Por Ernest Bou i Janoher

 

INTRODUCCIÓN DEL AUTOR

He pensado largamente en un preludio digno de la sinfonía de la vida del padre Pujadas. Y se me viene a la memoria una visión que tuvo un amigo en Colombia, que ha de estar escrito en su biografía.

Cruzaba los Andes en avión por la zona colombiana de la sierra, por el Nevado del Ruiz donde va a descubrir un panorama insólito.

Volaba por la espesa niebla que permanentemente se produce en aquellos parajes a causa del formidable cambio de temperatura que resulta entre el trópico de tierra caliente y la falda de la montaña en la nieve perpetua de aquellos climas.

Inesperadamente se le apareció a la vista un macizo impresionante por su majestuosidad y belleza.

El espectáculo invita a reflexionar. La naturaleza nos obsequia generosamente con este paisaje. ¿Por qué?

Pero continuemos; analicemos el espectáculo. La naturaleza muestra una inmensa montaña como desafiando el cielo. El blanco de la nieve y el azul del cielo

La brisa también inunda la sierra, los picos sobresalen por su majestuosidad y belleza. Pueblos antiquísimos, antiguas culturas pre-colombinas sembraron árboles de plátano, café, cactus de una antigüedad milenaria.

Total,  un marco majestuoso para situar el personaje. Se acaba la fantasía y comienza la realidad  humana.

Colombia no podía ser más excitante. Allá el Padre Pujadas va a descubrir el misterio de la vida de la selva

Va a conocer la sociedad colombiana, desde las clases más humildes hasta las clases dirigentes; va a tener la clarividencia de impulsar un movimiento juvenil; va a promover un instrumento de reafirmación vocacional para sacerdotes, monjes y religiosos; va a compartir la vida de los más pobres y la alegría de la clase privilegiada.

Al lado de toda figura insigne el hombre descubre la miseria humana, los errores y las espinas. Procuraremos que todo quede disimulado en la discreción, el olvido y el perdón.

Después de describir un marco gráfico, convendrá hacer un poco de historia. Seguramente  todos saben de que hablamos. Pero no queremos que pasen por la vida como meros espectadores de los acontecimientos, nuestra biografía tiene una sensibilidad especialísima.

No será de más recordar que va a ser en plena guerra europea, que va a acabar en guerra mundial y que naturalmente la segunda guerra mundial va a cambiar todo. Que se vive en plena madurez de los factores socio políticos catalanes y españoles de los años treinta; que va a tocar directamente las consecuencias de la guerra civil; que se va a maravillar de los progresos teológicos; que va a celebrar el gran acontecimiento del Concilio Vaticano II; que va a partir, como si de esos sucesos se trate, la gran crisis sacerdotal; que sabe perfectamente de las reformas de la dialéctica marxista; de los movimientos juveniles, que va a conocer de primera mano las tribulaciones del tercer mundo, etc.

Trataremos de penetrar, salvando nuestras  limitaciones, en la persona y su mensaje. Esto encara unas condiciones previas. La vida es mucho más rica que la sola expresión oral o escrita. Y cuando una vida ha sido vivida en plenitud, se desborda toda posibilidad de concreción.

De otro lado, la condición humana esta sujeta por la propia naturaleza a limitaciones de tiempo, de cultura, de período histórico, y por tanto el retrato de un personaje esta marcado por esta circunstancia.

Habrá que dar tiempo al tiempo para observar la adecuada perspectiva del hombre y el sacerdote, separando lo que es anecdótico de lo que es real.

Estoy seguro que se escribirá más sobre el Padre Pujadas. La juventud a la que tanto estimaba tendrá necesidad de hablar de él. Y lo hará de una a otra generación. Eso será completamente interesante.

NIÑEZ, JUVENTUD, SEMINARIO, GUERRA CIVIL

José María Pujadas y Ferrer nació en Canet de Mar, provincia de Barcelona, el 9 de agosto de 1915.

Canet es una villa de la comarca de Maresme, bañada por el Mediterráneo. Es una población catalana, culta y trabajadora.

La Comarca de Maresme es de un clima extremadamente suave y plácido. Los inviernos son luminosos y agradables.

El tremolar del mar se interna por los pequeños valles que forman las montañas de una calma tan plácida e idílica, tan llenas de botánica meridional, tan llenas de silencio y de aire que vienen a ser como deliciosos oasis. Pasando por los caminos llenos de vegetación se escucha el crujir de un carro, el volar de un ave, la detonación remota seguida de una columna de humo blanco de un cazador invisible. Se encuentran también muchos árboles frutales.

En el invierno se siente en el paisaje una fascinación blanca y carmín. En los declives de las montañas los verdes olivares  ponen sobre el paisaje una sensación de gravedad.

Así describe maravillosamente José Pla, la comarca del Maresme. Toda esta riqueza geográfica nos ayudará a comprender el retrato que en su momento intentaremos hacer de su carácter.

El Santuario de Nuestra Señora de la Misericordia, situado en la parte alta del pueblo, en un paisaje de gran belleza ha sido siempre un lugar de irradiación de fe y piedad Mariana.

El Padre José María Pujadas  era trabajador de la forja en un pequeño taller. Su mamá Asunción Ferrer era modista. Tuvieron 9 hijos; cinco de ellos murieron prematuramente. El clima familiar era de una bondad y un amor permanentes. Todos los miembros de la familia Pujadas se profesaban un amor entrañable entre ellos.

La población de Canet ha dado a la Iglesia un buen número de sacerdotes y religiosas.

En aquel paraje idílico en un ambiente familiar y social tan favorable fue bautizado nuestro hombre el 22 de agosto siguiente a su nacimiento y tres años después, el 9 de junio celebró la Confirmación.

En 1927, a los doce años, sintió y decidió su vocación sacerdotal y entra al seminario de Girona.

Poco le duraría la placidez y la bonanza. A partir de la entrada al seminario la historia del país comenzaba a acelerarse. Se pide la entrada al seminario Francés de Perpinya. Mossen. Pujadas por sugerencia del Obispo de Perpinya y del Dr. Cartanya, obispo de Girona pasa en Francia  cuatro años de su vida de 1932 a 1936.

Tiene dificultades idiomáticas pero también incomprensión. El joven seminarista no era bien visto, ni bien aceptado..

Los franceses, como todos los pueblos, tienen sus cualidades y defectos pero en cuestiones de cultura establecen sus barreras

Recuerdo de aquella época una anécdota. Para que los seminaristas aprendieran a predicar eran invitados, como una nueva experiencia, a decir un sermón delante de toda la concurrencia, alumnos y profesores. Viendo que ninguno aceptaba la invitación, el joven José María sube a la palestra, venciendo el ridículo y las dificultades propias del lenguaje y sintiendo una mal disimulada risa del auditorio. Un seminarista Francés, compañero de José, cincuenta años después del hecho, lo recuerda como unos de los actos de humildad más grandes que ha visto.

El Padre no se cansaba de recordar este hecho y repetía “Que bonito es hacer el ridículo por Cristo”.

Cuando acaba su experiencia retorna a casa, es el día 16 de julio de 1936. Comienza la guerra, se alista al Ejército y se pasa a Tarragona. Los Pujadas están en las listas públicas para ser fusilados. En Canet fueron asesinadas unas cincuenta personas. Todavía se recuerda algún pasaje de la vida del Cardenal Vidal Barraquer.

Se acaba el flagelo de la guerra y nuestro estudiante retorna al seminario Gironí y es ordenado sacerdote el 16 de febrero de 1941. Celebra la primera misa en el Santuario de la Misericordia  de Canet el 23 de febrero de aquel mismo año.

Relataremos una anécdota de aquel período y de aquella primera misa que deja ver su personalidad.

Cuando tenía doce años pasaba por la carretera de Canet un carretillero que llenaba la boca con improperios, pelaba al pobre animal para que andara más de prisa. El valiente José María se para delante del caballo y dice al carretero: eso que usted hace no está bien. El carretero va a insultar ya no al caballo sino al mozo que se le para adelante. Pero José insiste: eso que hace no está bien, algún día se arrepentirá. Entonces pasa el tiempo y el día de la primera misa de José, el carretillero que estaba presente hace una confesión pública: desde el día que conocí a este hombre no volví a renegar más.

BAGAJE CULTURAL

 El  Padre Pujadas fue un hombre culto. Era un sabio? Seguramente que no según el mismo lo ha dicho. Quién es sabio? El que tiene más conocimientos? ¿De una materia?. Esto llevaría a una discusión interminable. En otro aspecto: ¿es sabio el que sabe muchas cosas para él sólo? Muchos de los sabios son inaccesibles. Yo pienso que son inaccesibles ¿porque sus razonamientos no se pueden seguir? O porque ¿si se siguen conducen a más discusiones? ¿Es solamente sabio el filósofo o el científico? ¿Es que la verdad científica o filosófica agota toda otra posibilidad? El tema es inmenso y seguramente nos perderíamos en él. La misma vida del sacerdote nos contestará todos estos interrogantes si es que nos atrevemos a penetrar el núcleo de su talla intelectual.

La primera aproximación al personaje es que todo lo que aprendió, toda su formación, todos sus conocimientos no eran para él sólo, para su satisfacción personal o egolatría, cosa muy frecuente entre los intelectuales, sino como un instrumento para servir y evangelizar. Y lo sabía tan bien que lo explicaba a la manera de un maestro experimentado.

Un día se le preguntó por los idiomas que conocía y contestó: “todos los idiomas sólo sirven para un único lenguaje, el amor” Pero esto sólo sería una frase bonita si no se interesara por conocer muy bien  el castellano, el francés, el italiano, el inglés y se hacía entender en alemán.

Un día en una reunión apostólica dice: viene a París el señor tal … Uno de los que preparaba aquella reunión apostólica le contesta:  “Pero Padre si esa persona es sólo un pescador…”  El le responde: “Este hombre tiene muchas cosas que decir que vosotros no diréis jamás.

El Padre vivía en constante admiración por los que lo oían hablar y cualquier frase o pensamiento que dijera era objeto de una particular atención.

Sus compañeros de seminario y amigos lo veían progresar de una manera generalizada en diversos campos del conocimiento, no solamente los temas religiosos. La cultura general, la historia, la pedagogía, la sicología, las ciencias de la información, la ciencia  – que seguía con atención en todas sus manifestaciones – y por supuesto la teología y la liturgia, etc. Eran objeto de su atención.

La biblioteca del Padre Pujadas, como todas sus cosas de valor, era ilustrada al servicio de los altares. Hemos intentado reconstruir el caudal de conocimientos de sus libros. Tarea ardua, difícil, prácticamente imposible.

Los libros que ha escrito y que al final de éste son recopilados reflejan  su pensamiento. Son libros de servicio, cuadernos para trabajar, para formar, para conducir a la juventud pero también eran una recopilación de todos sus conocimientos.

Se caracterizaba porque hablaba de cualquier tema hasta de las cosas más inverosímiles y cuando ayudaba a un joven con problemas sus soluciones no eran fruto de la improvisación sino de un conjunto de realidades, fundamentadas en doctrinas filosóficas adaptadas al caso.

Ahora hablaremos de un caso singularísimo que dice mucho de su capacidad intelectual. Cuando fue rector de Vilabertran y asesor de la Acción Católica de Figueres, formó una tertulia intelectual. En la reconstrucción de la Abadía de Vilabertran creó una reunión periódica que perdura en este tiempo, formada por José Pla, el escritor, Manuel Brunet, el celebre “Romano” de la Revista Destino, Pelai Martínez, una afamado arquitecto y profesor de la Escuela de Arquitectura de Barcelona; Ramón Reig, pintor notable y Gustau Cusí y Pere Comet, industriales de prestigio, y naturalmente José María Pujadas

Ni que decir de la importancia de aquel grupo en el contexto cultural Gironí de la época. José Pla se maravillaba de aquel aprendiz que siempre tenía algo que decir profundo y bien dicho.

Va naciendo entre ellos una amistad profunda de repercusiones humanas y espirituales. Varios artículos de la revista Destino se escribieron al calor de aquellas reuniones.

Pero el padre Pujadas no tenía vocación de intelectual y sus caminos ya estaban trazados en el libro de la vida.. Es pueril hablar de sus conocimientos bíblicos. Eran totales y profundísimos. Y siempre aplicados a la realidad concreta, contundente y definitiva. Y decía: “Hemos de tener el evangelio a la altura del periódico, dando a entender que la información diaria la tenía siempre presente.

Era, igualmente, un ortodoxo en el mejor sentido de la palabra. Por tanto la Biblia y la tradición de la Iglesia eran para él roca firme. Tenía tanta fe en la Iglesia entera como en Jesucristo en la historia, aplicando la Palabra de Dios a los hechos diarios.

Hemos de hacer aquí una digresión por los que cuestionan la fe sin conocimientos suficientes. Se ha de estudiar mucho y se han de discutir las verdades de la fe para no ponerlas en duda. La Iglesia ha de estudiar y discutir estas verdades, porque muchos sin ton ni son ponen en cuarentena verdades que en tiempos pasados fueron ampliamente debatidas sembrando la duda a las personas sencillas.

El  Padre Pujadas se dedica a estudiar las obras del Cardenal Mercier. También conocía las del Cardenal Suhard a quien admiró y conoció personalmente.

Tenía una especial predilección por la liturgia y los pioneros de esta materia Pius Parsch, Jugman. Unida a esta intima preferencia se preocupó por el aprendizaje del idioma Catalán romántico y del Francés, era un experto. Su biblioteca en este aspecto en concreto era voluminosa y muy especializada.

También profundizó en el conocimiento de Balmes, y más concretamente de su obra El Criteri.

Admirador y conocedor de la obra de Ortega y Gasset. Le maravilla en su momento L’Humanisme Integradle de J. Maritain.

Hemos dicho que el P. Pujadas ciertamente era un ortodoxo,  siempre seguía el pensamiento y las directrices de la Iglesia Pero también era un inquieto por las ideas que podían representar progreso o enriquecimiento espiritual. Tenía un gran apasionamiento por aprender las novedades eclesiales y por enriquecer y mejorar a las personas.

Entre sus escritos que no han sido publicados están unas notas relativas al P. Karl Rahner, Teólogo alemán consultor del Concilio y de gran renombre en el plano pastoral y de servicio al pobre. El Padre Rahner contestó a una encuesta hecha por diferentes teólogos en el año de 1967, después del Concilio y que tiene plena vigencia actual, con motivo del año de la fe: “entre los múltiples deseos que pudiéramos expresar, no citaré sino uno: que los predicadores del evangelio se esfuercen por proclamar la vieja fe ortodoxa de suerte que sea verdaderamente comprendida por el hombre de hoy. Que piensen al predicar, no tanto en las gentes piadosas o que parecen serlo, que están sentadas al pie de la cátedra, sino en los que no están ahí: en los que dudan, en los incrédulos y ateos y los que creen serlo”.

“Si dirigiéramos la predicación precisamente a este hombre de hoy tal como aparece en el incrédulo, y que está presente en el auditorio, aunque parezca que no está ahí, llegaríamos no a   reducir, sino a concretar el contenido de la fe. Es el mundo central del cristianismo que debemos predicar: Dios, la posibilidad de una verdadera experiencia religiosa a la luz de la gracia, Jesucristo”.

Esta fórmula breve que propone Rahner ha de tener cuatro características:

“La fórmula es asimilable “existencialmente” de modo inmediato y es diáfana por sí misma, sin que necesite largas explicaciones para atraer”.

“Es directamente convincente desde el horizonte conceptual del hombre actual y desde su experiencia  vivencial y utiliza, en lo posible, el lenguaje del hombre de hoy”.

“Se sirve de los presupuestos evidentes al hombre actual (independientemente de que éstos sean “en sí” superiores o no)”,

“La fórmula no supone, como un dato ya existente, aquello que no puede ser objeto de una experiencia fundamental y fácilmente comprensible. Supone que el oyente entiende bajo el término “Dios” algo que es correcto y que luego podrá realizar existencialmente de un modo fácil”

Hemos transcrito este párrafo largo porque hemos tenido conocimiento de que nuestro predicador tenía un gran soporte teológico e intelectual; resumía en frases breves pensamientos largos. Por ejemplo decía: “A Dios se le acepta o no se le acepta pero no se le discute”.

Distinguía claramente entre el escritor que escribe – la persona – y el pensamiento que proclama.. Así un día hablando de la obra de José Pla, alguien mencionó de la ironía de éste frente al mundo católico y eclesiástico. Él que conocía perfectamente a Pla, tanto a la persona como a la obra, dijo:  Se conjugan ambas cosas en él; solamente el retrato que ha hecho de Cataluña y de los catalanes representa una inmensa obra porque muestra nuestras raíces humanas tenemos una base para el apostolado y el servicio a los demás.

Pero la demostración mayor de la intelectualidad del Padre Pujadas y de su ánimo sacerdotal fue el Concilio Vaticano II. El estaba preparado para el gran acontecimiento, era un abanderado del movimiento ecuménico – recordemos aquí la obra del Cardenal Mercier -;del litúrgico – el ya había hecho una exposición avanzada -; del bíblico, conocía perfectamente la doctrina mística; del movimiento seglar –como ya hemos explicado-, etc. Por tanto era un espectador inquieto, serenamente confiado en la magna efemérides eclesial.

La aparición del primer documento, La Constitución Litúrgica le emocionó mucho. Igualmente el Concilio de cierta manera lo va a sorprender, se va a producir un cambio de mentalidad, una conversión. En España se va a sentir como un terremoto cuando aparece la Constitución de la Iglesia sobre el mundo moderno. Pujadas obediente a los señalamientos de la Iglesia constituida en su máxima expresión conciliar, aceptaba todo lo que el Concilio proponía a los hombres de buena voluntad.

Tres años después de acabado el Concilio y el Congreso Eucarístico Internacional de Bogotá, se van a producir reuniones apostólicas en las que el Padre Pujadas fue uno de los artífices principales, tratando los siguientes temas: “Objetivos, problemática y prioridades de la Iglesia latina; Eucaristía y desenvolvimiento integral del hombre; los compromisos sociales de la comunión eucarística”, etc.

Repasando sus escritos de aquellos tiempos vemos como hablaba de la urgencia  del Reino de Dios como un objetivo propuesto por Jesucristo. “Donde no está el Reino de Dios se nota su ausencia como se nota la falta del oxígeno. Hemos de hablar de una crisis de la civilización”.

Y todos sabemos en qué consiste el Reino de Dios: en la justicia, la paz, la vida digna, la libertad; en definitiva la civilización del amor. Él vivía muy interesado también en la teología de la liberación, basándose en documentos acerca de esta teología, las instrucciones de Roma y las conferencias Episcopales Sudamericanas.

Los avances científicos y tecnológicos lo admiraban mucho. Creía que la ciencia y la filosofía tenían una parte importantísima en el contexto de la creación. La creación comporta unas normas que hemos de asumir y en caso contrario renegaríamos del Dios Creador. Con el paso del tiempo, de las centurias aprenderemos, cosas impensables, incalculables que nos abrirán nuevos horizontes. Esperar que todo suceda por un milagro es caer en el infantilismo religioso.

Cada día descubrimos más la grandeza del espacio sideral y la pequeñez del microcosmos.

Las ciencias alcanzarán a resolvernos la penúltima pregunta; la definitiva solamente la resolverá la fe. El Padre Pujadas dejará que la ciencia diga esa penúltima palabra pero seguirá los consejos espirituales de un gran sacerdote y científico como es T. De Chardín.

EL CATALAN UNIVERSAL

Los vínculos son aquellos ligamentos profundos que no podemos borrar. Ser de una manera determinada, vivir en determinada tierra, cultura, tener una lengua propia, un carácter, una historia, todo esto seguramente y muchas cosas más.

Haber vivido en un determinado país, haber pasado allí la mayor parte de la vida para estructurar la personalidad propia y no sólo la propia sino también ayudar a tantísimas personas  a descubrir la suya, nos lleva a amar la tierra que nos vio nacer; todo esto y mucho más son cosas merecedoras del reconocimiento de la propia comunidad.

El Padre Pujadas estima su tierra noble y generosa. Su celo apostólico universal, su laboriosidad, su sentido común todo esto va a ayudar a que el nombre de Cataluña sea apreciado por gentes de las más diversas condiciones y que valoren esta tierra por la calidad de las personas que en ella nacieron. Su testimonio de vida va a sobre valorar las cualidades de este pequeño pero gran país y  va a disimular los defectos inherentes a nuestra manera de ser, que todos tenemos.

José María Pujadas y Ferrer era en primer lugar un trabajador extraordinario, infatigable, excepcional, único. Aquí si que podemos utilizar todos los elogios sin exageración. El catalán genuino es, ciertamente, trabajador. Pero es que él era un caso aparte. No se ha visto quien lo pueda seguir cuando de trabajo se trata. Era el primero en levantarse y el último en irse a dormir. Para descansar necesitaba un mínimo de horas. Se ha comprobado que durante días y días solamente dormía tres o cuatro  horas y otras veces ni siquiera este tiempo. Pero lo que más sorprende es la intensidad del trabajo, el ritmo. No perdía ni un minuto, ni un segundo de tiempo.

Se cuenta que en cuatro días visitaba las diócesis americanas, que por las distancias, la altura, el trópico y la agenda de trabajo que portaba,  resultaba inexplicable.

En Colombia visitaba la Isla de la Gorgona, para presidiarios condenados a cadena perpetua, donde había una temperatura de cincuenta grados centígrados. Los condenados solían repetir: “El padre chemita (como le decían cariñosamente) saldrá de allí asado”. Pero finalmente el va a salir de aquella isla aparentemente fresco y se unía a otras personas que le esperaban a la sombra para continuar con otras actividades que no daban espera.

Es importante recalcar que toda su vida era un trabajo continuo. Cuando en una ocasión le preguntaron si había viajado mucho, el respondió: “A mi sólo me interesa el motivo del viaje”.

En el terreno de la cultura, ni hablar de sus conocimientos universales. –conocía a fondo la historia de Cataluña, la vida religiosa y espiritual catalana, conocía a fondo la obra de José Pla; completísimos sus estudios de Balmes; un conocimiento profundo y detalladísimo de la lengua catalana.

Una gran muestra de su catalanismo es que pensaba en Catalán. Y traducía del catalán al castellano o al idioma que se necesitara.

Por su conocimiento del idioma castellano es que han llegado a América Latina sus libros traducidos a este idioma.

Su amor por su tierra le hizo colaborar en la restauración de la famosa abadía de Vilabertran y ayudar la patronato de la Salut de Terrades.

Cuando pasaba por los parajes de la Girona antigua, siempre repetía: “Este país tiene muchas historia” no podemos ser superficiales. Cuando predicaba siempre hacía mención de su tierra, las montañas, la Cosa Brava, Monserrate, etc. Su sentido común lo llevaba a exclamar: “la Cruz no tiene lógica, si no se mira a la luz de la fe”.

Nuestro hombre era de criterios sólidos y su espíritu era vibrante como un arco en tensión. Era un gran embajador en los países americanos, españoles y europeos. Hacía quedar bien a su país porque disimulaba sus propios defectos.

Aquel dicho de que no se puede servir a dos señores era para él una realidad y una acusación permanente para los otros. Tanto criticaba al que ponía obstáculos pecuniarios en la aceptación de la vida cristiana como el que contrariamente, pensaba hacer alguna cosa cristiana precisamente porque había dinero de por medio. En eso era el prototipo del idealista.

Desgraciadamente nuestra sociedad está tan materializada que hemos reducido el cristianismo a valores económicos cosa que es un contrasentido, porque es vender lo religioso como un producto barato.

¿Es que el Padre Pujadas no tenía en cuenta la cuestión social? Es una solemne mentira. El en nombre de Jesucristo se le medía a todo, así de sencillo, todo.

En otro aspecto, su puntualidad, como la de un gran trabajador que era, resultaba cronométrica. “La puntualidad, decía, me ha hecho perder mucho tiempo. Porque para él el tiempo era eternidad.

Los catalanes tienen la ironía congénita, a flor de piel, buena cualidad, salvadas las exageraciones. Se burlan de su propio yo y no le ponen seriedad sino a lo que realmente la tiene. Pujadas era un irónico muy fino.

Su testimonio, su gran amor a la tierra, su laboriosidad su cultura extensa y arraigada, su sentido común,  su puntualidad matemática y su fina ironía son algunas de las cualidades a resaltar en él.

Y su vida también nos debe advertir que hay que avivar el espíritu, hemos de ser generosos y hemos de profundizar en la espiritualidad que ha conformado nuestra historia.

No podemos terminar este capítulo sin referirnos a la famosa frase atribuida al doctor Torras Bages: “Cataluña será cristiana o no será, que el Padre Pujadas la va a hacer suya toda la vida.

EL SACERDOTE

La casualidad no existe; es la providencia que está de incógnita. Así podemos explicar su vida sacerdotal.

Desde niño llevaba a cabo pequeñas ceremonias litúrgicas. Una de sus preferidas era celebrar  misas. A los seis años demanda por su entrada al seminario y a los nueve lo hace por primera vez.

Pero esta vocación va a durarle toda la vida. Poco antes de morir todavía celebraba la misa en la habitación de la clínica. Solicitó  que le cambiaran las sábanas, que lo arreglaran, contrariamente a las insinuaciones médicas, y va a celebrar ambas la unción de enfermos y la Eucaristía. El médico lo regañaba afectuosamente, pero él respondía: “Me he de arreglar y preparar porque voy al encuentro del Rey de reyes”.

Ciertamente su vida sacerdotal va a ser providencial. Su vida desde el punto de vista humano, está puesta al servicio del sacerdocio cristiano.

Resulta difícil para un seglar penetrar en el alma sacerdotal. Es cierto que el sacerdocio cristiano es patrimonio de todo el pueblo de Dios, que es un pueblo sacerdotal, un sacerdocio real.

La palabra humana no tiene tanta fuerza como la pronunciada por el sacerdote en la consagración ni en el perdón de los pecados. Este misterio es insondable, tratar de penetrar en él es pura ilusión porque se trata de una gracia.

Empecemos por la contemplación. Este misterio sacerdotal es en primer lugar una vocación íntima: “Una respuesta a una llamada interior”. Va a ser una relación directa, casi permanente entre las limitaciones humanas, entre la una y la otra”. Repetía el P. Pujadas: “No el mucho saber satisface el alma, sino el sentir y gustar internamente de las cosas”. Por eso la Iglesia que es Madre y Maestra, sabia por tanto, obliga a la oración litúrgica y aconseja la Eucaristía diaria a sus ministros. Obrando así cotidianamente se vivirá lleno de alegría todos los días.

Vivía la misa, la paladeaba y sentía todas sus manifestaciones. Las explicaciones del ministerio eucarístico servían de base a un tratado completísimo. Era tal la vivencia íntima de la celebración eucarística que llegó a ser un apóstol eficaz.

Su piedad sólida, racional y profunda es reconocida por todos. Los testimonios son maravillosos. Él que se movía tanto, que no paraba de hacer apostolado, cuando venía la hora de la verdad se unía en plegarias inacabables a cualquier hora de la noche, cuando todos después del ritmo trepidante de todo el día, se dedicaban a descansar porque ya no podían más. Pero él siempre tenía un momento y, cuando convenía, un largo diálogo con el Señor.

Otro aspecto de su ministerio fue su vida ascética. Pablo VI hablaba que el cristiano ha de profesar una ascética razonable. Su ascética va a ser dura en el convento. No se cansaba de decir que tenía que pasar por el crisol de la purificación. Nadie sabe de sus penitencias voluntarias.  Vivía ciertamente en este mundo pero encerrado en el misterio de Dios.

La obediencia fue su norte, tenía palabras muy duras contra los revoltosos. Su vida fue una constante obediencia. Ha infundido a un gran número de cristianos el amor a la obediencia jerárquica, plena de posibilidades eclesiales.

La virtud de la castidad resulta siempre difícil de practicar. Sin embargo, el tenía un cuento para demostrar que fácil era cumplir esta virtud: “había un mosquito que se posaba todos los días en un vaso de vino. ¡Que placer! ¡Qué felicidad! Todo el vino para mi sólo. Un día descubre muchos vasos de vino y se sintió muy satisfecho porque tendría vinos de todas clases. Pero un día en que logra salir afuera ve el cielo, los árboles y las estrellas. Este descubrimiento es una gracia de Dios, y así pasa con las castidad. El hombre casto descubre muchas cosas que lo hacen feliz. Dudar de la castidad del P. Pujadas sería una ofensa.

Finalmente, la virtud de la pobreza fue ejercitada en grado superlativo. Vestía pobremente pero con dignidad. En una ocasión va a ser objeto de un intento de robo, por parte de un joven, de un reloj de cierto valor.. El va a responderle diciendo: “Aquí lo tienes, te lo regalo”. Después de esto llevaba un reloj viejo de pila que dejó de funcionar instantes después de su muerte.

Su vida era austera, manejaba el mínimo indispensable y no fumaba. Un día  en que su hermana le preparaba una maleta para un viaje a América se quedó asombrada pues no llevaba prácticamente nada para cambiarse. El le contestó: “no os preocupéis no necesito más de lo que llevo”.

Su único patrimonio fueron sus libros, su biblioteca. Era muy cuidadoso con todo este material, los trasladaba en cajas de cartón cuando cambiaba de domicilio ya que era completamente nómada. Y va a morir en el aspecto económico como vulgarmente se dice, pelado como una rata.

Las virtudes básicas las va a vivir con gran intensidad: “Confío más en Dios que en los hombres” Aquel fiarse de Dios era un proceso continuo y definitivo. Era un hombre pleno de fe, contagiaba la fe.

Hombre definitivamente esperanzado: “Hay que hacer lo  que se deba aunque se deba lo que se haga”, decía a los pobres iberoamericanos. Y así va a comenzar obras de promoción humana y sitios apostólicos y espirituales. Era una persona plena de amor y de desprendimiento de lo material, pero de manos llenas de generosidad en lo espiritual. “La caridad no es tanto dar como darse”.

Sacerdote prudente que va a plantear una reforma de vida que va a desembocar en un estímulo en el trabajo, una honradez profesional y una sensibilidad familiar.

Referente a la justicia decía siempre que era el mínimo común múltiplo de la caridad. Era como el pedestal de la primera virtud. Sin justicia el hombre no podrá hablar de caridad decía a sus feligreses.

Era un gran propagador de los sacramentos de la Iglesia. Cada sacramento era dispensado y asistido, como el jardinero cultiva las flores más delicadas, con toda delicadeza y todo amor.

El Sacramento del Bautismo, portal de la Iglesia, lo definía como la llave divina. Invitaba y aplaudía a todos los sacerdotes que dignificaban la pila bautismal y la ubicaban en un lugar privilegiado del templo.

El Sacramento de la Confirmación lo denominaba el Sacramento de la valentía cristiana y en cierta manera el sacramento de la plenitud de vida..

Pero donde volcaba todo su amor y su sacerdocio era en el Sacramento de la Reconciliación, la Penitencia. Descubría el P. Pujadas la vida nueva que daba el amor de Dios al hombre, a través de este sacramento, llevándolo a una nueva vida y limpiando su alma de toda maldad.

Los hombres no perdonan – al menos totalmente, siempre recuerdan, esa es la regla general. Pero Dios cuando dice: “Ahora ha entrado la salvación a esta casa”, quiere decir que todo está perdonado para siempre.

El matrimonio cristiano era el crecer cada día en la convivencia y el amor. En momentos de crisis de tantas parejas él siempre ayudaba a éstos y alababa la vida de pareja.

Respecto de la Unción de los enfermos decía: “confesar al Señor sus faltas antes de morir les da espanto, pero llamar al notario para hacer el testamento no”.

Si mil veces naciera mil veces sería sacerdote, porque este Sacramento beneficia a la Iglesia, a la comunidad y al mundo.

¿Y que decir de la Eucaristía, culmen de la vida cristiana? El P. Pujadas era, como ya hemos dicho, seguidor ferviente de del Padre T. De Chardin en su tratado La messe sur le Monde. Recordaba, con respecto a la Eucaristía  una de las frases más bonitas del pensamiento y de la fe “frutos de la tierra y del trabajo del hombre”, quería que todos participaran de este banquete, formando un día la hostia universal donde se consumara el Cristo total y donde el fuera todo en todos.

Aparte de todo esto era un gran liturgista. Pero no estaba contento de sí mismo, cada día quería ser un mejor sacerdote.

La falta de soporte femenino en la vida de los sacerdotes, principalmente a los que les falta su madre, resulta que la suplen con un inmenso amor a la madre de Dios. Su devoción a la santísima Virgen era un pilar sólido en su vocación y va a cultivar este amor durante toda la vida.  Las peregrinaciones a diversos santuarios marianos eran muy frecuentes. Y era un devoto fervoroso del Rosario. También se extasiaba en la contemplación de algún misterio del rosario.

En el aspecto de la sensibilidad femenina tenía un gran soporte en su hermana Rosa, monja benedictina. Aparte del amor de hermano que venía del vínculo familiar, existía también una amistad sobrenatural entre ambos. Estaban tan compenetrados que con una mirada estaba prácticamente todo dicho. Fruto de esta amistad de hermanos se explican muchas cosas de la vida esplendorosa en obras de nuestro sacerdote.

Fue sacerdote y apóstol de sacerdotes. Las vocaciones suscitadas por Dios y ayudadas por él son muchísimas y merecen un estudio aparte.

Para acabar no puedo resistirme a narrar lo que pensaba de él el Cardenal de la Iglesia, muy estimado entre nosotros el P. Narcís Jubany que fue Obispo de Girona y Barcelona: “El P. Pujadas ha dejado de existir. El está gozando de la gloria de Dios. Su muerte no la esperábamos. Sólo la fe en la providencia de Dios nos comunica un poco de esperanza”.

Este Obispo conoció muchas actuaciones  del P. Pujadas porque pasaba largas temporadas en América Latina. Sabía que él era el director de Cursillos de Cristiandad. Palpaba su celo apostólico. Cuántas personas adultas, cuántos matrimonios recibieron una palabra serena y enriquecedora del P. Pujadas.

“Pero tenía un cierto carácter universal. En Bogotá, con motivo del Congreso Eucarístico Internacional del año 1968 va a mostrar su celo apostólico. Era un gran organizador. Reunía  en su persona la intuición ardiente del apóstol y el realismo del hombre de empresa. Sabía que las acciones apostólicas necesitan de instituciones que las amparen. Por eso el Obispo de diversas naciones sudamericanas estimaba al P. Pujadas y pedía sus servicios en varias diócesis, para hablar, predicar y organizar.

“En un tiempo su mirada se volcó en la juventud. Recuerdo el día que me dijo: creo que mi colaboración en los Cursillos de Cristiandad para personas adultas ha acabado. Pienso dedicarme a los jóvenes. Y su propósito desde ese momento fue fundar los encuentros Juveniles. Era un hombre de grandes intuiciones pero también de una imaginación poderosa. No copiaba, creaba. Llega a un conocimiento total de la juventud de nuestros tiempos. Cabe admitir que la configuración de los encuentros es de una dinámica muy original, muy actualizada.. Era una gran Psicólogo: observaba y pensaba. Eso explica el éxito que los Encuentros han tenido sobre todo en América. Desgraciadamente no han crecido tanto en nuestro país: primero, porque difícilmente un profeta es aceptado en su tierra; y en segundo lugar porque no falta quien se dirija despectivamente a los Encuentros.

¿Era posible que el P. Pujadas dejara de hablar con las personas mostrándoles a Cristo de una manera seria y auténticamente posible?  Porque él fue un gran sacerdote, un excelente hombre de Iglesia, de una espiritualidad muy firme. Estaba totalmente entregado a Dios pero siempre se preocupaba por la juventud, por el mundo, por la Iglesia. Iba intuyendo su muerte poco a poco.

“El P. Pujadas nos acompaña. El vela por nosotros. Cada vez que recordemos su herencia y trabajemos por los Encuentros de Promoción Juvenil ofrecemos a Cristo y a su Iglesia una gran ayuda, deseos de dar el mejor y más auténtico testimonio cristiano y apostólico.

Vamos a acabar este capítulo recordando la plegaria al Espíritu Santo que él recordaba tanto y que habla de la fe. De la criatura nueva y de la renovación de la faz de la tierra, objetivos de los cuales el va a hacer su vida espiritual.

EL PREDICADOR DE JESUCRISTO

Hablaba de Dios, predicaba a Jesucristo de forma bien hecha, plenamente consciente y con sentimiento, principalmente después del Concilio, en las celebraciones eucarísticas, en la administración de los sacramentos y en los funerales. Agnósticos y ateos incluso se han maravillado de su predicación  cristocéntrica.

Repetía rotundamente: “Vale más confiar en Dios que en los hombres”. “Cristo no es un problema más en nuestras vidas, es la solución”. Estas y otras eran afirmaciones suyas muy contundentes.

También y principalmente de cara al la juventud, insistía en los dogmas que entrañan el núcleo central de la fe. El dogma comporta la verdad verdadera. Ahí se conectaba con la juventud.

Las grandes realidades de Dios son las más grandes aspiraciones del hombre. El hombre al tratar de resolver sus ansias íntimas pasará por la desilusión, la interrogación, la angustia y la duda.

Después de asegurar la fe de los creyentes pasaba a hablar sobre la coincidencia entre la palabra de Dios y la vida. Esto implicaba un gran conocimiento bíblico, un conocimiento eucarístico, la sociología humana y el conocimiento de las personas. El decía: “hemos de llevar en una mano el evangelio y en la otra el periódico, la Biblia y la televisión.

Era tal su  conocimiento de la naturaleza humana y de los anhelos de las personas  que tenía la palabra exacta para cada uno.  A quienes le consultaban sus problemas de soledad, abandono o desanimo  siempre les mostraba el camino correcto que debían seguir. A las personas preocupadas por los problemas del tercer mundo por ejemplo, problemas ciertamente preocupantes y de urgente solución, los orientaba en estos terrenos de una manera repetida y reiterativa

El Padre pujadas, con una gran intuición penetraba en el alma de la persona, después descubría los soportes de la Filosofía o de la ideología que motivaban y preocupaban a esta persona, después le estimulaba personalmente y finalmente le hacía descubrir la verdad y el remedio a su preocupación. Todo esto no es nada sencillo. Es arduo, necesita mucha preparación, se necesita que el otro se sienta amado por él, tal como es, con su manera de ser. Y finalmente necesita saber los pasajes bíblicos adecuados y no solamente conocerlos sino haberlos vivido o meditado profundamente.

En un sermón decía: “no se si alguno de ustedes habrá visto una salida del sol en la Costa Brava”. Invitaba principalmente a la juventud a no dormir hasta tarde, sino levantarse a primera hora, conseguir un bote y remar mar adentro. Poco a poco, como un milagro, casi irrealmente, comienza una iluminación fantástica, entre el azul del cielo y el azul del mar. Era tal la sintonía entre las palabras y los hechos, la preparación, la unción, la seguridad de la fe en Cristo que se sentía a Cristo presente.

Esto que hemos explicado era el resultado de mucha oración, sacrificio, estudio, renuncia al propio yo, etc. Cuando comenzó su ministerio en Arenys de Mar, hacía su aprendizaje de los sermones delante de la mayordoma. Ésta pobre se resistía y protestaba. Pero él le decía: “me interesa mucho tu opinión”. Ella respondía: le diré que esto me agrada mucho y aquello otro no me agrada y por tanto no puedo compartirlo con usted. El le respondía: “Muchas gracias, le estoy muy agradecido, procuraré enmendar lo que sea necesario”.

Respecto a sus charlas para seminaristas y profesores el decía que cuando tenía un auditorio más o menos grande el problema de la adecuación de la palabra a la vida es muy complicado. En este sentido él creía en la existencia de dos grandes grupos, entre el  auditorio normal del mundo occidental que es donde le ha tocado vivir: la inconciencia en el grupo de los cristianos y la ignorancia en el de los no cristianos.

Jesucristo era siempre el centro de su predicación. Un día comenzó el sermón diciendo: “He estado pensando mucho tiempo de que les voy a hablar y no se me ocurre más que de Jesucristo. Esto lo resumía todo. Cuando se refería al lenguaje del amor como único corolario de las diversas lenguas que conocía, era para hablar de Jesucristo. Así predicaba en diversos idiomas a Jesucristo.

Su lenguaje cristiano se prolonga ahora y siempre. Siempre había una oportunidad para predicar. A tiempo y a destiempo.

Hemos hablado de la fe y de cómo esta es la base de su profetismo y, por lo tanto, de su predicación. Ahora recalcaremos que la preparación intelectual, la formación, los estudios, están muy bien, pero desde  la fe era un profeta.

En alguna ocasión exclamó: “Estoy espantado del relativismo dogmático que fascina a muchos cristianos … intelectuales”. Es curioso en este sentido aquella anécdota de un embajador español que va a ser presentado a la Curia vaticana. Algún dignatario eclesiástico murmuraba imperceptiblemente: “¿Este embajador es un hombre que esta en la diplomacia como nosotros, o por el contrario es un hombre de fe? Porque esta cuestión si que preocupaba a estos señores …

En el sentido de la predicación el P. Pujadas más que un predicador era un profeta.

EL PROMOTOR DE LOS HOMBRES

Las primeras miradas curiosas de José María fueron en la forja de su padre. El fuego se aplana a punta de martillo y se somete al fuego. Un buen aprendizaje para una carrera posteriormente brillante.

Ciertamente Fue un gran promotor de hombres y de cristianos. Creía conocer la naturaleza humana para forjarla. Tuvo trato con mucha gente, especialmente jóvenes, durante sus cincuenta años de vida.

Desde la Acción Católica de Arenys hasta el Cursets de Girona van a transcurrir 15 años y después otros doce. Para un hombre que trabajaba tanto, que no perdía momento, se trata de una experiencia extraordinaria.

Charles Moeller en su magna obra Literatura del siglo XX y cristianismo, estudia los grandes escritores del siglo, no solamente porque saben escribir bien, sino porque reflexionan el pensar y actuar de las generaciones de este siglo y también su manera de ser. Y recurre el insigne escritor al pensamiento filosófico que considera al hombre como ser, pensamiento y acción. Una manera muy completa de resumirlo.

El P. Pujadas para definir al hombre tenía en cuenta varias cosas

EL hombre es creado por Dios, redimido y salvado por Jesucristo, inserto en el seno de la Iglesia que guía el Espíritu; todo esto por la gracia y experiencia personal.

Pero el hombre es también un cúmulo de cualidades, defectos y omisiones.

Conozco muchísimas personas que saben detectar los defectos del otro. Pero descubrir las cualidades, eso si es más raro. Las cualidades ocultas son más difíciles de detectar. Para descubrir cualidades se ha de estimar mucho. Porque descubrir cualidades superiores a las de uno en el otro, puede volverse competitivo y ridiculizante.

La cuestión de los defectos de una persona es muy delicada; es como hurgar en una herida. Se han de manifestar estos de una manera cordial. De lo contrario sería contraproducente hacer alusión a ellos. Se podría llegar a multiplicarlos en vez de reducirlos.

El P. Pujadas lo consideraba todo. Conocía al  orgulloso, al que estaba revestido de falsa humildad, la tacañería y tantas otras miserias humanas. El aplicaba siempre los correctivos del caso. Ayudaba a descubrir y potenciar las cualidades de las personas, las ayudaba a salir del letargo.

Era refrescante oírlo hablar de las cualidades que descubría en el otro. Alababa a los demás con mesura y a partir de subrayar la inteligencia, la sobriedad, la sencillez, las comparaba con figuras del santoral y así decía:  NN es un santo Francés, la señora tal es una santa Magdalena, y así sucesivamente. Y manifestaba su admiración, la admiración de los santos. En cuanto a los defectos no permitía que ninguna persona hablara mal de otra. Criticaba la estructura y la malicia del pecado pero no la persona.

Trataba de descubrir toda la gama de posibilidades que hay en cada persona y que no ha explotado porque se cree impotente, poco preparado, insignificante. Es gratificante ayudar a una persona a descubrir caminos nuevos. Tarea ardua. Se ha de ser un maestro, un educador, un guía, una compañía, un ejemplo, un motor, un Psicólogo.

La exigencia en el trato personal así como su capacidad de trabajo son un caso aparte. La confianza que le tenía a los laicos era paralela a la exigencia que les demandaba. A pesar de su rigidez dejaba a cada persona en completa libertad.

Las necesidades de la Iglesia, de las parroquias y del mundo son desmesuradas y perentorias: las parábolas de Jesucristo, la resurrección de Lázaro, etc., son todas cantos  a la libertad del que despierta a la fe y a la gracia.

Otro aspecto de la promoción humana y cristiana era el de la conciencia del pecado.  Es un hecho que desde tiempos antiguos el hombre no tiene la conciencia del pecado, o para ser más preciso de algunos pecados. El relativismo moral esta a la orden del día. Como que la moral y el dogma no tienen buena prensa, igual que las convicciones y la fe.

Para el  transgresor de la ley no hay excusas personales  ni razonamiento filosófico válido. Otra cosa es la flaqueza humana. Pero quedaba claro en todo caso que, si es flaqueza la persona necesita ayuda y no indiferencia a las costumbres de nuestros tiempos.

Hemos dicho que nuestro sacerdote creía en los seglares y les tenía plena confianza. Los estimaba y valoraba por lo que eran. Pero esta es una cuestión de fondo en la cual hay que recabar.

En el año 1965, a las puestas del Concilio, y por tanto en la plenitud de la vida del P. Pujadas el creía en el sacerdocio y en el profetismo de los seglares. Miles de clamores que llegan de los cuatro puntos cardinales de la Iglesia demuestran que todos hablan de lo que el seglar debe ser pero poquísimos hablan de lo que es.

Desde la época del Papa Pío XII, en los años cuarenta, y la época de Juan Pablo II hay un número considerable de documentos. Pero una cosa son los textos sobre los seglares y otra lo que es el seglar en sí.

Nuestro sacerdote ayudaba a los seglares hasta las últimas consecuencias, afirmaba y lo creía que “un hombre que es redimido es una generación que se salva”.

Valoraba la aptitud de las personas y su capacidad porque era de los que creía que el progreso de cualquier institución dependía de sus dirigentes. Pero valoraba mucho más la actitud, la disponibilidad y la dedicación de la persona.

Enseñaba, pero también aprendía de otros sacerdotes y seglares. Valoraba mucho el testimonio y el valor de la amistad. Va a ser un gran amigo entre muchísimos amigos.

No exigía más de lo que podía dar; pero así lo demandaba todo. Ya diremos en otro capítulo como algunos no pudieron aguantar.

Conocía tanto las personas, era tan intuitivo que una vez cuando se realizaba la restauración de Vilabertran, le dice a un joven de 12 años que le ayudaba: “Tú serás el continuador de esta obra de restauración”. Y así fue. El joven, ya de mayor continúa en aquella obra.

INTENTO DE RETRATO

Esto sí que demandará ayuda. No es fácil hacer un retrato del P. Pujadas. ¿Cómo era él?

Era de una apariencia física fina pero de una gran fortaleza moral. Tenía una sonrisa franca, como la de un niño, pero cuando le tocaba también se sabía poner serio. Era intuitivo. Percibía o entendía clara e instantáneamente   una idea o una verdad. En el mejor de los sentidos fotografiaba rápidamente las personas y su interior.

Era firmemente decidido. Tenía la ironía congénita de nuestro carácter Catalán, pero sólo cuando convenía.. Cabe recalcar la austeridad de su vida, resultado de un proceso ascético racional pero implacable.

Era decididamente cerebral y rendía para mucho por su carácter  metódico y organizador. Son famosas sus notas y sus fichas.

Guardaba una palabra amable para aquellos que él podía ofender y decía en el altar: “si no puedes hablar bien de alguien, calla”.

Era valiente, muy valiente. Una vez en que caminaba con él  por unas calle de su tierra  vimos a una pareja abrazada “a la francesa”. El se les encara y les dice: “¿Sois hombres o bestias”? el individuo de aspecto corpulento y desafiante se separa de la novia, yo pensé que de ahí pasaríamos al dispensario municipal, pero no va a ser así. El P. Pujadas le sostiene la mirada duramente y a los pocos segundos de extrema tensión, el individuo estira su cuerpo y se aleja. Característica muy singular su valentía, porque me consta de muchos que son valientes frente a un auditorio pero en el tú a tú, en el cara a cara ya es de otra manera.

No conocía el resentimiento ni la grosería. Aparte de su frágil físico va a padecer durante muchos años de diabetes y del corazón. Pero estos achaques no le van a impedir seguir su camino ni frenar su actividad.

Delicadísimo de trato y de espíritu; estas cualidades extraordinarias las heredó de su madre, mujer muy piadosa y excelente costurera. También su hermana religiosa Rosa trabajaba afanosamente en la restauración de obras de arte, las que convertía en verdaderas joyas.

Su padre  era un trabajador vigoroso en la forja y con un gran amor por la naturaleza.

Tenía una curiosidad extrema por todo y por todos. Todo el que podía servir para el apostolado, para hacer un bien a otra persona, para el enriquecimiento espiritual, todos eran objeto de una particular atención.

Era hombre de frases puntuales. No le gustaba improvisar. Preparaba con una gran curia los sermones, las reuniones y el trabajo.

Atraía a los demás pero también infundía un gran respeto. Tenía alma de poeta, pero con los pies muy bien puestos sobre la tierra. En América lo consideran un poeta de la Teología. Siempre va a ser un gran organizador. Inteligente y humilde. Procuraba  poner la técnica al servicio de la gracia, pero siempre pensaba que la posibilidad del milagro está en conexión con la fe de los hombres y que cuando un hombre cree en el poder de Dios entra en acción. Recuerdo en este sentido la frase de una plegaria que él había hecho suya: “Que no necesitemos milagros para creer y actuar, pero que tengamos tanta fe que merezcamos que se haga uno”.

Conservador de tradiciones, pero atento a los signos de los tiempos, innovador.

Pleno de optimismo pero realista. Delicado y refinado. Poseía una memoria prodigiosa. A todos les decía por el nombre. Siempre recordaba familias hechos, fechas. Y conocía muchísimas personas.

Cuando tenía un tema importante entre manos se llenaba de una gran actividad.

Le agradaba el aire libre., mirar el cielo, el mar, las montañas, los océanos, los árboles, las flores, la noche y las estrellas.

Amigo entrañable. Gran conversador. No alcanzó a publicar un trabajo que tenía sobre la amistad. La amistad de sacerdotes y seglares es riquísima en posibilidades de todo tipo y cabría profundizar en esto.

Llegado a este punto uno se pregunta: ¿Pero es que era el hombre perfecto? ¿Es qué no tenía defectos? Seguramente sí tenía como humano que era y ya surgirán algunos en otro capítulo sobre lo que pensaban de él otras personas.

Sus convicciones eran muy firmes. Se tornaba frío cuando una cosa no le interesaba y lo he visto apartar con vehemencia algún libro que no le interesaba Profería frases punzantes a la cara, si consideraba teatral, sofisticado o hipócrita el gesto del otro.

Repito que es muy difícil retratar una persona, más cuando es de una gran personalidad. El mejor retrato es el que cada uno de sus amigos y detractores haga de él.

Finalmente, un día que se le preguntó su pensamiento político él respondió: “Soy de la derecha y de la izquierda de Cristo”. Curiosa y profunda respuesta. De la derecha “no he venido a abolir la ley y los profetas”. Y de la izquierda “bienaventurados los pobres y los perseguidos a causa de la justicia”.

LA  VIDA AMARGA

La vida sacerdotal del P. Pujadas no fue nada fácil. Va a estar llena de dificultades. Vamos a entrar en un terreno espinoso y no vamos a omitir nada.. Pero la verdad histórica ha de estar presente.

Hemos hablado de una infancia llena de dolor. Su entrada al seminario de Girón, de donde retorna poco después para esperar unos años más para reingresar. Su entrada al seminario Francés también fue dificultosa.

Seguramente la formación francesa, los cuatro años de aprendizaje, donde tuvo algunos problemas con el Rector van a influir en él. Podríamos hablar de muchas anécdotas que solamente se explican en el contexto histórico y que el cambio de la propia historia los torna como irrisorios. Recordemos solamente una. Un rector le protesta por la asistencia de muchos jóvenes a hacer  la visita del Santísimo Sacramento,  desde la llegada del vicario José María. Pero esto, va a decir él es una buena cosa, señor rector; así se acostumbran a la intimidad y al trato con Jesucristo. Sí, replica el otro, pero van en mangas de camisa y eso no puede ser. Entonces el nuevo vicario va a conseguir una chaqueta que coloca en un lugar discreto a la entrada del templo, para que los jóvenes a medida que hacen su visita al Santísimo la vayan utilizando.

La obediencia a los superiores, también por el contexto histórico y por la formación francesa van a influir mucho en él..

Los males físicos los soporta con estoicismo y los disimula al máximo. En América va a sufrir dos accidentes y dos atentados. En uno de los accidentes mueren muchas personas. El respondía a estas muertes diciendo: “son ya unos resucitados”.

En algunos círculos y entre gente mediocre el ejemplo del Padre Pujadas molestaba. Es propio de la condición humana. A nadie le gusta verse reflejado en  su propia borreguería. Era signo de contradicción y lo continuó siendo. Todo esto crea problemas y dificultades.

El replicaba: Se ha de aceptar a Cristo con todas sus consecuencias. Por Cristo siempre más, más y más. Jesucristo, continuaba, está vivo entre nosotros. Si esto no fuera así, no se entendería como muchas personas sacrifican toda su vida a su servicio; la lista de  mártires es permanente.

Durante muchos años distintas ideologías han tratado de destruir, de borrar de la faz de la tierra a Jesucristo inclusive en los mismos colegios a los niños se les inculcan ideas erróneas, pero Jesucristo sigue entre nosotros presente, vivo y actuante.

Es cuestión de decidirse. A un Dios que estima, que es amor, se le ha de corresponder de la misma manera: amor con amor se paga.

Decía las cosas claras y a la cara. “Hay personas, decía que sólo hablan del tiempo, de las palomitas del palomar, vale decir, de cosas insignificantes; de esta manera siempre quedan bien. Pero hay que hablar de la justicia, de la verdad, de la santidad. Y eso siempre acarrea problemas”. Uno constata la cantidad de tiempo perdido en conversaciones banales. Él era sacerdote y apóstol las veinticuatro horas del día.

Naturalmente que estaba por todas partes, que no paraba, que se deshacía trasladándose de un lugar a otro, telefoneando, escribiendo. Pero eso era propio de su naturaleza inquieta de su trabajo infatigable. Era muy exigente consigo mismo pero respetaba totalmente la libertad de las personas.

De hecho, el tiempo le va a dar la razón. Hace 25 años que marchó de Girona y el movimiento principal en el cual se integra, funciona perfectamente, le siguen muchos jóvenes con nuevas ideas y proyectos. Igualmente pasa a otras empresas que van a surgir con el mismo empeño.

Se le acusa de “sacramentalista”, esto es, de servir los sacramentos como polvos mágicos, o como una bolsa de caramelos, que resuelven el problema de la intranquilidad.

Pero la verdad es bien distinta. No hay ninguno que hiciera una catequesis previa más exhaustiva y a cada persona en particular. Las misas eran explicadas con todo detalle, de los más importantes a los más insignificantes.

Para la absolución de los pecados, ocupaba el tiempo que hiciera falta. Recuerdo horas y horas paseando por el santuario de la Virgen, hasta altas horas de la noche.

El eximio filósofo Ortega y Gasset, señala que la técnica empieza cuando el hombre está surtido de las cosas básicas y elementales y comienza a producir cosas superfluas. Explicaba esto con un ejemplo: cuando el hombre primitivo comía carne cruda, cazaba los animales y así aseguraba lo necesario para la subsistencia. Pero  en el mismo momento en que por azar descubre el fuego, pone a cocinar la carne, cosa que no es necesaria. Simplemente está realizando un esfuerzo técnico. Y la superficialidad de las cosas que el hombre ha ido produciendo han multiplicado las cosas innecesarias.

A Ortega le preocupa el pasaje evangélico de Jesús: “Marta, Marta por que te preocupas de tantas cosas, cuando una sola es necesaria. María ha escogido la mejor parte”. Es claro, dice el filósofo, que “Marta era la técnica”.

Pero ahora hablemos de nosotros. Cuando el esfuerzo técnico es dirigido al amor de Dios y al prójimo, este esfuerzo es útil y necesario.

A Pujadas le preocupaba más la falta de compromiso de las personas. El mensaje consistía en colocar a las personas en la órbita de Cristo, insertarlas en el seno de la Iglesia y retornarlas al lugar de donde provienen. Es una forma muy apta para resolver las más diversas situaciones.

Si preocupa la cuestión social, lo normal es procurar que un dirigente sindical conozca a Cristo y actúe en cristiano. Y si preocupa la cuestión política, igualmente, y así sucesivamente.

Naturalmente también le preocupaban, las estructuras de pecado. Y en esto va a aprender mucho del Concilio. Pero siempre fue suya la preocupación en este sentido.

En todas estas cuestiones conviene dar tiempo al tiempo. La conversión es todo un proceso. Conviene tener muy claro lo tratado en el Concilio porque allí se explican los conceptos de conversión y compromiso.

Dice el Concilio Vaticano II:

“Es necesario anunciar el misterio de Cristo a todos los hombres y constantemente se ha de anunciar al Dios vivo y a Jesucristo, enviado para las salvación de todos, camino verdad y vida, que satisface todas la esperanzas espirituales.

Esta conversión ha de considerarse el paso inicial pero suficiente para que el hombre, al tiempo que se arranca del pecado, sea introducido al misterio del amor de Dios e inicie una relación personal en Cristo. En efecto por obra de la gracia de Dos el nuevo convertido emprende un camino espiritual a través del cual participa por la fe en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo. Este paso, que comporta un cambio progresivo de los sentimientos y de las costumbres ha de evolucionar progresivamente durante el catecumenado”.

Creemos que todo esto es definitivo para el proceso de conversión y el posterior compromiso.

El testimonio de nuestro sacerdote era ya el de un bienaventurado. Tenía presente la opción preferencial por los pobres. Eso está muy bien. La Iglesia ha de apoyar todo lo que vaya en este sentido.

No obstante, los caminos para conseguir este fin son muy diversos. Él va a trabajar en todos los campos sin excepción. La vida de un cristiano convencido, de un capellán decido en su ministerio, estará siempre sembrada de dificultades y de problemas. –es el legado de la cruz.

VIDA PARROQUIAL

Inmediatamente después de haber cantado misa, fue nombrado Vicario de Llers. De su estadía allí poco sabemos pues duró sólo cinco meses. De Llers pasó también como vicario a Arenys de Mar. Allí funda la Acción Católica que después de cincuenta años todavía produce sus frutos. La Acción Católica de Arenys fue un movimiento notable en la seglaridad de la diócesis de Girona de aquellos tiempos.

De Arenys se recuerda una Exposición Litúrgica que fue memorable e importantísima en su época.

También publicó la revista Vida Parroquial que ha cubierto también el medio siglo.

El día 20 de abril de 1944 fue nombrado Rector de Vilabertran. La pastoral en aquella población es recordada por todos. La Abadía de Vilabertran fue iniciada en el año de 1080. Fue consagrada el 11 de noviembre de 1100. Al extremo norte está la capilla funeraria, obra del siglo XIV. La ornamentación de los capiteles, muy sobria, es de tipo floral. La abadía propiamente dicha es considerada como uno de los muchos ejemplos de arquitectura civil del siglo XV en Cataluña.

La tarea de la Acción Católica fue importante, recordada como una tarea realizada en Arenys de Mar, una de las más notorias de la diócesis. Allí se van a suscitar muchas vocaciones provenientes de las mujeres que pertenecían a esta Asociación.

También en aquellos tiempos se impulsa el patronato para la restauración del Santuario de Nuestra Señora de la Salud, de la cual, juntamente, con el Padre Miguel Casteis, fueron los principales promotores.

Igualmente fue un trabajador incansable en el patronato de la Catequística, que ha sido pilar y base de innumerables iniciativas ciudadanas y eclesiales.

En aquellos tiempos de la post guerra civil el P. Pujadas fue una voz de aliento y de esperanza frente a la cruel realidad del momento. Ahora en plena sociedad de consumo, el hombre no memoriza ni quiere hablar de aquellos tiempos tan duros. Los coches, las motos, las boutiques rutilantes, los fines de semana trepidantes, los avances tecnológicos, principalmente la televisión y muchas cosas más que podríamos enumerar, han tornado a la gente desmemoriada.

Las criaturas de la época de la guerra civil mantienen un odio latente hacia todo y hacia todos. El Padre, como muchos otros, va a trabajar en esta tarea tan difícil y dirá: “El sacramento de la penitencia y del perdón se va a denominar como la restauración de la post guerra.

LA EXPERIENCIA FRANCESA

 El padre Pujadas tenía cierta formación francesa, como ya lo hemos explicado. El quería, con la experiencia que había adquirido, fundar los Cursillos de Cristiandad en Francia. El creía que la experiencia demostrada de la eficacia del movimiento, en la profundidad cultural de los franceses podría representar un aporte valioso para la Iglesia.

 Y cosa dicha, cosa hecha, la idea se va a poner en marcha.  Naturalmente, primero se va a preparar la búsqueda de personas interesadas, cursillistas, sacerdotes, religiosos y seglares. Va a viajar a Lourdes para encomendarse a la madre de Dios. Todo cristianamente bien comenzado.

Va a venir después la aprobación jerárquica. El consentimiento francés y el del obispo de Girona. Y aunque nuestro  pastor tenía buenas razones para desaconsejar la aventura,  ante la insistencia, terminó por dar el consentimiento.

Después va a venir la selección del personal según sus capacidades. Naturalmente el P. Pujadas, que no gustaba de la improvisación, va a hacer las correspondientes listas de los que consideraba más preparados no sólo intelectualmente sino de manera espiritual.

El P. Pujadas con todo y ser profundamente providencialista estaba nervioso. Los seglares se van a arrojar a la mar francesa sin saber las profundidades y corrientes de aquellas aguas. Pero él conocía perfectamente dónde navegaba y que habría de llegar a buen puerto.

La convivencia va a andar muy bien. –todos los compromisos se van a cumplir tanto es así que pasados tantos años muchos de los asistentes son seglares comprometidos con la iglesia.

La segunda aventura francesa fue más sonada. Se programaron cuatro cursos, dos de hombres  y dos de mujeres – en aquellos tiempos no se hacían cursos mixtos. Aparecen de nuevo las preocupaciones de todo tipo, el trabajo frenético. El Padre Pujadas todo lo consideraba providencial. . Se movía como pez en el agua. Su francés fluido disimulaba el pobre lenguaje de los otros compañeros de aventura.

Podemos hablar del aparente fracaso en este intento en la ciudad del Sena. Las dificultades de todo tipo eran extremas. Nosotros, los sacerdotes de la misión española,  no podíamos ni prestar nuestra continuidad.  La dispersión de la urbe parisina era inmensa. Todo requería mucha estructura y un contacto que no podíamos ofrecer.

A pesar de todo, va a pasar algo que es cierto y es que los fracasos al principio,  son éxitos al final. Dos años después de fundar los cursillos va a recibir una carta de los  Padres Claretianos de Canadá, para que repitiera la experiencia de Francia.. y todo a través de unos asistentes que más tarde se desplazarían al país de Norte América. La cifra impresionante de personas que han pasado por los cursillos son decenas de miles. Pero  su confianza, su esperanza, y su capacidad de trabajo están más allá de cualquier estadística.

Así fue su experiencia francesa que no podíamos pasar por alto.

LOS ENCUENTROS DE PROMOCION JUVENIL

 Los encuentros de Promoción Juvenil son la obra más querida del P. Pujadas. El fue su fundador principal.

Mientras el trabajaba en los cursillos de cristiandad se daba cuenta de la preocupación de muchos padres por el distanciamiento de sus hijos en la práctica religiosa.

Eran los comienzos del año 1960, cuando nuestra juventud insatisfecha por la situación política y los cambios sicológicos, políticos y culturales, se aferraba a cualquier esquema que los motivara.

Las universidades impregnaban de ideas marxistas a nuestros estudiantes, en una especie de oasis ideológico para superar el sopor del momento.

No vale la pena hacer aquí una crítica despiadada de esta ideología y creo que la Iglesia y la sociedad en general han reflexionado seriamente sobre los valores y antivalores del comunismo.

Lo que si era cierto es la lucha de muchos por sacar a Dios del corazón del hombre y la lucha de clases, que en nuestro caso era una confrontación generacional, la de los grandes que de una manera u otra soportaban el régimen imperante, en nuestro país, o la permanente situación de injusticia en el tercer mundo y la de los jóvenes, que se encontraban en el abandono de la práctica religiosa.

De otra parte, los movimientos juveniles de la época fueron muy sonados. –el conjunto de los Beatles revolucionaba la música del momento. La Primavera de Praga pregonaba los cambios que se podían realizar. La magia francesa posterior al esclavismo más profundo ideológicamente hablando, clamaba al mundo sobre la abulia y el estancamiento cultural, social y político. Gritaban “vale más morir de hambre que de fastidio”, “el poder somos nosotros” y todo esto penetró en las fibras más sensibles del P. Pujadas y como él era un joven y se va a sentir joven toda la vida, se sentía plenamente identificado.

Todo esto lo lleva a exclamar: “no podemos hablar solamente de los jóvenes, también lo debemos hacer de la juventud”.

Por parte de la Iglesia aquel movimiento juvenil, esta irrupción de sabia nueva, no se hizo esperar. Un joven de veinti tantos  años, Juan XIII clama que se necesita una ráfaga de aire fresco para penetrar el espíritu.. Y surge el gran mensaje eclesial del Concilio, expresión de la juventud perenne de la Iglesia.

El P. José María se movía como pez en el agua. “Si estamos unidos a Cristo somos jóvenes porque no más suman los años de nuestros pecados”.

No hemos de callar los aspectos negativos de esta corriente. Muchos van a pasarse entre las dos corrientes y no van a poder aguantar.

Todo esto va a llevar al P. José  María a trabajar infatigablemente.

Pablo VI va a convocar a una reunión especialísima para la juventud. Él decía: “muchos hablan de la juventud, pero pocos hablan a la juventud”.

Juntamente con otros colaboradores va a poner en marcha los encuentros de Promoción Juvenil, los “emproistas”. Este movimiento va a llegar hasta un continente ávido de liberación integral como era América latina

En poco tiempo los encuentros van a pasar de Colombia a Costa Rica, California en los Estados Unidos, Guatemala, México, Perú, Puerto Rico, Italia y Alemania. A España entraron por Barcelona de la mano del Cardenal Jubany  y luego entraron a Zaragoza, Valladolid y Pamplona. El movimiento crece cada día y al momento de escribir este libro no podemos determinar cuántas personas han pasado por allí.

Los Encuentros son un hijo de los Cursillo de Cristiandad, pero como dice su fundador es un hijo casado que ya no vive con la familia.

EL Padre Pujadas, como explica muy bien el Cardenal Jubany, no va a copiar; va a crear. Son unas características propias que el va a utilizar para la juventud.

La experiencia vivencial de la fe, en lo profundo del corazón, es indispensable, dice el Cardenal Jubany refiriéndose a los Encuentros, con motivo de su aniversario. La personalización de una experiencia de la fe conduce a que todo el mundo participe de la nueva vida.

El carisma propio de los Encuentros y de su fundador es promover al joven para que descubra su vocación integral dentro del plan de Dios, lo acepte como una experiencia de fe, lo potencie al máximo y lo realice en todos sus valores, desde el marco de grupos o comunidades cristianas juveniles de evangelización.

Siempre y cuando se sigan los pensamientos del P. Pujadas, se pretende un triple encuentro:

a.   Que el joven descubras vocación dentro del plan de Dios, su propia identidad, sus posibilidades y limitaciones, que en definitiva es encontrarse a sí mismo.

b.   Ayuda a hacer del hombre un ser social un cristiano, capaz de vivir en comunidad, dando importancia al amor, al servicio a los demás y a la propia realización cumpliendo la vocación cristiana.

c.   Reafirma el compromiso bautismal, exigencia de la fe adulta, opción del Dios único.

Un punto fundamental de los Encuentros es éste: que los jóvenes sigan el apostolado de los propios jóvenes. Este es otro aspecto de la confianza depositada en los seglares, a que tanto hemos hecho referencia. Muchos hombres de Iglesia desgraciadamente no lo han descubierto.

Conclusión del Encuentro Internacional de Los Ángeles:

“Aunque ayudados por uno o dos sacerdotes, son los seglares – especialmente los jóvenes – los protagonistas del Encuentro. Así definía el papel de los seglares el documento del Encuentro Internacional”.

“Reconocemos que la misión evangelizadora de los EPJ como movimiento de Iglesia, constituye responsabilidad de los jóvenes y adultos, quienes asumen tareas necesarias y complementarias según su propia vocación y estado”.

“El adulto cumple una función de presencia testimonial de una vocación en proceso de realización. El adulto debe asumir una actitud de respeto y valorización del crecimiento personal del joven, evitando posturas autoritarias o paternalistas. Asimismo la presencia de la pareja adulta en el  Movimiento es importante en la línea de promoción de los valores de la familia y del diálogo intergeneracional”.

“El joven asume su rol básico de evangelizador del joven, y de acuerdo a su madurez y compromiso dentro de la obra, adquiere el derecho y obligación de ocupar los distintos puestos y funciones del Movimiento, en actitud de servicio y amor a Dios y a la Iglesia”.

En fin, las ideas, las técnicas, los objetivos y los obstáculos a salvar están publicados en el libro Encuentros de Promoción Juvenil que tiene cuatro ediciones, de Studium y reeditado por Herder.

Acaba aquí la realidad intelectual, programática, por decirlo de alguna manera. Pero después vienen los resultados.  Y estos otra vez son impresionantes. Jóvenes que han descubierto su propia vocación personal, y dentro de la Iglesia han asumido el servicio a la actividad misionera, etc. Son una multitud. El abandono de la drogadicción, de la indiferencia,  de la delincuencia, es frecuente como resultado del Encuentro. Y copiosas vocaciones religiosas que han nacido en el marco de estos encuentros.

El compromiso que tanto preocupaba la Girona de los años sesenta, es serio, actual, adaptado a la propia circunstancia de cada país.

Hemos de regresar al Encuentro Internacional de California, y recoger el manifiesto de EPJ que dice así:

“El Movimiento de Encuentros de Promoción juvenil, reunido en su IV Encuentro Internacional, consciente de la opción que ha tomado la Iglesia latinoamericana en el documento de Puebla por los jóvenes y los pobres, y la misión liberadora que Cristo nos pide, acuerda: Repudiar todo acto de violencia y odio, reflejados en acciones de represión y subversión, y solidarizarse con la Iglesia que sufre persecución”.

Un artículo de la Revista Nueva dice: “en el marco de la pugna entre países ricos y países pobres, diálogos de sordos norte-sur, es oxigenante leer este manifiesto de jóvenes  cristianos llegado desde Estados Unidos”.

El documento final de Puebla que ha tenido notoria trascendencia en tierras latinoamericanas va a aceptar el Movimiento de EPJ como muy válido principalmente para los jóvenes universitarios.

Nosotros hemos recogido material, hemos comprobado hechos y hemos visto suficientes actos para decir que estamos delante de una obra de Dios de posibilidades formidables para la juventud de nuestros tiempos.

EPILOGO

Acaba de morir el P. Pujadas, no es nada difícil para un cristiano que ha vivido su ideal. Es la culminación de toda su vida de servicio a los demás, la meta definitiva.

Pensemos en qué será la muerte para las personas aferradas al dinero, al poder a las satisfacciones de este mundo. No en el juicio por comenzar sino en la tragedia personal del tiempo pasado. Cuántos esfuerzos inútiles, cuántos ideales, vanos, cuantos desengaños.

¿Va el P. Pujadas a ser un profeta, un sabio, un santo? Dejémoslo estar. De momento han pasado cinco años y perdura el recuerdo de su vida santa y ejemplar.

El va a orar hasta el final. Va a celebrar misa en la habitación de la clínica. Reza el Rosario, la oración litúrgica de las horas, musita pregones.

Recogemos testimonios de obispos, sacerdotes, religiosos y seglares sobre su personalidad, su celo sacerdotal, su vocación apostólica y su carisma.

Celebramos las vocaciones suscitadas con su trabajo.

Sentimos la exclamación de muchos: era la encarnación del ideal de lo que debe ser un sacerdote cristiano.

Sentimos como los movimientos, asociaciones, los compromisos humanos, sociales o políticos están llenos del Padre Pujadas.

Es maravilloso ver un mundo de jóvenes enamorados de Jesucristo, con unas ardientes ganas de servir a la Iglesia y al mundo.

Es de permanente recordación la Eucaristía del funeral que presidió el Obispo de Girona Monseñor Jaume Camprodon y la misa de aniversario a los cinco años de su muerte.

Tengamos confianza y esperanza. El está en el mejor lugar para ayudarnos. Dejemos la nostalgia y el recuerdo estéril. Recordar es revivir. Revivamos los momentos pasados y vivamos los presentes.

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