luz trascendente hace de la vida el lugar del encuentro con Dios.

Finalmente, las imágenes que aquí se abordarán en la contemplación se desarrollan en un lugar cualquiera, de una calle sin nombre. Un grupo de cambistas, un grupo de mujeres, un grupo de pescadores, un grupo familiar, una comunidad que se ve sorprendida en su trabajo cotidiano por una presencia que interpela, cuestiona, y desconcierta: esta es la Luz que pone de manifiesto que, una escena cotidiana se está convirtiendo en lugar de gracia y salvación.

 

  1. A modo de conclusión: Caminar con el discípulo amado:

En el compromiso de la Pastoral Juvenil es importante la continuidad, especialmente desde le punto de vista metodológico. Pero siempre hay que recordar que la Pastoral Juvenil no es una metodología, mejor sería ubicarla dentro de la dimensión profética de la Iglesia, pues con los jóvenes un pastoralista se arriesga a ver el futuro con sus ojos, y a responder desde sus necesidades.

Esta empatía con los jóvenes puede responder muy bien al llamado del Papa Francisco a salir al mundo para ver y responder con el corazón en llamas, síntesis de la Evangelii Gaudium. El llamado de la Iglesia y del Papa hoy está en continuidad con el Concilio Vaticano II, a responder desde la empatía pastoral, la disponibilidad, el método, recordando que el discernimiento no es una técnica, sino un llamado del Espíritu al corazón del joven, de ahí el imperativo de salir y responder proféticamente para hacer creíble el mensaje del evangelio.

Según esto el joven es el lugar de la encarnación de Dios, y por esta razón tiene hoy un protagonismo en el mundo y en la pastoral. El Sínodo de la juventud expresa el liderazgo y el compromiso de la Iglesia de caminar en una pastoral de conjunto, pero también presenta el modelo de desarrollo y de evangelización deseado.

El encuentro con el Papa Francisco con la juventud de Roma y la juventud del mundo, en la víspera del Domingo de Ramos fue el punto más alto del encuentro. En Santa María la Mayor, los jóvenes oramos a los pies de la madre de la Iglesia, y escuchamos el llamado del papa a escuchar a los jóvenes del mundo, no solo a los de la Iglesia, no sólo los que ya caminan en las diferentes pastorales, no sólo a los del Movimiento comprometidos y evangelizadores. Nos invitó a ir hasta aquellos que no quieren escuchar hoy el evangelio por decepción, o por ignorancia, el Papa nos invitó a encuestarlos para que los obispos puedan reflexionar con objetividad en el próximo sínodo

Queridos jóvenes: Gracias por estar aquí. Esta tarde se da un doble inicio: el inicio del camino hacia el Sínodo, que tiene un nombre largo: «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», pero llamémoslo «el Sínodo de los jóvenes», así se entiende mejor. Y también el segundo inicio, el del camino hacia Panamá: «Aquí está el Arzobispo de Panamá [señalándolo se dirige a él]. Te saludo.

Hemos escuchado el Evangelio, hemos rezado, hemos cantado, hemos traído flores a la Virgen, a la Madre; y hemos traído la cruz, que llega de Cracovia y mañana será entregada a los jóvenes de Panamá. Desde Cracovia a Panamá; y, en medio, el Sínodo. Un Sínodo del que ningún joven debe sentirse excluido. «Pero… hacemos un Sínodo para los jóvenes católicos… para los jóvenes que pertenecen a las asociaciones católicas, así es más fuerte…». No. El Sínodo es el Sínodo de y para todos los jóvenes; los jóvenes son los protagonistas. «¿Pero también los jóvenes que se declaran agnósticos? Sí. «¿También los jóvenes que tienen una fe tibia?» Sí. ¿También para los jóvenes que se han alejado de la Iglesia?» Sí. «¿También para los jóvenes ―no sé si habrá alguno, a lo mejor hay alguno―, los jóvenes que se dicen ateos?» Sí. Este es el Sínodo de los jóvenes, y todos nosotros queremos escucharos. Cada joven tiene algo que decir a los otros, tiene algo que decir a los adultos, tiene algo que decir a los sacerdotes, a las religiosas, a los obispos y al Papa. Todos tenemos necesidad de escucharos.

Recordemos un poco a Cracovia, la Cruz nos lo recuerda. Allí dije dos cosas, a lo mejor alguno lo recuerda: es desagradable ver a un joven que se jubila a los veinte años; y también es desagradable ver a un joven que vive en el sofá. ¿No es verdad? Ni jóvenes «jubilados», ni jóvenes «de sofá». Jóvenes que caminen, jóvenes de calle, jóvenes que vayan adelante, uno junto al otro, pero mirando al futuro.

Hemos escuchado el Evangelio (cf. Lc 1,39-45). Cuando María recibe aquel don, aquella vocación tan grande de traernos el don de Dios, dice el Evangelio que, habiendo recibido la noticia de que su prima de edad avanzada esperaba un niño y tendría necesidad de ayuda, se fue «deprisa». Deprisa: el mundo de hoy tiene necesidad de jóvenes que vayan «deprisa», que no se cansen de caminar deprisa; de jóvenes que tengan la vocación de sentir que la vida les ofrece una misión. Y, como dijo tantas veces María Lisa [joven religiosa] en su testimonio, jóvenes en camino. Ella ha relatado su experiencia: ha sido una experiencia en camino. Tenemos necesidad de jóvenes en camino. El mundo puede cambiar solamente si los jóvenes están en camino. Pero este es el drama de este mundo: que los jóvenes ―y este es el drama de la juventud de hoy― que los jóvenes son a menudo descartados. No tienen trabajo, no tienen un ideal que seguir, falta la instrucción, falta la integración… Tantos jóvenes deben huir, emigrar a otras tierras… Los jóvenes hoy, es duro decirlo, a menudo son material de descarte. Y esto no podemos tolerarlo. Tenemos que hacer este Sínodo para decir: «Nosotros jóvenes estamos aquí». Y nosotros vamos a Panamá para decir: «Nosotros jóvenes estamos aquí, en camino. No queremos ser material de descarte. Nosotros tenemos algo valioso que dar».

He pensado, mientras Pompeo hablaba [el segundo testimonio]: por dos veces, él estuvo casi al límite de ser material de descarte, a los ocho y a los dieciocho años. Y lo venció. Lo superó. Ha sido capaz de levantarse. Y la vida, cuando miramos al horizonte ―lo ha dicho también María Lisa―, nos sorprende siempre. Ambos lo han dicho.

Nosotros estamos en camino, hacia el Sínodo y hacia Panamá. Y este camino es arriesgado; pero si un joven no arriesga, ha envejecido. Y nosotros tenemos que arriesgar.

María Lisa ha dicho que después del sacramento de la confirmación se alejó de la Iglesia. Vosotros sabéis bien que, aquí en Italia, el sacramento de la confirmación se llama «el sacramento del adiós». Después de la confirmación no se vuelve más a la Iglesia. Y, ¿por qué? Porque muchos jóvenes no saben qué hacer… Y ella [María Lisa] nunca se ha detenido, siempre ha permanecido en camino: a veces por caminos oscuros, por caminos sin luz, sin ideales o con ideales que no entendía bien; pero, al final, también ella lo consiguió. Vosotros jóvenes tenéis que arriesgar en la vida, arriesgar. Hoy debéis preparar el futuro. El futuro está en vuestras manos. El futuro está en vuestras manos.

En el Sínodo, la Iglesia entera quiere escuchar a los jóvenes: qué piensan, qué sienten, qué quieren, qué critican o de qué cosas se arrepienten. La Iglesia tiene necesidad de aún más primavera, y la primavera es la estación de los jóvenes.

Y además, quisiera invitaros a hacer este camino, este camino hacia el Sínodo y hacía Panamá, con alegría; a recorrerlo con vuestras aspiraciones, sin miedo, sin vergüenza, con valentía. Se necesita mucho ánimo. E intentar percibir la belleza de las pequeñas cosas, como ha dicho Pompeo, esa belleza de cada día: percibirla, no perdáis esto. Y dar gracias por lo que eres: «Yo soy así, gracias». Muchas veces, en la vida, perdemos tiempo preguntándonos: «Pero, ¿quién soy yo?». Y tú puedes preguntarte quién eres y pasar toda una vida buscando quién eres. Pero pregúntate: «¿Para quién soy yo?». Como la Virgen, que fue capaz de preguntarse: «¿Para quién, para qué persona soy yo, en este momento? Para mi prima», y fue. Para quién soy yo, no quiénsoy yo: esto viene después, sí, es una pregunta que se tiene que hacer, pero antes de nada por qué hacer un trabajo, un trabajo de toda una vida, un trabajo que te haga pensar, que te haga sentir, que te haga trabajar. Los tres lenguajes: el lenguaje de la mente, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos. E ir siempre adelante.

Y otra cosa quisiera deciros: el Sínodo no es solamente «un parlatorio». La JMJ no será un «lugar para hablar» o un circo o una cosa bonita, una fiesta y después «adiós», ya no me acuerdo. No, cosas concretas, la vida nos pide cosas concretas. En esta cultura líquida, se necesita concretar, esto es vuestra vocación.

Y quisiera terminar… ―había un discurso escrito, pero después de haberos visto, de haber oído los testimonios, he querido deciros esto―: habrá momentos en los que no entenderéis nada, momentos oscuros, feos, momentos bonitos, momentos oscuros, momentos luminosos… pero hay una cosa que yo quisiera subrayar. Nosotros estamos en el presente. A mi edad, estamos para irnos… ¿no? [ríe] ¿Quién garantiza la vida? Nadie. Vuestra edad tiene el futuro por delante. A los jóvenes, hoy, a los jóvenes, la vida les pide una misión, la Iglesia les pide una misión, y yo quisiera encargaros esta misión: volved y hablad con los abuelos. Hoy más que nunca tenemos necesidad, tenemos necesidad de este puente, del dialogo entre los abuelos y los jóvenes, entre los viejos y los jóvenes. El profeta Joel, en el capítulo tres, versículo dos, nos dice esto, como una profecía: «Los ancianos tendrán sueños, soñarán, y los jóvenes profetizarán», esto es, realizarán las profecías con las cosas concretas. Esta es la tarea que yo os doy en nombre de la Iglesia: hablar con los ancianos. «Pero es aburrido…, dicen siempre las mismas cosas…». No. Escucha al anciano. Habla, pregúntale cosas. Haz que ellos sueñen y sírvete de esos sueños para ir adelante, para profetizar y para hacer concreta aquella profecía. Esta es vuestra misión hoy, esta es la misión que hoy os pide la Iglesia.

Queridos jóvenes, sed valientes. «Pero, Padre, yo he pecado, caigo muchas veces…». Me viene a la mente una canción alpina, muy bonita, que cantan los alpinos: «En el arte de subir, lo importante no es no caer, sino no quedarse caído». Adelante, ¿caes?, levántate y sigue caminando. Pero piensa en aquello que ha soñado el abuelo, que ha soñado el anciano o la anciana. Hazles hablar, toma esas cosas y haz el puente hacia el futuro. Esta es la tarea y la misión que hoy os da la Iglesia.

Muchas gracias por vuestra valentía, y… hasta Panamá. No sé si seré yo, pero estará el Papa. Y el Papa, en Panamá, os hará la pregunta: «¿Habéis hablado con los viejos? ¿Habéis hablado con los ancianos? ¿Habéis tomado los sueños del anciano y los habéis transformado en profecía concreta?» Esta es vuestra tarea. Que el Señor os bendiga. Rezad por mí, y preparémonos todos juntos para el Sínodo y para Panamá.

Gracias”.

 

Por Cristo Más, Más y Más

[1] “Amar también es volverse amable, y allí toma sentido la palabra asjemonéi. Quiere indicar que el amor no obra con rudeza, no actúa de modo descortés, no es duro en el trato. Sus modos, sus palabras, sus gestos, son agradables y no ásperos ni rígidos. Detesta hacer sufrir a los demás. La cortesía «es una escuela de sensibilidad y desinterés», que exige a la persona «cultivar su mente y sus sentidos, aprender a sentir, hablar y, en ciertos momentos, a callar». Ser amable no es un estilo que un cristiano puede elegir o rechazar. Como parte de las exigencias irrenunciables del amor, «todo ser humano está obligado a ser afable con los que lo rodean». Cada día, «entrar en la vida del otro, incluso cuando forma parte de nuestra vida, pide la delicadeza de una actitud no invasora, que renueve la confianza y el respeto […] El amor, cuando es más íntimo y profundo, tanto más exige el respeto de la libertad y la capacidad de esperar que el otro abra la puerta de su corazón ». Papa Francisco. Amoris Leticiae. n.99